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SERÉ TU ESPEJO

Esto no tiene lógica temporal. Es una excusa para hablar de algo que siempre he pensado. Pero tuvieron que pasar algunas cosas. Catalina Andonie, artista y amiga muy querida, me invitó a escribir sobre su exposición. Siempre quisimos trabajar juntos; donde ella fuese la artista y yo su teórico. Aprovechar que podemos compartir un lugar, sin desplazarnos ni opacarnos.

La obra de Catalina tiene mucho que ver con su personalidad. Responde a algo que aun no puedo identificar. Pero es como un tesoro que puede activar muchas ideas. Una obra que puede hacer presente muchos desafíos de la historia del arte reciente. Porque su obra no pretende ser nada especial; es, humildemente, una repetición de muchos procedimientos escultóricos ya puestos en práctica durante muchos años.

Esa decisión abre muchas preguntas. Como, por ejemplo, ¿por qué sigue siendo relevante la atención en los objetos solo por su valor material? Se supone que, después del conceptualismo de los setenta, el arte ya se había desmaterializado para convertirse en idea.

La exposición a la que Catalina me invitó a escribir tiene como título una parte de una canción de Shakira. Dice así: “quiero excederme”, nada más. Sin darnos cuenta, el título no solo respondía a la experiencia de sentirse tocado por una canción, sino que también refería al universo de las cosas. Porque excederse tiene una lógica cuantitativa. Lo que se excede es lo que sobrepasa el espacio. Algo que llena un lugar limitado espacialmente.

Vista de la exposición «Quiero excederme», de Catalina Andonie, en Aninat Galería, Santiago de Chile, 2022. Foto: Felipe Ugalde
Vista de la exposición «Quiero excederme», de Catalina Andonie, en Aninat Galería, Santiago de Chile, 2022. Foto: Felipe Ugalde
Catalina Andonie, Obelisco (detalle), 2022, ónix, mármol, cuarzita, acero, ruedas, madera, 200 x 110 x 110 cm. Foto: Felipe Ugalde

Volviendo al encargo, cuando empecé a escribir ese otro texto, puse algunos temas disciplinares sobre la mesa. Reafirmé que hablaba de una serie de objetos excesivos, inéditos, imposibles. Y hablé de una artista que llega a ellos a través de la ambición de colmar el mundo de su propia versión de bienestar. Primero pensé en el estatuto filosófico de la cosa y el objeto. O cómo este debate se ha ido trasformando. Luego pensé en el materialismo, y la relevancia de las cosas en la organización del poder. También pensé en la decoración y en esos momentos de la historia donde decorar un espacio era perseguir la utopía. En palabras simples, decorar era una parte de una estrategia política.

Finalmente, llegué al principio y pensé en la frase que impulsivamente le dio sentido a la artista: “quiero excederme”. El título, sin haber sido pensado, dirige la interpretación de las obras hacia el lugar donde uno se hace equivalente a las cosas no humanas que nos rodean. La frase resuena como idea de forma más compleja. En realidad, nos dice: “soy una cosa rodeada de otras cosas, si quiero hacerme presente, tengo que inventar un enlace para que mi cuerpo pueda ser parte de otro. Debo ser más que mi cuerpo”.

Un autor dice que las cosas nos definen, y no a la inversa. Dependemos de lo que está a nuestro alcance sensorial. Sin las cosas, seríamos parte de la nada. Sin las cosas no seríamos un cuerpo.

Catalina Andonie, Obelisco, 2022, ónix, mármol, cuarzita, acero, ruedas, madera, 200 x 110 x 110 cm. Foto: José Noli + Andrés Lennon
Catalina Andonie, Obelisco, 2022, ónix, mármol, cuarzita, acero, ruedas, madera, 200 x 110 x 110 cm. Foto: José Noli + Andrés Lennon
Catalina Andonie, Obelisco III, 2022, ónix, mármol, cuarzita, acero, ruedas, madera, 200 x 110 x 110 cm. Foto: José Noli + Andrés Lennon
Catalina Andonie, Obelisco II, 2022, ónix, mármol, cuarzita, acero, ruedas, madera, 200 x 110 x 110 cm. Foto: José Noli + Andrés Lennon

Escribir el texto de Catalina fue complejo, porque ella siempre estuvo atenta al avance de mi escritura y su insuficiencia. Atendiendo particularmente no a las ideas, sino a la forma de contarlas. Mi primera versión fue infranqueable en lo disciplinar; sin idealizar, fue algo así como una genialidad donde la justificaba desde la tradición de la escultura y su devenir histórico. Pero en realidad el texto no le hacía justicia ni a las ideas, ni a las obras, ni a nuestra amistad. Y es justamente eso que no pude hacer al principio lo que siempre he querido hacer como escritor. Ser capaz de contar algo que, aunque sea complejo, pueda estar tan bien escrito que cualquiera, sin esperar nada a cambio, pueda sentirse representado.

Muchas veces al escribir de arte hace falta escribir de la experiencia de encontrarse con esas cosas que llamamos obras. Hace falta decir lo que pasa cuando las obras son tan importantes como la sensación de estar vivo en el presente. Esta idea da muchas luces. Porque no se puede ser tan soberbio y creer que describir una obra es suficiente para reafirmar la existencia de una cosa. Lo que realmente importa son los argumentos, o mejor, la descripción de las sensaciones que nos posibilitan pensar que una obra, en verdad, es una cosa tan importante como el espectador que se enfrenta a ella. Si me pongo intrépido se me ocurre proponer lo siguiente: desde ahora vamos a describir esa experiencia que le da sentido a todo, más no solo a las cosas. Me di cuenta hace poco que no es necesario reafirmar la existencia del objeto de arte, sino que hay un deber en describir aquella experiencia que reafirma el presente.

¿Qué relación tengo con las obras de Catalina? ¿Acaso mi aprobación depende necesariamente de la complicidad o la amistad que tengo con Catalina? No lo creo. Me cuesta mucho decir esto, porque en el momento que lo diga, no habrá nada más que decir. Pero voy a intentarlo:

Sin rodeos. Estas cosas me hacen pensar en otras cosas. Son tan cosas, tan poco demandantes, tan poco egocéntricas, que logran ocupar un lugar muy esencial en el mundo. Si veo esa silla de bronce espectacular que tanto esfuerzo necesitó Catalina para hacerla realidad, en realidad, puedo ver todas las sillas de mi vida. Y no es menor, ni tampoco es tan obvio. Porque lo que pienso es que no veo ninguna silla en esa silla, sino que veo cada momento donde una silla fue la protagonista de un acontecimiento que nunca he podido olvidar. Por ejemplo, la silla de mi primer día en el colegio. La silla de la iglesia donde me sentía la peor persona del mundo. La silla donde me senté el domingo cuando almorcé con toda mi familia y luchaba con las ganas de salir corriendo y desaparecer. La silla donde me senté cuando mi abuela murió. La silla del hospital donde esperé que mi abuela se muriera. La silla que pedí prestada en un bar. La silla que mi amigó rompió por un movimiento desafortunado. La silla que recogí de la calle porque en mi casa hacía falta. La silla donde alguien importante se sentaba y salió en las noticias. La silla de un rey que vi en un museo. No sé. No alcanzan las palabras para contar todas esas sillas distintas que a su vez siempre termina siendo la misma cosa. Y que ahora, cuando veo que alguien quiere hacer una silla como obra de arte, todo tiene más sentido. Porque cuando uno confía en las cosas y los objetos del cotidiano, no busca hacerles justicia, ni busca recordarlas, mucho menos esperamos que piensen que esta silla por ser una obra de arte es más linda o más valiosa que otras. Sino que queremos reconocer que algo tan simple, siempre, ahora, antes y después, tendrá un lugar muy irrelevante, pero constante, permanente, ya que solo esas obviedades me permiten volver a visualizar mi propia historia, mi singular y única historia.

Catalina Andonie, Silla, 2022, bronce, 90 x 74.93 x 71.12 cm. Foto: Felipe Ugalde
Catalina Andonie, Silla, 2022, bronce, 90 x 74.93 x 71.12 cm. Foto: José Noli + Andrés Lennon

Quiero excederme, de Catalina Andonie, se presenta del 26 de mayo al 7 de julio en Aninat Galería, Edificio CV Galería, Av. Alonso de Córdova 4355, Vitacura, Santiago, Chile.

Sergio Soto Maulén

(Peñaflor, 1993) Editore, crítico y curadora. Egresadx de Teoría e Historia del Arte del Departamento de Teoría de las Artes de la Universidad de Chile. Actualmente es parte de Comunidad Planctónica, colectivo que sigue la deriva de los organismos planctónicos como una metáfora para pensar nuevas formas de vincularse materialmente desde los desplazamientos, las derivas, los vínculos orgánicos, y las relaciones materiales del medio oceánico.

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