Al finalizar la etapa universitaria, existen instancias en las que los estudiantes dan a conocer atisbos de su propio lenguaje en construcción, en la mayoría de los casos, el terreno para su tentativo desarrollo a futuro. En su ya quinta versión, la exposición Carácter de la Universidad Diego Portales, da cuenta de los trabajos de los alumnos y titulados de la Escuela de Arte realizados en la última etapa de la carrera, los que conllevan temáticas tanto íntimas como universales.

La muestra, situada en un estacionamiento subterráneo, en el nivel -5 de la Biblioteca Nicanor Parra, da a conocer diversas metodologías de trabajo de los egresados María Fernanda Araya, Varinia Barriga, Denisse Bustamante, Eleodoro Calderón, María José Catalán, Francisca Farías, Michelle Guillon, Camilo Ibaceta, Harold Illanes, Gustavo López, Fabiola Maturana, Gabriela Montenegro, Tahía Muñoz, Yanara Muñoz, Catalina Pérez, Paloma Radrigán, Irma Sepúlveda, y Rodrigo Toro.

El grupo de estudiantes, dividido en dos secciones, contó con la supervisión de los docentes de la escuela Camilo Yáñez, Francisca Sánchez, Cristián Silva-Avaria e Ignacio Gumucio, quienes fueron los encargados de guiarlos en este último proceso anual, el cual concluye con esta muestra.

Gabriela Montenegro, La forma sin forma. Foto: Jorge Brantmayer

Multiplicidad de medios y ejes temáticos

Los trabajos presentes en esta versión de Carácter incluyen diversas disciplinas, característica que la Escuela de Arte de la UDP, encabezada por Ramón Castillo, se ha adjudicado como sello personal. Estos métodos de construcción describen la identidad del artista desde diversos planos: desde el retrato desnudo a través de la performance, siluetas en pintura y proyecciones, apropiaciones de lugares y sonidos, hasta huellas visibles a través de objetos tridimensionales.

En la obra La forma sin forma, Gabriela Montenegro construye figuras de yeso que confunden en la huella el accionar del cuerpo con la materialidad, además del ritmo implícito que incita el material sobre su propia construcción. A diferencia de esto, la obra de Michelle Guillon disfraza la construcción del objeto bajo la prolijidad, mediante pliegues y cortes que configuran una estructura que engaña desde la estética al espectador, en relación al origen de la materialidad y el valor consolidado en su apariencia.

Michelle Guillon, Del objeto específico al simulacro objetual. Foto: Jorge Brantmayer

El trabajo de Rodrigo Toro se apoya de la objetualidad y el sonido para crear dispositivos que permiten la interacción con el público, manteniendo la estética del objeto abandonado para luego activarla mediante sistemas de circuitos sonoros controlados por el propio público.

Rodrigo Toro, Mimoso. Foto: Jorge Brantmayer

Rodrigo Toro, Mimoso. Foto: Jorge Brantmayer

El divagar sobre paisajes olvidados es el patrón que utiliza Eleodoro Calderón como punto de partida en la construcción de su obra. Actos ligados al nomadismo que, a través de apropiaciones de objetos transformados por el tiempo en vestigios, activan su imaginario, para así generar en estos objetos una experiencia estética casi como un acto mágico con raíz duchampiana.

Eleodoro Calderón, Good Year y Sin título. Foto: Jorge Brantmayer

Eleodoro Calderón, La cultura de la basura. Foto: Jorge Brantmayer

El territorio y el olvido son temas recurrentes en esta exposición. En Caminata espacial/ Cerro Empinado, de Francisca Farías, actos de travesía y construcción de artilugios son realizados para desmantelar en un “ir y venir” la visibilidad de sus descubrimientos.

Irma Sepúlveda propone en IMG_000 un desarraigo de la tradición de la pintura mediante la mixtura de sistemas de interfaz del mundo virtual con una gestualidad pictórica específica que poco alude a la academia. Un inusitado encuentro que conecta, desde la técnica de la veladura, la realidad de una sociedad con el relato íntimo de las imágenes.

En esta versión de Carácter es clave el uso de la azotea de la biblioteca como espacio de montaje, con la participación de dos obras que de manera estratégica -debido a su composición- fueron destinadas a este espacio al aire libre. Una de ellas es Cierro Modular. La Pandereta, de Catalina Pérez, cuya metodología se basa en la manipulación industrial y la experiencia íntima vinculada a la arquitectura y el paisaje, una propuesta que radica en el traslado y re-configuración de la cotidianidad y el lugar específico. Por otro lado, Thrashgresion, de Paloma Radrigán, es más bien una invitación al imaginario obsesivo, desde la intimidad de un cuarto rebosante de imágenes y referencias al mundo de la música metal, el color negro y el graffiti.

Catalina Pérez, Cierro Modular. La Pandereta. Foto: Jorge Brantmayer

Paloma Radrigán, Thrashgresion (detalle habitación). Foto: Jorge Brantmayer

Esta edición de la muestra de egresados cuenta con la participación especial de la alumna Jacqueline Contalba (1993-2014) a modo de homenaje, cuyo trabajo se encuentra también en la azotea. Destaca además José Luis Catalán y el apoyo brindado tanto en la obra en conjunto realizada con su hermana María José Catalán en el trabajo micro-político en torno al cuerpo y su resistencia, como en la realización general de la exposición.

Jacqueline Contalba, S/T. Foto: Jorge Brantmayer

El rol educativo y el artista emergente

La Escuela de Arte de la UDP y sus docentes se convierten en un potencial desencadenante en los procesos de obra de los estudiantes. Este trato directo entre el artista y el alumno permite la solidificación del proceso educativo, oportunidad que enfatiza la visibilización de la realidad del mundo del arte y la toma de decisiones frente a éste. Así, uno de los objetivos de la escuela es la inserción del artista emergente en el mundo del arte.

En este sentido, la particularidad del estacionamiento como el espacio expositivo asignado trae consigo dificultades, aunque al mismo tiempo se presenta como un desafío y último encargo para los propios alumnos. La distancia que toma un estacionamiento con el museo y la galería no es menor, y pese a la información visual que éste ya posee es posible trabajarlo hasta alcanzar fórmulas efectivas para la inserción de las obras.

Luego de cinco años de estudio, en los estudiantes comienzan a observarse vínculos visuales que por mucho tiempo parecieron haber estado bajo llave. Carácter refleja el modus operandi de artistas que emergen desde la academia, sin que esto último se transforme en convencionalidad, sino todo lo contrario, en una necesidad de poner a prueba herramientas que permitan ampliar el rango de posibilidades dentro del arte.

Camilo Ibaceta, Me creo Rondin. Foto: Jorge Brantmayer

Varinia Barriga, Geometría Sonora. Foto: Jorge Brantmayer

María Fernanda Araya, Jìyì de Fanying. Foto: Jorge Brantmayer

Harold Illanes, Ni lo uno ni lo otro. Foto: Jorge Brantmayer

 

Denisse Bustamante, Inmueble. Foto: Jorge Brantmayer

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