Cuando el cinismo posmoderno parecía empezar a agotarnos, hoy nadie puede negar que vivimos en un momento de definiciones éticas. El giro se produjo a nivel local con las manifestaciones estudiantiles del 2011, quizás antes. El panorama artístico latinoamericano, aunque con una grandiosa tradición de corte activista y político, abrazó con demasiada premura al naciente mercado con sello de “sur” y “contra-hegemónico”. A estas etiquetas le sobrevino un vaciamiento feroz, unas capitales globales cuyo clima exudaba candidez. El contexto local aún no ha vuelto a resituar la brújula luego de que el modelo Universidad-Museo fuera desplazado por el de Taller-Galería-Mercado.

En este paulatino giro también han surgido las nuevas formas de organización, los espacios independientes, las escenas locales y las nuevas búsquedas territoriales. Concepción, Valparaíso, el Norte Grande y la Patagonia, todos entornos donde actualmente se pueden encontrar los nuevos conflictos donde el arte se sitúa en una encrucijada ética.

El colectivo Emergencia, formado por Francisca Jara y José Luis Marcos, es la encarnación local de esa ética. Su compromiso va más allá de la autoría, la obra, el discurso, la consagración, el circuito, el relato e incluso más allá de la historia el arte. La disciplina ha debido embriagarse de las fuentes de la antropología, la sociología, la arquitectura, los estudios visuales o postcoloniales y la teoría política, con la simple finalidad de encontrar las palabras adecuadas a estas nuevas prácticas desbordadas.

Vista de la exposición del colectivo Emergencia en Galería Barrios Bajos, Valdivia, Chile, 2017. Cortesía de la galería
Vista de la exposición del colectivo Emergencia en Galería Barrios Bajos, Valdivia, Chile, 2017. Cortesía de la galería

En este momento de giro, el arte chileno reconoce en la obra de Juan Castillo, Claudia Vásquez, los colectivos Mesa8 (Concepción), TUP (Santiago), Se Vende (Antofagasta) y el Circuito de Espacios Domésticos (Valparaíso) un cuerpo de relaciones productivas y contradictorias a la vez. Un repertorio de experiencias que deben hacernos repensar el lugar de la comunidad, el territorio, el archivo y la participación como las nuevas palabras clave. En Latinoamérica, esta tradición tiene experiencias fundacionales como Tucumán Arde (1968), el Siluetazo (1985) o los parangolés de Helio Oiticica y el Divisor de Lygia Pape hasta el trabajo de los colectivos Sociedad Civil en Perú, Bijarí y Contrafilé en Brasil y el Grupo de Arte Callejero en Argentina. Activar este legado de manera crítica significa reconocer sus problemas, descalces y cruces significativos en cada uno de los territorios donde ha sido incorporado.

El colectivo Emergencia presenta la muestra Artificium ex Cogitatione en la Galería Barrios Bajos durante el mes de enero del 2017. El nuevo año se inicia con la apertura de uno de los primeros espacios independientes de la ciudad, desde el cierre del histórico Taller La Ventana. Más allá de toda melancolía de la aproximación hacia el paisaje humano y natural –la herencia de Trilce y la literatura lárica–, los proyectos del colectivo Emergencia traen a colación una visión política, contextual y activa para con los asuntos apremiantes y relevantes de una parte de la comunidad de la ciudad de los ríos.

La muestra en la Galería Barrios Bajos reúne archivos en proceso de iniciativas que tomaron forma, lugar y consistencia en el sector de Collico, encaminándose río arriba, al borde oriente de la ciudad. Desde el 2014 se han abocado a la relación dialógica y participativa con problemas urbanísticos, simbólicos y asociativos de uno de los sectores más invisibilizados de la urbe, nicho de antiguas fábricas. Su metodología exploratoria, dialogante y procesual ha despertado, y a la vez volcado, una transformación real y directa de los planes que el gobierno local y regional ha dirigido para ese olvidado territorio. El deseo por emplazar directamente a las comunidades en asuntos de la vida cotidiana ha vuelto la mirada hacia una emancipación política.

Vista de la exposición del colectivo Emergencia en Galería Barrios Bajos, Valdivia, Chile, 2017. Cortesía de la galería
Vista de la exposición del colectivo Emergencia en Galería Barrios Bajos, Valdivia, Chile, 2017. Cortesía de la galería

La generación previa de creadores locales creció en un mundo de terror y nostalgia hacia lo hundido, enterrado o silenciado, con un anhelo por develar fenómenos que permanecían en el letargo de la luz nocturna y la bruma matinal. El trabajo literario de Maha Vial con las locas, viejas y prostitutas en el Joni Joy, las investigaciones teatrales de la compañía Gran Bufanda con los personajes urbanos olvidados, o las fotografías de Víctor Ruiz Santiago de pacientes psiquiátricos, pertenecen todos a una visión del arte como mecanismo exploratorio de la sombra y la penumbra, especialmente la humana.

El colectivo Emergencia marca un giro ineludible para el arte chileno y local en un sentido que busca vincularse con los problemas coyunturales desde una urgencia y necesidad radical. La posibilidad de incorporar recursos artísticos, poéticos y estéticos con una visión ética y política resulta no sólo loable sino que necesario en un momento de definiciones a nivel país. ¿Estamos dispuestos a seguir el modelo impuesto y repetido desde hace décadas o bien entraremos en un conflicto cuya resolución puede llevarnos a recuperar espacios dados como perdidos? La ilusión de la playa local o bien los recuerdos y anhelos de una comunidad pueden volverse más que armas de la ciencia ficción, el terror o la fantasía, instrumentos de la transformación cotidiana.

El arte al interior del engranaje de la política diaria puede perder sus formas y límites para volverse una práctica absolutamente desdibujada. Al situarse lejos del borde blanco del museo, la galería o la academia, sus contornos se vuelven más flexibles para contaminarse con los tiempos, anhelos y preguntas que muchas veces el mismo arte es incapaz de responder. Sembrar sobre un terreno de incertidumbre puede parecer estéril. No para Emergencia. Levantar colaboraciones, asociaciones y archivos en momentos donde la desaparición digital, la desidia estatal o el mencionado cinismo posmoderno son la regla, significa posicionarse a contrapelo, navegar contra el viento, cuestión penosa y difícil. Esta muestra en la Galería Barrios Bajos supone un cimiento más de esa arquitectura móvil, colaborativa y procesual que tanto se necesita para el siglo XXI.

The following two tabs change content below.

Ignacio Szmulewicz

Nace en Chile, en 1986. Es historiador, curador y crítico de arte. Se ha especializado en las áreas de arte moderno y contemporáneo, y arte público chileno y latinoamericano. Ha publicado los libros "Arte, ciudad y esfera pública en Chile" (2015), "El acantilado de la libertad. Antología de crónicas valdivianas" (2015) y "Fuera del cubo blanco: lecturas sobre arte público contemporáneo" (2012). Ha sido curador de las muestras Matadero (2012-2013), Spoilers (2013) y Ciudad H (2014-2015). Actualmente se desempeña como crítico de arte para la revista La Panera.