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ENRIQUE RAMÍREZ: EL IMPOSIBLE PAISAJE

El mar es cambio y permanencia. Es estructura pero es también una fuerza transformadora. Es manso y turbulento; simboliza a la vez lo invariable y lo efímero. Esa ambivalencia es lo que permite a Enrique Ramírez, artista chileno radicado en París, reflexionar sobre la historia reciente, la memoria, las ausencias y, también, sobre la unión de culturas, la diversidad y las diferencias.

A 50 años del golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende, el Parque de la Memoria presenta El imposible paisaje, una exposición de Enrique Ramírez (Santiago, 1979) curada por Florencia Battiti que echa raíces en la memoria de la violencia política de Chile, país que el artista dejó para radicarse en Francia, y que le permitió trabajar sobre los exilios y las distancias; los desencuentros y los reencuentros; las pérdidas y los olvidos.

Su trabajo combina lenguajes visuales y cruces de disciplinas artísticas que abarcan una frondosa producción que se mueve entre el cine, la fotografía y la poesía. Su obra se constituye así con imágenes, videos e instalaciones en torno a los mares.

Al lado del Río de la Plata, destino fatal de muchas de las víctimas del terrorismo de Estado en Argentina, esta significación cobra especial relevancia. De esta manera, esta exposición es una invitación a rememorar y a conectar la historia chilena con la argentina; a sumergirse en las experiencias que proponen el mar, y también el arte. Atravesados por la inmensidad y la calma, suscitan emociones que permiten reflexionar sobre el dolor, las uniones, la dualidad y las ausencias.

Enrique Ramírez, Cruz Mar del Plata, 2016. Fotografía impresa sobre papel, 41 x 50 cm. Ed: 10. Cortesía del artista

EL MAR NOS TRAE LA HISTORIA

Por Florencia Battiti | Curadora

A veces resulta necesario tomar distancia para tener una mejor perspectiva; incluso es indispensable hacerlo para tomar envión, darse impulso y lanzarse hacia donde dicta el deseo. Enrique Ramírez tomó distancia de su Santiago de Chile natal radicándose en París desde 2007, pero, sin embargo, su cuerpo de obra hunde sus raíces en la memoria de la violencia política de su tierra.

Quizás su exilio voluntario sea el que le permite descentrar la mirada sobre la historia reciente y hacer resonar en sus obras otros exilios, otras violencias, más cercanas y presentes a la tierra que hoy habita. “Donde vayamos llevaremos la historia con nosotros”, sostiene Ramírez, “donde estemos sentiremos la tierra de donde venimos a miles de kilómetros. De donde venimos es de donde somos, aunque sean largas raíces que deban cruzar el mundo”.

Así fue que Ramírez se inscribió en el mapa del arte latinoamericano, pero desde el otro lado del Atlántico, desplegando una frondosa producción que se mueve con soltura entre el cine, la instalación, la fotografía y la poesía. Si bien su trabajo se distingue por la hibridación de lenguajes visuales y cruces de disciplinas artísticas, hay un tópico recurrente que atraviesa gran parte de su cuerpo de obra, uno que insiste a modo de síntoma y que, lejos de rehuirlo por repetitivo, Ramírez lo atrapa sin más, lo expande y lo explora, encontrándole infinitas posibilidades y nuevos modos de hacerle preguntas.

Se trata del mar como el lugar de la memoria herida, como el tropo que condensa las ausencias que más duelen. Pero también del mar como conector, como articulador de culturas, como enlazador de diversidades y de diferencias. Así, el mar, con su dinámica de aguas en perpetuo movimiento, cifra en la obra de Ramírez la figura del viaje, los desplazamientos, las travesías, las migraciones, la figura de una memoria que si no se ejercita se va perdiendo, se va diluyendo, también, en un mar de olvido.

Enrique Ramírez, El imposible paisaje. Vista de la exposición en Parque de la Memoria, Buenos Aires, 2023. Foto: Lucía Prieto. Cortesía: Parque de la Memoria
Enrique Ramírez, El imposible paisaje. Vista de la exposición en Parque de la Memoria, Buenos Aires, 2023. Foto: Lucía Prieto. Cortesía: Parque de la Memoria
Enrique Ramírez, El imposible paisaje. Vista de la exposición en Parque de la Memoria, Buenos Aires, 2023. Foto: Nicolás Villalobos. Cortesía: Parque de la Memoria
Enrique Ramírez, El imposible paisaje. Vista de la exposición en Parque de la Memoria, Buenos Aires, 2023. Foto: Lucía Prieto. Cortesía: Parque de la Memoria
Enrique Ramírez, de la serie Calais, 2009. Fotografía impresa sobre papel, 90 x 60 cm. Cortesía del artista

Cuando Enrique era aún un estudiante en Santiago de Chile, quedó impresionado por las pinturas aeropostales de Eugenio Dittborn que conoció en el Museo Nacional de Bellas Artes. Esas superficies de tela o papel, intervenidas con pintura, fotografías y costuras, eran dobladas, guardadas en sobres y enviadas a distintas latitudes por correo, evadiendo la censura de la dictadura de Pinochet.

Al ser exhibidas, las pinturas aeropostales no solo mostraban “el mensaje” transcripto sobre ellas, sino que evidenciaban los rastros de los pliegues que marcaron su piel durante todo el viaje. Una imagen familiar para el joven Enrique, que convivía cotidianamente con las velas de barco que su padre fabricaba en el taller.

Pero cuando Ramírez se detiene en las palabras de Cecilia De Vicenti, hija de Azucena Villaflor, una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, quien buscando a su hijo Néstor fue detenida y luego desaparecida, ya no caben dudas de que bajo su mirada el mar se imanta de metáforas y se abre paso desde el pasado hacia el futuro: “Me mostraron donde estuvo mi mamá y fui a la costa entre Santa Teresita y San Bernardo. Tengo que agradecerle al mar que trajo a mi madre. De hecho, tengo un hijo guarda vidas… El mar me trajo la historia”.

La obra de Enrique Ramírez se caracteriza por una singularísima dimensión espacial y topográfica de la memoria. El paisaje en su trabajo es concebido, siguiendo a María Berrios, como un “espacio geo-poético de la imaginación”, un territorio ficcional que no es producto de la transcripción de un lugar específico, sino un espacio donde la memoria se funde con la imaginación —y quizás hasta se confunde—, abrazando lo imaginario para acaso ser más precisa. Una obra que insiste en recordarnos que ficción no implica “mentira”, sino la forma en que un artista elabora poéticamente su verdad.

Enrique Ramírez, América bajo el agua, 2018. Terracota, agua desmineralizada, 5 x 43 x 33 cm. Cortesía del artista
Enríque Ramírez. La Gravedad. Vista de la muestra. Galería Michel Rein. París, Francia. 2016. Foto cortesía del artista.
Enríque Ramírez, Silueta, 2022. Fotografía impresa sobre papel, 150 x 104 cm. Cortesía del artista.
Enrique Ramírez, Un hombre sin imagen, 2020, still, HD video, color, sonido. 9’. Cortesía del artista

ENRIQUE RAMÍREZ: EL IMPOSIBLE PAISAJE

Curaduría: Florencia Battiti

Parque de la Memoria – Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado, Av. Costanera Norte Rafael Obligado 6745, Buenos Aires

Del 29 de abril al 16 de julio de 2023

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