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EL AGOTAMIENTO DE LA REPRESENTACIÓN, SEGÚN SERGIO ROJAS

Lo que existe es la noche, la interioridad o la intimidad de la Naturaleza: (el) Yo-personal puro. Entre representaciones fantasmagóricas se oscurece todo alrededor: aquí surge súbitamente una cabeza ensangrentada; allá, otra aparición blanca; y también desaparecen súbitamente. Es esa noche que vemos cuando miramos a un hombre a los ojos: hundimos entonces la mirada en una noche que se vuelve terrible; lo que entonces se nos presenta es la noche del mundo.

G. W. F. Hegel

 

Que la figura de Hegel se haga presente desde un comienzo, es algo que se refleja en buena medida en El arte agotado, la última publicación de Sergio Rojas (Antofagasta, 1960), la cual parecía ser otra publicación más sobre el fin del arte. La frase agotamiento es la pieza clave para la argumentación de Rojas, quien divide oportunamente su obra en tres partes: (i) De las magnitudes, (ii) De las representaciones y, finalmente, (iii) un Epílogo. Pero pese a la segmentación –que a su vez se presenta en una importante diversidad de ensayos que abordan varias aristas-, El arte agotado ofrece una panorámica rica en reflexiones filosóficas, análisis prácticos y cruces más que interesantes entre el arte visual, la literatura, el cine y la música.

Al aproximarnos al ejemplar, salta a la vista la comunión que el autor posee con Greenberg, en el sentido de atribuirle un gran protagonismo al criticismo kantiano para la configuración del pensamiento modernista (en casi todos los sentidos). De este modo, el aporte de Kant al pensamiento occidental opera como un telón de fondo para re-pensar el desarrollo de la modernidad, idea que se verá reflejada en una buena cuota de este libro. Rojas hace suya esta visión, demostrando un conocimiento profundo del sistema kantiano y los pertinentes diálogos que éste presenta ante la propuesta hegeliana, deteniéndose en aspectos que superan la mera referencia a la Estética de Hegel, sino que abordan complejas reseñas sobre la Filosofía de la Historia. Sin embargo, el libro no es “exclusivamente” un ejercicio de estilo filosófico, ya que cabría ampliar su valoración, más bien, a un asiduo diagnóstico del pensamiento histórico del arte: pensar el tiempo en torno a la obra de arte implica, sin más, evaluar lo contemporáneo de este y su rendimiento en la actualidad. La tarea, por ende, parece titánica.

Iniciando con la hermosa descripción que Houellebecq realiza al silencioso taller de Jed Martin, personaje ficticio que protagoniza su galardonada novela El mapa y el territorio, Rojas presenta su tesis central: el arte ha integrado el principio de su propio agotamiento como un eslabón constitutivo de sí, precipitando consigo la formulación de un sin número de problemas. La globalización, el concepto de ruina (y su relación con la huella) y, para mi grata sorpresa, la incorporación de la filosofía psicoanalítica de Lacan, sirven de nobles herramientas para empezar a desenredar este escenario. Por ello, El arte agotado llega a celebrarse más allá de un trabajo académico bien formulado, como una inteligente demostración de integridad, sincretismo y concreción de diversos enfoques teóricos, los cuales son utilizados para un fin específico: evidenciar ese agotamiento.

En una primera etapa, el autor se propone pensar lo real de los tiempos modernos. Aquella violencia significada en las guerras mundiales, esa alienación del sujeto tan propio del capitalismo, la vertiginosa velocidad de la información con la entrada al siglo XXI. Lo real, aquello de lo cual el lenguaje no se puede hacer cargo y que, de cierta manera, el arte contemporáneo apunta (se dirige hacia él, hasta el punto de estrellarse con él). Lo real, nuevamente, aparece peligrosamente cercano a un concepto de mundo (piedra de tope para gran parte del idealismo alemán), ese ante el cual el arte practicaba “ejercicios de representación” que persisten hasta el día de hoy. Es frente a este mundo fracturado, destruido, devastado, que Rojas nos explica lúcidamente cómo es que el arte contemporáneo “tiene” que ser de esta manera; se aleja de lo comprensible, se repliega hacia sí mismo y, en definitiva, ve ese abismo del agotamiento. En una cláusula de orden sincrético, el arte aparece con negatividad infinita.

Pero el autor comienza a mostrarnos sus primeras cartas: utilizando el Atlas Mnemosyne de Aby Warburg, plantea cruces con las propuestas Panofsky y Gombrich. El resultado es fascinante, ofreciendo una conciencia del rol de la Historia del Arte y la obra de arte como piezas de un ajedrez petrificado. En esta encrucijada –el libro, básicamente, se dedica a mostrar encrucijadas-, la historicidad traza el perfecto puente hacia el cual Rojas desea conducir su investigación. En este sentido, el punto central de El arte agotado recae en la pregunta sobre el sentido que actualmente posee la “representación” y, más en particular, el género pictórico (como hijo pródigo en la historia del arte). Así, el libro entra a su segunda sección, en donde hayamos lo que normalmente esperamos encontrar en una publicación sobre artes visuales: análisis de pinturas de artistas más o menos controvertidos. Sin duda alguna, aquí se concentra el núcleo argumentativo del autor, en donde se ve realizada la gran mayoría de sus tesis sobre el agotamiento mismo del arte contemporáneo. A esta altura, Rojas agrega componentes aún más interesantes, como la relación de la subjetividad y el significante en la pintura moderna. En este sentido, el análisis se torna insistentemente clarificador, demostrando que el autor desea evidenciar estos efectos en el cuerpo de la obra y, en lo posible, su relación con lo real. Sobresale la atención que tiene el autor con la escena nacional (citando obras de Cecilia Avendaño y Felipe Cooper), característica que también abordará para reflexionar la función de la crítica del arte en nuestros tiempos.

Para la última etapa de este libro, las preguntas se tornan más concretas, destacando en este apartado un peculiar ensayo sobre el arte como archivo del futuro. Cerrar con este epílogo un texto de mediana extensión ofrece, como un modus operandi, más paradojas para pensar la actualidad representativa. Paradojas que regresan incansablemente para cuestionar, por ejemplo, el rol de la pintura como medio de expresión artística y, más en concreto, quizá observar con ojos críticos la presencia de una llamativa tendencia a las publicaciones sobre pintura histórica (como Revisión Técnica o el reciente proyecto Sub 30). En este sentido, El arte agotado realiza un aporte considerable a la escena artística actual mediante un gesto fino de argumentación estética y, lo que es más importante aún, reconociendo este proceso de agotamiento: de una u otra forma, parece ser el diagnóstico de una enfermedad que padece el humanismo contemporáneo.

 


SERGIO ROJAS, EL ARTE AGOTADO, EDITORIAL SANGRÍA, 2012, 445 páginas

 

 

Francisco Villarroel

Estudió Derecho en la Universidad de Chile. Asesor jurídico de la Asociación Nacional de Funcionarios de la Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos (ANFUDIBAM) y del Sindicato de Trabajadores del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. Miembro del comité de especialistas del FONDART Nacional de Artes Visuales.

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