Por Julia P. Herzberg | Curadora

Desde el inicio de su carrera, el artista Máximo Corvalán-Pincheira ha investigado una variedad de temas que incluyen interacciones humanas, estudios antropológicos, investigaciones científicas, estructuras de poder, historia, hábitats, cuestiones territoriales, inmigración, desplazamiento y ADN. Su obra revela un enorme dominio del oficio, la construcción y el diseño, alimentado por una impresionante imaginación visual que también se preocupa de construcciones de vigilancia (panóptica), estados de precariedad y finalidad.

Luego del viaje de Corvalán-Pinchera al Bosque Pehuén y sus extensas visitas de estudio junto a Eduardo Castro, científico del UC Davis Chile Life Sciences Innovation Center, estudiando el genoma de los árboles de araucaria, el artista inicia un nuevo camino.  Padece, en la galería Artespacio, presenta un nuevo conjunto de fotografías, esculturas y recortes de papel que aprovechan temas claves que el artista ha abordado durante la última década, así como el reciente cambio en sus últimos trabajos. Las obras se basan en el árbol araucaria, una especie declarada monumento natural en Chile, en proceso de extinción. Su asociación simbólica con el paisaje nacional y su lugar definitivo en la noción colectiva de Chile sobre su ciclo de vida, están en riesgo.

Dos esculturas presentan ecosistemas en miniatura con caídas de agua. Otra hace referencia tanto a la doble hélice como al árbol de la vida. El artista fotografió cincuenta hongos en una placa de Petri bajo estudio en el UC Davis Chile. Cada cultivo posee una inusual belleza visual traída a la vida. De las catorce fotografías aquí mostradas, siete muestras hongos que están bajo sospecha de ser agentes causantes de enfermedades, y las otras siete fotografías son de hongos que viven en armonía dentro del ecosistema de las araucarias. Algunas de las fotografías llevan textos irónicos que refieren a fragmentos de su ADN; otros cuestionan las respuestas humanas o sus acciones frente al medioambiente. Un fascinante grupo de once obras son intrincados recortes de papel destinados a representar la expansión de los hongos en árboles infectados. Están colocados sobre imágenes de desastres ecológicos y medioambientales. Otros siete recortes de papel provienen de mapas de diferentes regiones del mundo, indicando así el alcance global de los problemas de la humanidad con la naturaleza.

Los hongos sirven como pretextos que hablan de nuestro rol como seres humanos. Somos nosotros, en último término, los responsables de mantener la naturaleza y la vida humana vivas, bien y visibles.

Máximo Corvalán Pincheira, Sistema Mortierella (Hongo sospechoso), 2019. Foto B/N, luz neón rojo, 70 x 70 cm. Edición 1/5. Cortesía: Artespacio
Máximo Corvalán Pincheira, Padece Mortierella (Hongo sospechoso), 2019. Foto B/N, luz neón celeste, 70 x 70 cm. Edición 1/5. Cortesía: Artespacio

Cuando Corvalán-Pincheira tomó conciencia del peligro ambiental que enfrenta la araucaria en el Sur de Chile, cambió su interés de una década por el ADN de pueblos desaparecidos en Chile, Estados Unidos, México y otros lugares del mundo, por los problemas que amenazan la desaparición de la araucaria.

Un resumen de icónicos trabajos anteriores da idea de la destacable visión detrás de las esculturas, dibujos, fotografías, ensambladuras, videos e instalaciones que definen la práctica del artista. Bestia Segura (2001-2016), una instalación de video que muestra ratones de laboratorio, apunta a la arquitectura de la vigilancia que se impone rutinariamente sobre ciudadanos comunes en diferentes lugares y situaciones. Free Trade Ensambladura (2004-2006) muestra en primera línea el interés del artista en la antropología del comercio global, usando momias en posición fetal, construidas a mano, con signos de neón donde se lee “Welcome,” “New,” “Travel,” y “Exit”.

En Proyecto Invernadero (2013) se interconectan impermanencia, contingencia, movimiento e inestabilidad. El artista construyó cinco invernaderos flotantes llenos de plantas y vegetales medicinales, puestos a flote en el lago General Carrera en Aysén en la Patagonia, y filmó su trayectoria hasta su desaparición.

Proyecto ADN (2009-2016) fue comenzado después que el artista fue informado por científicos forenses que los restos de su padre, quien había desaparecido treinta y seis años antes, habían sido identificados mediante ADN nuclear. The Goal, en el Pabellón Wewewrka en Münster, Alemania, se configuró como una enorme hélice compuesta de huesos animales y tubos fluorescentes suspendidos sobre una piscina de agua reflectante que llena la galería de sonidos.

Corvalán-Pincheira apunta a las intersecciones de historias personales y colectivas de personas cuya paternidad ha sido alterada. Trazo Mutable (2017) confronta los complicados temas de la inmigración y de los límites territoriales.  En Costa Seca (2017), el artista trazó con salitre (salpetre) líneas sobre la playa en la forma de un triángulo demarcando la frontera entre Perú y Chile. A medida que las olas movieron las líneas, se recordaba al espectador que las fronteras son impermeables.

Artespacio reconoce el extraordinario talento de Máximo Corvalán-Pincheira en Padece, un excepcional nuevo conjunto de obras que incorpora medios y temas que han informado su práctica a lo largo de la última década.

Máximo Corvalán-Pincheira, Araucaria Andina Calada (Hongo sospechoso), 2019. Mapa de la zona de la Araucanía calado a mano y foto de corteza de araucaria de fondo. 70 x 70 cm. Edición 1/5. Cortesía: Artespacio
Máximo Corvalán-Pincheira, Araucaria Andina Calada (Hongo sospechoso), 2019. Mapa de la zona de la Araucanía calado a mano y foto de corteza de araucaria de fondo. 70 x 70 cm. Edición 1/5. Cortesía: Artespacio
Vista de la exposición "Padece", de Máximo Corvalán-Pincheira, en Galería Artespacio, Santiago de Chile, 2019. Cortesía del artista y Artespacio

Padece, de Máximo Corvalán-Pincheira, se presenta hasta el 26 de octubre de 2019 en la Galería Artespacio, Alonso de Córdova 2600, Vitacura, Santiago de Chile.