El ala norte del Museo Nacional de Bellas Artes alberga hasta el 15 de septiembre la obra Archivo Natural Antártico de la fotógrafa Paloma Villalobos (Chile, 1976), quien junto a los artistas Gabriel del Favero y Ariel Bustamante se adjudicaron la convocatoria del Consejo de la Cultura y las Artes Residencia Artística en la Antártica, instancia que les permitió vivir y trabajar durante un mes y medio en la zona más austral y extrema de Chile.

Para la muestra, Proyecto A,  Villalobos presenta una selección de 200 fotografías de un aproximado de 4.000 que conforman el archivo total armado tras su residencia en la Antártica. Esta colección reúne tanto imágenes inéditas autorales como otras realizadas por los habitantes ocasionales de Base Frei, Base Escudero y Base O’Higgins, seleccionadas por la artista a través de entrevistas y visionados. De esta forma, las imágenes capturadas por científicos, técnicos de vuelo, meteorólogos, funcionarios de las Fuerzas Armadas, electrónicos aeronáuticos, electromecánicos y la misma artista ponen en cuestión el sentido de autoría, lo que se refuerza en un montaje que cobija y mezcla a todos los autores. Así, Villalobos articula una resignificación del paisaje entre la experiencia personal, la memoria colectiva y la lejana locación geográfica. Como señala la artista en esta entrevista, el propósito es alejarse en ciertos aspectos del imaginario icónico antártico que vemos en postales o en fotografías de calendario, para construir nuevas rutas de pensamiento entre documento, ficción, acontecimiento y simbolismo.

“Del archivo total, vemos aquí un compendio heterogéneo, imágenes inadvertidas que deambulan entre el documento y lo efímero, lo bello y la adversidad, que provienen de la excepción. Este archivo se pregunta si acaso es posible -a partir de un territorio tan aislado- aproximarse a un conocimiento transversal de nuestro mundo, elaborando nuevas rutas de pensamiento y resignificación. Este archivo se pregunta si es posible a partir de imágenes desconocidas de una naturaleza extrema, acercarse a comprender una parte de nosotros, de lo que somos, de dónde estamos”, dice.

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Vista de instalación de Archivo Natural Antártico, de Paloma Villalobos, en el Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, 2013. Cortesía de la artista 

En tus últimas obras has venido trabajando el concepto de archivo, pero en este proyecto además opera una des- jerarquización de la mirada autoral. ¿Qué significado le das a esta operación y cómo se origina?

La figura de archivo o de una llamada “colección” se origina por mi interés en acercarme al paisaje antártico de manera distinta, entendiendo la dificultad que implica acceder y vivir en dicho territorio, y planteando sacar el máximo provecho durante un mes de residencia. Para eso, pensé en construir un material visual inédito, que no tuviera precedentes fotográficos, que buscara desde la práctica artística un vínculo con mi obra y con los posibles fotógrafos aficionados que vivían allá, todos resolviendo asuntos relativos al paisaje y enfrentados a un modelo desconocido y de carácter hostil. No deseaba únicamente viajar para hacer mis imágenes, sino que quería utilizar la instancia para colocar en escena diversos asuntos relativos al propio medio, que nutrieran la obra y entregaran otras formas de pensar una imagen culturalmente idealizada. Ahí nace, por ejemplo, poner en crisis la idea de autor mediante un montaje -una estructura dispositiva en la sala- que generara diálogo entre tomas profesionales y aficionadas, áreas miradas científicas y miradas personales, y que finalmente esa diferenciación se volviera difusa hasta desaparecer.

Encontré que era el momento ideal para llevar a cabo un proyecto con estas características, porque hace tiempo venía con la idea de poder introducirme en los álbumes de personas anónimas, buscar imágenes que sin querer se relacionaran con las mías y que me las cedieran para construir una mirada globalizadora; en este sentido, entendía que el ejercicio antártico debía contener una puesta en común de experiencias, ser un ejercicio colectivo, público, sobre todo pensando que nuestro viaje era un asomo leve, era una fracción de lo que realmente acontecía en ese paraje de fin de mundo, las experiencias reales de presenciar ese escenario crudo y majestuoso -desde lo emotivo y lo físico- estaban, de cierta manera, en quienes habían habitado inviernos y hechos naturales irrepetibles, que nosotros durante un mes estival no íbamos a conseguir.

Y claro, anteriormente ya había trabajado con el archivo: por ejemplo en Océanos rotos utilizaba imágenes que he venido recopilando por años, recortes de revistas, noticias, láminas antiguas, mapas, etc, todas para construir mis modelos escenográficos. El archivo como referencia de acontecimiento de la realidad es fundamental en mi trabajo.

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Vista de instalación de Archivo Natural Antártico, de Paloma Villalobos, en el Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, 2013. Cortesía de la artista

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Fotografía de Paloma Villalobos, Archivo Natural Antártico, 2013. Cortesía de la artista

Con este proyecto se me viene a la mente la obra Atlas Mnemosyne de Aby Warburg, donde conjuntos aleatorios de imágenes construyen nuevos significados de lecturas, pero también se contrapone por el solo hecho de realizar una selección de imágenes. Háblanos sobre estas ideas que construyes alrededor del archivo y las determinaciones de selección y edición que empleas.

Si, Aby Warburg fue uno de los arquetipos de colección que tuve en mente para realizar la edición y el montaje del material recopilado, creo es inevitable no tenerlo como referencia histórica, pues modifica la forma de comprender las imágenes, y precisamente las que habitan y se configuran unas junto a otras. Me interesaba el sentido con que Warbug coleccionaba sus imágenes, entendiendo que los artistas recolectan fragmentos del mundo, trozos aleatorios que se encuentran fuera de las clasificaciones habituales, aspectos inadvertidos que establecen nuevas maneras de mirarnos, de observar el mundo y de conocer quiénes somos. Por lo mismo, la idea de capturar “lo inadvertido” desde el acontecimiento fue el motor de búsqueda en la selección de fotos durante las entrevistas en la Antártica, haciendo mis registros allá, y después cuando edité el material para esta muestra.

En 2011 se presentó en Madrid la exposición Atlas ¿Cómo llevar el mundo a cuestas?, curada por Didi-Huberman y que se arma en torno a conceptos de Warburg. Muchos de los trabajos seleccionados se vinculaban al significado de obra en proceso, y esa idea está presente en mi trabajo: entender la creación como un proceso en permanente construcción y desarrollo, no como un objeto acabado que presencia su final cuando se inaugura. Archivo Natural Antártico fue concebido desde ahí, como una investigación móvil, permeable, que comparte y se deja influenciar por los imaginarios ajenos. Por lo mismo, también sería posible armar nuevas lecturas y disposiciones en la sala de las imágenes, mas aún, pensando que el archivo original reúne miles de tomas que tengo guardadas.

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Vista de instalación de Archivo Natural Antártico, de Paloma Villalobos, en el Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, 2013. Cortesía de la artista

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Fotografía de Paloma Villalobos, Archivo Natural Antártico, 2013. Cortesía de la artista

También podríamos hablar del sentido de eneagrama, término que acuña Aby Warburg para referirse a los símbolos visuales que quedan archivados en la memoria de cada cultura, y como bien señalas, existe una imagen cristalizada de este paisaje, alejado de toda realidad, imposible de experimentar. Diríamos que existe una memoria congelada de este paisaje, permeable solo a círculos muy cerrados como el militar y el turístico clase A. Desde esta perspectiva en la construcción y deconstrucción del relato visual que realizas, ¿qué relación estableces entre esta memoria y experiencia? ¿Cómo la trasladas al espacio museal del Bellas Artes?

En la noción de archivo que emplea Warbug aparece una mirada antropológica de establecer una memoria visual del territorio, el archivo es un banco de información que reúne sucesos estéticos o no, imaginarios aleatorios que se relacionan entre sí, que establecen un mapa de experiencias a partir de localizaciones visuales simbólicas. En este sentido, Archivo Natural Antártico se construye desde la visualización de un territorio sublimado culturalmente, que se acerca al público desde la imposibilidad, desde la imaginación. Hablaba con Valentina Montero que la Antártica es en sí misma un continente imaginado, que debido al escaso acceso se han creado fantasías de cómo es vivir ahí, de cómo es su naturaleza, de qué pasa. Para dar respuestas a esos misterios, en el trabajo me alejo en ciertos aspectos del imaginario icónico antártico que vemos en postales o en fotografías de calendario, para construir nuevas rutas de pensamiento entre documento, ficción, acontecimiento y simbolismo.

Me parecía importante que más allá de cuestionarme las fronteras del medio, incorporando las imágenes de otros, el sentido general de la edición se mantuviera en la temática del paisaje entendido como un ejercicio que reflejara lo que le acontece al ser humano, sin que él aparezca retratado. Ya me han preguntado por qué no hay personas en las fotos, y yo respondo que las personas están presentes, mediante rastros, detalles, restos, ruinas; entonces el trabajo se preguntaría si es posible construir relatos de experiencia -o una memoria- a partir también de signos efímeros o a partir simplemente de la luz solar. Todos estos signos eran efectos del clima polar, que es quien gobierna el territorio, genera la adversidad y afecta toda decisión.

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Fotografía de Paloma Villalobos, Archivo Natural Antártico, 2013. Cortesía de la artista

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Fotografía de Alex González, Archivo Natural Antártico, 2013. Cortesía: paloma Villalobos

En el texto de entrada, escrito por ti, aludes a tres episodios acontecidos en el extremo sur, y que están fuertemente relacionados a la idea que investigas sobre un paisaje accidentado y frágil. Pero esta vez, contrariamente a lo que venias trabajando, las historias no son ficciones, son historias reales, o mejor dicho,  son historias que mantienen una cualidad documental. ¿Qué importancia entonces mantienes en este proyecto, en un espacio de “realidad”, tu relación con una fotografía e historias de cualidad documental?

Sí, como te contaba antes, con este proyecto se dio el momento justo para trabajar con imágenes de otros; también percibo que fue la instancia para abrir el campo exploratorio yendo más allá de los registros escenográficos de un estudio fabricado, pudiendo relacionarme con el modelo en vivo, en directo, y desde ahí encontrar el artificio. Hay un eje temático que detecto muy claro en mis proyectos, y es trabajar en torno a paisajes atormentados por el clima, afectados por una geografía que condiciona; hay una relación con nuestro paisaje chileno único y diverso, por esta masa oceánica extensa, por el viento que azota constantemente, por la cordillera y la nieve, por vivir en un territorio de impactos telúricos, una serie de rasgos que nos hace tan particulares. Creo que desde ahí nacen las temáticas que he venido trabajando, como el accidente, el error, la pérdida, la fragilidad, lo que subsiste, lo que se desvanece y se transforma. Me parece que para poder “vernos” el registro documental no es suficiente, se necesita una mirada ficticia, que nos indique que para entender la realidad hay que alejarse de ella. En ese sentido, Archivo Natural Antártico deambula entre ambos campos de conocimiento: se acoge en el documento pero para salirse de la realidad y establecer trayectos de pensamiento entre imágenes que, como explico en el texto, intentan aproximarse a una comprensión transversal de nuestro mundo, desde lo heterogéneo, resignificando momentos absolutamente efímeros junto a otros muy concretos, como por ejemplo ese dúo de fotos verticales que vemos allí, donde aparece en una foto unos imperceptibles brillos del océano antártico (que registré desde el Buque Lautaro), junto a otra foto que muestra dos gigantes témpanos (tomados en Base O´Higgins); ese dúo, un modelo abstracto versus otro figurativo, abre la posibilidad de resignificar nuestra mirada y entender que en nosotros habitan ambos espacios.

Por eso mismo escribí esas tres historias, relativas a tres aconteceres antárticos que presencié y que quería contar, porque en ellas y sus imágenes se presenta esa dualidad de la que te hablo, el documento y la ficción, lo abstracto y lo figurativo, la belleza y la tragedia, la fragilidad y el accidente: imaginarios donde algo ocurre y donde no sucede nada. Temas que también bordean asuntos de investigación relativos a las ciencias.

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Fotografía de Paloma Villalobos, Archivo Natural Antártico, 2013. Cortesía de la artista

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Fotografía de Dirk Schories, Archivo Natural Antártico, 2013. Cortesía: Paloma Villalobos

La fotografía no es de uso solamente “artístico”… incluso en apariencia, este archivo podría estar instalado en un museo de ciencia…

Si, de hecho las tres historias y sus imágenes están relacionadas con aspectos científicos, de estrategia militar y de cómo el clima gélido domina el accionar humano y el ecosistema: un accidente en pleno glaciar, un naufragio debido al congelamiento y especies submarinas que evolucionan y a la vez desaparecen. Fue interesante poder estar ahí mismo, donde ocurrían estas historias, porque por ejemplo, yo recordaba y había archivado imágenes de prensa del caso del yate brasileño que vemos en las fotos, y que vivía bajo las costas de Bahía Fildes, y justo estando allá me tocó asistir a su reflote y rescate, lo cuál también fue un suceso en Isla Rey Jorge, pues colaboraban distintos países (los rusos especialmente). Luego, también recordaba el accidente del 2005 en el glaciar cercano a Base O´Higgins, donde militares, por salirse de la ruta en faena, caen por una profunda grieta glaciar. Nosotros estuvimos cercanos a ese sector donde ocurrió el accidente, el militar-geo que estaba a cargo de nuestras salidas nos mencionó ese hecho; por eso me interesó detenerme en las banderolas rojas que señalaban el trayecto por donde los militares debían transitar, intentando hablar de esa fragilidad de un objeto y su grado de trascendencia en el proceder de alguien, y preguntándome desde un análisis un poco más ético, cómo un objeto tan precario puede en esta naturaleza hostil determinar la vida o la muerte. Y bueno, nosotros experimentamos el encierro que se produce en la base cuando hay una tormenta que te impide salir de la isla; ahí logras sentir que en ese continente todo fuga hacia la incertidumbre.

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Fotografía de Lorenzo Morales, Archivo Natural Antártico, 2013. Cortesía: Paloma Villalobos

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Fotografía de Paloma Villalobos, Archivo Natural Antártico, 2013. Cortesía de la artista

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Fotografía de Alex González, Archivo Natural Antártico, 2013. Cortesía: Paloma Villalobos

Se percibe en la totalidad de tu obra una homogeneidad en la tonalidad, y lo señalo dado su carácter colectivo. A simple vista, no se percibe diferencia tecnológica en la captura de las imágenes ni tampoco mayores contrastes entre una u otra: todas podrían ser creación de un solo autor. ¿Esto es un propósito o es una casualidad?

Es a propósito. El objetivo de la edición final para el Museo era que las imágenes impresas variaran de tamaños pero que mantuvieran un aspecto homogéneo, casi como si un mismo ojo las hubiera hecho. Es un archivo que no presenta transformaciones digitales del modelo (no hay invención de información); el conjunto final está trabajado cromáticamente para que los distintos elementos naturales mantengan fidelidad con el territorio, especialmente por la cantidad de blancos -nieve, hielos milenarios, glaciares, témpanos, etc.- y por la cantidad de archivos de distintas calidades que me entregaron. Fue también trabajo de laboratorio, para que los tonos no quedaran saturados ni muy bajos. El aspecto de homogeneizar ayudaba también para neutralizar la autoría, porque si bien casi el 50% son fotos mías, hay 10 autores más (se puede ver en el mapa de la sala).

En los visionados con los habitantes escogí fotografías que ellos no hubiesen retocado ni manipulado, entregándome las capturas originales, y a la vez que no tuviesen dominio técnico en toma, como por ejemplo uso de flash dirigido, barridos, larga exposición, etc. Los únicos posibles “efectos” que incluí fueron las fallas de exposición que los mismos autores realizaban en búsqueda de una foto correcta. Podemos ver por ejemplo imágenes muy oscuras o muy iluminadas (como aquellos hielos negros en oscuridad), que son producto del bracketing, o por ejemplo aquellas (horizontes de nieve en atardecer) de flash “mal” dirigido. En el proceso de búsqueda de autores, los mismos lugareños me iban dateando quiénes eran mejores fotógrafos y le dedicaban más tiempo, o les gustaba más. Ahí me encontré con dos excelentes fotógrafos, Alex González y Lorenzo Morales, quienes participan del archivo con varias fotografías cada uno. Las imágenes datan del 2011, 2012 y 2013.

También es a propósito que las fotografías estén pegadas directas al muro. Esto ya me lo han preguntado bastante, y el sentido que yo le veo a este montaje es proponer un archivo con rasgos estéticos de archivo, con rasgos de investigación al muro, simulando aquellas puestas fotográficas donde el contenido de la imagen está por sobre su presencia objetual, por sobre la obra acabada como te mencionaba antes, y donde el material-papel está expuesto para ser analizado. No me funcionaba una colección de fotos enmarcadas finamente, como ya lo he hecho en otros montajes; quería ver la imagen a la intemperie, defendiéndose en la pared cruda y precariamente.

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Fotografía de Paloma Villalobos, Archivo Natural Antártico, 2013. Cortesía de la artista

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Fotografía de Lorenzo Morales, Archivo Natural Antártico, 2013. Cortesía: Paloma Villalobos

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Fotografía de Paloma Villalobos, Archivo Natural Antártico, 2013. Cortesía de la artista

¿Podríamos situar Archivo Natural Antártico a algún contexto de la post-fotografía que expresa Fontcuberta?

Si y no se podría entender, porque desarticula la idea de autor al relacionar imágenes de otros con mi propia obra; esta operación podría vincularse con el concepto post-fotográfico, que manifiesta que con la proliferación de imágenes en la actualidad es posible crear apropiándose del registro de otros, por lo tanto el fotógrafo y su labor se pone en cuestión; “compartir es mejor que poseer”, dice Fontcuberta, y desde ahí si hay relación. Sin embargo, creo que es un término referido más bien a un fenómeno tecnológico virtual, internet, su circulación y exceso de imágenes, y por lo tanto a la falta de experiencia; y este trabajo creo que está elaborado desde la experiencia, incluso puede ser contrariamente algo más “romántico” y por lo tanto tradicional, porque las imágenes apelan a que los autores estuvimos en el momento justo y preciso, en un instante irrepetible, en un escenario único que segundo a segundo va cambiando por el clima y que finalmente presenta un contenido de imagen, por sobre su circulación.

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Mane Adaro

Curadora independiente. Actualmente realiza el Magíster en Estudios de la Imagen de la Universidad Alberto Hurtado, Chile. Es Directora de Revista Atlas. Autora del proyecto seminario internacional y publicación "Violencia política y de género en Latinoamérica: representaciones críticas desde el arte y la fotografía" (2015).