Arte y política 2005-2015. Proyectos curatoriales, textos críticos y documentación de obras (Nelly Richard, Editora | Ediciones Metales Pesados, 2018) es un libro que se propone explorar un segmento significativo de la discusión en torno a los mecanismos por los cuales la escena artística de Chile ha ingresado a la acción y el debate sobre lo que la autora -en su introducción y parafraseando a Pablo Oyarzún– tensiona como “lo político del arte, lo político en el arte, las políticas del arte o el arte político”.

No cabe duda que los cambios acontecidos en Chile en materia política, social, cultural y tecnológica en estos últimos quince años han modificado el mapa de la visualidad contemporánea. ¿Cuáles han sido las trincheras críticas que han organizado dicha visualidad? ¿Qué se ha entendido como límite político del/en el arte respecto a la institucionalidad y sus márgenes? Frente a estos desafíos y para poder dar cuenta de aquella fragmentaria respuesta de discursos, continuidades irresolutas, pendientes derivados de la dictadura, documentos ocultados, así como a la apertura a zonas poco exploradas –a ratos omitidas e incluso denostadas–, es que Richard y su equipo se proponen revisar lo producido, en materia de artes visuales, a lo largo de este último período. Diego Parra, uno de los investigadores de este libro, nos anticipa en el prólogo que la idea de arte y política que se trabajó en la selección no atiende a un modelo rígido o cerrado, más bien apunta a una cuestión “no mesurable o enunciable en una forma fija”. Así, este libro trata más bien de la exploración de un campo extendido y mutable de prácticas limítrofes que, como señala Richard, “subvierten la mirada para alterar los códigos dominantes”.

Me gustaría comenzar analizando algunos aspectos sobre este nuevo trabajo que tiene una vinculación ineludible con su antecesor, el coloquio Arte y Política organizado en junio del año 2004 por la Universidad de Chile, la Universidad ARCIS y el entonces Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Dentro de las diversas actividades que tuvo ese proyecto surgieron dos productos centrales: un libro y tres videos. Como bien señala Richard en la introducción de esta nueva edición, “la comisión del Coloquio del 2004 coordinó un trabajo de investigación de materiales de archivo para la realización de piezas de video documentales”.[1] Si bien los tres productos audiovisuales funcionaron como un ejercicio de relato que dialogaba con algunos de los fragmentos de textos críticos del libro, formalmente la construcción audiovisual variaba de acuerdo al enfoque de cada uno de sus realizadores. En el caso del primero, de Galaz y Errázuriz –y quizá tomando en cuenta la experiencia pionera de Galaz en el programa de TV Demoliendo el Muro–, operó en momentos con el propio historiador del arte en pantalla realizando algunas entrevistas y conjugándolas con documentos. El tercer caso (1990-1994) se constituyó principalmente a partir de entrevistas a artistas y teóricos que comentaban, entre otros temas, el escenario neoliberal transicional, los graves pendientes en materia de DDHH, las escuelas de arte, las exposiciones y los espacios alternativos, así como la internacionalización del arte local. Sin embargo, el segundo video realizado por Richard (1973-1989), fue construido principalmente desde la lectura de archivos, como films, documentales, segmentos radiales, fotografías, textos y portadas de catálogos. En él, Richard nunca aparece en pantalla. Su presencia siempre se sobrepone con la selección, recorte y edición de archivos desde el marco conceptual del proyecto de la Escena de Avanzada y algunas de sus derivaciones críticas. Esta fue la estrategia que lo distinguía y que continúa en el trabajo de este nueva etapa. Por otro lado, aquel libro resumía las presentaciones de los participantes al coloquio en torno a temas que sintonizaban con algunos de los postulados de los videos. Sin embargo, no necesariamente generaron una coincidencia con la síntesis teórica e histórica que los videos presentaban, quedando vacíos específicos como, por ejemplo, los reflejados en el análisis del arte de los sesenta.

A quince años de dicho trabajo, Nelly Richard asume nuevamente el desafío de continuar revisando críticamente la actualidad, a partir de la fragmentación discursiva, polisémica, conflictiva y que define como “un conjunto de prácticas culturales a menudo contrapuestas entre sí, que deja espacios libres para que se desarrollen internamente batallas interpretativas en torno a cómo se ejercen los mecanismos de dominio, subordinación y resistencia en cuya esfera de interacciones materiales y simbólicas interviene el arte”.

De este modo, tanto el video Arte y Política (fragmentos) presentado en marzo del año pasado, como este libro, se plantean como una selección, claramente parcelada e inconclusa como lo señalan sus autores, pero cuyo intento es contundente al querer localizar en el contexto obras y prácticas ligadas al extendido binomio arte y política desde potentes densidades de discursos vinculados al cambio en la educación pública, la educación no sexista y feminista, el respeto y la no discriminación a las disidencias sexuales, justicia y reparación a víctimas de DDHH, la relación del Estado con los pueblos originarios, el centralismo, el espacio público y las comunidades, las políticas migrantes, entre otros. Ya sea desde las instituciones, la calle o bajo las difíciles condiciones de espacios independientes, este libro recoge temas que son permanentemente acechados por la molestia de la hegemonía política y económica y cuyos resultados suelen ser eclipsados por la trampa espumosa del flujo medial actual.

El video fue pensado como pequeñas cápsulas de imágenes e información compiladas desde el trabajo de archivos, tanto en acervos documentales como de materiales facilitados por los propios actores, que se impelen desde sus propias voces y que en su edición permiten al espectador leer en su conjunto un ejercicio de testimonio activo del tiempo más reciente. Digo esto, en virtud también de las diferencias entre generaciones que conviven en la selección. Artistas ya consagrados se ecualizan en el tiempo de exposición con propuestas jóvenes que se posicionan con cada vez más fuerza en la escena local. De esta forma, tanto el video como el libro se esfuerzan por levantar y compilar en un producto integrado, con la voz de actores que desde sus propias estrategias de producción y visibilidad, ya sea por medio de videos, fotografías, relatos y en esta última versión compuesta principalmente por textos de libros, catálogos y autoediciones.

Sebastián Vidal durante la presentación del libro "Arte y Política 2005-2015", en la Casa Central de la Universidad de Chile, Santiago, 2018. Al fondo: Nelly Richard. Foto: Felipe Poga

Como una voz contracultural, Richard ha batallado por defender una ética del pensamiento, una línea que remeció las artes visuales y la cultura de un país y que, a pesar de las políticas de los acuerdos de la transición, siguen manifestándose como tareas dolorosamente pendientes.

 

La selección de los textos que presenta Arte y Política 2005-2015 se localiza en la trinchera de la visibilidad y la resistencia que son avaladas por el impecable trabajo intelectual y académico que por años ha realizado Richard. Curiosamente los clamores siguen siendo los mismos que se condensaron en el modelamiento de su propuesta de la Avanzada y que siguieron presentes en el magnífico trabajo editorial de la Revista Crítica Cultural. Parece ser que, al ver esta publicación, el tiempo de los conceptos acuñados para dichas producciones se hubiesen congelado en las mismas disputas, pero con nuevos actores. Como una voz contracultural, Richard ha batallado por defender una ética del pensamiento, una línea que remeció las artes visuales y la cultura de un país y que, a pesar de las políticas de los acuerdos de la transición, siguen manifestándose como tareas dolorosamente pendientes.

Estos nuevos casos, que se alternan con algunos de los aparecidos en la primera versión de Arte y política, se suceden, como bien queda en evidencia en el libro, con mayor fuerza en espacios independientes. Estos últimos luchan por ser una voz constante entre medio del ruido del evento, del cóctel y la nota de prensa. Son apuestas de movilización cultural y social que –en el efecto de agrupamiento editorial– permitirán ser rastreadas, pesquisadas y analizadas en futuras publicaciones del área. Así, Arte y política se manifiesta en su navegación alterna de casos marginales como un llamado de atención para una academia, de teoría e historia, que requiere mayor vigor de acción vinculante con el medio, las comunidades y la realidad del país. He aquí, si se me permite, un llamado a los organismos regentes de las políticas universitarias a romper con ciertas ataduras de las duras imposiciones de horizontes exclusivamente cientificistas, a las que se están sometiendo a las artes y las humanidades. Arte y política es un ejemplo de ello, ya que de todos los textos presentados aquí no reconocí ninguno que surgiera meramente del universo de las revistas indexadas.

Arte y política 2005-2015 demuestra ser una pausa necesaria al tráfico incesante de información. Una instancia de lectura breve, monitoreada desde los ojos de investigadores conocedores de los espacios, colectivos y artistas emergentes y que se arroja desde sus caleidoscópicas reflexiones a un estado panorámico que facilita al lector el encontrar claves para dar con cruces críticos entre sus casos. Recuerdo que uno de los valores asignados con mayor reconocimiento al libro Chile, Arte Actual de Milan Ivelic y Gaspar Galaz (editado en 1988), fue su compilación final de documentos. Además del recorrido extenso y de la información clave que entrega dicha edición, los documentos finales, muchos de ellos autoeditados e independientes, permitían acceder a un cuerpo de escritura que auspició el análisis del campo, en singularidades, y que al conectarse con el relato de los académicos en el libro potenciaban aún más su comprensión. En un momento en el que la escritura especializada sobre artes visuales en Chile se ha atomizado en una serie de artículos y ensayos, como los presentados en la colección del Centro de Documentación de las Artes Visuales CEDOC, la operación de reactualización del archivo que ofrece este libro nos impulsa a conectar visual, documental y reflexivamente períodos diversos, desde sus contextos de producción y recepción cultural, para producir nuevas investigaciones.

Página interior del libro "Arte y Política 2005-2015", de Editorial Metales Pesados. Cortesía: Metales Pesados

Richard le deja de plano una tarea analítica a sus lectores, la de tener que estudiar este libro como una perspectiva posible de lo general y no como una generalización en sí. Esto último no debe ser buscado bajo ningún punto de vista en estas páginas. Algo que quizá habría que remarcárselo a algunos galeristas, coleccionistas y periodistas culturales, que a ratos buscan con desesperación dicha síntesis operativa.

 

Ambos productos, video y libro, condensan un sincronía de formatos donde las imágenes y las palabras impulsan la tensión de nuevos ejes reflexivos a problemas que subyacen más vivos que nunca en el país. Aquellos ejes emergen en los títulos mismos de la cartografía presentada: “globalización, localidades y comunidad”, “paisajes urbanos”, “arte, movilizaciones y esfera pública”, “desobediencias de cuerpos y género”, “violencias y despojos” y “la memoria inconclusa”. Estos capítulos suman estallidos y estridencias de sus localizaciones presentes. Pensar este trabajo como nodos de un marco general es siempre una actitud riesgosa y provocadora, ya que contiene inevitablemente la premisa de que no todo podrá ser contenido. Gracias a esta arrojada tarea, de arrastrar el peso de un recuento –hecho a contrapelo–, los investigadores podemos abordar con mayores herramientas documentales y críticas el ejercicio relacional de campo. En este sentido, Richard le deja de plano una tarea analítica a sus lectores, la de tener que estudiar este libro como una perspectiva posible de lo general y no como una generalización en sí. Esto último no debe ser buscado bajo ningún punto de vista en estas páginas. Algo que quizá habría que remarcárselo a algunos galeristas, coleccionistas y periodistas culturales, que a ratos buscan con desesperación dicha síntesis operativa.

La facilitación de la presentación de cada capítulo es realizada de manera concluyente por los investigadores del proyecto Lucy Quezada, Mariairis Flores y Diego Parra, quienes abordan problemáticamente las entradas a los casos presentados. Estos jóvenes investigadores auguran la promesa de un trabajo serio y sistemático. Voces frescas y renovadoras, aplicadas y estudiosas del momento histórico en el que les tocó trabajar. Igualmente, considero importante destacar el modelo dialogante del trabajo realizado para el video que incluyó un largo periplo por espacios universitarios y de educación secundaria a lo largo de todo Chile He ahí un potente valor que conscientemente llevó al equipo de Arte y política a la praxis misma del ejercicio pedagógico. Ellos trabajaron en pequeños auditorios, salas de clases universitarias y secundarias, donde en la cercanía con los asistentes, y lo pude confirmar personalmente, se intercambiaban ideas, procesos de trabajo y experiencias. Si bien resulta complejo analizar los casos que presenta este libro, ya que son más de cuarenta, trataré de sintetizar algunas cuestiones centrales en torno a los capítulos.

En el primero de ellos, Territorios, autogestión y colectividades se presenta, como señala Lucy Quezada en su introducción, “una serie de proyectos artísticos colectivos a partir de los conceptos de globalización, localidades y comunidad (…) donde la gramática es alterada y surge la migración, la geopolítica, el neocolonialismo, el extractivismo como algunas de las nominaciones para trazar la ruta”. De esta forma, se dan cita aquí los textos de proyectos en Santiago y regiones que han proporcionado interesantes exposiciones absolutamente coherentes con sus lugares de enunciación política y que alteran el uso de containers, balcones, galpones o vitrinas para posicionar al espectador en un diálogo con la visualidad y su entorno. De estos trabajos se resumen códigos de intervenciones, movimientos, desplazamientos por los centros y sus periferias, así como la crítica a los modelos políticos de urbanismo y territorio, bajo el lente disidente de comunidades que reflexionan y reclaman por mayor participación activa en los procesos.

El segundo capítulo, Paisajes urbanos, nos invita a levantar la mirada y reconocer el cambio brutal que ha tenido la ciudad el día de hoy. Se trata de un examen a la reconfiguración del espacio o, como dice Mariairis Flores, “de la ciudad y su reconfiguración social: sus arquitecturas y estéticas publicitarias, sus espacios configurados a partir de los cuerpos y las luchas por la vivienda, narrativas populares, testimonios de la migración y memorias de barrio”. Un ejemplo de lo anterior lo constituye la investigación curatorial de Galería Metropolitana, en conjunto con otros miembros, a las contradicciones en el destino del emblemático proyecto del Hospital abandonado de Ochagavía y la especulación inmobiliaria que determinó su destino. Igualmente, destaca el trabajo fotográfico e instalativo que artistas han desarrollado como proceso de contraste que evidencia la segregación en la metrópolis. Paisajes Urbanos también incluye intervenciones callejeras realizadas por artistas en Valparaíso, Concepción y Valdivia, así como proyectos artísticos con las comunidades de La Pintana y Pedro Aguirre Cerda. Se presentan también los proyectos de investigación en la Villa San Luis y cartografías sobre la historia de los  campamentos en Santiago.

También, y como bien sabemos, las movilizaciones sociales y estudiantiles de 2011, herederas de las del 2006, generaron un cambio radical en el país. La estabilidad económica y los acuerdos de las coaliciones políticas comenzaron a desarticularse desde el clamor en las calles, liceos y universidades por la continuidad de políticas arrastradas de la dictadura. Si volvemos al ejercicio comparativo de las dos etapas de Arte y política, sin duda, el movimiento de los estudiantes marca a fuego esta segunda versión. Esta investigación no podía desatender dicha fractura, y el tercer capítulo del libro, llamado Arte, movilización y esfera pública, da cuenta de una serie de casos que deambulan en los límites entre obras artísticas y activismo, y que fueron pensadas desde la protesta en el contexto de las movilizaciones de aquel año.

Página interior del libro "Arte y Política 2005-2015", de Editorial Metales Pesados. Cortesía: Metales Pesados

El punto de vista feminista ha intervenido también en la discusión en torno a las artes visuales, pese a que la historiografía y el sistema curatorial dominantes las quieren negar.

 

El cuarto capítulo del libro, Desobediencias de cuerpos y género, también actualiza desde nuevos casos una problemática que Richard ha trabajado a lo largo de toda su carrera. Su lucha crítica en favor de las disidencias sexuales y el feminismo ha tenido que lidiar con la arremetida conservadora que ha impulsado discursos de odio, homofobia y machismo, desde sus tradicionales lugares de privilegio. Esto lo reafirma en su introducción Mariairis Flores, señalando que “el punto de vista feminista ha intervenido también en la discusión en torno a las artes visuales, pese a que la historiografía y el sistema curatorial dominantes las quieren negar”. Así, el capítulo examina una selección de textos que indagan desde la visualidad la violencia física y simbólica los cuerpos insumisos al poder patriarcal y la resistencia política contra la discriminación social al movimiento LGBTI.

Violencias y Despojos es el quinto capítulo del libro, y en él se dan cita casos que, como señala Lucy Quezada, se refieren a “intensidades que vulneran y vuelven residuales las presencias de ciertos cuerpos, de ciertos grupos, de ciertos pueblos que, desde una épica que va del silencio al bullicio, parecen resistir”. Se trata de acciones que desde el Estado y el poder vulneran la condición del bíos social, que se resiste a las condiciones de precarización, pobreza y muerte que el neoliberalismo le ha impuesto a fuego. La resistencia de las comunidades mapuche, la dolorosa situación de los niños y niñas del SENAME, los internados públicos, las crudas condiciones de precariedad social producidas por la explotación de transnacionales mineras, así como el sesgo de las coberturas mediales, basadas en diferencias étnicas y raciales que justifican masacres y genocidios en el mundo, son algunos de los ejes que se tratan en este capítulo.

El último y sexto capítulo, La memoria inconclusa, nos revela principalmente casos que indagan la histórica deuda con los Derechos Humanos en Chile. Por medio de diversas estrategias de aproximación visual, las obras y textos que componen este capítulo examinan, desde diversos ángulos, el trauma de la violencia sistemática y el fracaso de políticas de reparación, en sintonía con el permanente acto de borradura de la construcción social del país antes del golpe de Estado. Destaco en este punto el texto que la propia Nelly Richard realiza sobre el trabajo del Espacio de Memorias Londres 38, cuya labor ha sido, y cito a Richard, la de “generar por medio de diversas acciones una perfomatividad de una memoria crítico-transformadora que sacude el pasado conocido para liberar nuevas fuerzas de sentido”. También resulta interesante de analizar el fenómeno de nuevas construcciones críticas desde tecnologías de archivos, que dejan entrever mecanismos de referencia simbólica y digital sobre el cual tanto la denuncia como la poética de la imagen articulan sentidos alterados sobre la hegemonía de la información.

Arte y política 2005-2015 sin duda es un contundente trabajo de recopilación de un contexto que recién comenzamos a analizar y que, justamente por su pluralidad de discursos, resulta una pieza de recuperación clave para el estudio no sólo de las artes visuales sino que también de lo que como país hemos desarrollado durante los últimos quince años.

 


[1] El primero de ellos Arte y política I (1960-1973) coordinado por Gaspar Galaz y Virginia Errázuriz, el segundo Arte y política II (1973-1989) organizado por Nelly Richard, y el tercero que abordaba el período 1990-2004, trabajado por Nury González, Willy Thayer y Guillermo Machuca.

*Texto de presentación leído en un acto en la Casa Central de la Universidad de Chile, en el que participaron Karen Glavic, doctoranda en Filosofía con mención en Estética y Teoría del Arte de la Universidad de Chile, y Sebastián Vidal, doctor en Historia del Arte de la Universidad es de Texas en Austin.

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Sebastián Vidal Valenzuela

Nace en Santiago de Chile en 1978. Es Doctor en Historia del Arte por la Universidad de Texas en Austin, director del programa de Licenciatura en Teoría e Historia del Arte de la Universidad Alberto Hurtado y curador independiente. Trabajó por cinco años en el equipo fundador del Centro de Documentación de las Artes del Centro Cultural Palacio La Moneda como investigador de archivo. Es autor de "En el principio. Arte, archivos y tecnologías durante la dictadura en Chile", editado por Metales Pesados (2013).

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