“Desde el principio un curador es una mezcla de cura y burócrata que combina lo práctico con lo místico. En cualquier caso, tiene o acceso o maestría sobre alguna forma de conocimiento escondido

Michael Bhaskar, 2017

 

El 26 de julio de 2019 se inauguró en Santiago de Chile la muestra Si tú vivieras aquí de la destacada artista estadounidense Martha Rosler (Nueva York, 1943) en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), sede del Parque Forestal, con la curaduría del colectivo formado por Mariagrazia Muscatello y Montserrat Rojas Corradi.  Siendo la primera “retrospectiva” de la artista en Chile, cuenta con diferentes núcleos temáticos que se concentran en la dimensión política de su obra, destacando los conflictos políticos y sociales en las relaciones de poder entre estados, principalmente con foco en Latinoamérica. También problematiza sobre desplazamientos y migraciones, guerra, gentrificación, y su postura feminista a partir de obras de los años 60, tensionando entonces los conceptos de identidad, género, nación, racismo y poder.  A su vez, estos temas se insertan dentro de los distintos lenguajes artísticos que caracterizan el trabajo de Rosler, haciendo una especie de resumen visual por obras canonizadas (Semiótica de la cocina, 1975) y otras que interpelan directamente a la historial local, como las fotografías tomadas por el intelectual chileno Víctor Jara, Manifestación en la vía pública de 1968 (aludiendo a la Guerra de Vietnam), compartiendo espacio con La restauración de la alta cultura en Chile, trabajo que Rosler hizo en el año 1977.

Este ensayo no pretende ser un resumen de la exhibición ni un comentario de sus obras, si no que, a partir de un diálogo con las curadoras, problematizar en torno a los desafíos de la práctica curatorial en el contexto chileno, y las tensiones que se generan desde los proyectos autogestionados y la institucionalidad, específicamente en relación a la precarización de fondos y el descuido de los espacios culturales por parte del Estado, para develar en cierta forma cómo la práctica curatorial muchas veces debe ajustarse a las condiciones materiales, generando modificaciones de contenido. Esto, a partir de la experiencia de ambas curadoras con la muestra de Martha Rosler en Chile. Muchas preguntas surgen: ¿Cuál es el rol de el/la curador(a) en Chile? ¿Cuáles son las dificultades y desafíos de la autogestión? ¿Cómo se vinculan los espacios culturales o los museos con las propuestas de curadurías externas o independientes? ¿Cuál es la proyección de lxs curadorxs en el marco de los nuevos cambios a la institucionalidad cultural chilena? ¿Cómo fue percibida la curaduría de dicha exposición? ¿Cuál fue la apreciación de las curadoras?

Vista de la exposición "Si tú vivieras aquí", de Martha Rosler, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2019. Foto: Pablo Troncoso

I. Desafíos

No es ajeno pensar que en la esfera artístico-cultural existe una crisis propiciada por un sistema de producción intelectual desamparada por el neoliberalismo y su condición penetrante en todas las membranas de los distintos oficios que repercute en los espacios de exhibición (entre ellos los museos) y los desafíos a los que se enfrenta la curaduría dentro de ese marco. La exposición Si tú vivieras aquí de Martha Rosler nació como un deseo autogestionado de Montserrat Rojas, quien en diálogo con Mariagrazia Muscatello se propusieron aproximadamente hace dos años llevar a cabo el proyecto de hacer una muestra de la artista como nunca antes se hizo en Chile, trabajo que conlleva la producción, su gestión y su curaduría. Su objetivo fue el de profundizar en la obra de Rosler y sus temáticas políticas para entrar en diálogo con el propio contexto latinoamericano a partir de obras realizadas en los 60, 70 y 80 en Cuba, Chile y México, que dialogaran con “las transformaciones políticas y sociales que se están dando en este momento histórico” (M. Muscatello, comunicación personal, 8 de octubre de 2019), de forma que pudieran conectarse con los temas que desbordan el Chile actual. El lugar escogido fue el Museo de Arte Contemporáneo de Parque Forestal, ya que al ser un espacio público dedicado al arte contemporáneo parece el lugar adecuado para insertar a una artista interdisciplinar que ha dedicado una carrera a la exploración de diversos lenguajes artísticos. Además, no solo se ajusta muy bien a las líneas que trabaja el museo, sino que permite ampliar la discusión sobre arte y política; en este sentido, su elección tenía que ver con una decisión de hacer dialogar el contenido de las obras que llegaron a la muestra con el espacio en el cual se presentan, entendiendo que la multiplicidad de temas políticos que abarca no podían ser resueltos desde un solo discurso. Por lo demás, el MAC acogió la propuesta de manera bastante entusiasta, lo que significó un avance importante si comprendemos que el proyecto iba a ser completamente autogestionado por las curadoras, por lo que ya la idea de contar con un lugar que las incorporara a su programación 2019 era el comienzo de todo. Quizás, uno de los temas relevantes de esta decisión viene a nivel de públicos, porque la obra de Rosler es compleja de descifrar, y llevarla quizás a un espacio que tuviera accesos masivos significaría más presupuesto y mayor desgaste para un equipo que, conscientemente, supo lidiar con las reglas del juego.

Reflexionar acerca del lugar donde se expone significa estar al tanto de que en Chile la mayoría de los espacios culturales públicos (ampliándonos hacia las distintas disciplinas artísticas) no cuentan con las condiciones para traer muestras de gran envergadura por sus propios medios. Si bien Chile ha tenido la posibilidad de recibir artistas emblemáticos y canónicos en ocasiones anteriores, por lo general son muestras que vienen con sus propias curadurías, que realizan giras de exhibición por Latinoamérica y que no se ajustan al presupuesto estatal, el que se complementa con financiamiento privado de empresas o bancos. Pese a que suene un espectáculo inquietante y crítico para el sector público, de otra forma en Santiago no tendríamos exposiciones de grandes referentes mundiales, a pesar de que existe una audiencia que, demostrado por cifras de conteo, adhiere y celebra la llegada de arte de acceso gratuito o de bajo costo a Santiago (entendamos que la centralización del conocimiento es otro problema, que escapa al propósito de este escrito). Esta situación fue determinante al momento de pensar la muestra de Rosler. Muscatello comenta:

“Los aspectos organizativos de una exposición son siempre los más complicados y dominan casi por completo las decisiones curatoriales. Hay poco espacio para desarrollar un trabajo más teórico en contextos donde hay una precaridad de recursos importante. Los así llamados start artists tienen un nivel de exigencias en términos de producción, requerimientos técnicos y de comunicación que vuelven casi imposible invitarlos a museos o países que no tienen las estructuras preparadas para esto”  (M. Muscatello, comunicación personal, 8 de octubre de 2019)

Vista de la exposición "Si tú vivieras aquí", de Martha Rosler, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2019. Foto: Pablo Troncoso
Vista de la exposición "Si tú vivieras aquí", de Martha Rosler, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2019. Foto: Pablo Troncoso
Vista de la exposición "Si tú vivieras aquí", de Martha Rosler, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2019. Foto: Pablo Troncoso

A pesar de coexistir con esta realidad, para ambas parecía importante traer a Martha Rosler, un ícono del arte contemporáneo extranjero, al país, entendiendo que se trata de una artista viva y que continúa produciendo obra. Es por esto que, desde el inicio del proyecto, entablaron relaciones con personas cercanas a la Bienalsur, con quienes desde el comienzo establecieron organizar una muestra que –como es usual en el caso de muchos artistas extranjeros – haría un recorrido transcordillerano entre Santiago y Buenos Aires. Muy por debajo de lo que se piensa, la exposición de Santiago y el programa realizado en Argentina no son lo mismo, y lo único en común que tienen es el diálogo entre ambas partes para traer al cono sur a esta artista, por lo que a nivel de financiamiento la Bienalsur tomó el proyecto correspondiente a su país y aportó la mitad del pasaje en business (entendiendo que alguien de más de setenta años, con un viaje extremadamente largo, lo exigiría). Montserrat Rojas comenta que buscaron fondos privados y extranjeros, como la Embajada de Estados Unidos en Chile y el Instituto Norteamericano, pero no consiguieron el apoyo requerido.

Es posible percibir, a partir de este caso, el enorme trabajo de gestión, producción y levantamiento de fondos a los que se deben enfrentar lxs curadorxs independientes en Chile, lo que quizás también es una proyección de lo que sucede en los pocos espacios culturales que cuentan con personas ejecutando esta función, ya que, por lo general, la crisis del sistema –que hoy se vale de un Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio– afecta a la producción de conocimiento. El completo financiamiento de la muestra se logró con FONDART, el cual podríamos denominar “el fondo para todo lo artístico en Chile”. Es innegable reconocer que sin esta instancia presupuestaria que emerge en la década de los 90 como respuesta a los años de dictadura y el desamparo hacia la cultura, muchos de los proyectos que conocemos de arte en Chile, de traslado al extranjero, como también de becas de estudios, entre otros lineamientos que tiene con las distintas disciplinas artísticas, no existirían, por lo que destaco el aporte que ha significado esta plataforma al contexto nacional. Pero también, propongo una mirada crítica hacia el hecho de que desde los 90 continúe siendo el único mecanismo de realización de proyectos para gestores, teóricos, artistas y productores de cultura, siendo un sistema que constantemente parece desbordarse a sí mismo, ya que lógicamente tiene limitaciones y hace que en vez de que se fomente una apertura hacia las artes, nos encerremos dentro de un proceso burocrático de control. Con esto, es posible inferir que la existencia de FONDART debería complementarse con otros financiamientos estatales para la cultura. En el caso de la exposición de Martha Rosler, este fondo es, sin duda, un enorme aporte, pero también deja espacios vacantes que hacen inmediatamente acomodar el presupuesto para poder realizar la muestra, desde la cantidad de obras escogidas, los materiales de éstas por su traslado, el montaje y desmontaje, el traslado y estadía de la artista, entre otros temas que se debieron resolver.

Vista de la exposición "Si tú vivieras aquí", de Martha Rosler, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2019. Foto: Pablo Troncoso

II. Decisiones sobre el contenido curatorial de la muestra

Desde este punto de vista en la exposición se percibe el claro propósito de visibilizar la postura política de la artista sobre distintos temas que se mencionaron en el comienzo de este texto. En palabras de Montserrat Rojas Corradi:

“A veces es difícil instalar temas muy políticos; de hecho, un comentario sobre la exposición de Martha Rosler es que era muy politizada, pero bueno, es una artista politizada, y nosotras somos curadoras politizadas. Nos interesan, en el sentido de la discusión, de la reflexión, todos los temas en esa exposición, que son temas actuales, aunque ella los trabajó en los 60: el feminismo, la gentrificación, la migración… todas estas inquietudes están presentes hoy día” (M. Rojas Corradi, comunicación personal, 24 de septiembre de 2019).

Estos temas que sugiere la muestra también transitan en la aparición de artistas chilenxs quienes complementan las otras salas del primer piso del MAC generando un diálogo –o no, eso ha estado sujeto a distintas opiniones de la crítica– con la obra de la artista. En palabras de Mariagrazia Muscatello, “la decisión fue justamente la de contextualizar las obras de Martha al lugar de la exposición, y, por otra parte, generar también conexiones inter-generacionales sobre temas parecidos” (M. Muscatello, comunicación personal, 8 de octubre de 2019). La curadora comenta que es por esta propuesta que aparece el nombre de la muestra Si tu vivieras aquí, una traducción de una obra de la misma Martha Rosler, la que permite situarla dentro de otro contexto a partir de sus obras. La selección de los artistas conllevó un proceso de investigación de quienes –para las curadoras– generan vínculos políticos con los distintos conceptos que emergían de la muestra:

“El feminismo, como es el caso de Claudia del Fierro, el golpe de estado y su implicación en la sociedad chilena, como en los trabajos de Voluspa Jarpa, Máximo Corvalán-Pincheira y Cristóbal Cea, las migraciones y el racismo relacionado en las obras de Bernardo Oyarzún y Bárbara Oettinger. Las obras están relacionadas conceptualmente aún cuando separadas espacialmente, esto es debido a exigencias de la artista y también a decisiones curatoriales. Finalmente optamos para una museografía que pudiese mantener el relato de una casi retrospectiva de Martha Rosler y al mismo tiempo ampliar su trabajo a conexiones con la producción y el imaginario artístico local. Fue un mestizaje, quizás discutible, entre una exposición individual y un diálogo colectivo” (M. Muscatello, comunicación personal, 8 de octubre de 2019).

Esta decisión también responde, según lo conversado con Montserrat Rojas, al hecho de que quisieran entregarle a esta retrospectiva un foco latinoamericano, pensando que la artista tiene un trabajo bastante crítico sobre EEUU y sus intervenciones en el continente, lo que de alguna forma hizo que se generaran procesos de trabajo reflexivos sobre temas que afectaban a los distintos artistas en cuestión. En ese sentido, aquellos que fueron escogidos para participar de esta muestra cuentan relatos íntimos que contienen una proyección política, por ejemplo, la elección del artista Cristóbal Cea, quien reconoce tener una mirada de la historia de Chile a partir del engaño sobre lo que había ocurrido en dictadura, contrastando visiones con la obra de Voluspa Jarpa, quien desclasifica estos mitos políticos a los que el artista se vio enfrentado en su infancia. Por otro lado, la obra de Máximo Corvalán-Pincheira y su postura sobre los derechos humanos, en relación quizás a la obra de Bernardo Oyarzún, quien proyecta una situación real y actual sobre derechos humanos en Chile respecto a los pueblos mapuches y la represión a la que han sido expuestos por la sociedad occidental. Así, las obras de estos artistas se relacionan muy bien entre ellas, y si bien se comprende el por qué están dispuestas en ese lugar y por qué fueron escogidas para dialogar con las temáticas de Rosler, siempre se plantea como un proyecto complejo el de hacer converger la intención curatorial con las condiciones óptimas para su exhibición. Un detalle no menor, por ejemplo, fue que la artista Claudia del Fierro realizara una performance el día de la inauguración, con Martha Rosler en el museo, relevando la postura feminista de ambas y su relación con el video-performance. La artista Bárbara Oettinger y su trabajo de migración en países europeos sugiere ampliar la mirada sobre el contexto chileno hacia procesos que actualmente son de carácter mundial, en los que se encuentra el foco de la mediatización por los recursos de desamparo hacia personas que migran por una necesidad imperiosa de reivindicar sus derechos humanos y que se enfrentan a estados poderosos quienes parecen olvidar su peso histórico sobre los procesos de colonización en otros países. Pese a que la obra en sí es poderosa y reflexiva, a la vez que se relaciona con los conceptos políticos de Rosler, el diálogo entre éstas tiende a ser quizás confuso comunicacionalmente, pero no poco revelador. El hecho de que estas obras estén distribuidas en otras salas cambia con el caso de Víctor Jara, en el que tres fotos que tomó el año 68 sobre una manifestación en Inglaterra contra la Guerra de Vietnam, y que fue posible incluir en la muestra gracias a la Fundación Víctor Jara. Este gesto es significativo y emocionante para ambas partes y permite revalidar su figura, no solo como cantautor, sino que como un intelectual, un artista y “pensador”. Según Montserrat Rojas, se trata de obras que buscan generar un cruce con el trabajo de Martha Rosler de 1977, que fue dedicado justamente a Víctor Jara.

En el caso de las obras de Martha Rosler, hay una propuesta temática donde destacan su sentido político, sus obras clásicas, su obra realizada en Cuba, México y Chile (de carácter inédito para el contexto local), que consiguen develar los procesos políticos de la artista. Para el público, quizás el montaje y la museografía podrían haber sido un poco más esclarecedores, entendiendo que el trabajo conceptual normalmente lo comprende un grupo selecto con conocimiento del arte contemporáneo y sus múltiples dimensiones.

Obra de Alvaro Oyarzún. Vista de la exposición "Si tú vivieras aquí", de Martha Rosler, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2019. Foto: Pablo Troncoso
Obra de Cristóbal Cea. Vista de la exposición "Si tú vivieras aquí", de Martha Rosler, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2019. Foto: Pablo Troncoso

III. Proyecciones

A partir de las conversaciones con las curadoras destaco el trabajo realizado por años para conseguir el objetivo, a pesar de los desafíos previos a su inauguración y a los que se generaron en pleno proceso. Hay que recordar que hubo una situación en que, gracias a una asociación feminista, se reveló que uno de los hombres que colaboró en la traducción de la artista en Chile había estado acusado por violencia contra las mujeres. Esto impactó a las dos curadoras y a la propia artista, quienes no estaban enteradas de dicha acusación y lamentaron no haberla sabido antes, ya que quizás esto habría cambiado ciertas decisiones y habría sido evidente, desde la misma exposición, el apoyo hacia el movimiento y el repudio a esta persona, entendiendo que Martha Rosler es reconocida a nivel mundial como un ícono del feminismo de los años 60. Este tipo de situaciones que se van presentando permiten que comprendamos la complejidad del proceso, de principio a fin. ¿Qué proyectamos para la curaduría independiente en Chile? ¿Qué significa ser curador(a) en el Chile actual? No solo los problemas presupuestarios afectan la dimensión material, si no que podemos meditar en la siguiente frase de Muscatello:

“La curaduría está en crisis y los artistas cada vez más operan con obras que tienen narrativas propias […] Como en otros ámbitos profesionales, los conflictos relacionados al poder son muy preponderantes en el arte y el desequilibrio que hubo entre artista y curador está en disputa […] Es el curador independiente el que logra captar las múltiples formas de prácticas artísticas que se desarrollan en la contemporaneidad” (M. Muscatello, comunicación personal, 8 de octubre de 2019).

Ante la falta de respaldo institucional, la autogestión debe incorporar procesos de colaboración entre curadorxs, artistas, teóricos, etc. La curadora plantea la necesidad de asociarse y dejar de lado las luchas de poder entre pares, lo que se complementa con la visión de Montserrat Rojas, quien entiende la curaduría como un aporte a la gestión de “masa crítica” de un país, haciendo hincapié en la escasez de curadorxs en museos y centros culturales, muchas veces porque se ha planteado como innecesaria esta figura a través de un proceso de tecnificación del arte que vino incorporada en el intento de restauración de la democracia en Chile. Por ejemplo, “hoy en día nadie te va a poner en duda que tienes que pagar al montajista o al productor, en cambio, al curador, para qué” (M. Rojas Corradi, comunicación personal, 24 de septiembre de 2019). Este hecho no está aislado del contexto general de la cultura y las artes, ya que, si bien existen reconocidos curadores independientes, quienes autogestionan significativo conocimiento artístico, el foco del conocimiento se ha centrado en su academización, entendiendo que Chile es uno de los pocos países que concentra la investigación artística solo dentro de ese espacio.

Lo anterior hace complejo que pensar en traer una artista o varios artistas internacionales, no solo para ser exhibidos, sino también para que efectivamente se puede gestionar un trabajo de éstos con artistas locales, canónicos y emergentes, como también con la sociedad (colegios, municipios, público general, asociaciones, etc.) quienes quedan marginalizados de estos procesos de creación, en tanto que la figura de la/el curador(a) también es responsable de hacer dialogar la obra con su audiencia. También pensamos en su peso debido a las trabas que se ponen en el camino, que en parte, suceden desde cualquier espacio (sea éste institucional o no), pero más aún desde la autogestión, lo que lleva a que nos privemos quizás de muchas otras posibilidades y otras experiencias artísticas que aporten en el desarrollo de pensamiento crítico y diálogos cruzados entre Chile y el exterior.

Obra de Cristóbal Cea. Vista de la exposición "Si tú vivieras aquí", de Martha Rosler, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2019. Foto: Pablo Troncoso
Obra de Cristóbal Cea. Vista de la exposición "Si tú vivieras aquí", de Martha Rosler, en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), Santiago de Chile, 2019. Foto: Pablo Troncoso

Bibliografía revisada

Bhaskar, Michael (2017). Curaduría* El poder de la selección en un mundo de excesos. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.

Smith, Terry (2012). Thinking contemporany curating. New York: Independent Curators Inc, U.S.A

Santos, Juan José (2018). Curaduría de Latinoamérica. Murcia: CENDEAC

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Javiera Bagnara Letelier

Es investigadora de arte contemporáneo, docente y curadora independiente. Licenciada en Historia (PUCV) y Magíster en Artes Visuales (PUC), su interés de investigación se centra en las múltiples relaciones arte y política, principalmente desde la post-dictadura en Chile hacia la escena del arte actual, con enfoque chileno y latinoamericano. Colabora en diferentes proyectos de investigación artísticos y curatoriales. Actualmente, trabaja en Fundación CorpArtes.