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El Arte no es el Camino

Conversaciones con Tàpies (Barataria, 2012), de la catedrática de Historia del Arte de la Universidad de Barcelona, Inma Julián, es en verdad una re-edición del libro/entrevista de 1977 Diálogos sobre arte, cultura y sociedad que publicara la editorial Icaria (libro que está hoy descatalogado). La entrevista original (y que duró, en total, unas catorce horas) fue en catalán, pero el texto se publicó en traducción castellana de la propia Inma Julián.

Si en la edición de 1977 el libro se componía de una larga entrevista entre Tàpies y Julián a la que se añadía al modo del apéndice diferentes textos relacionados con los asuntos tratados, como aquellos de Eusebio Sempere, Luis Felipe Vivanco, Manuel Sánchez Camargo o Cirici-Pellicer, así como diferentes manifiestos (Grupo El Paso, Equipo Crónica, Equipo 57) y una introducción de Valeranio Bozal, aquí, en la edición que nos ocupa, se ha optado por un breve prólogo informativo escrito por la propia Inma Julián y un par de textos más o menos subsidiarios, referidos a la cartelería de Tàpies y a su evolución en los años ochenta.

Tales textos presentan un interés no menor, pero sí más específico, y no solo por su brevedad, sino por la particularidad del tema y acaso por mostrar algunas redundancias con todo lo hablado en la larga entrevista precedente. Los textos son Los carteles de Tàpies, originalmente publicado en forma de artículo en el número 60 de la revista On Diseño, en 1985, y He buscado nuevos lenguajes, que se incluyó en el número 3 de la revista Descubrir el arte, en 1999.

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La relevancia de la edición de este libro podría considerarse por partida doble. En primer lugar, como homenaje al genial pintor catalán que falleció a los ochenta y ocho años de edad el pasado día seis de febrero de 2012. En segundo lugar, siendo que se está produciendo un debate en Catalunya sobre el controvertido referéndum sobre su posible independencia de España y al calor de las próximas elecciones del mes de noviembre, valdría el texto como toma de postura al poner en valor la figura de un hombre comprometido con su tiempo y convencido de que el arte ha de contribuir a la transformación de la sociedad; un hombre que, como nos dice Julián al respecto de su producción cartelística, destaca por su amor a Catalunya y su ansia de libertad.

El diseño de la larga conversación es curioso e interesante, por la razón de que en ella se produce la conflagración de dos mundos –en principio- antagónicos. De un lado, las aportaciones de Inma Julián vienen caracterizadas por la precisión del dato, que contextualiza y organiza históricamente, y luego del rigor de la teoría que matiza y ofrece una larga y prolija telaraña de ecos que develan confluencias y divergencias al modo de las referencias cruzadas. La postura de Tàpies a este respecto queda bien clara cuando dice que “en general los pintores despreciábamos todo lo referente a la teoría”. Su actitud es más bien prosaica, la propia de un solitario; su interés está centrado de manera cuasi exclusiva en su propio trabajo y deja un poco de lado los asuntos de los otros, en su idea de que uno, con el arte, puede servir de mayor provecho a los demás, incluso cuando éstos no le entienden. Al respecto de la acción política lo expresa así: “el arte, la cultura toda […] hace, en cambio, una labor callada que prepara las conciencias de forma generalmente más sólida que muchos actos violentos”.

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Antoni Tàpies, Negre i roig III: Fora, 1976

La conversación va fluctuando por diversos temas, desde el franquismo y la sensación de miedo y de cómo entonces “la prensa deformaba la realidad constantemente” y las penurias económicas de aquella época primera, pero también la desconexión general que había entre los diferentes grupos de artistas en la península y el funcionamiento de las galerías en aquel momento. Al respecto del antifranquismo, se nos cuenta de la negativa de Tàpies (junto a Saura), y ya desde 1958, de participar en cualquier acto como “representantes del régimen”. Se toca su período de desorientación parisino y de su vuelta, que serviría para introducir –de una manera se diría que indeliberada- el informalismo matérico en España. Igualmente da cuenta la charla de los arreglos diplomáticos de los premios en las bienales o acaso  se discute el lugar que habría de ocupar el arte en la sociedad.

Tàpies habla de sus artistas predilectos (Picasso y Miró, que eran para él como dos faros morales, ejemplos de canto a la libertad, en contraposición a Dalí que era el ejemplo a no seguir), de su etapa junto a Joan Brossa en Dau al Set, que para Tàpies era una especie de juego de niños, en el sentido de algo inocente, noble y bello, y de su actitud individualista. Dice sobre el particular: “hay actitudes que parecen individualistas pero que en realidad son positivas para el conjunto de la sociedad”.

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Con Picasso, en Notre-Dame-de-Vie (1967). Foto: Fundación Antoni Tàpies

 Hay una anécdota sobre Miró que refleja, en mi opinión, muy bien el ideario no pragmático, pero sí aferrado al trabajo artesanal de Tápies, y que tiene que ver con cierto carácter catalán que desconfía “de lo que no haya costado ningún empeño, pero sobre todo de lo que no revele una habilidad”, algo particularmente relacionado con el seny (el sentido común), en oposición a la rauxa (el arrebato). Cuenta Tàpies lo siguiente: “Miró en aquella época [década de los cuarenta] se encerraba mucho para trabajar. Tenía su estudio en el pasaje de Crédito, muy próximo a la calle Ferrán […] Conservo un recuerdo muy vívido de la primera visita […] Me sorprendió enseguida la gran humanidad de Miró, que nos ofreció enseguida unas copas de coñac. Yo no imaginaba que un genio de la pintura pudiera hacer eso. En toda la noche no dijo apenas nada y nos enseñó [a él y a su amigo Joan Prats] con gran paciencia todos los cuadros, uno a uno” [las cursivas son mías].

En lo estrictamente pictórico, se habla de cómo Tàpies en su etapa en Dau al Set practicaba una pintura de marcado carácter surrealista y cómo evoluciona hacia la pintura matérica y cierta abstracción, y ello como revulsivo al terreno literario en el veía Tàpies que se estaban introduciendo sus cuadros y del que quería huir, yéndose a la búsqueda sígnica, del “color en libertad”. Tàpies desprecia las modas y así también la publicidad como trabajo mercenario. En cuanto al estilo, nos dice que siempre ha tenido una inclinación por todo lo popular, sobre todo gracias a su íntimo contacto con el poeta Joan Brossa, pero matiza: “una vena popular enraizada en nuestro país, Catalunya […] un pop en el que se tenían en cuenta las xilografías catalanas antiguas, o en mi caso específico, los grafiti que aparecían en la calle”.

Vale la pena escuchar también sus opiniones al respecto de la crítica, dice: “Si hacemos un análisis de lo que actualmente es la crítica de arte nos damos cuenta de que más que crítica es pura información, y en ocasiones desinformación”. Y un poco más adelante: “ahora ya no se hace auténtica crítica. Todo parece ser bueno. No se ataca nada. Creo que hoy falta rigor”.

La conversación de 1976 termina con la siguiente definición sobre lo que es el arte: “el arte es como una flor que se ha de mirar crecer libremente pero que se estropea si se la toca demasiado”.

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Antoni Tàpies. Foto: Leopoldo Pomés

Los dos textos restantes abundan el uno en los carteles de Tàpies, realizados según propia confesión por encargo, y en la obra de Tápies a partir de los años ochenta, cuando introduce la gomaespuma y los barnices (utilizados de manera esporádica en los cincuenta) y aparecen de nuevo las letras A y T, la cruz, los números, puertas, cadenas  etc.

La cartelería de Tápies, en opinión de Inma Julián, permite el seguimiento de acontecimientos importantes en la historia de Catalunya, en particular en lo que se refiere al PSUC. Tàpies, acusado de repetición en su producción cartelerística argumenta que “a veces, mucha gente cree que me repito pero es que quiero que vean que es un Tàpies”. El artista, que prefiere, con mucho, el color rojo para los carteles, dice buscar símbolos que sean clarificadores y de fácil lectura y nos manifiesta lo siguiente: “procuro hacer carteles que tengan un carácter plural y que no sean de un solo partido; que sean para todos los catalanes”. En el breve artículo/entrevista Tàpies nos habla de cómo es para él un día cotidiano: “Nos despertamos a las ocho de la mañana. Lo primero que hago es subir a la biblioteca y retoco escritos que esté haciendo o escribo durante una media hora, o una hora entera, ya que me parece que es el mejor momento del día. Después voy al estudio y pinto, o no. A lo mejor paseo, pienso o preparo trabajos, ya que mi trabajo contiene una parte artesanal muy importante”. Y cierra con una declaración bien hermosa: “Lo que más me gusta es despertarme y saber que Teresa [su mujer] está a mi lado”.

En el último de los textos, redunda Tàpies en cosas ya sabidas: en cómo su enfermedad le dirigió hacia el dibujo, sobre la beca para irse a pintar a París o su relación con Brossa, pero también habla de la manera en que alude a la realidad “de manera sutil” en sus cuadros, de su actividad de escritor, de su magnífica biblioteca que hoy está en la fundación Antoni Tàpies y de la coherencia. Cierra el artículo con una declaración espléndida; esta: “creo que soy un artista que ha tenido la sinceridad de ser auténtico, y perdone la inmodestia”.

El arte es el dedo que señala el camino, pero no es el camino, dice en un momento determinado Tàpies. Este libro, pues, está trufado de esas tales señales silenciosas e indicaciones tenues, siempre propicias y siempre sutiles.

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Conversaciones con Tàpies. Inma Julián. Editorial Barataria. Barcelona. 2012. 171 páginas.

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J.S. de Montfort

Nace en Castellón, España, en 1977. Tiene un Diplomado en Literatura Creativa (Escuela TAI-Madrid) y es Graduado en Estudios Ingleses (Universidad de Barcelona) y miembro de la asociación española de críticos literarios (AECL). Escribe sobre arte y cultura contemporánea en el suplemento Cultura(s) de La Vanguardia y en diferentes revistas, como FronteraD, Artishock y Naif Magazine, entre otras. Ha publicado el libro de relatos "Fin de fiestas" (Suburbano, 2014). Se ocupa del departamento de prensa de la Editorial Malpaso.

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