Skip to content

CECILIA VICUÑA. SEIS NOTAS PARA UNA BITÁCORA

Vista de la exposición “Cecilia Vicuña: Spin Spin Triangulene”, Museo Guggenheim, Nueva York, 2022. Foto: David Heald © Solomon R. Guggenheim Foundation, 2022.

26.05.22: QUIPU DEL EXTERMINIO

Después de la fiesta inaugural en el Museo Guggenheim de Nueva York, viene el trabajo de pensarnos al que nos invita Cecilia Vicuña. Cada cual lee lo que ve y ve lo que lee. Mi primer apunte de su exposición Spin Spin Triangulene es en relación al modo radical en que los albos y pulcros muros del edificio espiralado de Wrigth son intervenidos por una grafía leve, que casi no se deja fotografiar. Tan leve como el sonido de su voz. Pero que de la misma forma a la que nos tiene acostumbrados, su poderoso contenido no nos deja desentendernos fácilmente. Lo que ese rayado en el muro nos interpela entre sus “apalabradas” formas es que para evitar nuestro exterminio colectivo debemos poner el cuerpo a funcionar en consciencia con una red cuya “máxima fragilidad” se oponga al “máximo poder” para no dejarse tocar por él. Así no más. Este nuevo quipu en uno de sus nudos cita a Lezama Lima, tensando la cuerda de lo que en la ciudad de Nueva York se espera del “Latin American Art”. Y es que el gesto desmonumentalizador de rayar uno de los más intocables muros museales de la historia reciente, coloca el uso de las “palabras-en-uso” fuera del cliché. Porque decolonizar y despatriarcalizar cobran un sentido auténtico más allá de las consignas: son un modo de hacer. Y si no queda claro, a la salida de la exposición se puede completar la experiencia leyendo el libro de Camila Marambio y Cecilia Vicuña, A toda Raja! (2019).

Cecilia Vicuña, Tres espirales, 2022, óleo sobre tela, 66 × 116,8 cm. Cortesía de la artista y Lehmann Maupin/Nueva York, Hong Kong, Seúl, Londres. Foto cortesía de la artista y Lehmann Maupin © Cecilia Vicuña

27.05.22: TRES ESPIRALES

La idea de que un museo sea un edificio reconocible por sus atributos formales y espaciales les hace mucho sentido a quienes los diseñan, a los turistas que pasan por afuera, e incluso a los que se arriesgan entrando a uno. Y si hay uno que instala esa “sobre determinación” arquitectural de los museos es el que diseñó Wrigth. Tal vez por ello es que todos los proyectos invitados a exponer dentro de sus muros se terminan arropando en él. Por más críticas e iconoclastas que sean sus propuestas, finalmente son domesticadas por él. El día de la inauguración comentamos esto con Camila Marambio, recordando en años anteriores el chorreo del “semental” Matthey Barney o la acumulación a lo “mal de Diógenes” de Maurizio Cattelan, entre muchos más que seguro lo intentaron. Pero nadie -que yo recuerde- lo hizo de una manera tan frontal y honesta como la pintura Tres Espirales, la obra más nueva de toda la exposición de Cecilia Vicuña ¿Y qué vemos aquí? Primero, un hoyo extractivista que saca el cobre de Chile a partir de inversiones extranjeras como las de algunos de los Guggenheim hace más de un siglo. Segundo, el espiral de concreto con el nombre de Don Solomon en su fachada y que sangra por debajo de su suelo. Y tercero, todo lo anterior en medio de una América ancestral. Imágenes asociadas a un lúcido texto de “explicaciones” en que Cecilia Vicuña nos comparte su visión sobre Wrigth. Todo en coherencia total con su sistema de trabajo expuesto por primera vez en 1971 en el Museo Nacional de Bellas Artes: Pinturas, poemas y explicaciones. Así que ¿en qué nos quedamos en la nota anterior? Ah si: lecciones de como despatriarcalizar y decolonizar un Museo. Todo en el fin de semana que en Chile celebramos el Día de los Patrimonios.

Inauguración de la exposición “Cecilia Vicuña: Spin Spin Triangulene”, Museo Guggenheim, Nueva York, 2022. Foto: © José de Nordenflycht

28.05.22: KANDINSKY

En la monografía sobre el edificio de Wright escrita por Francesco Dal Co veo una foto de la habitación ocupada en el Hotel Plaza por Irene Guggenheim y se comprueba fácilmente el interés de ella y su familia por la pintura del pintor ruso. Sabido es que este célebre artista es una piedra angular en la fundación de la colección del Museo. Y, de hecho, en esta ocasión comparte espacio junto a Cecilia Vicuña. Él es el anfitrión y ella la huésped. Una mucho menos incómoda de lo aparente, si es que leemos con atención lo que nos comenta en las paredes del museo, de cómo conoció las imágenes y leyó los textos de Kandinsky desde muy pequeña. Sabido es que los provincianos lo leemos todo. Así los colonizados nos mimetizamos y los mestizos nos rebelamos. Pero otros con más talento saben dialogar desde la igualdad en que no hay un arte subalterno y otro hegemónico, pues todo arte auténtico es un intento por seguir fracasando, hasta el próximo intento. Así las cosas, nos parece que un atributo de la obra de Cecilia Vicuña es que en ella nunca hubo tal “analogía dependiente”, o al menos se resistió a ella muy tempranamente. Lo que aquí hay es más bien una manera insurrecta de desordenar las temporalidades del canon -tal vez más cercano a lo que propone Andrea Giunta en su ultimo libro Contra el Canon (2020)-, pero con plena conciencia de que los tiempos de la historia del arte relatada desde la academia occidental son minúsculos. Aquí es que yo aprendí en su obra que el patrimonio ancestral y el arte contemporáneo son un continuo, en donde el anacronismo no es una amenaza, pues los tiempos de las obras se activan en la inmanencia de su experiencia. Y la obra de Kandinsky es leída por ella como el monumento performativo que es. Dando espacio a un lugar situado, reconociéndose a la vez con ella, que de huésped se convierte en cohabitante de ese quiasma que, a veces, funciona como arte.

Cecilia Vicuña, “AMAzone”, 1978. Vista de la instalación en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), 2022. © José de Nordenflycht

29.05.22: MoMA

Las casualidades no existen, al menos no en la historia del arte. ¿O alguien cree todavía que la pintura abstracta fue producto de un “cuadro al revés” que vió Kandinsky un día entrando a su taller? Hoy sabemos que la artista sueca Hilma af Klint “todo-lo-veía-al-revés”. Y claro, antes que se lo indicara un hombre. Pensando en esa revisión de su canon es que después de presenciar la expo de Cecilia Vicuña en el Guggenheim, se debe entrar al MoMA con mucha atención, donde Alfred Barr inventó el diagrama del canon, y donde hoy, en la sala 205, se propone un diálogo “frente a frente” entre obras de Cecilia Vicuña y Juan Downey. Esto nos recordó inmediatamente la tan incomprendida exposición Transferencia y Densidad del 2000 en el MNBA, en que la obra A Map of Chile de Downey y la Pieza del Hilo Azul de Cecilia Vicuña, fueron propuestas por Justo Pastor Mellado como parte de unas Historias de Anticipación. Claro, en el Chile del 2000 estábamos lejos de saber de “decolonialidades”, pero recordemos que, además, en esa contigüidad de la obra de Cecilia estaban los objetos de Juan Luis Martínez. El mismo autor del cual sus obras fueron llevadas a la Bienal de São Paulo en 2012 por el poeta, y en ese entonces curador del MoMA, Luis Pérez-Oramas. A diez años de ello otra curadora del MoMA, Inés Katzenstein, en una nueva contigüidad espacial y conceptual nos plantea “un giro hacia adentro”, en que se nos reaparecen esas “anticipaciones” que tanto han costado reconocer y hacer visibles en Chile, sobre todo de parte de quienes creen que la historia del arte es una carrera de reconocimientos por otros, más que de por sí mismos, o incluso un nosotros. Lo demás llega por añadidura.

Arriba: Cecilia Vicuña, “Kon Kon”, video, 2009. Vista de la exposición “Spin Spin Triangulene”, Museo Guggenheim, Nueva York, 2022. Foto: © José de Nordenflycht

30.05.22: KON KON

Como el agua fluye de arriba hacia abajo, el agua-agua que es el significado de con-con, debía estar en el último nivel del espiral museal, tal como estamos acostumbrados al lenguaje ascendente del progreso. Pero si no hay progreso en el arte, el lenguaje debería ser descendente, y por eso fragmentos de la película Kon Kon permean y se diluyen desde arriba hacia abajo. Incluso chorrean a Kandinsky. En esta exposición de Cecilia Vicuña que “gire y gire el trianguleno es la consigna” ¿Y que es un trianguleno? Básicamente la unidad mínima de tres elementos en la que nos compartimos entre todo lo que en nuestro planeta es habido. Con esa figura, el título de la muestra se activa desde las relaciones. Hoy sabemos que el agua es una de esas relaciones de las cuales interdependemos de manera muy concreta. Por tanto, este título dista mucho de ser una metáfora “buenista” o una oportunista retórica “poética”. Esta exposición ni siquiera es eso: “otra-exposición-más”. Es un poco más grande que eso. Probemos de sacarle el EX y quedémonos solo con la POSICIÓN. El resultado es una posición que se instala de manera tan física como química, tan material como espiritual, tan dentro como afuera, en que se dan a ver y escuchar formas de un giro en que el lenguaje apenas si es tocado. Y todo comenzó en Kon Kon hace miles de años. Ver asomarse las dunas y al fondo de la curva del horizonte del Pacífico a Valparaíso, como en las acuarelas de la otra Cecilia -Cecilia Concha- que rescata Cecilia Vicuña, es pura nostalgia por el futuro.

Caracol Azul y Palabrarmas. Vista de la exposición «Cecilia Vicuña: New York», en Lehmann Maupin, NY, 2022. Foto cortesía de la galería

31.05.22: NEOYORKINA

La vieja disputa del “ius sanguinis” y el “ius solis”, para etiquetar a los artistas latinoamericanos sea por ascendencia maternal o lugar de nacimiento, presenta hoy una disolvencia similar a las de las -igualmente viejas- distinciones de género, raza o religión. Hoy los millones de sujetos que conviven juntos en una “oportunidad de localización”, como son las grandes ciudades globales, se identifican apenas por su resiliencia a los contextos, resultando la vida en común que puedan articular desde la adversidad como una esperanza de algo que nunca llega. Pensando en ello es que el trabajo de Cecilia en estos días expuesto en el Guggenheim y el MoMA tiene dos correlatos más, ambos asociados a su condición de “artista neoyorkina más chilena que los porotos”. Por un lado, su muy reciente relación con el galerismo global. Uno que es refractario de aquello que no se puede hacer circular sin un retorno asegurado. Pero que con ella va cediendo, confiando y aprendiendo de ancestrales novedades. Al punto que hoy los “cuadros” no son la única -ni la mejor- opción para el coleccionismo emergente en Asia y su interés por las expresiones artísticas “precarias” de Cecilia Vicuña, tal como observamos en la galería Lehmann Maupin. Porque trabajar en una ciudad global significa exactamente generar plusvalía en todos lados, ya que esta no es una ciudad dormitorio precisamente. Y como se trabaja, también se vive. Y como la “vida” urbana es parte de ello, la propuesta curatorial de Jody Graf inaugurada en días pasados en el MoMA PS1, con el título Life Between Buildings, coloca la obra de Cecilia Vicuña junto a la de Gordon Matta-Clark y otros 12 artistas y colectivos más, para poner en valor el trabajo de artistas en el contexto del uso y activación de los “espacios intermedios” que, como residuos de la modernización material del capital de “fierro y concreto” con que se ha levantado la vista en esta ciudad, nos recuerda que vivimos a ras de piso. Consolados. “Con-suelo”, si transformamos el dictum del arquitecto Alberto Cruz en un “palabrarma”. Pero esa es otra historia de un futuro que había comenzado en documenta14.


Vista de la exposición “Cecilia Vicuña: Spin Spin Triangulene”, Museo Guggenheim, Nueva York, 2022. Foto: David Heald © Solomon R. Guggenheim Foundation, 2022.
Vista de la exposición “Cecilia Vicuña: Spin Spin Triangulene”, Museo Guggenheim, Nueva York, 2022. Foto: David Heald © Solomon R. Guggenheim Foundation, 2022.
Cecilia Vicuña, La Vicuña, 1977, óleo sobre tela de algodón, 139,1 × 119,4 cm). Museum of Fine Arts, Boston, Ives Family Fund, 2018. Foto: Museum of Fine Arts, Boston, 2022. © Cecilia Vicuña
Cecilia Vicuña, La mulata costeña de Colombia, ca. 1977, óleo sobre tela, 119,4 × 99,7 cm. Cortesía de la artista y Lehmann Maupin/Nueva York, Hong Kong, Seúl, Londres. Foto: Matthew Herrmann. Cortesía de la artista y Lehmann Maupin. © Cecilia Vicuña
Vista de la exposición “Cecilia Vicuña: Spin Spin Triangulene”, Museo Guggenheim, Nueva York, 2022. Foto: David Heald © Solomon R. Guggenheim Foundation, 2022.
Vista de la exposición “Cecilia Vicuña: Spin Spin Triangulene”, Museo Guggenheim, Nueva York, 2022. Foto: David Heald © Solomon R. Guggenheim Foundation, 2022.
Cecilia Vicuña, Angel de la menstruación, 1973, óleo sobre tela, 57,1 × 48,2 cm. Colección de Catherine Petitgas, Londres. Foto cortesía de la artista y Lehmann Maupin/Nueva York, Hong Kong, Seúl, Londres. © Cecilia Vicuña
Cecilia Vicuña, Liderezas, 2022, óleo sobre tela, 132,1 × 132,1 cm. Cortesía de la artista y Lehmann Maupin/Nueva York, Hong Kong, Seúl, Londres. © Cecilia Vicuña
Cecilia Vicuña, Autobiografía, 1971, óleo sobre tela, 59,7 × 64,1 cm. Colección Museum of Contemporary Art San Diego, Elizabeth W. Russell Foundation Fund, 2019. Foto: Matthew Herrmann. Cortesía de la artista y Lehmann Maupin/Nueva York, Hong Kong, Seúl, Londres. © Cecilia Vicuña

Cecilia Vicuña: Spin Spin Triangulene se puede visitar del 27 de mayo al 5 de septiembre de 2022 en el Solomon R. Guggenheim Museum, 1071 Fifth Avenue, Nueva York. Organizada por Pablo León de la Barra, Curador de Arte Latinoamericano, y Geaninne Gutiérrez-Guimarães, curadora Asociada del Guggenheim Museum Bilbao.

José de Nordenflycht Concha

Nace en Chile en 1970. Es Doctor en Historia del Arte por la Universidad de Granada y miembro correspondiente de la Academia Nacional de Bellas Artes de Argentina. Profesor universitario y consultor en proyectos de planificación, investigación y capacitación en patrimonio cultural. Ha sido Presidente del Comité Chileno del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios ICOMOS y Secretario Ejecutivo del Consejo de Monumentos Nacionales. Es autor de los libros "Patrimonio Local" (2004), "Post Patrimonio" (2012) y "Patrimonial" (2017).

Más publicaciones

También te puede interesar

Vista de la exposición "Errância Poética (Poetic Wanderings)", de Anna Maria Maiolino, en Hauser & Wirth, Nueva York, 2018. Foto: Timothy Doyon. Cortesía de la galería

ANNA MARIA MAIOLINO: ERRÂNCIA POÉTICA

Durante más de cinco décadas, la artista italo-brasileña Anna Maria Maiolino (1942) se ha inspirado en su historia personal como artista, migrante y madre para producir obras que desafían las nociones aceptadas de deseo,...

Francisca Infante, Registro de muralla rosa, 2020, pintura digital impresa en papel de algodón libre de ácido ultra smooth hahnemühle 300 grs., 120 x 90 cms. Ed: 2. Cortesía: NAC

FRANCISCA INFANTE: RÉPLICA DE UN REY ESTÁTICO

Valiéndose del dibujo y la pintura, Francisca Infante (Santiago de Chile, 1992) representa espacios arquitectónicos reconocibles. De esta manera, su obra incorpora herramientas digitales que utiliza casi de la misma forma que la pintura...