En la actualidad, la creación artística aparece como una instancia interrelacionada por múltiples agencias. El arquetípico artista modernista, abocado obsesivamente a la generación de obra y a la reflexión sobre la misma, ha mutado en una suerte de profesional creativo cada vez más complejo. El creador solitario parece estar extinto y ha pasado a ser reemplazado por un hábil articulador de instancias, comúnmente vinculado a curadores, representantes y gestores. La gestión cultural, por tanto, ha devenido pieza cada vez más protagónica en el desarrollo cultural contemporáneo.

Sin embargo, la idea de gestión no es absoluta: su ejercicio y práctica da espacio para distintos puntos de vista y enfoques, los cuales impactan fácilmente en líneas como la implementación de políticas públicas. Es esta idea paradojal de gestión, en tanto engranaje de sutilezas creativas, la que se readecúa día a día. Lo contemporáneo y el mercado son, a fin de cuentas, figuras que le pisan los talones al artista contingente.

En el marco de Artishock Foros: Curar, Gestionar, Coleccionar, organizado por esta revista para el 30 y 31 de agosto en el Museo de Artes Visuales (MAVI) de Santiago, hemos invitado a Jaime Cerón, panelista de dicho encuentro, a conversar sobre gestión en un sentido amplio y tocando algunas aristas que nos parecen pertinentes. Como Asesor en Artes Visuales del Ministerio de Cultura de Colombia, Cerón nos comenta su visión sobre la relación del desarrollo artístico y cultural en una sociedad con importantes sectores comerciales. Esta particular conversación nos ofrece una aproximación sobre líneas cruzadas: es momento de hablar sobre la amplificación de estos motores creativos. 

 


 

Francisco Villarroel: Para la articulación de modelos de gestión cultural, parece ser que las relaciones entre sectores públicos y privados son esenciales. ¿Cuál es tu opinión al respecto? ¿Qué rol debiese jugar el Estado, como por ejemplo a través de un Ministerio, en el desarrollo de gestiones sustentables?

Jaime Cerón: El principal rol que debe desempeñar el Estado dentro del campo cultural es el trazado de políticas públicas para cultura que delimiten qué es lo que debe hacer el Estado, por ser Estado, en el campo cultural, y qué debe acordar el Estado junto con la sociedad civil como acción conjunta para gestionar las prácticas culturales. La inversión pública suele estar orientada por políticas (sustentadas a su vez en la constitución política y en las leyes) que dan origen a programas y proyectos, pero para eso es necesario que exista un ejercicio riguroso de diseño de dichas políticas, ya que es esa la garantía para la pertinencia o relevancia de los programas y proyectos.

En el campo de las artes plásticas, el sector privado suele ser identificado con la actividad desarrollada por las galerías de arte y más recientemente por la de los coleccionistas, pero en muchos países de América Latina, como es el caso de Colombia, la casi totalidad de los museos son organizaciones privadas sin ánimo de lucro, por lo que también hacen parte de ese mismo sector. En las décadas recientes han emergido muchos escenarios artísticos que operan de manera independiente a la red de museos o de galerías y que habitualmente son gestionados por artistas. Estos espacios, en el caso de Colombia, han aumentado significativamente de número y suelen ser la plataforma por excelencia para sustentar las prácticas de circulación de los artistas que emergen de las facultades de arte. Estos escenarios también integrarían el sector privado.

Cuando se busca articular relaciones entre los sectores públicos y privados es necesario considerar diferentes marcos de política que reflejen la heterogeneidad anteriormente descrita del sector privado, porque matiza de manera muy significativa el rol que desempeña el Estado al respecto. Mientras los espacios independientes requieren de apoyo y estímulo fiscal (porque no se sustentan por la acción del mercado), las galerías y coleccionistas podrían estar en capacidad de actuar como sus socios al momento de viabilizar proyectos o programas. Los museos que funcionan como ONGs pueden demandar apoyo y estímulo en algunos frentes, pero también pueden asociarse al Estado en otros.

FV: Es claro, entonces, que el sector privado suele tener en sus manos una importante responsabilidad en la gestión de estas instituciones culturales, pero que, por otro lado, han de lidiar con un determinado mercado que suele ser complejo. ¿Cómo piensas que se realiza esta relación entre privados para el financiamiento de estos espacios? ¿Es un problema del mismo mercado o de la difusión de las galerías de arte? 

JC: Efectivamente, los espacios artísticos que hacen parte del sector privado parecen ocupar un lugar aún más preponderante que los que pertenecen al sector público en relación con la puesta en escena pública de las prácticas artísticas. Sin embargo, por el hecho de que la mayor parte de estas organizaciones privadas tienen el carácter de ser entidades sin ánimo de lucro su relación con el mercado es muy precaria, porque no ofrecen portafolios de bienes y/o servicios que puedan ser captados por nichos de mercado. En cambio, lo que ocurre es que estas organizaciones gestionan recursos privados -generados por donaciones, promoción o publicidad o responsabilidad social empresarial- o postulan a concursos por recursos públicos -como estímulos (becas, premios) o apoyos subvencionados-. El papel de las galerías de arte o de las fundaciones privadas que otorgan ayudas a proyectos artísticos sí parece demarcarse por el rol del mercado, que está más astutamente manejado por unas y otras.

FV: Hablando ya estrictamente de este manejo al interior de cierto mercado, ¿Qué es lo que construye el concepto de «industria cultural»? ¿Las artes visuales participan de una idea de industria como la tal o poseen una lógica diferente?

JC: Considero que el comportamiento de las artes visuales como industria cultural es incipiente, particularmente en América Latina, porque las únicas organizaciones que se perfilan medianamente hacia una perspectiva empresarial son las galerías de arte, y por supuesto las ferias, que difícilmente configuran una industria.  Es bastante irregular la normatividad vigente en los países de la región, lo que no garantiza la competitividad de sus negocios, porque difieren fuertemente en temas de impuestos o trámites de aduanas, así como también de incentivos económicos. Hay muy pocas asociaciones gremiales, lo que no permite que estas empresas se comporten de manera similar a las de otros sectores, mientras otros procesos claves, como la exportación e importación, pueden verse frenados por políticas de protección del patrimonio cultural, particularmente cuando se ponen en circulación obras de arte moderno. Todas las organizaciones o entidades que se dedican a la circulación de las prácticas artísticas, pero que no se involucran con el mercado, parecen seguir una lógica diferente, pero no sabría muy bien como tipificarla. 

FV: En este sentido, ¿qué es lo que faltaría para que las artes visuales se integren a estos mercados? ¿El problema recae en una apertura de los mismos o en la forma en la que se «ofrece» el arte visual?

JC: Esta situación puede tener que ver con la ausencia de una exploración sistemática por parte de las entidades que integran el campo del arte, de los bienes y servicios artísticos que pueden ser comercializados más allá de las mismas obras de arte. No solamente los mercados pueden ser estrechos respecto a su capacidad de absorber las particularidades que caracterizan las prácticas de creación más contemporáneas, sino también en el tipo de prácticas que se pueden poner a circular desde las mismas organizaciones. Es fundamental indagar en procesos y prácticas que abran los mercados hacia el arte, más allá de la adquisición de objetos artísticos. Pienso en procesos de investigación desarrollados desde el arte, o programas de formación artística y cultural, o concepción de publicaciones.

FV: En el caso chileno, si bien no ostentamos aún un Ministerio de Cultura como es el caso de Colombia, existe un Consejo Nacional con una importante línea de investigación y fomento. Realizando un paralelo, ¿Cómo ves estos procesos de investigación impulsados desde organismos públicos? ¿De qué manera influyen éstos en mejores herramientas para la gestión en artes visuales?

JC: En el caso de Colombia, hubo un Instituto de Cultura, que existió desde 1967 hasta 1997 y que fue reemplazado por el Ministerio de Cultura en ese momento. Creo que el Consejo Nacional que mencionas en Chile podría ser similar a ese Instituto de Cultura (que para muchos funcionaba mejor que el Ministerio, por lo menos en los primeros años de creado). Entre las décadas del 70 y el 90 este instituto fue crucial para el fomento de la actividad artística (tanto de arte, como de teatro, literatura y música) sobre todo en proyectos de creación, investigación y circulación (básicamente a través de exhibiciones y algunas publicaciones), sin embargo, no fue muy efectivo su trabajo en fortalecer la gestión dentro del campo del arte.  El Ministerio, ahora que tiene 15 años de existencia, ha hecho un ejercicio más sistemático en los ejercicios de estímulo a la actividad artística, generando programas de apoyo a la creación, la investigación, la formación, la circulación, la gestión y el emprendimiento. En años recientes los programas de investigación han tomado diferentes enfoques y han motivado, sobre todo desde la investigación curatorial, la generación de formas de asociatividad y procesos de empoderamiento para los actores del campo artístico que hacen parte de las diferentes etapas de los proyectos. Estos proyectos se realizan en todo el territorio colombiano, y algunas regiones, más que en otras, han transformado la manera cómo se gestionan las artes visuales y cómo participan de nuevos nichos económicos. El resultado más reciente de estos procesos puedes verlo en las páginas web de Salones de Artistas, la Asociación Entre las Artes y el 43 Salón (Inter) Nacional de Artistas.

Más sobre el 43 Salón (Inter) Nacional de Artistas, aquí

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Francisco Villarroel

Estudió Derecho en la Universidad de Chile. Asesor jurídico de la Asociación Nacional de Funcionarios de la Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos (ANFUDIBAM) y del Sindicato de Trabajadores del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. Miembro del comité de especialistas del FONDART Nacional de Artes Visuales.