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ALESSANDRO BALTEO-YAZBECK: SALTO ATRÁS

Comencemos con una anécdota devenida obra. En 1994, Alessandro Balteo-Yazbeck tuvo que pasar muchas noches en una universidad distinta a la suya. Por ello, en medio de salones vacíos y sobre pizarrones sin uso, desarrolló un sistema de improvisación: emprendió la acción de dibujar vínculos, a partir de nodos y líneas, que entendía como «relaciones hipotéticas» entre personas, objetos e ideas. Estos mapas mentales, o tramas, que referían a eventos reales imposibles de descifrar, al día siguiente eran borrados por los profesores al llegar a sus aulas. No obstante, para cumplir con sus requisitos académicos, y recurriendo a ese recurso tan eficaz en las expresiones de arte efímero como es la documentación, Balteo-Yazbeck fotografió aquellas pizarras dibujadas, que luego se exhibirían como registros de acciones en su primera muestra individual en Caracas, en 1997, y que ahora han sido rescatadas de su archivo de «documentos poéticos»1 para formar parte de su segunda exposición en solitario en Carmen Araujo Arte

Vista de la exposición “Salto Atrás”, de Alessandro Balteo-Yazbeck, en Carmen Araujo Arte, Caracas, 2022. Foto cortesía del artista

¿Qué se propone Balteo-Yazbeck con este gesto, con esta incorporación, con este salto hacia atrás en la genealogía de su propia obra? Comúnmente, su trabajo ha sido leído como un proyecto crítico en el que, a través de estrategias como la documentación, la investigación, la curaduría y la museografía, así como del empleo de medios y soportes diversos –instalaciones, fotografía, video, materiales impresos y objetos encontrados– se ha adentrado en las «tramas» relativas al ejercicio del poder, sus mecanismos discursivos y de propaganda, tanto dentro del programa moderno como en hechos políticos de la actualidad.

En este sentido, ha sido una insistencia de Balteo-Yazbeck la yuxtaposición de elementos tales como documentos, artesanías, souvenirs, impresos y narrativas provenientes del imaginario de su país de origen, tanto en propuestas que abordan directamente la tensiones y problemáticas del entorno venezolano como en aquellas en las que se vale de esos «recursos locales» para tender y desplegar, en otros contextos, las prácticas relacionales con las cuales articula, o trama, su obra.

Salto atrás podría entenderse entonces como un dispositivo museográfico diseñado por Balteo-Yazbeck para trazar un arco narrativo que se estructura a partir de sus tempranos cuestionamientos a las glorias pasadas del arte abstracto local y se dirige hacia la construcción de un conjunto de artefactos culturales que se manifiestan como documentos de la dolorosa crisis política y económica de la Venezuela reciente. Con esta operación hace coincidir transitoriamente distintas temporalidades: las de su propio proyecto artístico, la de la nación venezolana, y la del devenir de nuestra llamada modernidad en el ámbito de la Guerra Fría.

Como artilugio, este «salto atrás», que apela al recuerdo de un perverso sistema colonial de castas, sirve para señalar la posibilidad, en cualquier tipo de relato, del resurgimiento de rasgos olvidados, de momentos recesivos, que al aflorar develan los cruces y alteraciones devenidas por el transcurso de los hechos en el tiempo. Pero también es efectivo para indicar que, entre las manifestaciones de un pasado lejano y el presente, las semejanzas pueden ser mayores a las esperadas.

Vista de la exposición “Salto Atrás”, de Alessandro Balteo-Yazbeck, en Carmen Araujo Arte, Caracas, 2022. Foto cortesía del artista
Vista de la exposición “Salto Atrás”, de Alessandro Balteo-Yazbeck, en Carmen Araujo Arte, Caracas, 2022. Foto cortesía del artista

Es por ello que Salto atrás se articula, en primera instancia, en torno a un conjunto de chinchorros artesanales, pertenecientes a la serie Enredos Modernos-Chinchorros Soberanos, que, en tanto metáforas del tejido de la nación, le sirven al artista como punto de partida para superponer, no sin cierta ironía, distintos tiempos históricos, tradiciones culturales y circunstancias político-económicas. Siguiendo las estrategias usuales en su obra, con ellos trama una serie de relaciones conceptuales y formales entre distintos artefactos culturales para producir un conjunto de documentos del futuro; vestigios de un período traumático de la nación que funcionan como la manifestación de una memoria colectiva, reconstruida como obra.

Para este propósito, se vale de objetos personales, encontrados, recolectados o elaborados expresamente, tales como los chinchorros realizados para esta ocasión2 por la artesana caroreña Eliza Rojas, en un nylon rojo o negro hecho en Venezuela; un ábaco traído de la China comunista a inicios de la década de los noventa; un afiche producido por un grupo de extremistas políticos encontrado en las calles de Berlín; las páginas de una revista liberal norteamericana; los billetes de conos monetarios en desuso, cuyas procedencias y materialidades se fichan y se trazan. Esta operación le sirve para privilegiar, por una parte, al objeto mismo en tanto dispositivo significante y, por otro lado, señalar la puesta en funcionamiento, la articulación que tiende entre ellos, mediante prácticas museográficas asociadas a instituciones etnográficas. De esta manera, al emular estos sistemas taxonómicos, de catalogación y exhibición de objetos, continúa tejiendo la trama de un tiempo impreciso –compuesto de momentos presentes, pasados, futuros, con saltos, continuidades y discontinuidades– sobre la urdimbre de la nación. 

No obstante, si bien en estas piezas están presentes de manera evidente las trazas de lo local, con la alusión a temas y circunstancias tan concretas como la problemática condición petrolera del estado venezolano, su dependencia financiera con China, la hiperinflación experimentada en su economía, o la banalización de los discursos políticos y sus extremos ideológicos, en ellas también se anidan algunos de los más grandes temores de la geopolítica internacional, que como espectros modernos del imperialismo, la Guerra Fría, los nacionalismos, y las autocracias, reaparecen junto a otros, mutados con nuevos rostros, similares pero distintos.

Vista de la exposición “Salto Atrás”, de Alessandro Balteo-Yazbeck, en Carmen Araujo Arte, Caracas, 2022. Foto cortesía del artista
Vista de la exposición “Salto Atrás”, de Alessandro Balteo-Yazbeck, en Carmen Araujo Arte, Caracas, 2022. Foto cortesía del artista
Vista de la exposición “Salto Atrás”, de Alessandro Balteo-Yazbeck, en Carmen Araujo Arte, Caracas, 2022. Foto cortesía del artista

Pero volvamos a la anécdota del comienzo, en la que el artista dibuja un «sistema de relaciones abstractas»3, para establecer otra inscripción de lugar –la del arte venezolano– en las temporalidades de este relato (1994-2004-2022), producidas por las fechas de concepción y producción de las obras. En la genealogía de la obra de Balteo-Yazbeck se advierte, en el entramado de sus formas y conceptos, los residuos de un programa abstracto «anti-serial»4, un cuestionamiento al triunfo de la ilusión cinética, y la búsqueda de narrativas y experiencias alternas a las hegemónicas, en clara sincronía con el inicio de una agenda que, por más de una década, llevaron adelante curadores, investigadores y artistas venezolanos, para problematizar el legado del período moderno en la nación venezolana.  Es por ello que, al seguir las reflexiones de Eliseo Sierra, se entiende que la obra de Balteo-Yazbeck pasó de la comprensión de la realidad por medio de un sistema de asociaciones abstractas a la deconstrucción de estas relaciones, y que su crítica «no se afinca solamente en nuestra historia del arte y sus artistas, sino en todo el proyecto moderno y sus derivas políticas y sociales»5.

Quizás por ello es difícil no pensar ese gesto de producir un déjà vu inspirado en las manzanas de Cézanne, por medio de una serie de dibujos arbóreos con vocación instalativa, como una puesta en crisis de las formas modernas de representación de la realidad, como una tentativa de estructurar y desestructurar los modos de articular nuestra relación con el mundo. Con esta dislocación espacial y de temporalidades que Balteo-Yazbeck ha logrado convocar en esta pieza –que se proyecta fuera del espacio expositivo– el artista propone un acto performativo de la memoria que genera una experiencia del pasado en el presente, y –por qué no– una forma rizomática de construir una memoria del futuro, tal y como ya lo ha hecho en numerosas ocasiones a lo largo de casi tres décadas de proyecto artístico.


  1. Sandra Pinardi define como ‹documentos poéticos: unos documentos ficticios, críticos, que asumen distintas problemáticas de maneras inquietantes, pero que funcionan como ‹documentos› (es decir, tensan las significaciones hacia el ámbito de lo real, hacia los hechos)». En: Pinardi, Sandra, Sierra, Eliseo. Instrumentalizados. Caracas: Carmen Araujo Arte, 2018. Disponible en:https://carmenaraujoarte.com/exhibiciones_63_instrumentalizados_a-balteo-yazbeck. Acceso: 16 junio, 2022.
  2. Desde el 2004, Balteo-Yazbeck ha venido insertando o yuxtaponiendo obras u objetos de otros autores en chinchorros con procedencias y materialidades diversas. Si bien algunos han sido exhibidos, otros han permanecido inéditos.
  3. Sierra, Eliseo. Ibidem.
  4. Como abstracción «anti-serial», Balteo-Yazbeck define y propone una reacción a las prácticas de artistas que incorporaron el uso de la matriz serial tanto como elemento constructivo de sus obras como mecanismo para la industrialización de la misma con fines comerciales.
  5. Sierra, Eliseo. Ibidem.

Salto Atrás, de Alessandro Balteo-Yazbeck, se presentó del 3 de julio al 14 de Agosto de 2022 en Carmen Araujo Arte, Urbanización Sorokaima, Calle Rafael Rangel Sur, Secadero 2, Hacienda La Trinidad Parque Cultural, Caracas, Venezuela.

Aixa Sánchez

Es periodista, editora, gestora e investigadora de arte contemporáneo en Venezuela. Licenciada en Comunicación Social por la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas), ha realizado estudios de especialización en Museología (Universidad Central de Venezuela) y de maestría en Estudios Literarios (UCV). Fue Directora Ejecutiva de la Sala Mendoza (2002–2010) y Directora Asociada de Oficina #1 (2011–2015). Se desempeñó como investigadora en el Museo Alejandro Otero (2000–2002) y jefa de redacción de la Revista Estilo (1992–1999). Fue co-editora del libro “Sala Mendoza.1956-2001. 45 años de arte contemporáneo en Venezuela” (2001–2002), entre otras actividades y proyectos.

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