CASA TOMADA: INSTITUCIÓN, TRABAJO Y RELACIONES SENSIBLES
Rememorando aquel acto de posesión y desalojo del que fueron víctimas los personajes del cuento de Julio Cortázar, la Casa Nacional del Bicentenario en Buenos Aires (Argentina) ha sido invadida y transformada —hasta diciembre de 2016— en su sentido más pragmático y especulativo, por medio del trabajo de artistas de todas las áreas.
Abierto a un modelo instaurado por la Internacional Situacionista (1957-1972), esta “construcción de ambientes momentáneos de vida” que está teniendo lugar en aquel espacio público de la capital argentina, nos enfrenta hacia una dirección muy comentada en la teoría contemporánea del arte, pero que en el ámbito global —y en este caso Latinoamericano— no encontraba una materialización coherente dentro de los espacios de exhibición de las artes.
En una suerte de movimiento mnemotécnico y crítico, la propuesta de esta exhibición revisa el impulso anti-institución de aquel arte fundado de manera radical con las Vanguardias históricas, y revisado dentro de múltiples dinámicas en el arte del siglo XX.
Entendida como una suerte de oxigenación o liberación de los modos de operar de las instituciones culturales actuales, y con el fin de fortalecer los Bienes Comunes en el marco de una institución pública, Casa Tomada escenifica tres asuntos indiscutibles dentro del universo de la contemporaneidad artística: las experiencias participativas, el trabajo del artista y la Institución. Tres cuestiones que se inscriben en una historicidad que enriquece el sentido de la propuesta y la enfrenta a un juicio contemporáneo, a veces desorientado por el desconocimiento de su propia historia.
Pensada como una estrategia que surge desde el interior mismo de la casa, esta propuesta se inscribe como un señalamiento crítico del arte que aún se cuestiona sobre las potencialidades de la institución y sus alternativas de avalar nuevas formas de hacer.
Liberados bajo la forma de un sabotaje, de un trabajo libre, y desarrollada bajo tácticas que develan algo impropio pero que da goce, este proyecto desemboca en la generación de tiempos otros, “de un trabajo vivo”, como comenta Valeria González, historiadora del arte y directora de la Casa Nacional del Bicentenario.
Casa Tomada conforma un desdoblamiento de las prácticas, del trabajo y del espacio. Manifiesta una precariedad estratégica que apunta a un alejamiento del mercado y del estado. En definitiva, se torna un lugar en donde confluye una diversidad de modelos productivos de las artes, dispositivos, soportes y técnicas. Sin embargo, quedan abiertas algunas interrogantes que pueden llevar al visitante a cuestionarse por el mismo proceder instituyente: ¿cómo un lugar concebido bajo el ala de la regulación social pone en cuestión sus propios modos operativos? ¿Cómo recorta el universo de las prácticas sensibles contemporáneas que exceden el modelo tradicional institucional y señala la carencia del museo? Sin duda, estos cuestionamientos no apuntan a una respuesta de la institución, apuntan a una guía que estimule la visita a un proyecto más que inteligente.
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