El artista argentino Jorge Macchi expone en el MALBA más de sesenta obras que recorren el desarrollo de su carrera durante los últimos veinte años. Múltiples formatos, diversas técnicas y trabajos provenientes de diferentes series plantearon un primer desafío curatorial. Inicialmente concebida como una retrospectiva, la muestra exhibe el trabajo de un artista en pleno desarrollo. Así es que surgió Perspectiva, un término que permitía jugar con variadas acepciones. Por un lado, el interés por el código de representación espacial, algo que Macchi retomará en varios de sus trabajos, y por otro entendido como la posición en el presente a través de la cual una persona, en este caso el espectador, mira la historia.

“Una vez elegido el título, empezamos a pensar cómo tenía que estructurarse esta muestra. No fue difícil acordar en que no debíamos organizarla cronológicamente, es decir, no hay salas planteadas años tras año, antes bien se ponen en diálogo diferentes series de trabajos sin importar el año en el que fueron hechos. Sin embargo, también establecemos nexos con obras que dispusimos muy distantes espacialmente pero muy cercanas a nivel conceptual y de la imagen. Esto no es casual. Considero que más allá de la diversidad, la muestra está atravesada por hilos invisibles, y mi interés es que el espectador logre captarlos a pesar de que no sepa entender fehacientemente qué son y qué es exactamente lo que plantean”.

Ingreso a la muestra de Jorge Macchi, MALBA, 2016. Arriba: Fan, 2013, ventilador metálico de techo, 53 x 142 x 142 cm. Cortesía: Alexander and Bonin, Nueva York. Foto: Nicolás Beraza / MALBA

El sentido subvertido

Una de las primeras obras en el recorrido es Fan (2013), un ventilador instalado en el vértice en que confluyen dos muros, dificultosamente girando y chocando contra ellos y rompiéndolos. Según el propio artista, este trabajo pone en escena una noción que atraviesa varias de sus producciones: la del fantasma. Un objeto instalado en un lugar que no le corresponde o en un tiempo que no es el suyo se percibe como una aparición. Para el espectador, el sentido ha sido alterado desde el inicio y ya nada será lo que parece.

Desde una aproximación semiótica uno de los grandes temas que atraviesa la producción de Jorge Macchi es la ruptura de la referencialidad. En una cruzada contra el convencionalismo de los signos, el artista se vale de códigos de representación pictórica como la perspectiva geométrica, icónica -como los mapas- o simbólica -como la notación musical- para subvertir el sentido y generar extrañamiento en una operación retórica esencialmente contemporánea.

La sala destinada a su serie cartográfica abre con Buenos Aires Tour (2003) una obra que consta de dos formatos, un libro y una instalación. Originalmente se expuso en la Bienal de Estambul en el año 2003 y hoy forma parte de la colección del Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, España.

Buenos Aires Tour es un recorrido turístico basado en ocho itinerarios que corresponden a las líneas de rotura de un vidrio sobre el mapa de la ciudad de Buenos Aires. Desde un principio la obra fue desarrollada junto con la escritora María Negroni y el músico Edgardo Rudnitzky como una guía de turismo fuera de lo común. Su objetivo no era informar sobre la ciudad sino por el contrario poner el énfasis en lo provisorio de lo que las fotografías representaban y lo que los sonidos reproducían, a su vez fieles reflejos de la situación social y económica apremiante entre los años 2000 y 2001 en Argentina. Así es que, lejos de nuestro objetivo original, esta obra terminó por ser informativa y un registro de la época”.

Lejos del azar y más cerca de la obsesiones formales, el resto de las obras de la serie son mapas que por sustracción de las zonas de tierra pierden su anclaje con la realidad y consecuentemente su utilidad. Macchi agrega: “Existe en estas obras, además, una cuestión con la materialidad. En la medida en que son mapas vacíos el papel pierde sentido como soporte pero cobra sentido como material. Una materialidad que se cae y que pierde rigidez finalmente se transforma en una hoja muerta”.

La gran protagonista de la segunda sala es la reproducción de Música incidental (1998), expuesta por primera vez en la Galería Ruth Benzacar. Se trata de una obra crucial dentro de la producción de Macchi dado que marca el inicio de la serie de trabajos realizados con periódicos e información de hechos policiales pero en las que también aparece involucrada cierta condición azarosa.

“En esta obra lo que hice fue cruzar una colección de textos con una imagen bastante paradojal: la imagen de una partitura vacía que produce música a través de sus líneas. Primero me dediqué a coleccionar una serie de textos  policiales de los que abundan en los periódicos; me interesaba el carácter efímero de la noticia en sí misma y de los personajes que involucraba.  Dispuse este conjunto de textos siguiendo el orden del pentagrama, pero siempre me cuidaba de dejar un espacio entre el fin de una noticia y el principio de otra. Cuando terminé la primera página me di cuenta que esa partitura ya no estaba vacía, había puntos, interferencias en esas cinco líneas. Lo que hice entonces fue hacer una trasposición de este esquema de puntos a una notación musical usando un canon de distancia. El resultado es lo que se puede escuchar por los auriculares: una pieza para piano muy simple con cinco notas, pero con un esquema rítmico complejo, que de alguna manera lo que hace es seguir los dictados del azar. La sucesión de conocimiento, muerte y olvido van creando una especie de colchón de música incidental para la vida cotidiana, no le prestamos atención, pero todo sería diferente si no estuviera”.

Jorge Macchi, XYZ, 2012, videoinstalación (proyección de video monocanal en loop, color, sin sonido, copia de exhibición). Cortesía: Galeria Peter Kilchmann, Zürich, y Alexander and Bonin Gallery, Nueva York. Foto: Mariella Sola / Artishock
Jorge Macchi. Vista de la exposición en el MALBA, 2016. Foto: Mariella Sola / Artishock

“Mi interpretación no sirve para nada”

Durante su adolescencia, Jorge Macchi fue un gran admirador del artista belga surrealista René Magritte. Y hoy por hoy se siente cómodo aceptando que algunos de sus procedimientos se vinculan a la retórica surrealista, como el collage y la desviación o condensación del sentido, pero se aleja del mote de artista conceptual que muchos le han adjudicado.

“No me gusta definirme y encasillar mi trabajo. Las etiquetas sólo sirven para simplificar y confundir. Creo que los artistas producimos un discurso complejo que no es decodificable como un texto y por eso no debería  ser clasificado. Pienso que en la medida en que uno pone el calificativo conceptual a una obra, la imagen directamente se desactiva, se devalúa para cobrar exclusiva importancia la idea. En mi caso es lo contrario: empiezo a trabajar con las imágenes, y las múltiples y variadas interpretaciones surgen en el espectador. Mi interpretación no sirve para nada, me limito a encontrar un objeto conocido y familiar que me sirve como anzuelo o excusa para que la audiencia entre a la obra de una manera simple. Por eso es que todo el énfasis está  puesto en lo formal, en las calidades de la materia, y por eso hay una gran variedad. Todo apunta a ese crucial primer momento de acercamiento del espectador a mi trabajo”.

En este sentido, el montaje  es otra de las técnicas de las que se vale el artista para lograr su objetivo. La discontinuidad y la interrupción en la lectura lineal del signo brindaría un sentido renovado a lo real, dejando entrever la multiplicidad de métodos para aproximarse a él. Esa es la búsqueda que se plantea por ejemplo en Still song (2005), el envío a la Bienal de Venecia del año 2005.

“Supongamos que se trata de una sala donde la gente está bailando, una bola de espejos gira y desparrama puntos de luz por todos lados. Pero en lugar de eso, aquí tenemos una bola de espejos que paró de rotar, una sala iluminada de manera uniforme  y esos puntos luminosos son ahora puntos negros sobre una pared blanca… más que puntos, agujeros. Aquí ocurrió el accidente. Pareciera ser que en algún momento esta música paró, esta rotación se paralizó y la luz se transformó de algo inmaterial e inaprensible a algo que no sólo es material sino también violento. Un accidente que activa realidades hasta entonces desapercibidas, tal como ocurre en Hotel (2006).

En la obra de Jorge Macchi, el signo ha dejado de ser estable; ya no encierra un significante y un significado, sino que se trata más bien de un tejido polisémico de códigos. Y esto es lo que el espectador puede experimentar a medida que se adentra progresivamente en la exhibición del MALBA. Así pasa por ejemplo en la instalación visual y sonora que realizó junto a Edgardo Rudnitzky, El cuarto de las cantantes (2016), en donde la irrupción del lenguaje con un carácter deconstructivo hace que el sentido del texto se contraponga con la sonoridad de las letras, construcción formal que también está presente en From here to the eternity (2013).

Perspectiva ha hecho colisionar los diferentes niveles de lectura y representación. Tal como afirma Hal Foster, el objeto artístico se presenta de ahora en adelante más desestructurado y el sujeto o espectador indefectiblemente extrañado y desubicado. Como en una operación onírica del inconsciente, la audiencia es empujada  a generar sentido a través de imágenes conocidas; índices de su propia realidad condensan los diferentes niveles de interpretación.

Jorge Macchi, Still song, 2005, esfera de espejos, placas de yeso y tubos fluorescentes, 600 x 800 x 360 cm. Cortesía: Galeria Peter Kilchmann, Zürich, y Galeria Continua, San Gimignano. Foto: Mariella Sola / Artishock
Jorge Macchi, vista de la exposición en el MALBA, 2016. Foto: Mariella Sola / Artishock
Jorge Macchi, Still song, 2005, esfera de espejos, placas de yeso y tubos fluorescentes, 600 x 800 x 360 cm. Cortesía: Galeria Peter Kilchmann, Zürich, y Galeria Continua, San Gimignano. Foto: Mariella Sola / Artishock
Jorge Macchi, vista de la exposición en el MALBA, 2016. Foto: Mariella Sola / Artishock

Fotografías: Mariella Sola para Artishock, y Nicolás Beraza para MALBA.

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Profesora de Bellas Artes y Licenciando en Crítica de Artes. Directora de ART.AHOLIC, plataforma de difusión del arte argentino contemporáneo. Escribe para medios nacionales e internacionales.