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EL CUARTO OSCURO. SOBRE “LA BROMA ASESINA” DE JAVIER RODRÍGUEZ

Did you ever dance with the devil in the pale moonlight?
Joker

La broma asesina es el título de un relato gráfico que monta el artista chileno Javier Rodríguez en colaboración con la curadora Soledad García en el marco de la exposición colectiva Lunes es revolución, en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende (MSSA). El trabajo consiste en un diálogo ficticio gatillado inicialmente por la novela Batman en Chile del escritor –y también dibujante– Enrique Lihn, de la que este relato sería una continuación o su segunda parte. En el texto de Lihn, publicado en 1973 en Argentina, Batman viene a Chile a frenar la Unidad Popular, sin embargo, al arribar a nuestro país él no entiende la ambigüedad de la cháchara local y el sobre-discursear de los bandos ideológicos.

En su lectura gráfica, Javier opta por generar un relato imagen-texto inspirado en el personaje del Joker (o Guasón), antagonista en la saga norteamericana. «Un mal día das un paso en falso y todo puede cambiar para siempre”; “La memoria es traicionera, en un momento estás plácido con los aromas de infancia y luego te conduce donde no quieres ir». El perfil y la subjetividad del personaje son productivos al artista para continuar con su investigación sobre la violencia política en Chile y, en este caso específico, explorar los ajusticiamientos populares en el territorio. La cita al cómic original Batman: The Killing Joke (DC 1988, estrenada como película animada recién en 2016) y al personaje del Joker, permiten a este trabajo desarrollar una comprensión contextualizada de la violencia que se utiliza para enfrentar la adversidad del poder opresor. La violencia en este trabajo se nos aparece no tanto como el retorno de una “irracionalidad” sino más bien como “la partera de la historia”, según las palabras que usa Marx cuando alude a que todo cambio viene siempre con dolor.

«La Broma Asesina», de Javier Rodríguez, grafito sobre papel, 2021. Cortesía del artista
«La Broma Asesina», de Javier Rodríguez, grafito sobre papel, 2021. Cortesía del artista

La broma asesina se monta en la sala más pequeña del museo al modo de una cabina que está pintada de negro –lo que nos recuerda una vez más a Lihn, con su libro de poemas La pieza oscura–. Dos series de dibujos en grafito ubicados en los muros de los costados flanquean al espectador y capturan el presente de esta investigación artística: la transcripción mediante viñetas de los diálogos entre el artista (autorretratado) y la curadora, la reproducción de fotografías de prensa que documentan la crisis sanitaria actual, los retratos de Lihn, Batman y el Joker en relación a lo que se habla en las viñetas, la mención a las baladas oscuras del músico Nick Cave que aparece retratado en plano medio, o la lectura de Bandidos de Eric Hobsbawm mediante la portada del libro.

En el muro del fondo el espectador enfrenta una serie de xilografías colgadas que invocan la Lira popular, tanto por el diseño de montaje –las liras se colgaban históricamente en cordeles en plena calle– como por la expresividad de sus imágenes. La serialización de la xilografía instala una temporalidad híbrida que permite conectar el pasado del bandido que recorre el campo chileno y comete ajusticiamientos, con el pillaje del presente actual. De alguna manera estas imágenes rompen las postales arquetípicas del campo chileno y ponen en crisis la representación pintoresca de esos paisajes. Por otra parte, el patrón histórico con su falsa conciencia se aparece con rostros de la clase política actual que ejerce la eternidad de su dominio (Kast, Larraín, Cubillos). Así, el pillaje del campo chileno se confunde con los bandidos de cuello y corbata, que serían también los villanos de la telenovela neoliberal. De pie ante las xilografías, el espectador se percata que esta serie se conecta con los diálogos de Javier y Soledad en las viñetas anteriores. El montaje se trata entonces de una caja china: diferentes relatos conviven uno dentro de otro.

«La Broma Asesina», de Javier Rodríguez, grafito sobre papel, 2021. Vista de la instalación en el MSSA, Santiago de Chile. Foto: Benjamín Matte
«La Broma Asesina», de Javier Rodríguez, grafito sobre papel, 2021. Vista de la instalación en el MSSA, Santiago de Chile. Foto: Benjamín Matte
«La Broma Asesina», de Javier Rodríguez, grafito sobre papel, 2021. Vista de la instalación en el MSSA, Santiago de Chile. Foto: Benjamín Matte

El trabajo colaborativo entre Javier y Soledad queda también atrapado en las décimas que escriben ambos en dupla y que se imprimen en las xilografías. La forma métrica (versos de ocho sílabas) de esa escritura, con su dimensión rítmica o musical (ocupa una rima predefinida), y la materialidad de la xilografía, de inmediato traslada al lector al mundo de la cultura campesina, del valle central chileno, incluso independiente de los contenidos o la semántica que utilizan los autores. Las décimas que se publicaron en las liras populares fueron la sintaxis de los ajusticiamientos. La literatura contemporánea también ha dialogado con los pillajes. El mismo Enrique Lihn publicó la selección Diez cuentos de bandidos en la editorial Quimantú en 1972. El escritor multifacético Patricio Manns compuso la historia de un cuatrero sanguinario en la canción “Arriba en la cordillera”. También escribió la novela La vida privada de Emile Dubois, el mítico justiciero francés de Valparaíso que sobrevive hoy en una animita milagrera.

De pueblos desconocidos / viene bandido sin igual,/ le dicen monstruo social/ la ley y señores ricos/ en la montaña y campos/ donde se ha visto pasar,/ pero muy para su pesar/ su sonrisa, sus navajas/ pistolas y cuchillas/ a ellos van ajusticiar

«La Broma Asesina», de Javier Rodríguez, xilografía, 2021. Cortesía del artista
«La Broma Asesina», de Javier Rodríguez, xilografía, 2021. Cortesía del artista
«La Broma Asesina», de Javier Rodríguez, xilografía, 2021. Cortesía del artista
«La Broma Asesina», de Javier Rodríguez, xilografía, 2021. Cortesía del artista

La broma asesina despliega distintas técnicas, algo que el artista ya viene experimentando en trabajos anteriores como Cobra (2020). Existe una relación entre la historia que se quiere contar y la técnica que se utiliza para ello. Cada técnica es en sí misma medio y soporte de una memoria y una potencia. Ello intensifica el sentido de las imágenes y las escrituras que produce el artista. Ambas, liras populares y cómic, son un tipo de imagen masiva aunque desarrolladas en distintas épocas. Las primeras fueron formas de literatura dibujada que estaban vinculadas al acontecer político y la vida de las clases populares, destinadas a lectores analfabetos; en tanto, el grafito invoca la imagen de prensa a partir de la reproducción de fotografías que el artista archiva y recopila en sus procesos de investigación.

Los muros negros de la sala que envuelven la instalación realzan aún más los contrastes visuales y sociales que trabaja esta investigación ante la ausencia de color. El espectador del museo de arte contemporáneo puede confundirse con el exceso de artesanía y la ausencia de tecnologías actuales: Javier juega también con las expectativas artísticas que se tienen de “lo contemporáneo”. Volver a lo artesanal y aureático en este caso supone una nueva vuelta de tuerca para tensionar la práctica artística en “su era de la reproductibilidad digital”. De hecho, el célebre ensayo de Walter Benjamin, “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, se ha hecho presente bajo distintas formas en mis conversaciones con el artista. Puede que la complejidad de La broma asesina es que recoge tanto lo objetivo de la foto con lo subjetivo del dibujo, generando una simbiosis. “La energía del dibujante queda atrapada para siempre en su dibujo”, escribió Javier a propósito de Cobra. Y continúa: “Es el dibujo el que nos obliga a mirar las imágenes de una manera distinta a los originales, en la medida que realza ciertos contenidos que pasan inadvertidos en el documento”.

«La Broma Asesina», de Javier Rodríguez, xilografía, 2021. Cortesía del artista
«La Broma Asesina», de Javier Rodríguez, xilografía, 2021. Cortesía del artista

Se cuenta que el diablo mismo/ le dibujó la sonrisa/ tras una fuerte golpiza/ del patrón y el fascismo,/ ahora él es abismo/ abismo de pura rabia/ entrega violencia sabia/ contra el señor avaro/ que hoy la pagará caro/ junto a toda su labia

En el cuarto oscuro propuesto por Javier Rodríguez se revelan las imágenes de la violencia política a partir de la combinatoria y las operaciones de cita y transferencia. Estas prácticas confunden al espectador y lo hacen transitar por bordes o umbrales que le impiden diferenciar con claridad las dimensiones del documental y la ficción, del arte y la historia, de la escritura y la imagen, o del arte contemporáneo y la artesanía. Estos umbrales implican un diseño artístico estratégico para trabajar las ambigüedades históricas o los episodios conflictivos del relato nacional por medio del “falso documental”, la “docu-ficción” o la “transficción”, que serían términos posibles derivados de la crítica de cine.


Lunes es revolución está abierta hasta el 2 de febrero de 2022 en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende (MSAA), República 475, Santiago

Francisca García

Nace en Chile en 1980. Es autora e investigadora. Estudió Literatura en la Universidad Católica de Chile y es doctora en Estudios Culturales por la Universidad de Potsdam. Ha escrito sobre memorias y archivos de la diáspora artística chilena y relaciones literatura-visualidad en el arte contemporáneo. Residió por largos periodos en Valparaíso y Berlín. Actualmente es profesora asociada del Departamento de Artes Visuales de la UMCE en Santiago.

https://www.franciscagarcia.net/

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