-Algunas personas del sector dicen que Alberto Sierra es muy difícil, ¿qué opina?

Ah, eso es bueno.

– ¿Por qué?
-¿Por qué tengo que ser tan fácil?, eso sí me parece una bobada, y así difícil me gusta. No es que me divierta, es que, de cierta manera, la gracia mía es que soy así. Qué bobada estar diciéndole sí a todo el mundo, entonces puede que uno esté equivocándose, pero hay una cosa de carácter que tratas de mantener.

Entrevista en El Mundo, 9 de febrero de 2017

 

El domingo 19 de marzo una lamentable noticia conmocionó al medio artístico colombiano. El curador, además de arquitecto, diseñador y editor Alberto Sierra Maya, había fallecido en la Clínica Las Vegas de la ciudad de Medellín, a las 6: 10 pm, debido a una isquemia cerebral.

Fue un visionario, y no ha existido una fórmula mágica para convertirse en visionario, así como tampoco la hay para obtener el talento con la voluntad. ¿Por qué? Porque con el talento se nace, con el carácter se nace; se nace con la virtud… se nace visionario. El talento nato se debe cultivar, se alimenta con cada proceso, cada estudio, cada experiencia, y así los grandes personajes llegan a ser lo que son para el mundo. Los visionarios cambian las cosas, alteran las estructuras, las mueven y edifican a partir de ideas transformadoras otros sistemas de vida, otros sistemas culturales. Alberto Sierra Maya fue una de las figuras más influyentes en el medio artístico colombiano, no sólo por haber sido el fundador de la galería más antigua de Medellín, sino porque su nombre abraza un gran legado de artistas, eventos y acontecimientos que hicieron de la ciudad lo que es hoy para el arte.

Fue fundador del Museo de Arte Moderno de Medellín (uno de sus mayores éxitos), quien junto con otros emprendedores de la ciudad en 1978 se interesaron por promover el arte moderno y las nuevas perspectivas de sentido y forma que traía consigo el arte contemporáneo. En ese momento había que responder desde la cultura con un nuevo impulso, por lo tanto, el público necesitaba entender con qué posibilidades para el arte venía esto de la modernidad y cómo las concepciones estéticas se transformaban, desembocando en algunas de las propuestas más radicales para la época.

“Yo incluso le escribí a Fernando Botero y le dije que creáramos un nuevo espacio, y él me respondió que no había por qué crear dos museos, que hiciéramos más fuerte el que existía, pero el Museo de Antioquia era inaccesible… En algún momento, con unos amigos, dijimos: ´Bueno hagámoslo, pero hagámoslo en serio´. Eso fue en una reunión en la galería, cuando estaba en La Playa, en el 78, y constituimos el Museo, pero todavía no teníamos sede; duramos así algún tiempo, aunque corto”, comentó en una entrevista realizada para El Mundo en el año 2012. El amor que Alberto Sierra le tuvo al museo lo demostró acompañándolo en cada paso y en cada evento importante para la ciudad.

Asimismo, organizó el Primer Coloquio y Muestra de Arte No Objetual en 1981, un evento sin precedente que tuvo su segunda versión el 10 y 11 de marzo del presente año en el Museo de Arte Moderno de Medellín. Fue partícipe de las Bienales de Arte de Coltejer (1968, 1970, 1972) como espectador y como artista; y también se interesó en ser el impulsor de creadores jóvenes, siendo garante del grupo de artistas conocidos como “Los Once Antioqueños”: Félix Ángel, Rodrigo Callejas, John Castles, Oscar Jaramillo, Álvaro Marín, Humberto Pérez, Dora Ramírez, Javier Restrepo, Martha Elena Vélez, Juan Camilo Uribe y Hugo Zapata, quienes se destacaron en una exposición curada por el crítico de arte Eduardo Serrano, presentada en el Museo de Arte Moderno de Bogotá en 1975.

RE-VISTA DEL ARTE Y LA ARQUITECTURA

La pasión y el compromiso con la cultura lo llevaron a embarcarse en un proyecto editorial; fue el director de Re-Vista del Arte y la Arquitectura. En principio la nombró del Arte y la Arquitectura en Colombia, pero posteriormente pasó a ser una revista enfocada a revisar con criterio crítico lo que pasaba en Latinoamérica, por lo que el plan editorial proponía un diálogo entre diferentes manifestaciones que habían de ser revisadas en el arte y la arquitectura del momento, las cuales también sirvieron como una retroalimentación para los conceptos estéticos que vivía el país en ese entonces.

Fue uno de sus proyectos más queridos y una joya impresa para quienes aún las conservan, pues fue un objetivo en el cual invirtió su energía para alcanzar, como todo lo que se propuso, una calidad óptima. El comité de redacción estuvo conformado por los arquitectos Santiago Caicedo, Jorge Mario Gómez, Patricia Gómez, el crítico y curador Eduardo Serrano y Jairo Upegui. La Re-Vista tuvo entre sus colaboradores artistas como Álvaro Barrios, Beatriz González, Jorge Ortiz, Luis Camnitzer, el arquitecto Rogelio Salmona, así como los críticos de arte Luis Fernando Valencia y Marta Traba.

Alberto Sierra fue severo, lúcido, agudo, ceremonioso, inquietante, y algo picaresco. Severo, porque cuando una obra no le movía sus fibras, la descartaba; así que no había manera de que los artistas perdieran su tiempo haciendo lobby a un curador como Alberto. Lúcido, porque supo invertir su energía y apostar por la creación de instituciones y eventos que hoy no existirían si él no hubiese creído en ellos. Agudo, porque tuvo un ojo clínico para reconocer el arte de las construcciones formales que a veces no alcanzaban esa chispa que él necesitaba. Aquí, he de decirlo y debo hacerlo por coherencia y justicia, su ojo clínico también pudo descartar otras formas de arte y otros artistas que podían estar en el umbral de la aceptación y el reconocimiento; pero así de duro es este camino, así de difícil es el arte, y esto es algo que no debemos olvidar.

Ceremonioso, porque inspiraba tal respeto que había que acercarse a su persona con cautela, en el momento justo y con las palabras sensatas; sin embargo, también era picaresco, porque lanzaba unas sonrisitas que escondían algo de ironía, pero que al mismo tiempo parecían asentir de un modo beneplácito.

LA GALERÍA DE LA OFICINA

Fue su proyecto de vida. La galería de La Oficina, la primera y más antigua de Medellín, este año se encuentra conmemorando 45 años desde su fundación en 1972.

Nació en el edificio Camacol y fue abierta como una oficina de arquitectura donde trabajaba con sus amigos Santiago Caicedo y Jorge Mario Gómez; como tenían “poco trabajo”, por sugerencias pertinentes Alberto Sierra decidió abrir allí una galería de arte y así mismo fue nombrada: galería de La Oficina.

Entrar como artista no era nada fácil; su criterio, su capacidad para detectar dónde había arte, y su exigencia con la calidad formal de lo que su espacio aceptaba albergar,  le llevaron a presentar a artistas del nivel de Beatriz González, Bernardo Salcedo, Feliza Bursztyn, Adolfo Bernal, José Antonio Suárez y otros grandes nombres que hoy son referentes para el arte nacional, así como una nómina de artistas jóvenes y de mediana trayectoria como Beatriz Olano, John Mario Ortiz, ​Pablo Mora, Libia Posada, Camilo Restrepo, Ernesto Restrepo, Fredy Serna, Jorge Julián Aristizábal, Iván Hurtado, y otros que han tenido la satisfacción de haber compartido con Sierra, el curador inexorable, su espacio.

La última exposición que organizó en su galería fue para el maestro Luis Fernando Peláez, artista, amigo y también compañero en este viaje por el arte. Cae la lluvia se vivió como una bella presentación de obras cargadas de poesía y ensueño; y como una extraña premonición, fue una muestra un tanto melancólica. ¿Cómo puede el arte dar cuenta de lo inasible?

“El arte mueve el espíritu y mueve la organización propia de la vida”, dijo alguna vez sin titubeos. El espíritu de Alberto Sierra fue movido por el sentido estético, el rigor y la dedicación que necesita el arte. No se trata solo de ser un entusiasta, porque los entusiastas suelen claudicar al menor tropiezo. Es la razón por la cual no todos han logrado permanecer de pie en este campo de batalla, porque contrario a lo que se cree, no es una batalla contra los demás, sino contra uno mismo, y las batallas del arte solo pueden librarse victoriosas cuando hay convicción. Alberto Sierra la tuvo, dejó un legado, y un recuerdo único para todos los que hicieron parte de su mundo.

Este 29 de marzo del 2017 el medio artístico de la ciudad de Medellín también lamenta la partida de Sol Beatriz Duque una de sus grandes amigas e impulsora del arte, quien junto con Alberto y su equipo fue una de las fundadoras del Museo de Arte Moderno de Medellín, apropiada de la cultura, de la belleza, del glamour y la moda.

Un adiós para Alberto Sierra Maya, un hombre visionario del arte en Colombia.


Foto de inicio: Alberto Sierra por Carlos Tobón

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Nace en Medellín, Colombia. Es maestra en Artes Plásticas y Visuales. Realizó estudios en Filosofía en la Universidad de Antioquia y tiene una acreditación en Evaluación de Procesos Educativos. Posee un diplomado en Periodismo Cultural y Crítica de Arte y se desempeña como docente de cátedra universitaria. Es parte del equipo de columnistas de la revista La Artillería, revista de arte de la ciudad de Medellín, y escribe para la sección "Palabra y Obra" del periódico El Mundo.

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