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Louise Bourgeois.estructuras de la Existencia:las Celdas

Haus der Kunst, Munich, Germany ÒLouise Bourgeois, Structures of Existence: The CellsÓ (2/27/15-8/2/15)

Haus der Kunst, Munich, Germany ÒLouise Bourgeois, Structures of Existence: The CellsÓ (2/27/15-8/2/15)

El Museo Guggenheim Bilbao presenta Louise Bourgeois. Estructuras de la existencia: las Celdas, una amplia muestra representativa de las innovadoras y sofisticadas obras escultóricas desarrolladas por Louise Bourgeois (1911–2010), una de las artistas más influyentes del siglo XX, a lo largo de dos décadas de su carrera. En esta exposición, organizada por Haus der Kunst (Múnich) en colaboración con el Museo Guggenheim Bilbao, el público podrá conocer y experimentar 28 espacios arquitectónicos cargados de emoción que separan el mundo interior del exterior y que representan, en cada caso, un microcosmos particular.

Las ideas e innovaciones formales de Louise Bourgeois, como su manera de abordar el psicoanálisis y el feminismo, sus instalaciones ambientales y sus formatos teatrales, se han convertido en cuestiones fundamentales del arte contemporáneo. Una excelente muestra de ello son las Celdas, la serie que Bourgeois inició en 1986 con la pieza Guarida articulada (Articulated Lair), y que se compone de aproximadamente 60 obras únicas.

Con ocasión de esta muestra, las Celdas numeradas del I al VI se agrupan por primera vez desde 1991, fecha en que se reunieron originalmente en el Carnegie International de Pittsburgh. El término “celda” surgió durante los preparativos de aquella exposición en el Carnegie. Para Bourgeois, el término en inglés “cell” tiene diversas connotaciones, pues se refiere tanto a la célula biológica de un organismo vivo como a la celda individual de una cárcel o de un monasterio.

Tres años más tarde, en 1994, la artista creó su primera escultura en forma de araña. Aunque ya superaba los 80 años en aquel momento, Louise Bourgeois logró una vez más reinventar sus métodos de trabajo y realizar algunas de sus piezas de mayores dimensiones gracias a la adquisición, en 1980, de su primer gran estudio. Hasta entonces había trabajado en su casa de Chelsea, donde la anchura de los espacios, de apenas cuatro metros, era determinante para las dimensiones de sus esculturas. Su nuevo estudio de Brooklyn allanó el camino para las piezas de gran formato.

El estudio también le ofreció a Bourgeois una gran variedad de nuevos materiales. Así, objetos que procedían del vecindario y de la vida privada de la artista se integran en las Celdas, como estantes de acero procedentes del uso anterior de su estudio como fábrica textil (Guarida articulada, 1986) o un depósito de agua tomado de su tejado [Líquidos preciosos (Precious Liquids), 1992]. Cuando finalmente tuvo que dejar el estudio de Brooklyn en 2005, conservó su escalera de caracol, que más tarde incorporó a la última obra perteneciente a esta serie: Celda (La última subida) [Cell (The Last Climb), 2008].

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Louise Bourgeois, Pasaje Peligroso (Passage Dangereux), 1997, metal, madera, tapiz, goma, mármol, acero, vidrio, bronce, huesos, lino y espejos, 264,2 x 355,6 x 876,3 cm. Colección particular, cortesía Hauser & Wirth. Foto: Maximilian Geuter © The Easton Foundation / VEGAP, Madrid Louise Bourgeois, Pasaje Peligroso (Passage Dangereux), 1997, metal, madera, tapiz, goma, mármol, acero, vidrio, bronce, huesos, lino y espejos, 264,2 x 355,6 x 876,3 cm. Colección particular, cortesía Hauser & Wirth. Foto: Maximilian Geuter © The Easton Foundation / VEGAP, Madrid

La serie de las Celdas gira en torno al deseo de recordar y olvidar a un tiempo. “Tienes que contar tu historia, y tienes que olvidarla. Olvidas y perdonas. Eso te libera”, afirmó Bourgeois en una ocasión. En este sentido, las Celdas contienen referencias a personas y a experiencias del pasado. Las agujas, hilos y husos que se integran en las obras aluden a la niñez de la artista y al oficio de sus padres, ya que su madre era restauradora de valiosos tapices. Las Celdas también hablan de abandono, de traición y de pérdida, en parte a causa de la gran tensión que se vivía en la familia Bourgeois. Por un lado, el padre de Louise engañó a su madre con la au pair de la familia, Sadie, que vivió con ellos durante casi una década. Por otro, en una inversión de los roles habituales, Louise tuvo que cuidar de su madre, quien contrajo una grave enfermedad y pidió a Louise que la ayudara a ocultar ante su padre cómo empeoraba. Louise se vio así inmersa en una trama de emociones encontradas: admiración y solidaridad, furia e impotencia.

La propia artista relacionó su obra con sus traumas personales. En 1982 creó un texto autobiográfico ilustrado para Artforum que giraba en torno a las traumáticas experiencias de su niñez. En ese mismo período, el Museum of Modern Art de Nueva York homenajeó a la artista, que ya contaba 70 años, con una retrospectiva. Era la primera vez que el museo dedicaba una exposición retrospectiva a una mujer.

Como nueva categoría escultórica, las Celdas de Louise Bourgeois “se ubican en algún lugar entre el panorama museístico, la escenografía, el ambiente o la instalación; se trata de una entidad escultórica que, a esta escala y nivel formal, carece de parangón en la historia del arte”, según Julienne Lorz.

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Louise Bourgeois, Celda II (Cell II ), 1991 (detalle), madera pintada, mármol, acero, vidrio y espejo, 210,8 x 152,4 x 152,4 cm. Collection Carnegie Museum of Art, Pittsburgh. Foto: Peter Bellamy © The Easton Foundation / VEGAP, Madrid

Cuando empecé a crear las Celdas quería crear mi propia arquitectura, y no depender del espacio de un museo, no tener que adaptar a él mi escala. Quería constituir un espacio real en el que uno pudiera entrar y por el que pudiera moverse

Louise Bourgeois

En este espacio se reúnen Celdas realizadas a lo largo de diferentes años. Bourgeois consideraba Guarida articulada (Articulated Lair, sala 205) como su primera Celda, aunque no utilizaría este término hasta 1991, cuando creó las Celdas I–VI (sala 208) para el Carnegie International.

Entonces, empleó elementos arquitectónicos, como puertas, ventanas y tela metálica, provenientes de su propio estudio (que anteriormente había sido un taller textil) o de edificios derruidos. Las Celdas que van de la I a la VI tratan acerca del secretismo, el voyerismo y el sufrimiento físico y psicológico. Junto a estas Celdas se encuentra Dentro y fuera (In and Out, 1995). Louise Bourgeois sintió interés por el controvertido neurólogo Jean Martin Charcot (1825– 1893), que, como su discípulo Sigmund Freud, trató de indagar en el origen del arqueamiento del cuerpo que se produce durante un ataque de histeria. Al igual que a ellos, a Bourgeois le preocupaba cómo la angustia y el miedo se expresan físicamente a través del cuerpo. Como la histeria fue considerada a menudo una condición femenina, Bourgeois decidió mostrar a un hombre en esa posición, con la espalda arqueada, preguntándose si esta figura se encontraba en un estado de dolor o de placer.

La figura desnuda y sin cabeza aquí expuesta aparece distorsionada y fragmentada por los espejos y las esferas con acabado de espejo. Las picadoras de carne sujetas a las paredes de la Celda simbolizan la disolución del cuerpo, mientras que la forma orgánica de color rosado del exterior de la Celda sugiere los órganos anatómicos internos.

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Louise Bourgeois, Dentro y fuera (In and Out ), 1995, metal, vidrio, yeso, tela y plástico. Celda: 205,7 x 210,8 x 210,8 cm. Plástico: 195 x 170 x 290 cm. Collection The Easton Foundation. Foto: Christopher Burke © The Easton Foundation / VEGAP, Madrid Louise Bourgeois, Dentro y fuera (In and Out ), 1995, metal, vidrio, yeso, tela y plástico. Celda: 205,7 x 210,8 x 210,8 cm. Plástico: 195 x 170 x 290 cm. Collection The Easton Foundation. Foto: Christopher Burke © The Easton Foundation / VEGAP, Madrid

En Celda (Choisy) [Cell (Choisy, 1990–93)], Bourgeois realiza una réplica de la casa de su niñez con mármol rosa, evocando la carne. La guillotina que se cierne sobre ella simboliza el pasado, que es amputado por el presente. Pasaje peligroso (Passage Dangereux, 1997, sala 207) y Líquidos preciosos (Precious Liquids, 1992, sala 209) ofrecen narrativas sobre una joven que va pasando por una serie de rituales de transición.

En esta sala se encuentra también el “gabinete de curiosidades” o de “maravillas”, en el que se reúnen algunos dibujos y esculturas que Bourgeois creó entre 1943 y 2010, ligados, entre otros aspectos, por su tratamiento del tema del espacio: el espacio doméstico, el espacio físico, el espacio aislado y el espacio simbólico.

En las esculturas denominadas Mujer casa (Femme maison, 1982, 1994, 2001), el espacio adquiere la forma de edificio imaginario. Sin embargo, La rectoría (The Rectory) toma como punto de partida la rectoría que originalmente se hallaba frente a la casa de Bourgeois en Nueva York. La artista con frecuencia se refiere al cuerpo femenino y materno como si fuera otro tipo de recinto, mientras que una silla bajo una campana de cristal sugiere aislamiento y soledad, temas recurrentes en toda la serie de las Celdas. En las diferentes esculturas llamadas Guarida, el espacio es sugerido y solo parcialmente visible, un aspecto que está en consonancia con los títulos de estas obras, que hacen referencia a un lugar para ocultarse, una madriguera.

En la Celda IX (1999) las manos de mármol, dispuestas con delicado cuidado, expresan la dependencia con respecto al otro. Bourgeois decía: “Es la relación con la otra persona lo que me motiva. La condición humana es lo que esculpo y mis formas emanan del interior de mi cuerpo”. Los espejos de las tres Celdas dispuestos en ángulo multiplican los elementos que contienen, al tiempo que incorporan al observador, proporcionando vistas diferentes de la escena que acontece en el interior. Como señalaba la artista, “la realidad cambia con cada nuevo ángulo”.

También se muestran en esta sala maquetas de Hago (I Do), Deshago (I Undo), Rehago (I Redo), de 1999, torres de tamaño natural a las que se podía subir, y que se presentaron en la Tate Modern de Londres en 2000.

En esta misma sala se encuentran las esculturas Personaje, dispuestas en pequeños grupos relacionados entre sí. La interacción espacial de estas obras, la relación entre la cercanía y la distancia, así como el vínculo que establecen con el visitante, convierten esta obra en una inusual y temprana aportación de Bourgeois al arte de la instalación ambiental.

La estructura más abierta de Culpable número dos (Culprit Number Two, 1998) recuerda a otros trabajos precursores de las Celdas, como Sin salida (1989). La persona sentada, el “culpable”, se enfrenta a su reflejo en el espejo, mientras que las flechas simbolizan agresividad y hostilidad.

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Louise Bourgeois, Celda (Choisy ) [Cell (Choisy )], 1990-93, mármol, metal y vidrio, 306,1 x 170,2 x 241,3 cm. Collection Glenstone. Foto: Maximilian Geuter © The Easton Foundation / VEGAP, Madrid

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Louise Bourgeois, Araña (Spider ), 1997, acero, tapiz, madera, vidrio, tela, goma, plata, oro y hueso, 449,6 x 665,5 x 518,2 cm. Collection The Easton Foundation. Foto: Maximilian Geuter © The Easton Foundation / VEGAP, Madrid Louise Bourgeois, Araña (Spider ), 1997, acero, tapiz, madera, vidrio, tela, goma, plata, oro y hueso, 449,6 x 665,5 x 518,2 cm. Collection The Easton Foundation. Foto: Maximilian Geuter © The Easton Foundation / VEGAP, Madrid

El espejo significa la aceptación del yo. Por eso yo he vivido en una casa sin espejos, porque no podía soportarlo, no podía aceptarme. El espejo era mi enemigo

Louise Bourgeois

La Araña (Spider, 1997) es una de las formas más icónicas de Bourgeois. Fue concebida como una oda a su madre. Su tela se transforma en una arquitectura que contiene fragmentos de tapices y otros objetos. Habitación roja (Padres) [Red Room (Parents), 1994] y Habitación roja (Niño) [Red Room (Child), 1994] son las únicas Celdas de la serie emparejadas entre sí. Para la artista, el color rojo simboliza sangre, violencia y peligro, vergüenza, celos, maldad y culpa. Es significativo que el armazón exterior de estas obras se haya construido con puertas viejas de un tribunal de Manhattan.

Habitación roja (Niño) alberga elementos asociados a la infancia de la artista: los husos rojos y azules y las agujas evocan el taller de tapices de su familia, las manos infantiles posadas sobre las de un adulto sugieren un anhelo de seguridad, y el par de manoplas con las palabras “moi” [yo] y “toi” [tu] bordadas refuerzan ese deseo. Recuerdos, objetos misteriosos, configuraciones en espiral y artículos cotidianos se combinan para crear una composición atmosférica que parece un retrato psicológico.

Por su parte, Habitación roja (Padres) presenta un espacio más ordenado. La cama, un lugar de intimidad y sexualidad, está flanqueada por dos esculturas de mármol de dos torsos desnudos parcialmente cubiertos con telas. Sobre el lecho, la funda de un xilófono y un tren de juguete sugieren la presencia de un niño. A los ojos infantiles, la sexualidad es un misterio que se suele ocultar. Entre las dos almohadas de los progenitores, de la misma forma que un niño se acurrucaría entre sus padres, se sitúa un cojín bordado con las palabras “Je t’aime” [te amo].

Haus der Kunst, Munich, Germany “Louise Bourgeois, Structures of Existence: The Cells” (2/27/15-8/2/15)

Haus der Kunst, Munich, Germany “Louise Bourgeois, Structures of Existence: The Cells” (2/27/15-8/2/15)

Un retrato entraña tanto la representación de la apariencia externa del modelo como la expresión de su personalidad y de sus emociones. Así, las cabezas cosidas a mano con fragmentos de telas de las Celdas Retrato (Portrait Cells, 2000–01) que se muestran aquí funcionan como formas simbólicas que representan sentimientos humanos elementales, son retratos de estados emocionales. Muchas de las cabezas están hechas con ropas y mantas de la colección personal de la artista. El trabajo con textiles es característico de la obra tardía de Bourgeois y evoca su infancia, aquellos momentos en que observaba cómo su madre cosía y restauraba tapices.

El título Vendo pieles de conejo, trapos, chatarra (Peaux de lapins, chiffons ferrailles à vendre, 2006) remite a las voces de los traperos que vendían su mercancía por las calles, que Bourgeois recordaba haber oído cuando era niña. Los sacos de tela suspendidos, cosidos con estopa y teñidos con té simbolizan el útero vacío. Las pieles aluden a los conejos que el padre y el hermano de Bourgeois solían cazar en su juventud, y que su hermana crió en la edad adulta.

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Louise Bourgeois, Celda VI (Cell VI), 1991, madera pintada y metal, 160 x 114,3 x 114,3 cm. Cortesía: Hauser & Wirth y Cheim & Read. Foto: Christopher Burke © The Easton Foundation / VEGAP, Madrid

En la Celda XXVI (2003) la figura de tela que cuelga es una variación de una escultura anterior, Mujer espiral (Spiral Woman, 1984). Para Bourgeois, Mujer espiral era un autorretrato y simbolizaba la confrontación con el yo que todos experimentamos. Su estado de suspensión representa la fragilidad y la vulnerabilidad. La forma espiral fascinaba a la artista, ya que le ofrecía la posibilidad de girar en dos direcciones: hacia el interior, hasta el punto de desaparecer; y hacia el exterior, hasta el infinito.

Junto a las obras Celda XXVI y Pieles de conejo, Celda (días negros) [Cell (Black Days), 2006] es una de las pocas obras de esta serie que Bourgeois creó en forma de óvalo. Contiene elementos que ya habían aparecido en trabajos anteriores, como la silla bajo una campana de cristal, las esferas y las prendas de vestir, que, para la artista, son vehículos de la memoria, del recuerdo de personas del pasado y de los sentimientos que le sobrevenían al llevarlas puestas. La silla aislada bajo la campana de cristal evoca una sensación de reclusión, pero para la artista es también un espacio protector. Una vez más, los husos y los hilos remiten al taller de sus padres, pero también a la sensación de trauma, reparación y restablecimiento de heridas psicológicas.

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Louise Bourgeois, Celda VII (Cell VII ), 1998, metal, vidrio, tela, bronce, acero, madera, huesos, cera e hilo, 207 x 221 x 210,8 cm. Colección particular. Cortesía: Hauser & Wirth. Foto: Christopher Burke © The Easton Foundation / VEGAP, Madrid Louise Bourgeois, Celda VII (Cell VII ), 1998, metal, vidrio, tela, bronce, acero, madera, huesos, cera e hilo, 207 x 221 x 210,8 cm. Colección particular. Cortesía: Hauser & Wirth. Foto: Christopher Burke © The Easton Foundation / VEGAP, Madrid

La escalera que asciende hacia ningún lado aparece por primera vez en la obra Sin salida (1989, sala 206). La escalera de caracol de Celda (La última subida) [Cell (The Last Climb), 2008] se encontraba originalmente en el estudio que poseía Bourgeois en Brooklyn. Las esferas transparentes que parecen flotar y la tela metálica que permite atisbar el interior aportan a esta obra una apariencia casi ingrávida. Para Bourgeois, la gota de goma azul claro es un autorretrato, como la tela de una araña cuyos hilos surgen de esta forma y conectan las bobinas que están adosadas a las paredes de la Celda. Las esferas de madera que se encuentran en el suelo son símbolos del cuerpo femenino y el masculino. Celda (La última subida) es una de las últimas obras de esta serie. Aquí, está rodeada por seis paneles de la obra sobre papel Todo lo regalo (I Give Everything Away, 2010), que Bourgeois creó poco antes de su muerte, que tuvo lugar el 31 de mayo de 2010.

Finalmente, con La destrucción del padre (The Destruction of the Father, 1974), la artista presenta un acto de venganza ficticio: una noche, sentados a la mesa, la madre y los hijos vencen al padre y lo destruyen en un acto de canibalismo. Esta obra refleja la conflictiva relación que Bourgeois tuvo con su padre desde su infancia.

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