La bandera en los tiempos de la indignación corresponde a dos performances[1] realizados por la artista chilena Janet Toro en el transcurso del reciente estallido social en Chile[2]. Se inscriben en el marco de su exposición individual Entre Líneas. Una arqueología de lo Contemporáneo, inaugurada recientemente en Galería AFA, y que atiende a las vivencias de mujeres en sociedades represivas, entrecruzadas con las ideas de necropolítica producidas en los sistemas políticos neoliberales del profesor e historiador camerunés Achille Membe[3].

La bandera, uno de los símbolos patrios por excelencia, que teóricamente debería aunar criterios de percepción y pertenencia común, responde más bien a procesos cotidianos y casi automáticos de identificación, tal como refiere Janet Toro: “La bandera se iza, se lava, se plancha, decora las fiestas patrias, se lleva a los partidos de fútbol, se pone en los féretros de héroes y personas relevantes, se lleva a las manifestaciones y a las huelgas”[4]. Esta forma de ritualidad cotidiana y toda programación de las costumbres se vieron totalmente interrumpidas a partir del estallido social en Chile ocurrido el pasado 18 de octubre. Un estallido que visualizó las profundas fracturas sociales en el país, originadas por las condiciones de desigualdad que crean los monopolios económicos, históricos y discursivos, lo que generó que al calor de las movilizaciones se manifestara la crisis de la (no) representatividad con la historia y con los significados de una gobernanza, visibilizada en el derrumbamiento de una centena de monumentos dedicados a la heroicidad masculina y beligerante de la historia colonial, y en la transfiguración de los símbolos patrios, como aconteció con la bandera chilena y el cambio de la estrella oficial de 1912[5], por otra de ocho puntas (el guñelve)[6].

Janet Toro, La bandera en los tiempos de la indignación, 2019. Performance en galería AFA, Santiago de Chile. Foto: Marucela Ramírez M.

Los performances La bandera en los tiempos de la indignación se inscriben, como refiere la artista, en la “urgencia de cuestionar los ámbitos, los espacios, de crear sinapsis, de salir de lo esquizofrénico de la sociedad, donde todo está dividido. Desde que se instaura el colonialismo (un estado de excepción) se rompió el eslabón entre el interior y el exterior, entre la razón y las emociones, los afectos, entre lo individual y lo colectivo, entre el alma y el cuerpo, entre la naturaleza y el ser humano, etc. Esa ruptura nos persigue hasta nuestros días”.

Ambos performances fueron realizados el mismo día, pero no en los mismos espacios. El uno y el otro fueron perfilados como tiempos descentrados; las caras de un adentro y un afuera basados en jerarquías y binarismos, y en los tipos de una categorización inclusiva o excluyente que realiza el mundo cultural, el económico, y el de la mercantilización y producción de la vida.  De este modo, en el primer performance la artista se sitúa en los jardines de la galería, en el interior de lo que percibimos como una estructura metálica, similar a una casa básica (a medio hacer o a medio demoler). En este espacio, en una cuerda tensada a cada lado, lentamente la artista fue colgando con ganchos de ropa una gran bandera, en directo correlato con las demandas sociales más invisibilizadas, referidas al trabajo que realizan las mujeres en los espacios domésticos, y que por siglos “es una de las más persistentes explotaciones humanas”.

Premunida de un par de tijeras, Janet Toro fue cortando con un gesto radical todo el borde de la estrella blanca (la oficial); lentamente, la fue desprendiendo de su cuerpo mater, hasta dejarla colgando de un hilo. Este gesto de mutilación y ahuecamiento vacía a la bandera de todo significado “puro e inmaculado”, calificativos que desde una perspectiva colonial asignan y normalizan un prototipo de moralidad positiva para un tipo de sujetos[7]. Colgada sin su centro mayor, la simbología de la bandera en los tiempos de la indignación se convierte en una geometría disfuncional y herida, mostración de una no representatividad que, a la vez, propone un tipo de escisión para ver más allá, “para transformar lo que ya está gastado».

Janet Toro, La bandera en los tiempos de la indignación, 2019. Performance en la fachada del edificio del Sernatur, Santiago de Chile. Foto: Marucela Ramírez M.
Janet Toro, La bandera en los tiempos de la indignación, 2019. Performance en la fachada del edificio del Sernatur, Santiago de Chile. Foto: Marucela Ramírez M.

En el segundo performance, Janet Toro se dirige al exterior de la galería. Va descalza, con el torso desnudo y ataviada solo con un velo negro que le cubre la cabeza. Recorre varios metros hasta llegar al edificio del ex Mercado de Providencia, que desde los tiempos de la dictadura militar quedó convertido en el servicio promotor del turismo en Chile (Sernatur). La artista porta en sus manos una bandera doblada, se detiene en las escalinatas del edificio, y la desdobla. Con rabia y frenesí, comienza a pintarse los labios de rojo; lo hace en repetidas ocasiones, mientras al mismo tiempo, siempre con el mismo gesto, va imprimiendo sobre la estrella labios pintarrajeados, sumando sobre la tela una gráfica embadurnada y dolorosa. Esta gráfica, ejecutada por la boca de la artista, mancha la “pureza” de la estrella; vuelve gráfica la ira corporal que se encuentra impregnada en los muros de la ciudad, en una forma de escritura que es cuerpo, trazo, rayado-corpo-político, de descontento, promesa o dolor.

Este performance tuvo una duración aproximada de unos 10 minutos, y como todo performance, detuvo el tiempo, mientras los gases lacrimógenos seguían siendo lanzados a los manifestantes, apostados en las esquinas de las calles Pedro de Valdivia con Providencia. Lo blanco de las estrellas se fue metamorfoseando en un color “impuro” y sangriento, por el proceso de desgarro y vaciamiento de su simbología (en el primer performance), y en el segundo performance, por el proceso de la mancha convertida en el signo de la violencia ejecutada sobre los cuerpos; principalmente el de las mujeres.

Ambos performances no utilizan a la bandera con el fin de elaborar un sentimiento sublime, sino que, al contrario, el pensamiento feminista de la artista, corta, mancha, deconstruye, desvincula y pone en cuestión los signos y los desarrollos unilaterales de las jerarquías. En un sentido inverso a lo que normalmente se destaca del color blanco, considerado símbolo de paz, lo que propone Janet Toro es dejar ver la faz más dolorosa y brutal de la simbología patria. En ambos trabajos, esta simbología es entendida como una zona no neutral de poder; el lugar donde lo patriarcal, colonial y neoliberal se constituyen en una maquinaria discursiva que exalta los modelos únicos de vidas, que es indiferente al asesinato en sus distintas formas de miles de mujeres, y que es signo de un poder ordenador de cuerpos en más o menos relevancia.

El tiempo del estallido, la detonación, el surgimiento, son tiempos que, para la artista, abren una energía genuina “que busca transformar los cánones inservibles, rígidos y gastados”. Este tiempo crea rompimientos con lo ya vencido, abre nuevos paradigmas y lenguajes para pensar “el habitar” fuera de los mecanismos binarios de la historia. Un tiempo de indignación que propone acelerar la observación, allí donde todo está siendo construido, y a la vez deconstruido.

Janet Toro, La bandera en los tiempos de la indignación, 2019. Performance en la fachada del edificio del Sernatur, Santiago de Chile. Foto: Marucela Ramírez M.

[1] Ambos performances forman parte de otro gran proyecto titulado Intersubjetividad Urbana, el cual consiste en diversas intervenciones en el espacio público en la ciudad de Santiago. Es un proyecto que comienza el 2018 y continúa en elaboración. Los performances La bandera en tiempos de indignación se realizaron en el marco de la exposición Entre Líneas. Una arqueología de lo Contemporáneo (Galería AFA, hasta el 5 de diciembre de 2019).

[2] El estallido social comenzó con una protesta de los estudiantes secundarios frente a las alzas del pasaje del metro en Santiago. Este malestar explotó el 18 de octubre en todo Chile, dejando hasta la fecha más de 15.000 detenidos, 2.365 heridos, más de 170 personas con problemas oculares debido a perdigones disparados por fuerzas de seguridad y un total de 23 víctimas fatales. Fuente: BBCL Nacional (18 de noviembre, 2019)

[3] Achille Membe plantea como necropolítica el ejercicio y poder de decisión del soberano sobre la muerte de los sujetos en contextos de políticas neoliberales: “El nuevo capitalismo del siglo XXI se rige por la «necropolítica» y el «gobierno privado indirecto». Ahora impera una nueva concepción de la soberanía: la de aquellos actores internacionales que deciden quién debe vivir y quién debe morir en un momento dado, atendiendo a criterios estrictamente económicos” (https://www.melusina.com/libro.php?idg=41620)

[4] Entrevista personal con la artista.

[5] https://m.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2019/11/03/nuestro-cuiquerio-flaite/

[6]  La estrella de ocho puntas es el símbolo mapuche del planeta Venus y pendón de guerra del cacique Lautaro.

[7] Homi Bhabha. The location of culture, 1994, p.101

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Mane Adaro

Curadora independiente. Actualmente realiza el Magíster en Estudios de la Imagen de la Universidad Alberto Hurtado, Chile. Es Directora de Revista Atlas. Autora del proyecto seminario internacional y publicación "Violencia política y de género en Latinoamérica: representaciones críticas desde el arte y la fotografía" (2015).