Actualmente, el artista sonoro Zimoun (Suiza, 1977) es uno de los creadores más connotados en su área a nivel internacional. Este año ha exhibido en Canadá, India, Italia, Taiwán y Suiza, y desde este mes de noviembre presenta en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de Santiago de Chile su obra site-specific más reciente, elaborada a partir de 230 motores y varillas de madera que configuran un espacio saturado de movimiento y perpetuo zumbido.

La obra se expone hasta el 22 de enero de 2017 como parte del encuentro Cruces Sonoros: Mundos Posibles, que reúne en el MAC a cerca de sesenta artistas de Chile y el mundo en torno al arte sonoro y sus posibilidades creativas. El encuentro interdisciplinario organizado por Anilla MAC combina, en esta cuarta edición, el formato expositivo con un amplio programa de actividades que contempla intervenciones, performances, conferencias, talleres, aulas abiertas, visitas guiadas, sala de interacción, entre otras.

Vista de la obra de Zimoun en Cruces Sonoros: Mundos Posibles, encuentro interdisciplinario organizado por Anilla MAC, Santiago de Chile, 2016. Foto cortesía: MAC

Domingo Fuentes: ¿Qué te llama la atención de los diferentes lugares donde has creado obras site-specific? ¿Qué te atrajo del edificio que alberga al MAC y de Santiago en general?

Zimoun: Armar una obra para un proyecto site-specific es una mezcla de diferentes cosas, en ese sentido, todo es formado por el espacio y el contexto. Por ejemplo, casi siempre el trabajo empieza en un espacio determinado al que me invitan a presentar. Pienso en las posibilidades para trabajar en el lugar, cómo usarlo como un cuerpo y qué tipo de piezas harían sentido, al relacionarse con este espacio en particular. También es necesario tener en cuenta otros factores, como el tiempo que se dispone, el presupuesto, la cantidad de mano de obra, entre otros. Al mismo tiempo, siempre hay algunas ideas dando vueltas, como trabajar con ciertos materiales o con un determinado motor o movimiento, comportamiento o sonidos. Son muchas las ideas que transitan al mismo tiempo. A partir de todo esto elijo elementos individuales que son más interesantes para relacionarse con el espacio o situación. Luego, empiezo a hacer experimentos o prototipos en el estudio. A veces, todo el proceso termina resultando en algo completamente nuevo, con otra dirección.

Respecto a las inspiraciones, las saco de todo tipo de cosas del mundo en que vivo. Generalmente no hay sólo una inspiración, sino varias que se juntan. Puede ser el arte, la comida, la naturaleza, la física, los materiales, la gente, los pensamientos, la ciencia, los sistemas y principios, las sociedades, la filosofía, etcétera.

D.F: ¿Cómo describirías esta nueva pieza que has creado para el MAC?

Z: Es una instalación que va a lo largo de toda la pared del espacio exhibitorio. Son cerca de 200 motores que activan palos de madera. Mediante los motores los palos se mueven, tocando el muro y los palos vecinos. Así, se generan formas complejas de movimiento y sonido.

D.F: ¿Qué ventajas y desventajas tiene trabajar con arte sonoro, al crear una atmósfera para la audiencia, en oposición a piezas unidimensionales?

Z: Creo que si presentas incluso una fotografía en una exhibición, va a ser una obra tridimensional. El espacio en sí siempre es parte de la presentación y en ese sentido de alguna manera está influyendo en la obra que se monta.

D.F: Tus piezas muestran una forma casi compulsiva de ordenar los objetos en determinados espacios. ¿Tratas de comunicar algo específico con esto?

Z: En mis instalaciones junto lo visual, lo sonoro y los elementos del espacio en uno. Ves lo que oyes y oyes lo que ves. También responde a un interés en lo repetitivo y los principios reductivos, los materiales en bruto, y las propiedades relacionadas al sonido, movimiento y espacio. Pongo atención en las pequeñas cosas y trato de despojar los materiales y conceptos para llevarlos a su esencia. A través de esta reducción los trabajos pueden abstraerse, como una suerte de código o sistema detrás de algo, pero al mismo tiempo abren un gran campo de conexiones, miradas, asociaciones e interpretaciones. No aspiro a que las cosas se vean de una forma determinada. Idealmente, el espectador y yo nos activamos mediante la obra y generamos diferentes conexiones, asociaciones y descubrimientos en diferentes niveles individuales. Aprecio mi trabajo cuando permite empezar a pensar y reflexionar diferentes cosas cada vez que se experimenta.

D.F: ¿Por qué decides trabajar con materiales industriales o usados? ¿Consideras que eso es una manera de darles una segunda vida?

Z: Me interesa la belleza de lo simple. Eso está relacionado con los sistemas con los que trabajo, y también con los materiales que ocupo. Me interesan los elementos simples y en bruto, los que son poco espectaculares y que se encuentran en la vida cotidiana, o para uso industrial.

D.F: ¿Cómo se enfrenta el carácter minimalista de tu trabajo con la tecnología actual?

Z: No suelo trabajar con la tecnología actual porque mantengo los sistemas y materializaciones de mis obras lo más simple posible. Generalmente no hay computadores involucrados, ni micro controladores, ni sensores, ni otro tipo de programación. Sólo elementos que poco tienen que ver con los avances tecnológicos actuales. Busco sistemas que sean muy simples, casi primitivos, pero que evolucionen a una complejidad más allá de su funcionamiento y comportamiento propio.

D.F: Considerando que tus piezas se sustentan en algo tan efímero como el sonido, ¿qué opinión tienes respecto a la contaminación acústica?

Z: El sonido individual de cada ciudad es muy interesante, usualmente es una parte importante y muy característica de la experiencia que se tiene en un lugar. Por otra parte, el silencio es uno de los sonidos más interesantes, si no el más interesante de todos.