Dateline, Brooklyn, octubre de 2012. La exposición Juan Downey: El Arquitecto Invisible se inauguró en el Museo de Arte del Bronx en febrero de este año, un indicador apropiado para esta exposición más modesta. La primera retrospectiva en Norteamérica de la obra de este artista pionero de Chile, el conjunto ecléctico de dibujos, videos e instalaciones performativas desde los 70 hasta los 90 exhibidos en el museo sirvieron no sólo para alentar la reflexión crítica sobre los mecanismos de la percepción y el yo -la particular fortaleza fenomenológica y multicultural de Downey-, sino también para marcar un hito específico para el arte contemporáneo chileno. Sin duda, este evento constituye un AC y DC en la historia del arte actual para los artistas chilenos que viven en Chile y en el extranjero.

Basándose en los avances tecnológicos en video y grabación de audio y un continuo interés en los rituales de las diversas culturas indígenas de América Latina, Downey (que murió de cáncer en 1993) ideó un concepto que llegó a llamar «arquitecturas invisibles.» Idea flexible y mistagógica con la que reconsideró las conexiones entre sociedad, historia, geografía e información, la estética despreocupada y «hippie-tecnológica» de Downey sin duda pone el dedo en la llaga en los tiempos actuales. Si, como sugirió recientemente un particularmente astuto crítico de arte del New York Times, el radicalismo artístico de los años 60 y principios de los 70 ha sido en gran parte saneado de la historia del arte mundial, también se deduce que los artistas emergentes -jóvenes y viejos- mirarán más allá del canon convencional para inspirarse en estos tiempos de crisis.

Este es el caso de los seis artistas de esta exposición, quienes emigraron voluntariamente de Chile. Como artistas migrantes sumamente globales que trabajan en Nueva York en la segunda década del siglo XXI, son de los pocos productores culturales mejor preparados para asumir el reto de hacer visibles las conexiones previamente invisibles entre el arte global, sus respectivas sociedades y un mundo cada vez más frágil y discutible.

Trabajando en la intersección entre una sociedad en desarrollo con ambiciones todavía no articuladas con respecto a la cultura visual (su natal Chile) y una cultura visual más potente en un período de evidente declive (su adoptivo EEUU), estos artistas y otros como ellos representan la inmanente posibilidad que tiene el arte para hacer físico el espíritu obstinado, a veces difícil de alcanzar, pero resueltamente expresivo de la época.

Los artistas Francisca Benítez, Ernesto Burgos, Pablo Jansana, Cristóbal Lehyt, Rodrigo Lobos y Andrea Wolf ejemplifican los enfoques experimentales de Downey, cada uno a su manera. Figuras heterodoxas comprometidas con una visión del arte no instrumentalizada y activamente innovadora, estos artistas muestran aproximaciones a la manera de hacer y exhibir arte que amplían las convencionales prácticas de taller y de las galerías. Sus ejemplos juveniles aportan de manera significativa al campo y la relevancia de la creación artística actual.

Cristóbal Lehyt, Dibujos, 2012, carboncillo a muro, dimensiones variables

Cristóbal Lehyt, Dibujos, 2012, carboncillo a muro, dimensiones variables

 

Cristóbal Lehyt, por ejemplo, crea Drama Projections -o dibujos- mientras está en un estado «intermedio» o «de trance», transfiriendo estas comunicaciones -a menudo de gran escala- directamente sobre las paredes de los espacios expositivos (esta obra del artista sigue el linaje directo de Downey).

Rodrigo Lobos realiza trabajos horizontales que recuerdan superficialmente al Art Brut o las pinturas del informalismo, aunque ocultan un complejo conjunto de prácticas naturales que implican la creación de cristales reales y, acumulativamente hablando, topografías de superficies encontradas (que, a su vez, llevan a la pregunta: ¿son estas capas de residuos metáforas de una asediada práctica secular?)

Las psicogeografías de Francisca Benítez investigan lo que ella ha llamado «espacios de disidencia» dentro de la trama urbana aparentemente plácida de ciudades como Londres y Nueva York (su frottage de un elemento de diseño situado en la entrada del edificio de ITT, en Manhattan, le recuerda a los espectadores el rol que jugó esta multinacional en la caída del gobierno de Salvador Allende en Chile).

Ernesto Burgos, Untitled, 2012, fibra de vidrio, pintura, pegamento para madera, papel, 40,6 x 33 x 28 cms

Ernesto Burgos, Untitled, 2012, fibra de vidrio, pintura, pegamento para madera, papel, 40,6 x 33 x 28 cms

 

Ernesto Burgos da vuelco, literalmente, a materiales cotidianos como colchones o sofás de época para convertirlos en material para sus esculturas totémicas (sus objetos encontrados efectivamente simbolizan la revuelta violenta inquietamente contenida en la vida normal).

Los escenarios y proyecciones de «video de bolsillo» de Andrea Wolf crean escenarios íntimos a través de los cuales los espectadores pueden recordar y examinar, con imaginación y empatía, sus propios recuerdos (su uso de películas en formato Super 8, caseras y anónimas, dan pistas de un realismo ampliado inherente al uso actual del material encontrado).

Pablo Jansana, Munich Circle, 2012, Epson Ultra Chrome PRO 4880, MDF,

Pablo Jansana, Munich Circle, 2012, Epson Ultra Chrome PRO 4880, MDF,

 

Y, por último, las exploraciones históricas de Pablo Jansana de las brechas -a menudo aburridas- existentes entre la tradición y la ideología lo llevan a nuevos métodos situacionales para el establecimiento de relaciones novedosas entre forma y contenido (al tiempo que articula, en su caso, un tipo de ética sobre la utilización del collage como medio).

Mientras que un interlocutor describió la idea de la arquitectura invisible de Downey como la «intersección de las investigaciones metafísica y topológica entre las sociedades y su medio ambiente» (la definición del propio Downey en 1973 resultó ir mucho más lejos: «una actitud de comunicación total dentro de la cual mentes ultra-desarrolladas serán telepáticamente celulares a un conjunto electromagnético»), las metodologías de estos seis artistas anclan productivamente su trabajo en el aquí y el ahora. Figuras culturalmente en sintonía que explotan su posición cada vez más híbrida, buscan problematizar no sólo sus medios respectivos (lo que, en sí mismo, es un signo de sofisticación tremenda para artistas de cualquier generación), sino también sus propias capacidades para interpretar nuestra sociedad cada vez más globalizada. Artistas críticos para un siglo XXI narcisista, errático y altamente indeterminado, su trabajo señala el camino a seguir hacia definiciones culturales y artísticas que parecen cada vez más necesarias y urgentes.

Arquitectos visibles: Nuevo arte chileno en una encrucijada global

Embajada de Chile en Washington DC

Hasta el 31 de marzo de 2013

Seis artistas chilenos que residen en Nueva York: Francisca Benítez – Ernesto Burgos – Pablo Jansana – Cristóbal Lehyt – Rodrigo Lobos – Andrea Wolf

Comisariada por Christian Viveros-Fauné

 

Francisca Benítez, Open Composition in Steel, 2011, objeto encontrado intervenido, 2,4 x 2,4 mts. aprox.

Francisca Benítez, Open Composition in Steel, 2011, objeto encontrado intervenido, 2,4 x 2,4 mts. aprox.

 

Visible Architects: New Chilean Art at a Global Crossroads

By Christian Viveros-Fauné

Dateline, Brooklyn, October, 2012. The exhibition “Juan Downey: The Invisible Architect” opened at the Bronx Museum of the Arts in February of this year—a fitting signpost for this more modest exhibition. The first North American retrospective of this pioneering Chilean artist’s work, the eclectic assemblage of drawings, videos and performative installations from the 1970s to the 1990s on view at the museum served not only to encourage critical reflection on the mechanics of perception and the self—Downey’s particular phenomenological and multicultural strength—but also to mark a specific watershed for Chilean contemporary art. No doubt, this event constitutes a present-day art historical BC and AD for Chilean artists living in Chile and abroad.

Drawing on technological advances in video and audio recording and Downey’s ongoing interest in the rituals of various Latin American native cultures, the late artist (he died of cancer in 1993) devised a concept that he came to call “invisible architectures.” A flexible, mystagogical idea with which he reconsidered connections between society, history, geography and information, Downey’s freewheeling, techie-hippie aesthetics undoubtedly finger something of a raw nerve today. If, as one particularly astute New York Times arts writer suggested recently, the artistic radicalism of the ’60s and early ’70s has been largely sanitized from global art history, it also follows that emerging artists young and old will look beyond the conventional canon for inspiration during times of crisis.

Andrea Wolf, Little Memories Series, 2011, técnica mixta y proyecciones de video

Andrea Wolf, Little Memories Series, 2011, técnica mixta y proyecciones de video

 

This is the case of the six willingly displaced Chilean artists in this exhibition. As supremely global migrant artists working in New York in the second decade of the 21st century, there are few cultural producers better prepared to take up the challenge of making visible the previously invisible connections between global art, their respective societies and the increasingly fragile and contentious world at large. Working at the juncture of a developing society with as yet unarticulated ambitions with respect to visual culture (their native Chile) and a more powerful visual culture in a period of clear decline (their adoptive U.S.), these artists and others like them represent the immanent possibilities of art to make actually physical the stubborn, sometimes elusive, but resolutely expressive spirit of the age.

The artists Francisca Benítez, Ernesto Burgos, Pablo Jansana, Cristóbal Lehyt, Rodrigo Lobos and Andrea Wolf each exemplify the experimental approaches taken by Downey in their own highly individual ways. Unorthodox figures committed to a non-instrumentalized, actively innovative vision of art, they all display approaches to art making and its exhibition that expand the usual conventional studio and gallery practices. Their youthful examples significantly grow the field and relevance of art making today.

Lehyt, for example, creates “Drama Projections” or drawings, while in an “in-between” or “trance-like state” and transfers these often large-scale communications directly onto the walls of exhibition spaces (this artist’s work most follows in the direct lineage of Downey). Rodrigo Lobos makes horizontal works that superficially resemble Art Brut or informel paintings, yet hide a complex set of natural practices that involve the creation of actual crystals and, cumulatively speaking, topographies on found surfaces (which, in turn, begs the question: are these waste-lands metaphors for an embattled age-old practice?). Francisca Benitez’s psychogeographies investigate what she has called “sites of dissent” within the seemingly placid urban fabric of cities like London and New York (her frottage of a design element from the entrance of the ITT building in Manhattan reminds viewers of the role this multinational played in bringing down the government of Salvador Allende in Chile).

Ernesto Burgos literally upends everyday materials like mattresses or vintage couches to turn into material for his totemic sculptures (his found and distressed objects effectively symbolize the violent riot uneasily contained within normal life). Andrea Wolf’s pocket video projections and sets create intimate scenarios via which viewers can imaginatively recall and examine their own empathetic memories (her use of anonymous super 8 home movies hints at an expanded realism inherent in today’s use of found material). And finally, Pablo Jansana’s historical explorations of the often yawning gaps existing between tradition and ideology lead him to novel, situational methods for establishing newfangled relations between form and content (while making, in his case, something of an ethics from the use of collage as a medium).

While one interlocutor described Downey’s idea of invisible architecture as the “intersection of metaphysics and topological investigations between societies and their environments” (Downey’s own 1973 definition proved way more far out: “an attitude of total communication within which ultra-developed minds will be telepathically cellular to an electromagnetic whole”), the methodologies of these six artists productively grounds their work very much in the here and now. Culturally attuned figures that exploit their increasingly hybridized position, they look to further problematize not just their respective mediums (itself a sign of tremendous sophistication for artists of any generation) but also their own abilities to interpret our increasingly globalized society. Critical artists for a narcissistic, erratic and highly indeterminate 21st century, their work points the way forward toward cultural and artistic definitions that appear increasingly necessary and urgent.

 

Visible Architects: New Chilean Art at a Global Crossroads
Embassy of Chile, Washington DC
Until March 31, 2013
Six Chilean artists living in New York: Francisca Benítez – Ernesto Burgos – Pablo Jansana – Cristóbal Lehyt -Rodrigo Lobos – Andrea Wolf

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Christian Viveros-Fauné

Escritor y curador chileno afincado en Nueva York. Ha sido marchante de arte y director de feria de arte. Fue galardonado con la Beca Creative Capital/Warhol Foundation en 2010, nombrado crítico en residencia en el Museo del Bronx (Nueva York) en 2011 y ha sido profesor en la Universidad de Yale, Pratt University y la Academia Gerrit Rietveld de Holanda. Es colaborador habitual en The Village Voice, ArtReview y Sotheby's, y ha organizado exposiciones en galerías y museos de todo el mundo.

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