CHONON BENSHO Y PEDRO FAVARON: MALOCA
Cuando SpaceX lanzó su misión Crew Dragon Demo-2 en 2020, Elon Musk se convirtió en el primer empresario en enviar astronautas al espacio. El negocio del turismo espacial y la privatización del cosmos no tardó en expandirse: en 2021 siguieron los vuelos suborbitales de Blue Origin, financiados por Jeff Bezos —fundador de Amazon y, en diversos períodos, el hombre más rico del mundo—, al igual que los viajes de Virgin Galactic, del también magnate Richard Branson.
La lógica que subyace a este expansionismo interplanetario no es la de los meros excesos de los billonarios, sino una concepción fundamentalmente mercantilista y extractiva del mundo —la Naturaleza entendida como productora de recursos que, desde la Revolución Industrial, han aceitado la maquinaria de movimiento perpetuo del capitalismo. Acabados los recursos en este planeta, iremos por los de los que siguen.


Contra este telón de fondo tecno-colonizador, Maloca, la exposición de Chonon Bensho y Pedro Favaron en Fundación Cervieri Monsuárez propone un modelo diferente de relación entre los seres humanos y el mundo que nos rodea. A través de los bordados, los videos y la instalación que componen su primera muestra individual en Uruguay, Bensho recupera lo que los sistemas de conocimiento indígena han insistido durante milenios: que la separación occidental entre Naturaleza y Cultura es una oposición dicotómica falsa, una construcción histórica que facilitó siglos de saqueo. Suena simple —entender el mundo natural como un continuo con otros seres humanos y no humanos— pero las implicancias son sísmicas. Reconfiguran toda la infraestructura a través de la cual entendemos —e instrumentalizamos— el mundo.
Nacida en 1992 en la Comunidad Nativa Santa Clara, a orillas del lago de Yarinacocha, Chonon Bensho es parte de la nación indígena Shipibo-Konibo, asentada a lo largo del río Ucayali en la Amazonía peruana. Chonon Bensho es su nombre indígena, que significa golondrina de los campos medicinales. Los documentos estatales la identificaron con un nombre español hasta 2021, cuando demandó al Registro Nacional del Perú por el derecho a usar oficialmente su nombre Shipibo. Su reclamo fue inicialmente rechazado —un representante sugirió que lo usara “como apodo o seudónimo artístico”—, pero apeló y ganó en 2024, convirtiéndose en la primera mujer indígena del Perú en obtener el reconocimiento de su identidad originaria.

Diez bordados de la serie Niwe Jonibo [La gente aérea] (2024) ocupan las paredes de la galería central. Cada uno condensa una forma del kené, el sistema de geometrías centrales del arte y la espiritualidad Shipibo-Konibo. Típicamente traducido como “diseño” e históricamente recluido en el ámbito de las artesanías, funciona como notación cosmológica del mundo Shipibo-Konibo: un sistema de conocimiento que materializa las relaciones energéticas entre especies, elementos y dimensiones. Sus líneas fractales y simétricas son hipnóticas—como si miráramos dentro de un microchip. Bensho lo aprendió de su madre y sus abuelas, mujeres para quienes la práctica artística y el conocimiento medicinal eran inseparables. Después vino la educación institucional: se graduó en 2018 en la Escuela Superior Eduardo Meza Saravia, en Yarinacocha, con una tesis, precisamente, sobre el kené.
El kené es técnicamente preciso. Trabajados con puntadas rítmicas de hilos de colores sobre tocuyo —tela de algodón— los patrones geométricos del kewe —kené hecho bordado— se despliegan en caballos alados y esferas celestes, mantos sagrados y mujeres Shipibo que viajan entre mundos sobre los lomos de los colibríes. Estas formas no son abstracciones: son instrucciones, circuitos, mapas de energía que registran flujos entre entidades humanas y no-humanas. Visualmente, generan modulaciones que oscilan en frecuencias situadas apenas más allá del alcance perceptual.

Mientras que en los bordados la artista despliega la ontología que organiza la muestra, se reserva el centro de la sala para la Maloca (2025), que presta también el título a la exhibición. En las culturas indígenas amazónicas, las malocas son un epicentro neurálgico: espacios rituales, políticos y comunales donde convergen la vida diaria y la sagrada. Claudia Andujar las fotografió entre los Yanomami, al norte de Brasil; Aimema Úai las pintó, cargadas de pulso, entre los Murui-Muin de la Amazonía Colombiana.
Las malocas son, también, estructuras arquitectónicas. En la Fundación, ésta se eleva desde el piso como una disrupción cosmológica: techo cónico de paja, estructura de postes de madera de eucalipto, envuelta en un kené sewa de paneles de mostacillas dispuestas como patrones geométricos en turquesa y negro. Adentro, el espacio se contrae: Bewá, una obra sonora que Bensho realizó con el escritor e investigador Pedro Favaron, reproduce cantos de los sabios Shipibo Chonon Jisbe y Ranin Bima. El aire huele a plantas noi rao, especies medicinales amazónicas seleccionadas por la artista.
Tal vez sea en esta cualidad tridimensional de la instalación, su volumen habitable, donde cobra fuerza la idea de la maloca como portal entre diferentes mundos. Las ontologías indígenas dicen que hay continuidad entre las personas y el mundo. La realidad está llena de seres humanos y no humanos con conciencia, cultura, lenguaje, y cada uno experimenta la existencia desde su propia posición. El antropólogo brasilero Eduardo Viveiros de Castro le puso un nombre: perspectivismo. Pero el nete Shipibo es más específico. Nete no es “mundo” como un gran contenedor. Es un campo relacional, un espacio de encuentro para seres que comparten una sensibilidad.
Non nete, nuestro mundo; jene nete, mundo del agua (un espejo del nuestro, donde todo no es igual sino extrañamente parecido); pinoboan nete es el mundo de los picaflores; panshin nete, el de las potencias de la brujería; jakon nete, es el mundo bueno al que se accede a través de las visiones.

Existe una tensión entre la arquitectura-maloca y la arquitectura-museo: si el cubo blanco tiende a separar —la obra del contexto, el arte de la vida—, la maloca insiste en relacionar. En esta tensión, Chonon Bensho lleva adelante un proceso de creación de mundos en la Fundación Cervieri Monsuárez. Su arquitectura también tiene su propia historia: el edificio ocupa un lugar central en José Ignacio, un pueblo costero a dos horas de Montevideo que fue un asentamiento pesquero antes de transformarse en balneario de lujo.
Diseñado por el arquitecto uruguayo Rafael Viñoly, el gesto distintivo del edificio —una pared curva y maciza de casi quinientas piedras de granito local— fue ejecutado con técnicas tradicionales de la refinada mampostería incaica. Veintidós maestros pedreros que llegaron desde Perú tallaron y pulieron cada piedra para hacerlas encajar con precisión quirúrgica. Maloca es una geometría sagrada dentro de otra geometría sagrada.
Desde su apertura en enero de 2024 bajo el asesoramiento de Martín Craciun y con la incorporación de Guadalupe Requena en marzo de 2025 como directora ejecutiva, la Fundación se consolidó como referente del arte latinoamericano en la región. El modelo: tres muestras al año—una de ellas dedicada a artistas uruguayos— y un Consejo Asesor.
La programación funciona por duplas: Vivian Suter-Emiliano Valdés, Claudia Casarino-Martín Craciun, Gabriel Chaile-Pablo León de la Barra, Eduardo Cardozo-Elisa Valerio. Próximamente: Ana Segovia-Magalí Arriola. Dentro de estas tensiones —entre lo local y lo global, entre las economías regionales y el desarrollo inmobiliario— la maloca de Chonon Bensho abre un portal entre mundos otros como contrapráctica.

Si en las fantasías tecno-espaciales del capital, agotados los recursos de este planeta, el hombre dirige su mirada colonizadora hacia el cielo, queda la pregunta: ¿qué mundos nete propone esta visión? Michel Nieva lo dice claro en Ciencia ficción capitalista:la misma lógica que produjo la crisis promete resolverla.
Contra esta premisa cínica, Maloca ofrece no un escape, sino una relación —una cosmología de mundos interdependientes en lugar de fronteras extractivas, sistemas de conocimiento que insisten en la continuidad en lugar de en la conquista. No un futuro en las estrellas sino un presente en esta Tierra, donde lo que sobreviva dependerá de cómo aprendamos, finalmente, a vivir juntos.
Maloca, de Chonon Bensho y Pedro Favaron, se presenta del 27 de septiembre al 14 de diciembre de 2025 en la Fundación Cervieri Monsuárez, Eugenio Sainz Martínez, esq. Los Cisnes, José Ignacio, Uruguay.
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