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GIANFRANCO FOSCHINO: “CREO QUE HAY UNA DEUDA CON EL TERRITORIO”

La edad de la tierra, propuesta de Gianfranco Foschino (Chile, 1983) para la 13° Bienal de Cuenca, retrata en video las texturas de piel de los distintos animales que habitan en las Islas Galápagos (tortugas e iguanas, entre otros), así como paisajes submarinos de ese archipiélago del Pacífico ecuatoriano. El artista alude en esta pieza a dos elementos que han sido centrales en su obra: el tiempo y el agua (y por extensión, el paisaje).

En los últimos años, este artista ha marcado un sello característico con sus videos —en tiempo real y con cámara fija—, que ofrecen una especie de ventana o umbral a un fragmento del paisaje. Un uso del video que en un primer acercamiento parece fotografía pero que, al poner más atención, se perciben los sutiles movimientos de esos espacios naturales que registra.

Foschino estudió cine, pero muy tempranamente inició una investigación más acorde a museos y galerías, es decir, al territorio de las artes visuales. No obstante, él mismo se siente a menudo como un “documentalista” del paisaje que ha explorado diversas zonas del Chile austral, mostrando al público parajes y sistemas naturales que, probablemente, en el futuro, se verán modificados o ya no existirán.

No hay un afán ambientalista per se en su trabajo; sin embargo, los temas que afligen hoy a nuestro medio ambiente están implícitamente planteados en cada una de sus obras, pues se trata de piezas visuales, pero también culturales y políticas.

Conversamos con Gianfranco Foschino en el marco de su exposición LOCUS, que estará hasta el 16 de octubre en el Museo de Artes Visuales (MAVI, Santiago de Chile). La muestra gira en torno al agua y consta de seis obras videográficas de distintos formatos y dimensiones, producto de una investigación de largo aliento que ha llevado al artista a lugares como Tierra del Fuego y la Antártica.

La pieza central es una video-escultura titulada Ojos de agua, hecha de concreto, madera y cristal, y que proyecta en alta definición un acercamiento a las aguas de deshielo del río Futaleufú, uno de los más torrentosos del mundo.

“A diferencia de las video instalaciones, en donde la percepción se gatilla principalmente desde un ejercicio de la mirada, en este caso, con las video-esculturas, es una acercamiento más físico: ves la obra desde la distancia, luego te puedes acercar, la puedes mirar desde los ángulos y todos esos puntos de vista van enriqueciendo la obra», comenta el artista. «Generalmente, en mis trabajos la narrativa está dada por la posibilidad de que no exista un orden, un tiempo de lectura. Eso me interesa de las imágenes en loop, que nunca comienzan y nunca terminan. Y esta exposición tiene ese carácter circular.”

Gianfranco Foschino, Ojos de agua, 2016. Video escultura. Hormigón armado prefabricado. Madera. Cristal templado. Lámina Vikuiti. Video HD. 12 min. Color. Sin Sonido. Loop. 515 x 275 x 50 cm. Cortesía del artista

Escenas protagonizadas por el agua en sus diferentes manifestaciones —cascadas, corrientes de río, mares, icebergs— constituyen este «Lugar» o «Locus» al que nos invita Foschino. Un lugar de contemplación, quizás muy distante a su propia experiencia de registro, que pasa por accidentes, cansancio o frío extremo. Diestro deportista y con disposición a sorprenderse en cada nuevo viaje, el artista se instala días y semanas para capturar la imagen, el momento y la luz perfecta.

“No tengo una forma de viajar, a veces acampo, otras me quedo en casas residenciales, pero básicamente es un trabajo solitario. Yo ando con mi equipo, vagabundeando, siendo guiado muchas veces por la luz, tratando de encontrar distintos puntos para observar. Me parece estimulante la incertidumbre y me siento un poco cronista, lo que es un ejercicio bastante romántico. Por medio de las nuevas tecnologías puedo traducir el tiempo al interior del paisaje, algo que una pintura, dibujo, fotografía o historia narrada pueden hacer, pero de otra forma. Me interesa esta manera más demostrativa, el aquí y ahora; mi anhelo es trasladar al espectador a las locaciones, a través de esta relación temporal con los lugares”.

Su familia proviene de Punta Arenas, pero él no ha vivido en el sur. Sin embargo, siempre visita ese lugar para explorar y perderse, a la manera de los antiguos navegantes que iban en búsqueda del fin del mundo. Foschino considera que esos afanes escasean en nuestra cultura artística: “Creo que hay una deuda con el territorio».

«A diferencia de muchas otras culturas o países, en Chile no tenemos grandes exponentes artistas-exploradores, como si han existido, por ejemplo, en Canadá con The group of seven (1920-1933), que retrataba las grandes montañas, los icebergs y los paisajes extremos del ese país, generando una identidad muy fuerte para esos lugares», agrega.

«A nosotros nos hace falta reconocer nuestros territorios (no hay pintores tradicionales antárticos, por ejemplo). Además, se niega a nuestros pueblos originarios y sus conocimientos; si se les extermina, se extermina el conocimiento y no hay cómo generar una continuidad: sus historias no trascienden, no han sido interpretadas, no hay una valoración, y todo eso suma, lamentablemente, para producir un vacío, una falta de identidad que es la crisis que vivimos hoy”.

Gianfranco Foschino, Sierra nevada, 2015. Video instalación monocanal. LED 60 pulgadas. Marco de madera blanco. Video HD. 21 min. Color. Sin Sonido. Loop. Cortesía del artista

Gianfranco Foschino, Fildes Bay, 2016. Video instalación de 2 canales sincronizados. LED 43 pulgadas. Marcos de madera blancos. HD. 5 min. Color. Sin Sonido. Loop. Cortesía del artista

Vista de la exposición Locus, de Gianfranco Foschino, en el Museo de Artes Visuales (MAVI), Santiago de Chile, 2016. Cortesía del artista

Vista de la exposición Locus, de Gianfranco Foschino, en el Museo de Artes Visuales (MAVI), Santiago de Chile, 2016. Cortesía del artista

Su profundo respeto por el territorio y la historia se ve reflejado en lo que Justo Pastor Mellado —curador de la muestra LOCUS— describe como “una cámara retraída, sin ostentación de dominio”. El propio artista lo refrenda: “Mi ejercicio es la composición, el cómo compongo a partir de ciertos elementos que son dinámicos, y cómo me adelanto al tiempo a través de esta composición. Un fotógrafo o un pintor puede determinar qué es lo que va a ver y es un poco el dios en ese sentido».

«En este caso, como los elementos son móviles y todo varía, hay un fuera de campo que es activo, lo que estoy retratando puede irse o pueden aparecer cosas que yo no estoy viendo, pero que están alrededor y que inciden; la brisa, el pájaro que se posó en el agua, la nube, son coincidencias relevantes para el resultado. Asumo un ejercicio dinámico del observador, que va construyendo estas historias, esos pequeños momentos narrativos que aparecen en los paisajes, donde el viento puede ser protagonista, o una gaviota o una corriente, o un pedazo de nube. Hay una vida al interior del paisaje, y estas piezas son como cuadros abiertos, donde el espectador va nutriendo de significaciones la imagen”.

Gianfranco Foschino, La esfinge, 2016. Video escultura. Hormigón armado prefabricado. Cristal. LED 22 pulgadas. Marco de madera blanco. HD. 8 min. Color. Sin Sonido. Loop. 50 x 150 x 50 cm. Cortesía del artista

LOCUS es la tercera muestra individual de Foschino en Chile. Hace algunos meses tuvo exposiciones simultáneas en la galería Metales Pesados y en Ekho Gallery, que recogían la “movilidad inmóvil” de las ciudades. En el 2011 exhibió La escena del crimen, con la curadoría de Christian Viveros Faué, en la galería González y González.

Su obra ha logrado una importante visibilidad internacional; ha expuesto dos veces en la Bienal de Venecia (2011, 2014) y ha estado también en la 9° Bienal de Santa Fé, Nuevo México (2014), el 18°Festival Videobrasil, Sao Paulo (2013), la 10° Bienal de Artes Mediales, Santiago (2012), en el marco del 7°Festival SANFIC, entre varias otras participaciones en Argentina, México, Alemania, Austria, España y China.

Elisa Cárdenas

Es periodista chilena especializada en temas culturales. Ha participado en los principales medios de prensa escrita de su país, colaborado en revistas especializadas y catálogos de artes visuales. Es autora del libro “Alfredo Jaar. Gritos y susurros” (Contrapunto, 2009) y prepara una nueva publicación sobre este artista chileno.

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