Pero como la vida es un peregrinaje, el mundo ante nuestras puertas es semejante a un desierto, sin marcas, ya que aún resta darle su sentido por medio del vagabundeo que lo transformará en el camino hacia la meta donde se encuentra el sentido.

Zygmunt Bauman

 

 

Las relaciones entre caminata y búsqueda de sentido; desplazamiento y construcción de identidad; vagabundeo y pensamiento forman parte del léxico propio a la actividad del viajero, peregrino y flâneur. De hecho, para Zygmunt Bauman, el turista, vagabundo y flâneur constituyen una sola y misma figura paradigmática de la posmodernidad. Francesco Careri, por su parte, destaca cómo la flânerie el viaje, la peregrinación y el paseo constituyen formas peculiares de conocimiento -en cuanto a que solo se pueden adquirir en movimiento- que son fundamentales a la hora de entender la relación entre el hombre y su entorno.

El flâneur es una figura histórica y literaria que se desarrolló en el siglo XIX, sintomática del capitalismo naciente y de la mercantilización de las ciudades occidentales que empezaron a transformarse en las metrópolis que conocemos actualmente. Fue Walter Benjamin en su Libro de los pasajes, inspirado en las deambulaciones del poeta Charles Baudelaire en el París haussmanniano[1], quién le dio forma como categoría estética y social. En palabras de Benjamin, el flâneur buscaba “botanizar el asfalto”. Es decir, se refería a los poetas, artistas e intelectuales que salían de paseo por la ciudad para observar lugares y habitantes tal como un botanista en terreno pero no con un fin productivo o mercantil sino meramente crítico y estético.

Actor y usuario del espacio público a la vez que espectador e intérprete del escenario urbano, el flâneur no solo accede al conocimiento a través del desplazamiento y la exploración sino que también crea a partir de esas mismas itinerancias. En otras palabras, si la flânerie se convirtió en un paradigma estético del siglo XX fue precisamente por aquella capacidad de interpretar, crear y releer la ciudad a través de la movilidad y la mirada, convirtiéndose en una experiencia estética en sí misma. Cabe de hecho recordar que diferentes grupos y vanguardias artísticas[2] han elevado la flânerie al rango de obra de arte. Los artistas-flâneurs producen nuevas relaciones espaciales, visuales o conceptuales o, tal como lo afirma el poeta Jean-Christophe Bailly, crean “fraseos urbanos”[3] con las “palabras” de la ciudad y donde cada recorrido es entendido como una nueva oración. Según Bailly, el “fraseo urbano” se construye con los pasos del flâneur que recorre la ciudad, reactualizando y activando en permanencia su memoria.

Frame del video "La Ofrenda", de Andrés Durán, 2017. Cortesía del artista
Frame del video "La Ofrenda", de Andrés Durán, 2017. Cortesía del artista

La producción de nuevos fraseos a través de la experiencia de la flânerie ha jugado un papel primordial en el desarrollo del corpus de obra de Andrés Durán. En efecto, la activación de lugares invisibles a través de la creación de situaciones inverosímiles -pero plausibles- constituye sin duda un importante leitmotiv de su obra. Durán recorre, observa, lee y relee la ciudad, aquella que conoce, Santiago de Chile, o eventualmente otras ciudades[5], pero aludiendo siempre al arquetipo de la metrópoli latinoamericana, su condición postcolonial, tercermundista y sincrética. La ciudad de Durán es una ciudad-collage que reúne ruinas y falsos semblantes; acumula capas históricas y regímenes de significados; combina historias vernáculas con referencias eruditas; suma realidades locales con ficciones importadas. Mas, para releer y resignificar aquella ciudad, Durán requiere ser un flâneur atento que sale a la búsqueda de signos banales y nuevas combinaciones posibles. Y una vez estos descubiertos, vuelve una y otra vez al “lugar de los hechos”, hace bocetos y pruebas en terreno, fotografía, filma, documenta y planea, manipulando la psicogeografía[6] de los lugares. Prácticas ciertamente herederas de las derivas situacionistas o de las suburbancias Dadá, Durán juega -como todo psicogeógrafo– con la poética del absurdo y con un espíritu lúdico-constructivo que consiste en hacer visible lo inadvertido. Así, si su proyecto Monumento Editado invitaba al espectador a volver a mirar monumentos devenidos invisibles en el espacio público a través del ejercicio de recubrimiento[7], La ofrenda, por el contrario, gira en torno a la activación de lugares de memoria inexistentes a través de una conmemoración asimismo ficticia.

La ofrenda es un video de tres canales que muestra una suerte de peregrinaje de una mujer de edad madura que carga y deposita una corona de flores conmemorativa en distintos momentos de su recorrido. Este video está realizado en La Dehesa, una comuna santiaguina emblemática de la vida suburbana de los barrios acomodados y está protagonizado por un personaje que se reconoce como foráneo –no habitante del sector-. Lo interesante de este tipo de lugares es que son justamente hostiles al flâneur –por extensión, ajenos a la protagonista peatona- ya que son ciudades-dormitorios donde reina el automóvil, priman los trayectos utilitarios y escasean los peatones y la vida de barrio.  Vemos de hecho en este proyecto el deambular solitario de aquella señora por calles desérticas -porque efectivamente solo se desplazan a pie por ahí servidumbre y prestadores de servicios-.  Andrés Durán, en resonancia con el fraseo urbano descrito por Jean Christophe Bailly, habla de la dificultad de flanear y activar una memoria urbana en este tipo de suburbios donde el lazo afectivo entre el espacio y sus ocupantes es casi inexistente. Por otro lado, para Bailly la memoria patrimonial es también ficticia, en  cuanto a que se articula a partir de “zonas de miradas obligadas”, dirigidas y guiadas,  que dificultan la creación de miradas inéditas de los flâneurs -como sucede de hecho en la ciudad patrimonial e invisible de los Monumentos editados-. ¿Entre no-lugares y ciudades-museos, dónde puede el flâneur contemporáneo crear y reactivar la memoria de la ciudad y adquirir conocimiento en el vagabundeo? Flanear, como lo afirma Coverley, aparece entonces como un acto subversivo contrario a la promoción de la circulación expedita e utilitaria de la ciudad contemporánea.

La ofrenda reúne varias de las inquietudes conceptuales y formas visuales de Durán. La corona de flores inspirada en la cruz Chakana[8] recuerda las formas abstractas, geométricas e improbables de los carteles de su serie Mirador y de sus estatuas de Monumentos… La narración sin sentido, ni desenlace que retoma los códigos cinematográficos hollywoodenses –con particular referencia a la inquietante extrañeza de David Lynch-  constituye un denominador común en sus diferentes trabajos de video. Porque en efecto, en los proyectos audiovisuales de Durán siempre hay creación de suspenso e ilusión de narratividad pero “no pasa nada”. Todo está aquí planificado y coreografiado en pos de la activación de espacios sin memoria, de conmemoraciones falsas, de caminatas sin reales itinerarios, de peregrinajes sin objetivos: suma de sinsentidos y absurdos, flâneurismos puros.

Vista de la proyección del video "La Ofrenda", de Andrés Durán, en la Sala de Arte CCU, Santiago de Chile, 2017. Cortesía: CCU en el Arte

[1] Es interesante aclarar que la palabra coreografía  significa  etimológicamente escribir (grafie) con el movimiento (koreos).

[2] Bajo el régimen de Napoleón III, el Barón Haussmann recibió el encargo de realizar una serie de reformas urbanas que modernizaron y transformaron la ciudad de París.

[3] Ver los paseos y deambulaciones de los Dadaístas, Surrealistas, el grupo de los Letristas, la Internacional Situacionista y más recientemente, el grupo STALKER/Osservatorio Nomade.

[4] Bailly, Jean Christophe, La phrase urbaine, París, Fictions & Cie/Seuil, 2013

[5] Específicamente, el proyecto Monumento Editado se inició en Santiago de Chile (2014) pero ha sido desarrollado  en la “Avenida de la Américas” en Nueva York (2015), en Lima (2015), La Paz (2015) y en Buenos Aires (2016).

[6] La psicogeografía tiene su origen en la “Teoría de la  Deriva” (1958) de Guy Debord y los Situacionistas. Se definía como  «el estudio de las leyes exactas y de los efectos precisos del medio geográfico, planificados conscientemente o no, que afectan directamente al comportamiento afectivo de los individuos». Concepto posteriormente analizado por Melvin Coverley en “Psychogeography” (2006), ha de entenderse literalmente como el punto de convergencia entre psicología y geografía. Uno de sus objetivos es la búsqueda de nuevas formas de aprehender nuestro entorno urbano, buscando superar los procesos de banalización propios a la monotonía de la experiencia cotidiana.

[7] Ver al respecto Goffard, Nathalie, “Perdidos en el espacio”, ensayo del catálogo de exposición “Monumento Editado”, Andrés Durán, Galería Gabriela Mistral, Junio 2014, Santiago de Chile.

[8] La cruz chacana o chakana, llamada también cruz andina  o cruz del sur significa “el puente a lo alto”. Es una representación típica del imaginario de los pueblos indígenas de Los Andes (Sur de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina)  donde se desarrolló la cultura incaica y es emblemática de la cosmovisión andina.

*Texto escrito para el catálogo de la exposición La Ofrenda, de Andrés Durán, en la Sala de Arte CCU, Santiago de Chile, hasta el 31 de enero de 2017. Andrés Durán es el ganador de la Beca Arte CCU 2015.