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EDGAR CALEL: B’ALAB’ÄJ (JAGUAR STONE) [PIEDRA DEL JAGUAR]

En 2022, el artista maya kaqchikel guatemalteco Edgar Calel pintó un óleo de un metro por setenta y cinco punto seis centímetros en el que se observa un fragmento rebatido de tierra, por momentos marrón, por momentos negra, con un círculo imperfecto de rocas de distintos tamaños sobre las que se consume una vela roja. La traducción al español de su título reza: Lugar donde las rodillas se doblan Xukulb´el, en idioma kaqchikel.

En 2023, el germen de esta obra se expande sobre un gran montículo irregular de tierra desplegado en una superficie de doscientos ochenta y un metros cuadrados para darle forma a B’alab’äj (Jaguar Stone) [Piedra del jaguar], la primera exhibición individual del artista fuera de Guatemala, que puede verse desde el 5 de julio hasta el 4 de agosto de 2023 en Sculpture Center, Nueva York.

Edgar Calel, B’alab’äj (Jaguar Stone), 2023. Tierra, rocas, audio, madera tallada, azadas, velas y ofrendas. Dimensiones variables. Comisionada por SculptureCenter, NY, y Hartwig Art Foundation, Amsterdam. Foto: Charles Bento. Cortesía del artista y Proyectos Ultravioleta, Guatemala.

Con una formación académica en artes plásticas, Edgar Calel abarca muchas disciplinas en su obra -pintura, dibujo, instalación y performance- con las que explora constantemente la tensión entre la ontología maya kaqchikel y la identidad guatemalteca. Así desarrolla el agudo pensamiento crítico con el que afronta su papel como artista en el complejo campo del arte contemporáneo actual.

Su presencia en la escena internacional crece exponencialmente –Bienal de Berlín (2020), Carnegie International (2022), Bienal de Gwangju (2023), Bienal de Liverpool (2023), Bienal de São Paulo (2023)–, al compás del creciente interés del Norte global por los artistas indígenas.

Cada vez más, las obras de estos artistas son interpretadas a partir de categorías invariablemente rituales y lejanamente ancestrales que, a su vez, demandan una y otra vez a las comunidades indígenas ser portadoras de un futuro redentor de la ya innegable debacle del llamado Antropoceno, la etiqueta para describir las consecuencias actuales del genocidio y el saqueo de los procesos de colonización en el continente americano.

Edgar Calel, B’alab’äj (Jaguar Stone), 2023. Tierra, rocas, audio, madera tallada, azadas, velas y ofrendas. Dimensiones variables. Comisionada por SculptureCenter, NY, y Hartwig Art Foundation, Amsterdam. Foto: Charles Bento. Cortesía del artista y Proyectos Ultravioleta, Guatemala.

Pareciera que a los diferentes pueblos indígenas, con sus identidades múltiples y sus demandas particulares, se les pide compartir una sabiduría –siempre ancestral– que ofrezca soluciones a problemas impuestos. Esta peligrosa apelación recurrente a conocimientos del pasado o a la “imaginación de nuevos mundos” futuros elude la responsabilidad de mirar de frente el presente y evita el intento de reemplazar la tan positivista necesidad de certeza por un ejercicio no extractivo de escucha.

La obra de Calel escapa de las lecturas antropológicas simplistas y señala los matices de este presente complejo. B’alab’äj (Jaguar Stone) pone en jaque las nociones occidentales de territorio: este no es un paisaje externo al artista, sino aquello de lo que forma parte constitutiva. “El paisaje que me habita”, dirá la socióloga boliviana Silvia Rivera Cusicanqui.

Para Calel, ese paisaje ontológico es Chi Xot: “a las orillas del Comal, o del fuego”, un pueblo de más de 40.000 habitantes en el departamento de Chimaltenango, en las tierras altas del medio oeste de Guatemala, que a fuerza de colonización se conoce en español como San Juan Comalapa.

“¿Dónde queda mi cultura cuando no estoy en ese lugar?”, se pregunta el artista. “Queda en el cuerpo, atravesado por lo que vivimos, y queda en la memoria, donde transformamos la cultura y la reproducimos” (Conversación con Édgar Calel, C&América Latina, 2020).

Edgar Calel, B’alab’äj (Jaguar Stone), 2023. Tierra, rocas, audio, madera tallada, azadas, velas y ofrendas. Dimensiones variables. Comisionada por SculptureCenter, NY, y Hartwig Art Foundation, Amsterdam. Foto: Charles Bento. Cortesía del artista y Proyectos Ultravioleta, Guatemala.
Edgar Calel, B’alab’äj (Jaguar Stone), 2023. Tierra, rocas, audio, madera tallada, azadas, velas y ofrendas. Dimensiones variables. Comisionada por SculptureCenter, NY, y Hartwig Art Foundation, Amsterdam. Foto: Charles Bento. Cortesía del artista y Proyectos Ultravioleta, Guatemala.

Para los qom de las actuales provincias de Chaco, Formosa y Santa Fe, en la Argentina, ciertos componentes de la persona y del cuerpo pueden desprenderse de los límites del contorno corporal. Estas extensiones desterritorializadas –como la sangre o la saliva– existen por fuera del cuerpo y, a su vez, contienen a la persona.

En B’alab’äj (Jaguar Stone), esta forma de desterritorialización opera en la propia materialidad de la instalación, que se vuelve condición de posibilidad y señalamiento del conjunto de lo humano y lo no-humano.

En esta exhibición, Calel organiza meticulosamente el espacio para explorar la potencia expansiva de sus elementos, que ganan fuerza en la escultura como medio expresivo: la tierra, las rocas y el fuego construyen un canal de comunicación, un portal a través del que se intersecan las múltiples realidades que constituyen nuestra existencia.

En la sala principal del SculptureCenter, la obra se despliega materialmente monumental, al mismo tiempo que poderosamente íntima. Como acompañamiento de la peregrinación circular que propone, una grabación encarna materialmente el paisaje sonoro de Chi Xot (Comalapa) y vehiculiza la memoria.

Las palabras “kit-kit”, talladas como ríos por el artista en el perímetro irregular de tierra, evocan el sonido que hacía su abuela “para invocar el espíritu de las aves, para alimentarlos con semillas de maíz” (Interação com el artista guatemalteco Edgar Calel, en Zine Zona da Mata, 2016).

En la obra de Calel, la palabra escrita a mano es la constante en la mayoría de las versiones de Kit kit: por primera vez, como mural pintado con barro, en su casa taller en Comalapa; en la vidriera de la Galería Trama (Brasil, 2014); bordada en un mantel (University of Memphis, 2020), sobre lona en su galería Proyecto Ultravioleta (Ciudad de Guatemala, 2021).

Edgar Calel, B’alab’äj (Jaguar Stone), 2023. Tierra, rocas, audio, madera tallada, azadas, velas y ofrendas. Dimensiones variables. Comisionada por SculptureCenter, NY, y Hartwig Art Foundation, Amsterdam. Foto: Charles Bento. Cortesía del artista y Proyectos Ultravioleta, Guatemala.

La instalación se completa con un grupo de herramientas de trabajo: azadas y machetes de madera que cuelgan sobre una pared blanca en una pequeña sala contigua. “Están descansando”, dice el artista y se ríe.

El humor es una clave de lectura poco explorada de su obra, que tiene aspectos más cercanos al tono incómodamente irónico de los performances de la “sociedad secreta pública” New Red Order (en la actualidad, partícipe de la exhibición colectiva Indian Theatre, curada por Candice Hopkins en el Hessel Museum, Annandale-On-Hudson, Nueva York) que a las explicaciones animistas y perspectivistas que justifican las ontologías no occidentales, al mismo tiempo que muchas veces las esencializan.

Las herramientas descansan del ciclo productivo de la siembra del maíz y de otros cultivos de la zona de Chi Xot (Comalapa), una actividad que es un centro neurálgico de producción de vida y, como muchas otras en la familia de Calel, involucra a todos sus miembros.

Edgar Calel, B’alab’äj (Jaguar Stone), 2023. Tierra, rocas, audio, madera tallada, azadas, velas y ofrendas. Dimensiones variables. Comisionada por SculptureCenter, NY, y Hartwig Art Foundation, Amsterdam. Foto: Charles Bento. Cortesía del artista y Proyectos Ultravioleta, Guatemala.

Una pregunta que arroja B’alab’äj y que está presente en muchas de las obras del artista podría formularse de la siguiente manera: ¿cuánto de la experiencia propia de una tierra puede llegar a otra? La traducción, el movimiento y la comunicación son constantes en su trabajo y en esta instalación logran desplegarse, favorecidas por la materialidad propia de la escultura.

Al recuperar procesos colectivos de producción de sentido ligados al lugar de pertenencia, la exposición reclama la persistencia de un presente que revierte las lógicas neoliberales de concentración económica y de hiperindividualismo, y ofrece la posibilidad de pensar cuál es para unx ese lugar compartido donde se escucha lo que no se puede ver con los ojos.

María Carri

María Carri es curadora, politóloga y educadora de Buenos Aires. Su práctica interdisciplinar se centra en los procesos y en la exploración de nuevas formas de promover el pensamiento crítico y el trabajo colaborativo.

Tiene un máster en Estudios Curatoriales por el Center for Curatorial Studies, Bard College, Annandale-on-Hudson, Nueva York, y es licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad de Buenos Aires. Ha enseñado en escuelas de educación popular inspiradas en la teoría del pedagogo brasileño Paulo Freire, y ha trabajado en el Departamento de Educación del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Recientemente editó Silät, una publicación trilingüe junto a Thañí, una organizacion de mujeres indígenas tejedoras del pueblo Wichí de las comunidades de Santa Victoria Este, en la provincia de Salta, en Argentina.

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María Carri is a curator, political scientist, and educator from Buenos Aires. Her interdisciplinary practice focuses on processes and explores new ways to promote critical thinking and collaborative work.

She holds an MA in Curatorial Studies from the Center for Curatorial Studies, Bard College, Annandale-on-Hudson, New York, and a BA in Political Science from the University of Buenos Aires. María has taught at popular education schools inspired by the theory of Brazilian pedagogist Paulo Freire and worked in the Education Department at the Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. She recently edited Silät, a trilingual publication together with Thañí, an organization of Indigenous women weavers from the Wichí people of the communities of Santa Victoria Este, in the province of Salta, in Argentina.

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