“Yo me caso con la cultura blanca, la belleza blanca, la blancura blanca. En estos senos blancos que mis manos acarician de forma circular, es la civilización y el estatus blanco que yo hago míos”

Frantz Fanon, Peau noire, Masques blancs, 1952

 

Por Rolando J. Carmona | Curador

Hace días quedamos subyugados frente a la imagen de Notre Dame en llamas. La escena era de una belleza que corta: sublime y desoladora al mismo tiempo. Ver caer la flecha era ver la civilización europea devorada por el fuego, el fin de una era, y el nacimiento de un nuevo ciclo. Como dijo una vieja amiga que vivió la guerra, “Notre Dame y nuestra cultura debían cambiar… si ella no ardía nosotros mismos habríamos tenido que quemarla”…

Qué fenómeno raro, provoca en el mundo, ese dolor desolador frente a esta ruina, parecido a perder un miembro. Frente a esta imagen, ¿por qué nos duele más ver caer la flecha que la pérdida de un Shabono en el Amazonas o La Grande Mosquée d’Alep? Definitivo: la belleza no tiene pasaporte. Cada uno vive el vacío desde su rincón cultural, como un proceso íntimo entre el símbolo universal, la memoria y la construcción del ser.

Darle prioridad a la civilización europea, o no, es una discusión que nos sobrepasa. El territorio apasionante es otro: nuestra relación con iconos. Paul B. Preciado propone “hacer de las ruinas un monumento punk, el último de un mundo que acaba y el primero de otro mundo que comienza”. Pero hay una herida cultural real, que habita el espíritu de millones de personas que no tienen nada que ver con Europa, y han visto sus ídolos romperse en una tarde de primavera.

Vista de la exposición "Broken Idols", en Maëlle Gallery, París, 2019. Cortesía de los artistas y la galería
Vista de la exposición "Broken Idols", en Maëlle Gallery, París, 2019. Cortesía de los artistas y la galería
Vista de la exposición "Broken Idols", en Maëlle Gallery, París, 2019. Cortesía de los artistas y la galería

Evocando este espíritu donde el símbolo del otro se hace propio y habita apaciblemente en nuestra construcción íntima, la exposición Broken Idols, en Maëlle Gallery (París), toma el título de una novela de Manuel Díaz Rodríguez donde el personaje principal es Alberto Soria, un hombre refinado que se ve obligado a regresar de París al Caribe, descontento, insatisfecho, desencantado. Sus ideales se debilitan poco a poco, en un mundo engañado y una sociedad que no lo comprende. La intención no es la apología a la destrucción de los iconos: el propósito es reflexionar sobre este apasionante espacio cultural que se crea al deconstruir la pureza del ídolo eurocéntrico y hacerlo parte de nuestra intimidad.

La exposición Broken Idols reúne obras que, desde un espíritu iconoclasta, trabajan la deconstrucción y proponen un espacio cultural híbrido. La pérdida de un ideal que deja al descubierto múltiples capas que delatan un romance entre centro y periferia. Franz Fanon diría que es una forma de tener “piel negra y máscaras blancas”.

Las piezas seleccionadas son pequeñas bombas al poder, que pretenden fisurar la simbología del monumento. Experiencias donde los iconos de la cultura dominante son utilizados desde la periferia o, de forma inversa, como un pasaporte de movilidad social. Obras que combinan el nativismo con el internacionalismo, donde hay una mezcla inquietante de exotismo, nostalgia y desarraigo.

Obra de Pepe López en "Broken Idols", Maëlle Galerie, París, 2019. Cortesía de la galería
Obra de Nadin Ospina en "Broken Idols", Maëlle Galerie, París, 2019. Cortesía de la galería

La muestra incluye un tapiz “tropical” que revisita los decorados franceses del siglo XIX. Creado por Pepe López, al mejor espíritu de la Exposición Universal, evoca el exotismo francés con un rico decorado de monos y palmeras que esconden la imagen de peligrosas favelas caraqueñas.

Un busto neoclásico, apuntalado, evoca la idea de crisis en la Europa actual y nos confronta a la potente imagen del cuerpo negro de Carlos Martiel mientras le arrancan de la piel estrellas doradas, símbolos de la Comunidad Europea. Emmanuel Riviere convierte en volumen blanco e inmaculado el vacío interior de una máscara ritual africana. Nadin Ospina presenta uno de sus conocidos objetos arqueológicos donde construye un Mickey usando técnicas ancestrales para modelar dioses Prehispánicos.

Como los rastros de pintura en un viejo edificio, cada obra es una invitación a viajar y sumergirse en los paradojales juegos que construyen nuestros iconos, una invitación a pasar la página, mirar nuestro bunker quemarse y dejar correr miel sobre las heridas.

BROKEN IDOLS

Nayarí Castillo – Kenny Dunkan – Radamés ‘Juni’ Figueroa – Pepe López – Carlos Martiel – Nadín Ospina – Oscar Abraham Pabón -Nelson Pernisco – Emmanuel Rivière – Paul Souviron

Curada por Rolando J. Carmona

Maëlle Galerie, 1-3 rue Ramponeau, París

Del 6 de junio al 20 de julio de 2019