Durante más de dos décadas, el bordado ha servido al artista chileno Carlos Arias como un medio idóneo para cuestionar convenciones de género, clase y raza, que constituyen estructuras coloniales del arte de las Américas. A través de su labor como pintor-bordador, el artista ha realizado una crítica de la representación y creado un conjunto de obras que subvierten aspectos de la pintura, así como las dicotomías de lo masculino y lo femenino, lo alto y lo bajo, la materialidad y el deseo.

“El bordado cubre pero también atraviesa, es ancestral, anónimo, pero se reproduce y crece. Hacer bordado me ha servido para guardar la memoria, escribirla y reescribirla, para saber qué terreno pisas, a dónde vas, de dónde vienes. Guardar la memoria es una forma de proteger, proteger es amar, y amar es hacer arte”, señala el artista, que vive en México junto a su familia desde 1975, donde actualmente se desempeña como profesor de arte contemporáneo en la Universidad de Las Américas Puebla.

La exposición El hilo de la vida. Bordados 1994-2015. Carlos Arias, curada por Cuauhtémoc Medina para el Museo Universitario del Chopo, en la Ciudad de México, reúne 75 obras de bordado de los últimos 22 años de trayectoria del artista. Se estructura en ocho ejes temáticos: Pintura de aguja; Intervención mestiza; Cuando el hilo toma cuerpo; Sexualidad: pliegues y discursos; El “Yo” pespuntado; Retrato de familia; El hilo de la vida; y Bordado.

 

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Carlos Arias, Familia, 1995-1996. Cortesía: Museo Universitario El Chopo, México

 

El renacimiento y la modernidad marginaron al bordado como parte del conjunto de “las artes menores”, confinándolo al trabajo doméstico-femenino, o como “artesanía” hecha por campesinos e indígenas. Sin embargo, “este tipo de trabajo posiciona a Carlos Arias en un lugar privilegiado, porque representa uno de los momentos más interesantes de la subversión de prácticas artísticas de la periferia de México, cuyo valor referencial sobre la condición de género, el bordado, las relaciones entre culturas, grupos y tradiciones, convierten su obra en una importante referencia artística de nuestra generación”, según Medina.

Los primeros trabajos de este tipo de Carlos Arias (Santiago de Chile, 1964), realizados a principios de los 90, consistieron en intervenciones en bordados hechos por otras personas; después utilizó los patrones comerciales, incorporando un desarrollo visual de carácter personal. Surgió entonces la necesidad de crear diseños propios y una experimentación en torno a los valores perceptuales y las posibilidades conceptuales de los materiales.

El bordado le interesó por su necesidad de introspección, de estar más ligado a un tiempo de trabajo en el taller y así poder reflexionar sobre el quehacer artístico y su relación con el exterior. “El hecho de construir un espacio plástico paso a paso, con la entrada y salida de la aguja, hace que éste deba ser pensado; así, lo que es el acto creativo se dilata y permea lo cotidiano, determinando un tiempo reflexivo e intelectual”, expresa el artista.

La obra de Arias ha explorado los límites de la figuración. El color, la forma que el bordado produce, ha sugerido al artista una variedad de analogías con la piel, los cosméticos, la escritura y el vestido.

 

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Carlos Arias, Brocado, 1997. Cortesía: Museo Universitario El Chopo, México

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Carlos Arias, Rojo y Negro, 1994, bordado indígena de San Pablito, 100 x 120 cm. Pahuatlán, Puebla, México. Cortesía: Museo Universitario El Chopo, México

 

Entre los temas referidos por el artista a través de esta exposición se encuentra la documentación y figuración de aspectos de su biografía, como su sexualidad; la memoria de su desplazamiento del gobierno de la Unidad Popular de Chile (1970-1973); su exilio en México; y sus vaivenes entre geografías y prácticas. En varias piezas con este eje temático hay una indagación continua acerca de sus orígenes y genealogía personal, una subjetividad abierta a una permanente reflexión y reconstrucción.

Destaca la pieza titulada Jornadas, un lienzo de 22 metros de largo que lleva el mismo número de años en proceso, y que revela los sucesos más notables de la vida del artista. “Cada vez que se expone voy agregando información, así que la última intervención es de apenas hace tres semanas. La idea de este trabajo es más bien el proceso continuo, por lo que es una pieza que no me gustaría concluir. Además, será la primera vez en su historia que estará expuesta en un solo muro, por lo que los asistentes podrán observarla montada de manera completa”, dice Arias.

Por otro lado, atraído por el modo en que pompones, borlas, macramé y tejido hacen del textil un arte del espacio, Arias ha explorado el potencial escultórico del hilo para crear volúmenes y generar sensaciones de orden táctil. Como resultado, las piezas de este conjunto están cargadas de erotismo y opulencia.

El pespunte en el bordado tiene una función similar al boceto en el dibujo, dado que expresa la noción de una idea inicial. Carlos Arias optó por utilizarlo como técnica para atrapar su propia imagen y su cuerpo. Al cabo, ofrece al espectador efigies fantasmales de sí mismo.

Entre 2011 y 2014, el artista produjo una serie de obras de mediano formato dedicadas a perpetuar escenas de su círculo íntimo. Basados en fotografías de sus seres queridos, realizó bordados para perpetuar esas imágenes, creando una contradicción entre la inmediatez de éstas y el gasto significativo de tiempo que hizo para crear piezas melancólicas.

 

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Carlos Arias, Bordado, 1996-1999, tela, 115 x 175 cm. Colección: Fundación Universidad de las Américas, Puebla. Cortesía: Museo Universitario El Chopo, México

 

 

Carlos Arias: El hilo de la vida. Bordados 1994-2015

Museo Universitario del Chopo, Ciudad de México

Hasta el 30 de abril de 2016