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RUMBO A LAS CLÍNICAS DE COLECCIONISMO LATINOAMERICANO

Argentina es un país hermoso. Tiene una tradición en la cultura que hace que los que la habitamos encontremos la forma de catalizar y canalizar una energía constructiva y reparadora para el alma. No tuvimos mucha suerte con nuestros dirigentes, y así y todo continuamos construyendo una realidad comunitaria que nos fortalece. Para mí, el arte salva (pero solo salva a los que quieren ser salvados por el arte). Así es y fue en mi caso personal.

Dentro de este contexto, donde lo sistémico fue destruido desde los 70 con los gobiernos militares y las constantes crisis económicas, la realidad —y sobre todo el medio— quedó con muy poca contención estructural para el arte. Pero más allá de todo contexto, los que lo amamos seguimos buscando formas (no objetuales, sino métodos) de hacer que todo continúe su curso.

No sé qué sería de nuestro arte si nuestros artistas no fueran nuestros héroes. Al no haber mucho sistema hasta principios de los 2000, la legitimación venía de los pares, con experiencia, criterio y mucha sabiduría. Crecimos todos en un contexto desfavorable para el buen vivir, pero favorable a todo lo que el arte nos genera.

Anna Jaramillo y Alejandro Ikonicoff, organizadores de la Clínica de Coleccionismo Federal. Foto cortesía de Alejandro Ikonicoff

Corría el año 2008 y, bajo estas circunstancias —post nuestra famosa crisis económica del 2001—, no había un coleccionismo activo y mucho menos generador de nuevas posibilidades para que la industria cultural progresara.

Quisiera destacar, dentro de este panorama histórico, la labor de coleccionistas referentes de la época como Bruzzone, Gradowscyk, Helf, Londero, Parenti, Werthein, Cambiaso y algunos más. No muchos más, pero todos ellos, de alguna manera, sostenían esa pata de un sistema construido por artistas que le ponían sangre a toda esa construcción.

Tampoco había muchas galerías contemporáneas. Destaco siempre a nuestro referente galerístico de la época —y hasta el día de hoy—, la Galería Benzacar, secundada por proyectos underground de una época y un país casi destruidos (post 2001), pero con un deseo enorme de ser o recuperar esa calidad de vida cultural que nos representaba.

Mi forma de coleccionar no fue pasiva ni mucho menos convencional. Mi búsqueda personal se basaba en la producción: me interesaba poder ser parte de la construcción simbólica, y encontré, por medio de esta modalidad (que continúo hoy en día), desarrollar mi devenir.

Corría el principio de siglo y yo, con mis recursos económicos limitados, estaba encontrando la forma de involucrarme con el arte.

El arte hizo que me cruzara con gente maravillosa que dedicó su tiempo para que pudiera aprender a ver y sentir el arte. Siempre artistas. Mi agradecimiento eterno a esos amigos que la vida me dio.

Este método de producción funcionó hasta un determinado momento, cuando todo era underground y emergente, con una vibración muy única. La generación de artistas argentinos post 2000 se estaba constituyendo profesionalmente, ya con características estéticas y teóricas que, hoy, siguen marcando lenguajes que las nuevas generaciones toman como referencia identitaria para sus propias producciones.

El coleccionista argentino Juan Cambiaso en Clínica de Coleccionismo Federal. Foto cortesía de Alejandro Ikonicoff

Ya corría más de la mitad de la década y, mirando alrededor, comencé a notar dos cosas: la primera, que mis recursos limitados ya no generaban las condiciones que mis congéneres necesitaban; y la segunda, que el sistema progresaba, pero no aparecían nuevos actores dentro del coleccionismo vernáculo.

Pensé alternativas para seguir. Pensé en ver artistas nuevos, más que emergentes, en donde poder continuar mi carrera de producción a cambio de obra. Con el paso del tiempo, se vuelve difícil regresar a esos trabajos en estado iniciático y sentirme involucrado de la misma manera que entonces, cuando aprendí de Belleza y Felicidad —la galería emblemática de los años 2000 donde inicié mi propio devenir— y todo parecía abrirse por primera vez.

Al tiempo, se me ocurrió llamar al artista Fabián Burgos, que daba clínicas de obra de renombre, para ver si podía asistir a sus encuentros y reconectar con ese ejercicio de mirar de nuevo lo emergente. Fui un tiempo corto, pero me sirvió para entender que solo se construye, en el arte, con educación. Y así tomé el formato de clínica para artistas, reversionándolo en un esquema que pudiera —desde algunos conceptos un tanto arbitrarios— ayudar a construir herramientas para nuevos actores dentro de este mundo increíble que es el coleccionismo.

Al no encontrar siquiera algún heredero del formato, comencé a pensar alternativas para encontrar a esos actores desconocidos que sabía que existían, pero que no conocía. Pasado esto, ante el fracaso de la búsqueda, se me ocurrió la idea de armar un programa de un día para reunir comunitariamente a personas interesadas en participar desde este lugar del arte, que no contaran con conexiones o contactos para empezar a relacionarse con el medio.

Hablé con mi tía Judith Ikonicoff, una de las más renombradas coach del mundo corporativo, y me dio ciertas pautas para tener en cuenta al momento de armar este tipo de proyecto, que ahora paso a contar: consiste en un schedule de charlas y ciertos parámetros de workshop. Se convocan nueve oradores que dan charlas de un máximo de doce minutos, un host que presenta y hace una síntesis de la oratoria que pasó, más la presentación del próximo orador, y otras características más que luego detallo.

Clínica de Coleccionismo Federal celebrada en el Parque de la Memoria, Buenos Aires, 2011. Foto cortesía de Alejandro Ikonicoff

Mientras tanto, volvamos a la historia… Corría el año 2008 y justo el curador argentino Javier Villa me convoca para hacer una nota en el diario La Nación. En ese momento le comento que tenía esta idea de hacer las clínicas para coleccionistas y si existía la posibilidad de incluirla en la nota. Así lo hicimos.

En un momento me consulta quién avalaba el proyecto, y le comenté que podría hablar con los amigos de arteBA (feria y evento de arte más importante de Argentina) para ver qué decían.

Ellos, como siempre, dispuestos a hacer que todo progrese, me ayudaron con el proyecto, dándonos el aval que tanta falta nos hacía —y hace—. Era un proyecto privado, y si no hubiéramos tenido su legitimación, todo hubiese sido más complejo.

En ese momento éramos no más de 10 o 12 coleccionistas de arte contemporáneo en Argentina, y al salir la nota del diario recibí, ese mismo sábado, 26 mails de personas interesadas. La emoción fue total.

A la semana siguiente ya armamos equipo con mi socia Anna Jaramillo, con la colaboración enorme de Gabriel Werthein, Luis y Dominique Parenti, y conseguimos fecha para el 13 de diciembre de ese mismo año, en el Museo Malba, al que terminaron asistiendo 76 personas.

Luego hicimos 2009 en el Centro Borges, 2010 en Bubble Studios (donde fueron 140 personas) y, al finalizar esa edición, les propuse a arteBA si podían acompañarnos a las provincias del interior del país en busca de más actores a nivel nacional. Así lo hicimos: 2010/2011 en Salta, Rosario y Mendoza; 2010-2015 en Córdoba. Siempre con la colaboración de coleccionistas locales, que de manera desinteresada construimos un puente ya a nivel nacional.

En 2011 regresamos a Buenos Aires, al Parque de la Memoria, y retomamos en 2019 en Colección Amalita. En 2020 tuvimos que cancelar la edición por la pandemia y volvimos con otro impuso en 2024 en la Colección Amalita, ya con el apoyo —y eterno agradecimiento— a la Fundación Ama Amoedo, en un gesto de altruismo y apoyo a la cultura, como lo hacen cada vez que pueden.

Ama Amoedo en la Clínica de Coleccionismo Federal, Colección Fortabat, 2024. Foto cortesía de Alejandro Ikonicoff

El proyecto es ad honorem y está apuntado a personas interesadas en armar una colección de arte o involucrarse en la compra activa de obras (para poder ingresar hay que responder un formulario de preguntas divertidas). Son nueve oradores, que deben estar en diferentes procesos de sus colecciones: uno legitimado, uno en carrera media de armado de su colección y un tercero recién comenzando; otros de provincias de Argentina y algunos actores intelectuales que aportan contenido teórico al evento.

Por lo general, para el cierre se arma una mesa de debate sobre un tema específico. Se realiza un sábado, desde las 10 a.m. hasta el almuerzo de cierre, en algún ente legitimador —siempre preferentemente un museo—, con la condición innegociable de que no está permitido el ingreso a artistas, curadores, dealers o galeristas. (Esta es una condición caprichosa que busca que todos los concurrentes estén en el evento libres de influencias o información que perjudique la posibilidad de tomar herramientas honestas y desinteresadas de otros pares convocados).

Otra regla: la horizontalidad. Es tan importante el orador como el escucha. No hay preguntas posts-oratorias, ya que hay dos breaks en el evento, y lo importante es el armado de comunidad y que se relacionen compartiendo experiencias en charlas particulares, favoreciendo el diálogo y los vínculos desde eso que nos une: la pasión por el arte.

La idea principal del proyecto es que el escucha pueda obtener herramientas desde la ejemplificación, para poder aplicarlas a su propio devenir en un ámbito de resguardo y cuidado entre pares, con fines comunes, y donde el único interés real es encontrar nuevos actores para una industria cultural incipiente, que precisa de una participación activa mucho mayor de la que contamos.

Pero, como decía al principio: es la búsqueda de todo un medio que ama el arte y solo busca su evolución y crecimiento.

El curador brasileño Nei Vargas en la Clínica de Coleccionismo Federal, Colección Fortabat, 2024. Foto cortesía de Alejandro Ikonicoff

Cuento esto porque una de las características que le dimos al proyecto es que sea de libre reproducción en cualquier lugar de Latinoamérica, donde estén dadas las condiciones y los parámetros establecidos por las normas del proyecto, para colaborar en la construcción de un cuerpo de coleccionistas que pueda, de alguna manera, generar un nuevo paradigma dentro del arte y la industria cultural latinoamericana, sobre todo de cara al resto del mundo.

En el 2019 conformamos un board de coleccionistas comprometidos (me gusta llamarnos así a este tipo de coleccionismo activo que se involucra con el medio de manera pasional y comunitaria) y amigos del alma de ruta. Ellos son Luciana Paglia, Marcos Giampagni, Alejandro Londero y, el faro que nos guía, el gran Juan Cambiaso, en este camino de búsqueda de placer, pasión e intelecto… eso que nos hace seres comprometidos con algo que nos llena el alma.

Estamos armando la próxima edición para aproximadamente entre abril y mayo de 2026. Ya contamos con el compromiso de asistencia de varios actores de Brasil y del resto de Argentina.

Esperemos que esta nota vuelva a generar ese interés, como la nota del diario de 2008, pero ya para un nuevo territorio que nos une: el sueño ambicioso de ser una región unida, con identidad y conceptos comunes, pujante desde un coleccionismo comprometido, para hacer una Latinoamérica, como todos soñamos, enorme, llena de arte para todos.

Los esperamos con gusto para la próxima edición. Dejo el mail de contacto y el de la Clínica de Coleccionismo Federal. Los esperamos en Argentina para hacerlos sentir como merecen y poder ponerle un nuevo nombre al proyecto:

CLÍNICAS DE COLECCIONISMO LATINOAMERICANO

¡Ufff! Suena tan hermoso.

[email protected]

próximamente

CLÍNICA DE COLECIONISMO DO PARÁ
22 de noviembre de 2025, 10 am – 1 pm.
Memorial AP, Pará, Brasil

Invitado especial: Alejandro Ikonicoff
Oradores: Jorge Alex Athias | Pedro Bentes Pinheiro Filho | Eduardo Vasconcelos | Camilla Portella | Milton Kanashiro | Livia Condurú | Thiago Lima
Comentarios críticos: Antonio Araújo de Oliveira Jr.

Alejandro Ikonicoff

Buenos Aires, 1969. Empresario textil, coleccionista y productor de artes visuales. Produjo exposiciones en las galerías Belleza y Felicidad (2001–2007) y Appetite (2004–2009). Es creador de las Clínicas de Coleccionismo Federal (2008–presente, 12 ediciones) y del Taller Virtual de Coleccionismo Experimental (2014). Junto a Juan Cambiaso, ideó el Premio en Obra de la sección Barrio Joven de la feria arteBA. Ha presentado su colección en Fundación Proa (2013) y en la galería Nora Fisch (2024). Su acervo se centra en artistas argentinos de la generación de los 2000.

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