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Bienal de Artes Mediales:el Poder Constituyente del Lenguaje

Hay una lengua que yo hablo y que me habla en todas las lenguas. Una lengua al mismo tiempo singular y universal (…) y esta lengua yo la conozco, no necesito entrar en ella, sale de mí (…) necesita de juegos y migraciones de palabras, esta lengua me atraviesa, me hace el amor [1]

 

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Paloma Palomino, Te amo, fotografía. La imagen devela un singular cruce de «lenguajes»: un geoglifo, intervenido por una carretera de tierra y un mensaje de amor. Cortesía: Bienal de Artes Mediales

Si hay algo que rescatar de las bienales, formato expositivo abusado hasta el ridículo y agotado en sus contenidos, demasiadas veces pretenciosos, es la posibilidad de crear una narrativa trans-histórica en el contexto del país que se organizan y la capacidad de esbozar discursos de alcance y reflexión universal.

Es una tarea difícil que se logra en raras ocasiones sin caer en ejercicios teóricos forzados o en la tendencia a la exageración por la presión del “gran evento”.

La última Bienal de Artes Mediales de Chile, titulada Hablar en Lenguas y curada con minucia por Enrique Rivera, logra este equilibrio y demuestra un nivel de producción, de atención a cada detalle de montaje y de comunicación no común en Chile. Su importancia no se avala sólo por la trayectoria misma de la bienal, a través de la cual se pueden descifrar los momentos claves tanto de la historia local chilena como del cambio de paradigma inherente al contexto del arte en general (nacida como Festival Franco Chileno de Videoarte en los años de la dictadura, se refunda en el 1991 en la época de la transición cambiando su nombre significativamente en búsqueda de una síntesis conceptual que se ajuste a lo contemporáneo), sino también por su curaduría actual, una visión ampliada que transciende el estéril tecnicismo de lo tecnológico para apuntar a las funciones propias del lenguaje como herramienta de creación de un universo común.

Esta cosmovisión tiene raíces lejanas. Para Heráclito, el Logos (el lenguaje, el discurso, la razón) era la esencia última del ser, la génesis de donde venían todas las cosas y a las cuales todas la cosas volvían: «No a mí, sino habiendo escuchado al logos, es sabio decir junto a él que todo es uno». Eso era antes que Platón separara el mundo en dos, condenándonos a la dispersión y a la hiper-especialización de los saberes. El intento de esta bienal es la de volver a esa unidad Heraclitea del Logos, buscar en el lenguaje una unidad última que reúna experiencias transversales, distantes, fragmentadas, para constituir una realidad colectiva y compartida.

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Javier Toro Blum, Ingmar (Rojo), pantalla, luz neón, 2015. Foto: Benjamín Matte

 

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Javier Toro Blum, Ingmar (Rojo), pantalla, luz neón, 2015. Foto: Benjamín Matte

 

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Javier Toro Blum, Ingmar (Rojo), pantalla, luz neón, 2015. Foto: Benjamín Matte

 

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Javier Toro Blum, Ingmar (Rojo), pantalla, luz neón, 2015. Foto: Benjamín Matte

En su programación amplia y rica de eventos colaterales, quizás demasiado concentrada en un tiempo tan breve, se aprecian artistas nacionales e internacionales de formación, trayectoria y generación distinta, desde Eugenio Dittborn y Raúl Zurita, pasando por Iván Navarro y Courtney Smith, hasta los jóvenes Benjamín Ossa, Ignacio Gatica, Javier Toro Blum y María Edwards.

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Benjamín Ossa. “Dual” es una investigación sobre espacio y percepción, concretada mediante la construcción de un objeto, un cilindro de paso que permite la interacción autoconsciente de dos o un grupo de espectadores. Foto: Benjamín Matte

 

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Benjamín Ossa. “Dual” es una investigación sobre espacio y percepción, concretada mediante la construcción de un objeto, un cilindro de paso que permite la interacción autoconsciente de dos o un grupo de espectadores. Foto: Benjamín Matte

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Eugenio Dittborn, proyección de los videos de los años 80 (Lo que Vimos en la Cumbre del Corona, La Historia de la Física, Cinco Bocetos Preparatorios para la historia de la música, y El Crusoe). Foto: Benjamín Matte

 

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Raúl Zurita, La Vida Nueva. Escritos en el cielo es la ocupación del cielo como soporte artístico. Cinco aviones que lanzan humo blanco escribiendo el poema “La vida nueva” (Anteparaíso. Raúl Zurita, 1982). El poema fue escrito en español como un homenaje a la población hispanoparlante de Estados Unidos. Las 15 frases fueron trazadas a 5 mil metros de altura, midiendo entre 5 y 7 kilómetros cada una. Esta escritura monumental acontece en el cielo cuando Chile se encuentra en plena dictadura militar. Foto: Benjamín Matte

Establecer un dialogo entre momentos históricos y generaciones de artistas diferentes es un ejercicio curatorial inteligente y necesario dentro del contexto chileno, que no solamente sufre de endogamia por su encierro productivo, sino también por una peculiar segregación generacional que impide la construcción de discursos compartidos y colectivos. Ejemplo de este virtuoso diálogo es el trabajo de Ronald Kay y Catalina de la Cruz Fuera de Escala, una video-instalación donde los signos prehistóricos de la pampa de Nazca (de la Cruz) se encuentran con los residuos de nuestra realidad más próxima: cables, desechos urbanos registrados por Kay en Alemania en 1971, en una interconexión tan estrecha que no se perciben las diferencias.

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Catalina de la Cruz y Ronald Kay, Fuera de Escala, video-instalación. Foto: Benjamín Matte

Muchos trabajos presentados en esta bienal apuntan a interrogarse sobre la constitución misma de la realidad en sus constantes de tiempo y espacio, como el trabajo de Christian Oyarzún Drum Circle o los colores numéricos de Cornelia Vargas que, para quedar en territorio pre-Socrático, podrían ser la representación de la cosmogonía Pitagórica, así como los retratos vivos de la artista Alex Verhaest presentada en la rica sección del Japan Media Arts Festival, que mezcla en forma muy peculiar un estilo pictórico flamenco del siglo XVII y la micro-tecnología más sofisticada.

La narrativa de la exposición se mantiene coherente tanto a nivel formal como temático, creando un diálogo directo e ininterrumpido con la sección curada por el Japan Media Arts Festival, invitado internacional que presenta proyectos orientados a la inclusión del arte en lo científico como el Artsat de Kubota Akihiro, una serie de satélites y naves espaciales en búsqueda de nuevos lenguajes de interacción entre el mundo y el universo mismo.

Si hay que algo que criticar de esta bienal es la falta de otras realidades internacionales a compartir una discusión potencialmente transformadora del sentido y de la misión del arte contemporáneo. Este límite puede ser el margen de trabajo para pensar futuros proyectos en Chile. La Bienal de Artes Mediales demuestra tener el alcance, la historia y el nivel de organización y discurso de una bienal de arte contemporáneo tout court, un potencial a no desestimar y que podría responder a la infinita discusión interna al país sobre la necesidad de una bienal.


[1] H. Cixous, La Llegada a la escritura (Amorrortu Editores, Argentina, 2006), p. 37

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Mariagrazia Muscatello

Crítica de arte, Licenciada en Filosofía por la Universidad de Parma (Italia), Magister en Comunicación y Crítica de Arte (Gerona-España). Ha sido responsable de prensa para la firma de diseño industrial Kartell en Milán, y asistente editorial para Gustavo Gili, en Barcelona. Ha publicado para diversos catálogos y revistas nacionales e internacionales, como “Flash Art”, “Artribune” y “Etapes”, entre otras.

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