Por Hernán Garfias, curador

Los escandinavos son reconocidos por su forma de vivir, rodeados de una naturaleza y una geografía fría y de belleza indescriptible. Sus diseños de objetos y mobiliario reflejan esa forma de vida, austera y democrática, donde el clima los obliga a estar largas horas en el interior de un espacio, que prefieren limpio de maximalismos, muy contemporáneos y prácticos. Dinamarca, Finlandia, Suecia, Noruega e Islandia conforman esta zona del mundo que llamamos Escandinavia.

Mi primer contacto directo con Escandinavia fue en 1990, cuando viajé a Copenhague, Dinamarca. Tenía una agenda muy intensa, gracias a mi amiga Kerstin Bjerregaard, directora de la revista Design in Scandinavia, que preparó las entrevistas con los grandes del diseño danés. Así conocí a Per Arnoldi, con sus inconfundibles afiches con colores primarios y mensajes muy directos. El encuentro con Verner Panton fue inolvidable, porque su obra era parte de la historia del diseño contemporáneo. Y la maravillosa Nana Ditzel y su versatilidad para crear muebles y objetos con sello propio, muy femeninos. O Roald Steen Hansen y su diseño minimalista, donde la madera era su material favorito. Y visitar la casa taller de Bjorn Wiinblad con toda su obra en cerámica ilustrada, que forma parte de la memoria colectiva de los daneses. También la arquitectura de Henning Larsen, Dissing y Witling y Knud Holscher. Nos acompañó siempre el fotógrafo Bo Knudsen, que era mi cuñado y un valioso anfitrión.

Me impresionó Copenhague por su escala humana, la belleza del casco antiguo, sus parques, museos y las maneras tan educadas de sus habitantes. Cómo no recordar la fiesta de aniversario de los padres de Bo, en Gilleleje, un pequeño puerto al norte de Copenhague, donde fui recibido por muchos daneses cómo uno más entre ellos. Eran los comienzos de la revista Diseño, que había fundado en 1989, y era su director.

El segundo contacto fue en abril de 1991, cuando Svenk Form me invitó a conocer el diseño y la arquitectura de Suecia, una visita muy intensa a Estocolmo y Malmo, que coincidió con un evento de arquitectura e interiorismo, y uno podía visitar cinco casas, donde cada una representaba el diseño de cada país: Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia e Islandia. Esta vez nuestra anfitriona fue otra gran amiga, Kerstin Wickman, editora de la revista Form, a quién había conocido en Barcelona. Ella gestó una agenda, junto a Sonja Martinson, del Instituto Sueco, que me permitió entrevistar al artista Ulrik Samuelson, arquitecto de estaciones de metro muy mágicas; al diseñador gráfico Hans Christer Ericson, que reescribía el alfabeto. Estar con los diseñadores industriales Ergonomi Design Gruppen y AE Design, que creaban maravillosos instrumentos para discapacitados y ancianos. Y conocer las obras de los que en esa época eran las jóvenes promesas, Jonas Bohlin, Ann Wahlstom, Carouschka Streijffert y Lena Rahoult. Y los objetos de dos maestros con el metal, Olle Ohlsson y Sigurd Persson. Volví otros años a Suecia, siempre encantado con ese país, donde además habitan muchos chilenos, la gran mayoría llegados escapando de la dictadura de Pinochet. Una gran deuda que siempre tendrá Chile con ese país libertario, una característica de los escandinavos, que los han convertido en un ejemplo de vida en el mundo.

Nórdico: Diseño Escandinavo. Vista de la muestra en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), Santiago de Chile, 2016. Foto cortesía: Masisa
Nórdico: Diseño Escandinavo. Vista de la muestra en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), Santiago de Chile, 2016. Foto cortesía: Masisa
Nórdico: Diseño Escandinavo. Vista de la muestra en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), Santiago de Chile, 2016. Foto cortesía: Masisa

En noviembre de 1992 visité Finlandia, invitado por el gobierno de ese país. La Embajada había abierto su sede con embajadora residente, pues antes estaba en Buenos Aires. Era un momento en que las relaciones entre Chile y Finlandia se habían consolidado fuertemente en lo comercial y cultural. Chile había vuelto en gloria y majestad a la comunidad de países democráticos, una antigua tradición que nuestra nación había tenido hasta su violenta interrupción el 11 de septiembre de 1973. La nueva embajadora, Maija Lahteemaki, me llamó un día para preguntarme cómo no habíamos mostrado el diseño finlandés en la revista. Mi respuesta fue que aún no nos habían invitado. Nos conocimos en un almuerzo memorable, donde nació una entrañable amistad. Ahí surgió la visita, que fue organizada a la perfección. Me esperaba en Helsinki el Director de Protocolo de la Cancillería, para alojarme en la pieza presidencial de un hotel muy elegante. Me hicieron sentir muy importante. Al día siguiente había comenzado a nevar, el frío era constante, pero la belleza de esa ciudad me deslumbró. Continuaba la escala humana, la misma que había observado en Copenhague y Estocolmo, la amabilidad de sus habitantes y esa calidad de vida llena de sorpresas y plena de armonía. Recorrimos la arquitectura de Alvar Aalto, la Estación de Ferrocarriles de Eliel Saarinen, obras más contemporáneas de Pietila, como también la colección del magnífico Museo de Artes Decorativas, dirigido por Jarno Peltoten, un gran anfitrión, donde apreciamos los diseños de Aalto, Salo, Frank, Kahonen, Sarpaneva, Asikainen, Nurminen, Kukkapuro, entre tantos diseñadores de excelencia. Visitamos el taller del maravilloso artista del vidrio Heikki Kallio. Y apreciamos la colección de afiches en el centro de diseño, con autores como Varis, Veistola, Markkanen, Hietala, Loiri y Antonnen. Entrevistamos a Stefan Lindfors, para conocer sus lámparas inspiradas en los insectos. Y apreciamos el arte contemporáneo de muchos artistas. Nos impactó la Escuela de Diseño de la Universidad de las Artes, hoy denominada Universidad Alvar Aalto. Ubicada en un edificio aledaño a la famosa fábrica Arabia, con sus marcas Hackman, Iittala y Arabia, los estudiantes trabajan en sus talleres con la fábrica, diseñando objetos en metal, cerámica y vidrio. Una maravilla.

Regresé al Salón del Mobiliario Escandinavo varios años y quedé en deuda de tener más tiempo para ahondar en el diseño noruego. Pero he querido traer a la memoria estos recuerdos que me marcaron por siempre. Y así logramos hacer la exposición Suecia: Diseño del Diario Vivir, en la Sala Matta del Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago de Chile, que causó un alto impacto en la ciudadanía. Era la primera vez que se exponía diseño escandinavo en Chile. Continuamos con la exhibición de Diseño de Finlandia en el mismo lugar, con parte de la colección del Museo de Artes Decorativas de Helsinki. Y en el Salón del Mueble en el Centro Cultural Estación Mapocho (Chile) se mostró nuevamente el diseño finlandés. Posteriormente se trajo una exposición de diseño danés al Museo. Todo eso sucedió en los años noventa. Y han pasado casi dos décadas sin que nuestro público pueda apreciar en Chile el diseño nórdico.

Nórdico: Diseño Escandinavo. Vista de la muestra en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), Santiago de Chile, 2016. Foto cortesía: Masisa
Nórdico: Diseño Escandinavo. Vista de la muestra en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), Santiago de Chile, 2016. Foto cortesía: Masisa
Nórdico: Diseño Escandinavo. Vista de la muestra en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), Santiago de Chile, 2016. Foto cortesía: GAM
Nórdico: Diseño Escandinavo. Vista de la muestra en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), Santiago de Chile, 2016. Foto cortesía: GAM

Es por eso que llevamos dos años preparando esta exposición, Nórdico: Diseño Escandinavo, cuando en nuestro país existen numerosas empresas que exhiben y comercializan diseño escandinavo. Y se ha ampliado el coleccionismo en torno al mobiliario, objetos, iluminación, diseño gráfico y diseño industrial creado en esos países. Eso ha hecho posible tener esta nueva exposición en el Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM, Santiago de Chile), abierta al público hasta el 31 de diciembre de 2016, y que sigue a las de Atelier Mendini y Allora il Design Sottsass Memphis, realizadas en el mismo lugar, con un éxito de público que batió records para una muestra de diseño en Chile.

El diseño escandinavo se caracteriza por una larga tradición en las artes decorativas y la artesanía, como también por la importancia que juega en la actualidad la investigación y la tecnología. Hoy el ser humano puede vivir con objetos de distintos materiales, en sus muebles, vajillas, herramientas, en la oficina o en su casa. Y marcas como Artek, Iittala, Marimekko, Arabia, Hackman, Fritz Hansen, Carl Hansen, Hay, Ikea, Kosta Boda, Orrefors, Stelton, Bo Concept, Norman Copenhague, Eva Solo, como también en la industria automotriz, como Volvo y Saab, manufactureras como Electrolux, Ericson, Nokia, entre otras, demuestran la globalización de los productos Made in Scandinavia.

Pero siempre el vaso Savoy de Alvar Aalto con la silueta de los lagos y de los fiordos, o las grandes flores de Maija Isola plenas de colores, estarán llenos de poesía. Y cómo la butaca Egg de Arne Jacobsen y la Panton Chair de Verner Panton reflejaron las formas de una época que quería ser moderna. Y las lámparas de Poul Henningsen no pueden ser más nórdicas, como también el jarrón Pollo de Tapio Wirkkala. O las copas de cristal de Gunnar Cyrén y de Bertil Vallien para Orrefors o Kosta Boda. Tienen un sello que los marca con el lugar.

Al principio del siglo XX, muy marcados por la Bauhaus y el racionalismo, supieron hacer lo suyo con raíces propias, atrapados por la naturaleza y por esa geografía poblada de montañas, bosques, lagos, fiordos y hielos, muy parecidas a la zona austral de Chile. Siempre tratando de conseguir una vida ideal, el diseño y la arquitectura siempre han reflejado ese estado de ánimo, entre la depresión por un clima duro y la alegría de vivir con un alto estándar de vida sustentable y libertaria. Bienvenidos a Escandinavia.