AGITAR LAS MONEDAS PARA AGITAR LA LECTURA DEL MUNDO
En diversos países de habla hispana se denomina genéricamente “plata” al dinero, ya que antiguamente las monedas eran acuñadas en oro o plata. Con ese sugerente título, el artista chileno Claudio Correa trae el asunto a nuestra compleja actualidad, reutilizando esta palabra de uso coloquial y popular frente a una gran escena de aparente solemnidad numismática. Este es su primer gesto irónico en un montaje expositivo que, utilizando diferentes formatos y materiales, se concentra en el objeto moneda y lo reinterpreta escarbando los elementos más soterrados en la simbología institucional.
La numismática es el estudio de las monedas practicado desde hace siglos y consagrado, bajo el influjo Positivista, como una ciencia auxiliar de los estudios históricos. Esta condición responde a que las monedas no sólo se investigan con fines estéticos, como objeto de coleccionismo para anticuarios, sino que también son analizados los documentos en torno a ellas, así como sus propias iconografías, su valor, su circulación en periodos determinados, todos elementos que constituyen fuente de información en ámbitos como el económico, político, legislativo, cultural o archivístico.
En un museo de carácter histórico podríamos encontrar diversas colecciones de monedas, exhibidas en vitrinas que las resguardan como reliquias de enorme valor patrimonial, requiriendo ser protegidas de incidentes o robos. Ellas dan cuenta de épocas pretéritas y tienen inscritas representaciones de personajes políticos, militares, eclesiásticos, gestas históricas, o bien la flora, fauna y paisajes emblemáticos de un territorio-nación.

Junto con su valor y funcionalidad específica para la transacción financiera, las monedas conllevan una representación épica e ideal de los países o zonas geopolíticas. Claudio Correa ha desplazado este objeto a la esfera del arte contemporáneo y se propone indagar en las capas de sentido que se encuentran bajo la superficie de las imágenes.
Este y otros elementos institucionales o heráldicos, como sellos, condecoraciones, insignias, banderas, galardones y hasta himnos patrios, han sido abordados en su obra reciente, llevados fuera de su contexto, despojados de su condición jerárquica, reutilizados y fabricados en distintos materiales, construyendo un relato que los reposiciona en un borde simbólico. Es así como el significado fijo e inamovible de estos objetos pasa a ser, literalmente, expuesto a posibilidades dinámicas en montajes que abren un portal de lecturas, con la sugestión (tácita) de problematizar y poner en cuestionamiento las estructuras del poder que originan esta simbología.


En la exposición Plata abundan las monedas verdaderas y los artificios en distintas dimensiones, realizados estos últimos con láminas de pan de oro en aluminio y cobre. Doradas, plateadas, negras, las monedas posan sobre los muros o forman parte de instalaciones de una materialidad lumínica; todas ellas muestran algún desajuste o fractura en su morfología.
En sus diversas caras podemos advertir alusiones a las épicas nacionales de Latinoamérica, a frutos y alimentos endógenos de nuestra geografía, como también a ciertas historias vernáculas y populares, transmitidas inter generacionalmente como parte de la tradición oral campesina.
Este repertorio mítico refiere a las acciones nefastas e incluso conectadas con lo diabólico que puede generar la circulación, acumulación y ambición del dinero. Muchos de esos cuentos rurales fueron escuchados por Claudio Correa en su infancia y adolescencia en la ciudad de Rancagua -valle central de Chile- y los representa ahora iconográficamente en algunas monedas expuestas.


Una vez más, el artista juega con la ironía, como respuesta a la estrategia idealizadora que ha venido ejerciendo el poder institucional con la imagen del mundo rural. Aquellas geografías y poblaciones están, de una u otra manera, sometidas a la depredación sistemática de la doctrina capitalista – imperante en toda la era Moderna- que mientras ensalza y estetiza el imaginario rural, elude las particularidades, complejidades, transformaciones, patrimonio natural y las verdaderas necesidades de esas comunidades y territorios.
“La plata gobierna el mundo”, parece reiterar y ratificar Claudio Correa en esta muestra centrada en la divisa metálica. Su audacia conceptual se ve reflejada en proponer una crítica y, al mismo tiempo, una escena panegírica en torno a la moneda como objeto. El artista reivindica a este símbolo en su comparecencia física, frente a una actualidad donde el intercambio financiero tiende a ser facilitado o compendiado en el plástico y la inmaterialidad digital de las cripto monedas.
La crítica al devenir inmaterial de las imágenes, su circulación y lectura, cruza esta y otras obras de reciente data. Utilizando elementos y técnicas analógicas, Correa analiza el condicionamiento de las subjetividades impuesto por la era digital, y reclama una interacción con la visualidad desde la corporalidad y el espacio.


Como la virtualidad, la plata corre velozmente, a años luz de la producción industrial que constituyó el centro del desarrollo humano hasta avanzado el siglo XX. El dinero es hoy una especulación extendida, un sistema en donde la oportunidad (y el oportunismo) valen más que el trabajo.
Son tiempos y espacios diferentes para quienes acumulan el capital y quienes, por otra parte, dedican una cantidad de horas diarias para la obtención de un salario, sujeto éste al endeudamiento, hoy por hoy la base del vínculo entre el capital y la clase trabajadora, más aún al implicar los derechos fundamentales, aquello que nos es tan imprescindible como la salud, la vivienda, la educación o los servicios básicos.
Todas estas dicotomías vienen poniendo al sistema en una crisis interna que se acentúa por décadas. En este contexto, los “Mundos posibles” que planteara el filósofo alemán Gottfried Leibniz generan propuestas alternativas, en los márgenes del mercado formal, a través de prácticas democráticas y cooperativistas que configuran circuitos de producción y comercio justo.
Y como en un ciclo vicioso, volvemos a caer en cuenta de que “es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”, frase o pregunta esencial atribuida indistintamente al crítico estadounidense Fredric Jameson y al filósofo esloveno Slavoj Zizek, devenida prácticamente en un slogan que llena las redes sociales, como expresión de una desesperanza y frustración colectiva.


La investigación y recreación que ha realizado Claudio Correa de los símbolos patrios y la cultura material hegemónica -profundizando esta vez en las monedas y sus significaciones– remite con insistencia a la historia, operando en su condición de péndulo con la actualidad. Elementos tan solemnes y, en cierto modo, vetustos para los tiempos que corren, encarnan no obstante realidades actuales y contingentes.
Al hurgar en estos imaginarios institucionales, Correa desentraña lo ominoso y las fuerzas oscuras detrás de las épicas nacionales, la exaltación de la tierra y los valores patrios. Lo que plantea no es una denuncia sino una auscultación, una desarticulación y un montaje para evidenciar, muchas veces con el mismo registro de solemnidad aludido, los elementos más pedestres e insustanciales de todo ese campo semántico. La banalidad y la autocomplacencia son descubiertas en estas narrativas historicistas y motivos heroicos e idealizados, muchas veces creados con un objetivo legitimador de abusos, criminalidad y miseria.
La violencia es, en este cuerpo de obra, un problema fundamental. Claudio Correa trae a la discusión la violencia incorporada a la vida cotidiana e instala una reflexión profunda sobre las posibilidades de abstracción de dicha violencia, teniendo en consideración la existencia (y vulnerabilidad) del cuerpo del otro en la definición misma de esta.
Al mismo tiempo, el artista advierte la capa superficial de circulación y retención de las imágenes, en la generalidad de nuestros días, en que todo se simplifica a un emoji, un meme, un resumen. Extrapolando el repertorio de símbolos hegemónicos al terreno artístico, Correa se permite escarbar y complejizar, exigirse un poco más a sí mismo (y al espectador) en los procesos de percepción de las imágenes y la lectura de narrativas gloriosas, que según nos han inculcado desde niños y niñas poseen una carácter fijo e incuestionable.
Plata, de Claudio Correa, se presenta del 20 de julio al 29 de septiembre de 2024 en el Museo de Artes Visuales (MAVI UC), José Victorino Lastarria 307, Santiago de Chile.
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