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VALENTINA INOSTROZA BRAVO: CUERPO DE OBRA / OBRA DE CUERPO

Durante el último año, la artista Valentina Inostroza Bravo (Coyhaique, Chile, 1997) ha estado trabajando, entre otras cosas, en su libro Cuerpo de Obra / Obra de Cuerpo, publicado por la editorial valdiviana Tinta Negra Microeditorial, y cuya edición y curaduría estuve a cargo. El libro se presentó oficialmente en noviembre, en la quinta versión de la feria Tinta Arte Impreso en Santiago, y luego en distintas instancias en Valdivia, Temuco, Osorno y Argentina.

Cuerpo de Obra / Obra de Cuerpo reúne trece proyectos realizados en Valdivia y Santiago entre 2017 y 2024, incluyendo algunos que se mantienen activos en la actualidad. En un ejercicio de relectura de su propia obra, la artista invitó a trece personas a escribir sobre cada uno de estos proyectos: Marcela Hurtado Rubio, Gaspar Vergara Sepúlveda, María Gabriela Guzmán, Kütral Vargas Huaiquimilla, Constanza Alvarado, Luz Condeza, Valentina Serrati, Alejandra Wolff, Midora Sovino, Ignacio Szmulewicz, Martina Pedreros, Elisa Figueroa Leigh, Valeria Vargas Nocetti y Estudio de Campo. Artistas visuales, académicas, curadores, escritoras y performers: voces diversas que comparten alguna historia de cercanía afectiva con la artista y con las obras propuestas. El resultado es un libro polifónico que renuncia deliberadamente a la lógica del catálogo: no se limita a documentar, sino que busca reactivar y resignificar estas acciones en una nueva obra, una obra editorial.

Valentina Inostroza Bravo, Cuerpo de Obra / Obra de Cuerpo. Foto: Fabiola Pontigo

En la práctica artística de Valentina Inostroza, arte y vida forman un continuo. Las preguntas, el imaginario, las urgencias que vemos en su trabajo vienen, en primer lugar, de su esfera más íntima, de sus experiencias y de su memoria individual. Y desde ahí, proyecta, cuestiona, provoca hacia afuera, hacia la esfera colectiva.

Para presentar el libro, la artista abre con el texto “Colección de recuerdos”, un listado de 13 ingredientes necesarios para acercarnos a su propia experiencia, que es su punto de partida. El primero empieza así:

“1. Cuando aún no sabía leer ni
escribir, le dictaba poemas a mi
hermano y él los anotaba; luego
yo los ilustraba, y así se fueron
creando mis primeros fanzines,
en coautoría. Creo que nunca dejé
ir esa metodología: Todavía me
fascina lo que ocurre cuando una
idea pasa por distintas manos.
Cuando algo no es solo mío, sino
que emerge en el con-tacto.[…]”

Así como las vivencias y recuerdos personales construyen su imaginario artístico, su cuerpo se transforma en un archivo de dichas experiencias y percepciones, en geografía y en repositorio. De esta manera, en la memoria autobiográfica y en el cuerpo como territorio simbólico (político y afectivo), la artista encuentra un mismo eje vital desde el cual operar.

Desde una mirada feminista y posdisciplinar, Valentina Inostroza trabaja con naturalidad desde las artes gráficas, la performance, la investigación académica, el activismo y las prácticas editoriales y curatoriales. Se sitúa en una, para luego entrelazarla con otra, soltando la primera para dialogar desde otra perspectiva, y así. Una coreógrafa disciplinar, si se quiere. Es desde ese pulso polirrítmico que se construye este libro, y en el presente texto, propongo algunas claves para entrar en él.

Valentina Inostroza Bravo, Cuerpo de Obra / Obra de Cuerpo. Foto: Fabiola Pontigo

Decisiones editoriales

Hay ciertos puntos de partida que decretamos desde el inicio del proyecto. En primer lugar, este sería un libro colectivo. Parecía una decisión acorde a la práctica de Valentina y resultó lógico pensar en que así fuera. Sobre esta condición me gustaría profundizar más adelante, pues se trata de un aspecto central tanto del libro como de su ejercicio artístico. 

Esto me lleva a una segunda decisión o reflexión del proceso editorial: no nos interesaba producir una monografía ni un catálogo. Lo más coherente era entender la edición como un ejercicio artístico y curatorial. Artístico, porque el libro se concibe como una nueva obra —y no como un soporte de documentación—; curatorial, por las decisiones que determinan su contenido y su guion: la convivencia de distintos estilos de escritura y perspectivas críticas, la importancia del diseño como experiencia de lectura, el formato vertical, la encuadernación en espiral o la presencia de anotaciones manuscritas de la artista. Cada una de estas elecciones incide en el modo en que el libro se activa, subrayando el rol del lector y del objeto editorial como dispositivo.

El proceso material de producción refuerza esta concepción. El proyecto se realizó desde distintas ciudades y fue producido íntegramente en Valdivia, en el taller del Club de Estampa ubicado a orillas del río, donde opera Tinta Negra Microeditorial, una editorial ecofeminista cuyos libros son compostables. La impresión y compaginación —realizadas en risografía— tomaron alrededor de sesenta horas de trabajo y fueron llevadas a cabo por tres mujeres. Estas condiciones no operan como un telón de fondo, sino que forman parte del sentido del libro y de su inscripción en una práctica situada.

Imaginamos la edición como un cuaderno de anotaciones, con un carácter deliberadamente informal, donde se permiten comentarios al margen, variaciones de tono y distintas formas de reflexión. El gesto de hojearlo activa también una experiencia corporal: la tinta de la risografía permanece de forma superficial en el papel, dejando rastros en las manos del lector. La lectura, así, no es solo visual, sino también táctil y residual.

Este ejercicio editorial funciona finalmente como una metodología para cumplir el primer objetivo de la publicación: revisitar las obras elegidas por la artista, no desde una mirada retrospectiva o cerrada, sino como un conjunto abierto, en proceso y susceptible de ser transformado.

Valentina Inostroza Bravo, Cuerpo de Obra / Obra de Cuerpo. Foto: Fabiola Pontigo

La mirada retrospectiva

Resulta importante la perspectiva temporal de este libro. El ejercicio central de esta edición y de sus autoras y autores es el de volver a amasar ideas y acciones que ya se hicieron. Esa mirada retrospectiva da una distancia que es necesaria para la visión panorámica de las cosas y de los discursos. De esta forma, este libro, nuevamente funciona como una metodología para entender la práctica artística de Valentina como un sistema mayor, en donde las obras, ideas y acciones van dialogando entre sí ofreciendo la posibilidad de que aparezcan distintos significados. Otras reflexiones que activan su trabajo, no como una fórmula matemática que llega siempre al mismo resultado, sino como una exploración, como un ejercicio de apertura a nuevas posibilidades. La mirada retrospectiva abre en vez de cerrar, y en este caso nos permite ver el todo como una obra expansiva, como metodología y como práctica.

Valentina Inostroza Bravo, Cuerpo de Obra / Obra de Cuerpo. Foto: Fabiola Pontigo

La colectividad o la teoría de la trenza

Diría que la mayoría de las obras de Valentina Inostroza son proyectos colectivos o colaborativos. Y los que no lo son, en un momento determinado se transforman en uno, porque la recepción es un momento fundamental en su obra: lo que parte como una emoción o idea individual se colectiviza durante su transmisión. Su circulación, es decir, cómo se comparte y con quiénes. Hay una libertad en el gesto desinteresado de soltar, de compartir una autoría, de crear en conjunto con otras personas. Es un trabajo importante con el propio ego, y que, en el mundo artístico —probablemente por lo competitivo que es— es muy raro. Valentina suelta y entrega, en un acto de generosidad, la narrativa y desarrollo de sus obras a personas que vienen a complementar su postura inicial. Y es aquí donde entra el giro afectivo, pero en esto profundizaré en el siguiente punto.

Para pensar en lo colectivo y llevarlo al trabajo editorial, el libro PUBLICAR [1] de la artista publicadora Fernanda Aránguiz, nos sirvió como antecedente e inspiración. Un libro escrito a muchas voces, cuya colectividad es entendida como una unión de diferencias, alejada de la idea de “bloque” homogeneizante. Se trata más bien de un ejercicio colectivo de lectura y luego de escritura, en los cuales se van tejiendo las ideas, recuerdos y experiencias vitales de cada autor/a con los de la artista, generando una trenza espesa.

De alguna forma, es una colectividad muy orgánica, no forzada ni artificial, sino relacional, personas elegidas por la artista en función a sus experiencias afectivas.

Valentina Inostroza Bravo, Cuerpo de Obra / Obra de Cuerpo. Foto: Fabiola Pontigo

El giro afectivo

En estricto rigor, el giro afectivo en el arte contemporáneo se refiere a un cambio de paradigma en el campo del pensamiento crítico. El paso de pensar el arte exclusivamente como representación (lógica) a sumarle la idea del arte como experiencia emocional/corporal. En concreto, se trata de la disposición a afectar y ser afectada, modificada, provocada. Con esto entendemos que, en primer lugar, habla de un fenómeno que por definición implica un movimiento, un antes y un después. Un momento en el que algo o alguien nos conmueve, y luego, nos cambia.

En segundo lugar, se trata de un planteamiento que se centra en la apertura de la experiencia estética, tanto respecto del artista como del espectador. En una dimensión social, la relación afectiva se refiere a la posibilidad de apertura o permeabilidad del individuo hacia su exterior. En dicho estado de vulnerabilidad o conmoción es donde ocurren las modificaciones en los individuos, donde se construyen imaginarios y memorias colectivas.

Cuerpo de Obra contiene muchos momentos de conmoción, que funcionan como hitos, momentos claves cuyo resultado fue una obra, una acción, un texto, una conversación, una relación afectiva. Constatamos así una idea ya señalada: la práctica artística de Valentina parte de sus experiencias vitales, así como el libro parte de esta práctica artística y de sus recuerdos. Las 13 co-autoras y co-autores comparten con la artista una relación que podríamos llamar afectiva más allá de lo puramente profesional, porque como ya señalamos, en el cuerpo de obra de Valentina Inostroza, no es posible separar binomios vida-obra, emoción-razón o, incluso, individuo-colectivo, pues está todo profundamente conectado.

Valentina Inostroza Bravo, Cuerpo de Obra / Obra de Cuerpo. Foto: Fabiola Pontigo

El conjuro

Hay un elemento que recorre el libro que es intangible, pero de alguna manera visible, una suerte de misticismo o espiritualidad, que es también político. Un guiño permanente a hechizos o conjuros llevados a cabo por una o más mujeres. Lo hemos visto en la historia, en la potencia propia del feminismo, particularmente latinoamericano, que desde los años sesenta convertía el discurso patriarcal, en un lenguaje de apropiación y resistencia. Apoderarse del imaginario de la mujer – bruja por ejemplo, y volver a la idea de la sabiduría ancestral, de los ritos colectivos llevados a cabo por mujeres. Poner sobre la mesa la semiótica de la bruja, de la mujer sabia, la perseguida, la que se salía de las normas sociales y era temida, como un elemento de poder simbólico de la mujer que se rebela en la sociedad contemporánea.

Tal como lo hicieron las artistas Maris Bustamante y Mónica Mayer con Polvo de Gallina desde 1983, o como la cocina mágica en Como agua para chocolate (1989) de Laura Esquivel, las preparaciones lentas, las emociones, la rabia, el amor, el acto simbólico, el cuerpo. En Cuerpo de Obra… Valentina Inostroza nos hace parte de sus ritos colectivos, pequeños hechizos llevados a cabo en un escenario, cristalizados en un objeto o en una página, como pequeñas provocaciones. Un activismo basado en pequeños gestos micropolíticos que vienen a incomodar, buscando afectar y modificar un contexto social, artístico o académico.

Cuerpo de Obra / Obra de Cuerpo es un libro que nace desde una lógica profundamente relacional. No es un objeto cerrado ni una recopilación retrospectiva, sino un organismo vivo que se expande a través de múltiples voces, materiales y temporalidades. Así como el cuerpo humano se forma, se altera, se conmueve, y se reconstituye continuamente, este libro se alimenta de dramaturgias, gestos, archivos, recetas, testimonios, ritos colectivos y otros conjuros, que vuelven aquí para seguir su constante transformación.


[1] ARÁNGUIZ, Maria Fernanda. Publicar. Santiago de Chile: 2021

Daniela Hermosilla Zúñiga

Santiago de Chile, 1983. Es Doctora en Historia del Arte y profesora en la Universidad Austral de Chile, donde imparte la asignatura de “Artes Visuales en Chile y América Latina”. Es también aquí donde lleva a cabo su investigación post-doctoral (Fondecyt 2023) sobre revistas independientes de literatura y arte en el sur de Chile. Es investigadora asociada en el grupo de investigación Arte, Globalización, Interculturalidad (AGI) de la facultad de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona. Desde el 2021, es fundadora y directora, junto a Estudio de Campo (Elisita Balbontín, Dominga del Campo) y Jan Vormann, del espacio COMA, en Valdivia, lugar de residencias, talleres y encuentros para la investigación y creación artística e interdisciplinar. Es autora del libro “Revistas de artista. Reflexiones desde su legado documental” (Ed. Metales Pesados, 2023).

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