“Un hecho debe estar instalado en un paisaje, sostenido por costumbres de pensamiento”, afirmaba en una entrevista reciente el pensador francés Bruno Latour al dar una explicación sobre la proliferación de formas intransigentes de conocimiento basadas en la posverdad y las falsas noticias. Su reclamo es, sobre todo, una apelación a reverdecer el acto de pensar como una forma de convivencia. Vemos que alrededor nuestro aumentan distintas zonas donde se imponen formas políticas y culturales cerradas que, sin la costumbre del pensamiento, obligan a asumir dogmáticamente una serie de estandartes y estructuras tan antojadizas como incuestionables. Por ese camino, la negación mal fundada, el rechazo de lo forastero, la unificación de criterios simplistas y el integrismo sin humor se imponen como un acto que niega la esencia abierta y falible de toda discusión entre mortales.

Algún recuerdo de esta forma de pensar la convivencia de las ideas empieza a asomar en una exposición como la que han organizado (¿o debiera decir “curado”?) Los Nuevos Sensibles, es decir, José Pablo Díaz y Rodrigo Vergara, con apoyo editorial de Rodrigo Quijano. La oportunidad se presta para agitar las dudas molestas y necesarias sobre el orden sistemático de las formas de coexistencia impuestas al interior del propio mundo del arte. No solo se trata de recuperar el carácter experimental propio del ejercicio del arte, sino de rescatar el proceso que da origen al disentimiento como modo de existencia; una fuerza irreverente que exige la costumbre del pensamiento. Por lo mismo, la exposición viene a reforzar el arte como una práctica de intercambio antes que como un producto en oferta.

Vista de la exposición "Los Nuevos Sensibles" en CasaPlan, Valparaíso, Chile, 2019. Foto: Alejandra Arcuch

En lugar de asumir una serie de obras fijas adornadas bajo un sistema establecido, la reunión que se reparte como una coreografía del desorden en CasaPlan reproduce la variedad de un jardín de invierno en un patio subterráneo, donde los elementos variables de una flora que empieza a desarrollarse insinúan relaciones inesperadas y fluctuantes: la concepción estática de la muestra está descartada.

Si uno desciende a las catacumbas de este edificio restaurado en el centro de la ciudad de Valparaíso aparece una larga nave de paredes toscas, pintadas a la cal blanca que en un pasado correspondió a las bodegas para acomodar la mercancía que llegaba al puerto. En este zócalo hundido se alinean gruesas columnas cuadradas que forman la arboladura de esta galera: entre columna y columna se acomoda el conjunto de instalaciones, proyecciones, piezas gráficas y textiles, intervenciones en desarrollo que los artistas invitados han traído a convivir durante unas semanas, a la espera de que los visitantes del piso superior se atrevan a sumergirse escaleras abajo. Algunos de los artistas han optado incluso por un trabajo performativo, al adoptar ese navío subterráneo como rincón temporal de trabajo: quizás la vida de la obra no es más que la experiencia de crearla y, por lo tanto, hay que compartir ese momento con quien se atreve a bajar a este ecosistema en el subsuelo de CasaPlan.

Vista de la exposición "Los Nuevos Sensibles" en CasaPlan, Valparaíso, Chile, 2019. Foto: Alejandra Arcuch
Vista de la exposición "Los Nuevos Sensibles" en CasaPlan, Valparaíso, Chile, 2019. Foto: Alejandra Arcuch

Por lo mismo, a primera vista la escena ofrece el panorama caótico de un taller. La yuxtaposición de distintos formatos y la variación de densidades no hace más que incentivar el contraste entre las obras expuestas y la total discrepancia con las buenas prácticas del cubo blanco. Junto a la escalera de acceso, el video de Gala Berger interroga sobre formas de uso de un espacio expositivo y nos da pistas que demuestran con seriedad lo ridículo que puede tornarse el manejo formal de un museo o galería que se obsesiona con la corrección política. Aquel que cumple con los estándares debe, por supuesto, ser un espacio respetuoso de toda minoría, de cada diferencia, de “igualdad de oportunidades”. ¿No sella en ese mismo acto una reducción definitiva del espacio a una práctica anuladora de toda capacidad de disentir? La crítica institucional se retoma aquí como un acto que borda con ironía un manual de instrucciones innecesarias apoyado, además, por el estado evidente de desorden del resto de la sala: atención, señoras y señores, aquí no andamos con finuras simbólicas ni delicadas piezas de fina confección.

A un costado, el video Quelquepart II de Ingrid Wildi introduce otro contraste al mostrar en pantalla las entrevistas a los encargados de las proyecciones en las salas de cine en Egipto, país de mayoría islámica, donde la imagen entra en el terreno de la profanación. Ir hasta el cuarto caluroso desde el cual el proyector lanza su haz de luz para hablar con los operadores de la imagen en movimiento supone la perfecta regresión de los niveles de narración del aparato cinematográfico que se muestra como un acto de sucesivos velos colocados por variables religiosas, culturales, tradicionales, etc. Interesante contraste entre lo que se ve, lo que se deja ver y lo que se debe ver.

La presencia del Museo de Arte Contemporáneo Montevideo, MACMO, un poco más allá en la sala, llega a través de una instalación sin pretensiones desplegada en una serie de paneles con fotocopias, pequeñas proyecciones y piezas gráficas. Los trabajos de los artistas reunidos por la curaduría del limeño Rodrigo Quijano rehúyen la “debida compostura”. Bajo el título El carácter destructivo aparecen citas de situaciones de destrozos, desarreglos, interrupciones provocadas por una amplia variedad de obras y procesos expuestos en una micro exhibición dentro de la coreografía general propuesta por Los Nuevos Sensibles. Los desmanes y destrozos acaparan distintos momentos, entre los que es un gusto volver a visitar Encierro, esa acción propiciada por Graciela Carnevale que, en 1968 como parte del Grupo de Arte de Vanguardia de Rosario, dejó encerrado al público dentro de una galería y se marchó. Para salir del encierro, los invitados a la ocasión debieron entonces romper las vidrieras de la galería y así poder “liberarse”. Esa destrucción liberadora tenía un correlato político implícito en la situación argentina de aquel momento, pero la pregunta interroga hasta hoy sobre la capacidad de la práctica artística como vía de escape que debe destruir las estructuras de contención. La crítica como forma de arte.

Vista de la exposición "Los Nuevos Sensibles" en CasaPlan, Valparaíso, Chile, 2019. Foto: Alejandra Arcuch
Vista de la exposición "Los Nuevos Sensibles" en CasaPlan, Valparaíso, Chile, 2019. Foto: Alejandra Arcuch

Algunas de las iniciativas incluidas en esta muestra corresponden a un regreso hacia los modos de hacer. Babel Radio (www.babelradio.org) es un archivo de operaciones personales realizadas por los artistas. Su portal online ofrece la posibilidad de descubrir las relaciones entre una decena de artistas y su léxico metodológico, los libros y sus narraciones que atesoran, las frases en las que recuestan su ejercicio en el campo del arte. La vida de taller, la pequeña biblioteca, los recuerdos apilados comparecen como referencias que alimentan la interrelación que convierte a toda obra en una cita deformada. Esas vinculaciones personales toman la palabra del artista que resuena grabada como una voz más de un viajero, de una descubridora, de una persona que cultiva pequeños hábitos íntimos para levantar un discurso universal de particularidades.

Esta apertura de taller es aún más evidente en el manejo asumido por algunos artistas como Renato Órdenes que, durante los días de la exposición, emplea sus metros cuadrados como lugar de trabajo. Con algún sesgo de carácter didáctico que permite entrar en la forma de hacer, la exposición pasa a ser una lenta performance que se desarrolla a medida que los materiales van siendo elaborados. Como integrante de Worm junto a Sebastián Gil, esta clase de trabajo ya está asumida en el desarrollo de su espacio expositivo que, junto con acoger residencias y exposiciones, es la propia morada: la distancia entre la práctica de la vida y la del arte está totalmente desdibujada.

El amplio número de participantes convocados por Los Nuevos Sensibles permite verificar la existencia de una comunidad repartida por el continente que, pese a la dispersión de sus formas y ejercicios, son capaces de mantener un procedimiento de crítica sistémica que trata de levantar preguntas a través de una bajada real en sus prácticas. Ya no quedan vanguardias, parece, pero siempre seguirá siendo incómodo plantear un paisaje donde brotan especímenes desadaptados, practicantes de una obsesión “menor” instalados en un lugar sin importancia, en un sótano donde la luz no asoma. El colectivo Pía Michelle levanta aquí un par de escaleras sin salida que se asoman a las rejillas de ventilación. Es un gesto de esperanza anulada, pero es un gesto nacido del humor que permite bajarle los humos a la producción de arte entendida como una insistente forma de salvación y reparo de los problemas del mundo. Habría que parafrasear entonces a Mao para dejar todo abierto: “Reina un gran desorden bajo el ‘suelo’; la situación es excelente”.

Vista de la exposición "Los Nuevos Sensibles" en CasaPlan, Valparaíso, Chile, 2019. Foto: Alejandra Arcuch
Vista de la exposición "Los Nuevos Sensibles" en CasaPlan, Valparaíso, Chile, 2019. Foto: Alejandra Arcuch

Colectivos/artistas participantes

Movimiento GRSB / Oswaldo Terreros (Ecuador), Gálvez INC (Chile), MACMO (Uruguay), Gaby Cepeda (México), Worm (Chile), Santiago Roose (Perú), Nekoe (Chile), Mathilde Ayoub / Babel Radio (Argentina – Francia), Miriam Carranza / SKY / Docena (Argentina – Alemania), Pía Michelle (Chile), Aeromoto (México), Poesía Sin Fin (Cuba), Ingrid Wildi Merino (Chile), Gala Berger / Amy Hussein / Casa Quién (Argentina – Rep. Dominicana).

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Pedro Donoso

Nace en Santiago, en 1970. Es editor, traductor y crítico. También colabora como docente en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Alberto Hurtado. Acaba de editar el libro "Gordon Matta-Clark: Experience Becomes de Object". En 2013 estuvo a cargo del proyecto Of Bridges & Borders, en Valparaíso, Chile.