Desde fines de la década de 1980, disfruto de la extraordinaria experiencia de trabajar junto a Leandro Katz, creador de arte que une las disciplinas de la fotografía, los libros de artista, los objetos, las instalaciones y el cine. El artista regresó a Buenos Aires en 2006, luego de residir un tiempo en Nueva York. Desde entonces, todos los años visito su estudio. En febrero de 2015, vi por primera vez su serie Lunar Writing [Escritura lunar] (1974). Le propuse escribir un artículo sobre esas fotografías increíblemente hermosas, acerca de las que nadie había escrito aún. Luego de una serie de intercambios escritos, y una conversación grabada en febrero de 2016 en Buenos Aires, nos concentramos en la “escritura con luz” de esa serie y en otras dos obras. El siguiente diálogo ilumina en parte el pensamiento del artista.

Leandro Katz, Lunar Writing 1 (1001, 1002, 1003), 1974, 16 fotografías blanco y negro viradas al azul montadas sobre tableros de exposición, de 16 x 24 centímetros cada una. Por cortesía del artista y de Henrique Faria, Nueva York y Buenos Aires.
Leandro Katz, Lunar Writing 1 (1001, 1002, 1003), 1974, 16 fotografías blanco y negro viradas al azul montadas sobre tableros de exposición, de 16 x 24 centímetros cada una. Por cortesía del artista y de Henrique Faria, Nueva York y Buenos Aires.
Leandro Katz, Lunar Writing 1 (1001, 1002, 1003), 1974, 16 fotografías blanco y negro viradas al azul montadas sobre tableros de exposición, de 16 x 24 centímetros cada una. Por cortesía del artista y de Henrique Faria, Nueva York y Buenos Aires.

Julia P. Herzberg: ¿Cómo imaginaste la noción de escribir con luz?

Leandro Katz: Siempre me interesó experimentar con la fotografía e ir al límite, donde intento hacer cosas que nadie ha hecho o que las especificaciones de los fabricantes recomiendan no hacer. Cuando tuve la idea de fotografiar la luna, el desafío era desentrañar todos los aspectos técnicos antes de proceder. A medida que fui alcanzando el control técnico de la fotografía nocturna, se me ocurrió que podía hacer otras cosas, como por ejemplo exponer la película de modos que pusieran a prueba las limitaciones técnicas del medio. Descubrí varias cosas. Al filmar la luna con dispositivos de time-lapse, advertí que ocurría algo muy particular con la emulsión fotográfica cuando las nubes y la niebla cubrían al satélite momentáneamente. El proceso era comparable a la técnica de la solarización, que consiste en exponer brevemente al negativo a un flash de luz dentro del cuarto oscuro. Algo similar ocurría en tiempo real debido a la ausencia/presencia de luz. La emulsión fotográfica reaccionaba al ser expuesta a los rayos de la luna, expandiendo el misterioso comportamiento del medio. Resultados como este, con película cinematográfica, me dieron la idea de escribir palabras con una cámara fija.

JPH: ¿Y así se produjeron Lunar Writing y Lunar Writing II? ¿Sostuviste la cámara fuera de la ventana?

LK: No, disponía de una terraza que literalmente se convirtió en un espacio de trabajo, con trípodes y una mesa. Esperaba las noches con cielo despejado. Consultaba el Almanaque del Granjero y los servicios meteorológicos para enterarme de las condiciones climáticas en una noche determinada. Una vez que había hecho mis cálculos, montaba la cámara con película y fotografiaba la luna. Como sabes, también hice cuatro películas de la luna: Twelve Moons (and 365 Sunsets) [Doce lunas (y 365 atardeceres)], 1976; Moonshots [Tomas de la luna], 1976; Moon Notes [Notas lunares], 1980, y The Judas Window [La ventana de Judas], 1982. La idea de fotografiar la luna con una cámara de mano me dio la idea de escribir, lo que constituye un intento paradójico, como si intentara hacerlo moviendo una hoja de papel por encima de la punta de un lápiz.

JPH: ¿Tenías determinadas palabras en mente?

LK: No recuerdo qué escribí porque la escritura se convirtió en algo como un conjuro mágico, una invocación. Ni siquiera recuerdo a quién le escribía, pero probablemente fuera una carta de amor. Tomaba la cámara y escribía un verso, una plegaria o una carta moviendo la cámara sobre la imagen de la luna.

JPH: Al usar la cámara para escribir, el propio cielo se convertía en una hoja de papel.

LK: Sí, la noche misma. Para mí, escribir era un ritual, una acción íntima que yo le enviaba al universo. Escribir con luz de luna puede parecer un acto inocente, pero al mismo tiempo era un acto muy calculado, en términos técnicos. Tenía que conocer las especificaciones de la película, la velocidad de obturación y la intensidad de la luna. En otras palabras, toda fotografía tiene un aspecto de cálculo extremo, aun cuando responda a un impulso lleno de emoción personal.

JPH: Cuando hiciste Lunar Writings I, por ejemplo, ¿expusiste todos los fotogramas en una única sesión, la misma noche? ¿O fotografiaste la luna a lo largo de varias noches?

LK: Todo en una sola noche y con un único rollo de película. Para cada fotograma, usé una palabra o un conjunto de palabras distintas. Abría el obturador, movía la cámara para escribir en el fotograma, cerraba el obturador, hacía correr la película, escribía sobre el fotograma siguiente, y así sucesivamente. Para cada intento de escritura, consumí un promedio de entre diecisiete y veinte fotogramas.

El proceso tiene otro paso. Una vez que revelaba la película y aprobaba los resultados, hacía copias en blanco y negro, y luego sometía esas copias a otro proceso químico, el viraje a azul, en el cual se sumerge la copia seca en una solución química que reemplaza la emulsión de nitratos de plata ennegrecidos por partículas de color de tonalidad azul.

JPH: ¿Es por eso que vemos de color azul las líneas abstractas, rectas y gestuales trazadas por la luna?

LK: Sí, el proceso vira al azul todos los colores, incluyendo las sombras y las altas luces. Todo lo que es plata es reemplazado por esta reacción química.

JPH: ¿Conocías otros artistas que escribieran con la cámara? ¿Hubo algún antecedente que te resultara interesante, ya sea en la fotografía modernista o incluso en el arte contemporáneo?

LK: En realidad, no. Me considero un lobo solitario. Si descubro que algo ya se ha hecho, no me interesa. Cuando se me ocurre algo, tiene que ver con los aspectos más metafísicos del medio. ¿Qué es la fotografía? ¿Qué es una cámara? ¿Qué es el blanco y negro? ¿Cómo vemos las cosas? Y así. No me interesa entablar un diálogo con otros artistas. Me interesa entablar un diálogo con la tecnología, con la invención. Me interesa la idea de vanguardia, hacer algo que nadie haya hecho antes.

Leandro Katz. A la izq: Lunar Alphabet II, 1979-1980, 27 copias de haluros de plata, de 18x13 cm cada una, montadas sobre un tablero de exposición de tres paneles; dimensiones generales: 188 x 63,5 cm. A la der: Lunar Sentence II, 1978, 264 copias de haluros de plata, 18 x 13 cm. cada una, montadas sobre un tablero de exposición en dos secciones de seis paneles; dimensión general de cada sección: 250 x 195 cm. Fotografía de Robert Schweitzer. Por cortesía del artista y el Museum of Modern Art (MoMA), Nueva York.

JPH: Terminaste Lunar Writing I y Lunar Writing II, de 1974, pocos años antes de tu obra hoy icónica The Lunar Alphabets [Los alfabetos lunares] (1978-1980). ¿Qué otras obras produjiste escribiendo con la cámara? ¿De qué manera constituyen, para vos, un antecedente para Lunar Alphabets?

LK: Sí, bueno, pasaron varios años entre estos experimentos y el primer Lunar Alphabet de 1978. Para esa obra, junté veintisiete transiciones de la luna tomadas durante muchas noches hasta que la forma de la luna creciente fuera perfecta para representar un carácter particular del alfabeto. Fue preciso rehacer algunas imágenes de la luna, lo que quiere decir que debía esperar otro mes lunar antes de que pudiera captar el ángulo específico que necesitaba. Es decir, aunque estas obras, Lunar Writing I y Lunar Writings II, fueron hechas en 1974, había películas y fotografías que tomé en mi terraza de Nueva York y en otros lugares.

JPH: ¿De qué manera se articula Night Flights: A Diary [Vuelos nocturnos: un diario] en el contexto mayor de Lunar Writing?

LK: La serie Night Flights: A Diary pertenece a un grupo de fotografías que hice abriendo el obturador para fotografiar algo muy oscuro que sin embargo tenía algún tipo de luz alta. La idea se me ocurrió una vez que volaba entre Nueva York, Florida y Texas de noche. Sostenía la cámara con el obturador abierto contra la ventana del avión durante unos pocos segundos cuando el avión pasaba por encima de pueblos o ciudades durante el despegue o el aterrizaje. La sensibilidad de la película y los ajustes de exposición registraban un panorama en movimiento de las luces del paisaje que resultaba bastante encantador. Night Flighst: A Diary juega con la idea de un diario, de registrar algo que está teniendo lugar allí.

Leandro Katz, Night Flights: A Diary, 1976, 15 copias cromogénicas, 20 x 43 cm. cada una. Por cortesía del artista y de Pelusa Borthwick.

JPH: ¿Cómo lograste obtener esos maravillosos colores en las distintas series que hiciste a lo largo del tiempo?

LK: Creo que los colores son el resultado de trabajar con distintas fuentes de luz. Como sabes, las ciudades tienen distintas fuentes de luz: mercurio, sodio y tungsteno. Todas ellas producen colores distintos.

JPH: ¿Y recién al entrar el cuarto oscuro podías ver estas variaciones de color?

LK: Sí, luego del revelado color. En otras palabras, es una fotografía sorpresa.

JPH: Y creo que Night Flights: A Diary debe haber resultado toda una sorpresa para ti cuando comenzaste con ese proyecto. Cuéntame cómo exponías el rollo fotográfico.

LK: Hacía un diario por noche en un vuelo. Si volvía a volar, entonces tomaba otro rollo. Las fotografías no eran una mezcla de distintos vuelos sino una secuencia de tomas que hacía cuando el avión se movía, a medida que iba cambiando el paisaje.

JPH: ¿Es decir que las obras que acabamos de ver juntos fueron hechas en un vuelo determinado?

 LK: Sí, en una única noche, en un único rollo.

JPH: También has hecho The Vowels [Las vocales], otra inventiva y lúdica serie de fotografías, usando un fósforo como única fuente de luz para escribir en la oscuridad. Pero dejaremos ese tema para la próxima.

 


*Publicado originalmente en la revista Arte al Día (inglés y español), en febrero de 2017. Repubicado con autorización de la autora

**Imagen destacada: Leandro Katz, Alfabeto Lunar I, 1978. Mural, 27 fotografías en blanco y negro. Cortesía: Tabacalera, Madrid

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Julia P. Herzberg

Ph.D., historiadora del arte, curadora independiente y dos veces Fulbright Scholar. Vive y trabaja en Nueva York. Ha organizado más de treinta exposiciones de artistas, entre ellos Wifredo Lam, Lotty Rosenfeld, Paz Errázuriz, Mónica Bengoa, Iván Navarro, Magdalena Fernández, Liliana Porter, Leandro Katz y Leandro Erlich. Fue curadora adjunta en The Patricia & Phillip Frost Art Museum (Miami); curadora consultora para la 8ª, 9ª y 10ª Bienal de La Habana (2003-2009); curadora consultora de El Museo del Barrio, NY (1998-2001), y miembro del Comité de Adquisiciones del Museo del Bronx, NY (2003-2015). Desde el 2005 es editora consultora de la revista Arte al Día International.

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