CAMILA VALDÉS: NOMBRE Y FORMA
1.
La arquitectura puede ser una cámara de eco, imaginan Isa Genzken y Bruce Nauman. En Instrucciones para un ejercicio mental, Nauman indica:
«a. Acuéstate boca abajo en el suelo cerca del centro del espacio y, lentamente, déjate hundir en el suelo. Ojos abiertos».
«b. Acuéstate de espalda en el suelo cerca del centro del espacio y, lentamente, permite que el suelo se levante alrededor tuyo. Ojos abiertos».
En 1973, Genzken siguió estas instrucciones, durante siete días, en una galería vacía de Düsseldorf. Al término de cada jornada, anotó sus impresiones.
De pronto, el suelo y la pared se fusionaron; centrar la atención en las costuras arquitectónicas deformó el espacio, asegura la artista. Durante los días cinco y siete, alcanza los objetivos: el piso se hunde y luego se eleva. «Sentí con mucha intensidad que el suelo se concentraba en mi cuerpo a lo largo de la línea de mi columna vertebral desde ambos lados al mismo tiempo, y se estaba levantando conmigo».
2.
En la acción de Isa Genzken, la rigidez de una estructura arquitectónica –la sala de una galería– se suspende y flaquea; reacciona ante cargas emotivas y vibraciones sensoriales.
En Nombre y forma, lo cotidiano se sacude y se vuelve otra cosa (a causa, también, de una mirada situada y a la vez distante).
En el taoísmo, el wu wei es un modo de actuar que, paradójicamente, no interfiere. Una acción que no hace nada. Traducido literalmente como «no hacer», wu wei es, también, «quietud creativa».
Hacer que lo mismo se vuelva diferente. Lo fijo, móvil. Reverberancia.
3.
La fotografía puede ser, también, una cámara de eco. Lo es en Nombre y forma, serie en la que lo anodino, junto con tensionar un sentido tradicionalmente documental, instala la contemplación en el centro de una retórica muda, frontal pero esquiva.
4.
Más que el registro de espacios y situaciones cotidianas, lo importante, aquí, es un problema de percepción. Abandonar la anécdota, la narración detrás de cada fotografía y detener el apuro por explicar, por comprender. A eso invita Camila Valdés; la retórica muda de sus fotografías contagia y nos traslada al no-saber del budismo zen, al wu wei del tao.
«“Estar satisfecho aquí y ahora”, eso es lo que tengo que seguir diciéndome a mí mismo. Entonces el arte llegará solo», afirma Wolfgang Tillmans en una entrevista con Isa Genzken.
La fotografía puede ser, también, una cámara de eco, desprendimiento e impermanencia. Treinta minutos: el suelo se hunde. Treinta minutos: el suelo se levanta. Ojos abiertos, ojos abiertos.
Nombre y forma, de Camila Valdés, se podrá ver hasta diciembre de 2019 en la Sala Lily Garafulic, Centro Cultural Estación Mapocho, Santiago de Chile.
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