1. El smoothie

Un smoothie es una bebida densa, espesa, pesada, pero al mismo tiempo refrescante y energizante. También es el título de una de las pinturas de Allan Villavicencio (México, 1987). El smoothie predilecto de este artista es el de frutos rojos, mango y menta.

Una pintura es una mezcolanza de elementos y procesos muchas veces contradictorios que se unen para crear un todo. Cuando nos tomamos un smoothie, no sabemos realmente cómo está hecho, incluso cuando lo preparamos nosotros mismos, ya que muchas veces los ingredientes y el proceso de creación se apoderan del momento. Por esto, los smoothies —y la pintura— siempre tendrán un grado de arcanidad. Ahí su magia, pero qué ansiedad no saber qué está mezclado en eso que nos estamos tomando. Sin embargo, podemos sentir lo que genera en nuestro cuerpo, saber si nos gustó o no. Igual que la pintura.

En la mayoría de los smoothies desaparece todo rastro de los ingredientes primarios y se vuelve una plasta uniforme, pero en la pintura de Allan Villavicencio pasa todo lo contrario. En ella puedes observar trozos rojos y amarillos de la fruta que no se acabó de moler, tal vez algunas hojas de menta que la licuadora no logró triturar, una rodaja de pepino atorada en las aspas. El color no es parejo, aprecias una serie matices que no comprendes muy bien de dónde vienen: púrpuras, verdes y amarillos radioactivos, yuxtapuestos con tonos mucho más orgánicos, más cercanos a la tierra.

Aunque en ciertos momentos Villavicencio permite que todo se mezcle, lo que en realidad le interesa es la tensión, así que si aquello se está volviendo muy uniforme, insiste, de nuevo introduce diversos elementos para romper con la homogeneidad que se pudo haber creado. Es como si lo mezclara todo para luego volver a fragmentarlo. Para obtener lo que uno desea hay que empecinarse, pero aun así, hay cosas que no puedes controlar. El proceso pictórico cobra vida propia. El smoothie nunca te queda igual. Lo mismo ocurre con la pintura; es la recalcitrante contingencia de la piel pictórica.

Vista de la exposición “Pétalos del Asfalto”, de Allan Villavicencio, en IK-Projects, Lima, 2019. Cortesía de la galería

2. La piel pictórica

La pintora estadounidense Amy Sillman insiste en entender el color como material, como algo práctico y táctil, más que como algo teórico o solamente óptico. Cuando Sillman habla del color inevitablemente habla de la materia. Esta aproximación al color-materia también se puede observar en la obra de Villavicencio. Para él estos también son inseparables y no hay distinción entre uno y otro. Esto hace que su pintura sea extremadamente palpable y corporal. No hace falta tocarla para sentir su materialidad, es audaz y carnal. El color-materia estructura las pieles pictóricas que conforman la obra de Villavicencio. Podemos concebir la piel pictórica como la conjunción de la materia-color, el tiempo y el espacio en cada capa de sus pinturas. Pero no es solo sobre las cualidades de cada piel, sino sobre lo que sucede entre una y la otra. Una capa simultáneamente niega y sostiene a la otra, e incluso muchas veces son contradictorias. La piel es una superficie que cubre, pero al mismo tiempo apunta a algo más. Alguna vez Amy Sillman también dijo “a veces no es sobre lo que vemos, sino sobre lo que está abajo de eso que vemos”.

Vista de la exposición “Pétalos del Asfalto”, de Allan Villavicencio, en IK-Projects, Lima, 2019. Cortesía de la galería

3. El tiempo

No solo el tiempo de cada obra se configura de una manera única, sino que cada piel pictórica tiene su propia temporalidad. Hay pieles que se forman en un día, otras toman años. El tiempo es el responsable, sin tiempo no hay piel. Es como si Villavicencio tuviera la paciencia de esperar a que una costra se forme, solo para decidir arrancarla y dejar que nazca una nueva. Claro, siempre queda una cicatriz.

Las obras que Allan Villavicencio muestra en esta exposición tienen una temporalidad distinta de sus otros cuerpos de trabajo que involucran una acción desbordada y azarosa y culminan en un par de días. Sin embargo, la mayoría de las piezas que vemos en Pétalos del asfalto implican una acción prolongada. El ritmo es distinto, no sólo en cuanto a creación, sino en cuanto a cómo las digerimos como espectadores. Las pinturas de antes eran como tomarte un smoothie hasta el fondo y sentir frío en el cerebro; las de ahora requieren ser tomadas a sorbitos, regalándote el tiempo para saborear cada tonalidad, cada forma, cada código sobre el lienzo.

Vista de la exposición “Pétalos del Asfalto”, de Allan Villavicencio, en IK-Projects, Lima, 2019. Cortesía de la galería
Vista de la exposición “Pétalos del Asfalto”, de Allan Villavicencio, en IK-Projects, Lima, 2019. Cortesía de la galería

4. Pétalos del asfalto

En las obras de Villavicencio observamos unas formas recurrentes que se asemejan a pétalos. Estos dan la sensación de ser orificios o ventanas, pero ¿hacia qué? Estos pétalos fungen como dispositivos que crean irrupciones entre una piel pictórica y otra. Simultáneamente permiten que emane aquello que sucede en las capas más profundas, pero a la vez son oquedades vía las cuales el espectador puede acceder a la pintura. Estos pétalos marcan el recorrido del espectador a través del espacio pictórico.

La calle también contiene pieles y es precisamente la epidermis de la urbe lo que inspira muchas de las piezas de Villavicencio, un artista que trata de entender la pintura en función a su cotidiano, no solo mediante los objetos que lo rodean, sino también a través de las experiencias que se generan cuando se desplaza de un lugar a otro. El transitar de Villavicencio por la urbe se traduce en su transitar a través del espacio pictórico.

 


[1] Amy Sillman, On Color (Sobre el color), publicado en Painting Beyond Itself: the Medium in the Post-Medium Condition (La pintura más allá de sí misma: el medio en la condición de la era post-mediática), Sternberg Press, 2016.

Pétalos del Asfalto, de Allan Villavicencio, se presenta desde el 9 de noviembre hasta el 15 de diciembre de 2019 en IK-Projects, Av. Mariscal La Mar 1265, Miraflores, Lima.

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Othiana Roffiel

Artista mexicana graduada de Bellas Artes en The Savannah College of Art and Design. Además del desarrollo de su obra, ha fomentado el diálogo internacional en torno al estado del arte contemporáneo a través de sus publicaciones en diversos foros internacionales como Artpulse, Artishock y Proyecto Changarrito.

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