Por Alexandra Laudo [Heroínas De La Cultura]

El Bling-bling designa una subcultura urbana vinculada originariamente al hip-hop y caracterizada por el uso prominente de bisutería ostentosa y otros ornamentos de apariencia lujosa, como prótesis dentales de oro y plata. Se trata de un término onomatopéyico, ya que fonéticamente evoca el sonido metálico que estos ornamentos hacen al friccionar con el cuerpo, con el aire o bien entre ellos.

En su primera exposición individual en España y bajo este mismo título, el artista chileno Claudio Correa (Arica, 1972) presenta una instalación escultórica en la que pone en relación la estética de esta cultura urbana y la heráldica militar. La obra está constituida por un conjunto de cincuenta y seis pequeñas piezas formadas a partir de prótesis dentales que el artista ha intervenido con elementos extraídos de condecoraciones heráldicas; en concreto, de medallas que el dictador Augusto Pinochet entregó a militares y otras personas cercanas al régimen en reconocimiento de la realización de «misiones especiales». Algunas de estas medallas eran formalmente idénticas a otros que en cierto periodo circulaban dentro del ejército norteamericano, un hecho que, lejos de ser casual, revela las alianzas existentes entre la dictadura chilena y el gobierno de Richard Nixon en Estados Unidos.

Claudio Correa, Bling Bling (detalle), 2017, 69 piezas compuestas por medallas y prótesis dentales con incrustaciones metálicas. Cortesía del artista
Claudio Correa, Bling Bling (detalle), 2017, 69 piezas compuestas por medallas y prótesis dentales con incrustaciones metálicas. Cortesía del artista

El metal, en su capacidad de generar resplandor y deslumbrar, deviene aquí el elemento que conecta la heráldica militar con la estética hip-hopera, en una voluntad de aludir sutilmente a la violencia que atraviesa y se hace presente en ambas. El artista se interesa por los procesos de estetización de la violencia y por el poder de atracción que ésta, en su vertiente estética y formal, ejerce en nuestro imaginario. Correa estudia también aspectos como la banalidad, el narcisismo y la fascinación por el oro y el lujo presentes en las formas de representación del poder.

Por otra parte, las prótesis dentales se convierten, sin serlo, en un residuo corporal extraño, un elemento cadavérico que, a pesar de no pertenecer propiamente al cuerpo humano, remite a él y lo representa, como lo podría hacer una reliquia o un ex- voto; de manera similar, son también exvotos las fundas de oro de los dientes de los raperos y las joyas con que éstos se adornan, las que en su función de destacar ciertas partes del cuerpo terminan ocultándolo, escondiéndolo bajo superficies metálicas. Medallas, condecoraciones, dientes dorados y joyas bling-bling proyectan en la esfera social un estatus que es también, en cierto modo, ideológico.

Claudio Correa, Tierras raras, 2019, billetes y papel moneda. Cortesía del artista
Claudio Correa, Tierras raras, 2019, billetes y papel moneda. Cortesía del artista

En la exposición se presenta también la serie de collages Tierras raras (2019), realizados con papel moneda, con billetes, muchos de ellos reales, en una configuración que evoca cartografías de mapas y paisajes extraños. El artista ejerce sobre estos materiales una especie de violencia formal: los perfora y los recorta, destruyendo así su valor económico. Sin embargo, el ejercicio no es ingenuo ni está exento de ironía, ya que mediante esta manipulación destructora Correa crea una nueva obra artística comercializable, y hace que los billetes destruidos adquieran un nuevo valor económico, en un juego que pone de manifiesto la fricción entre el capital simbólico del objeto artístico y el valor monetario que éste tiene en el mercado.

Durante la dictadura de Pinochet se consolidó en Chile el sistema capitalista neoliberal y el país alcanzó una bonanza y una estabilidad económica destacables. Al reunir en una misma exposición su trabajo en torno a las condecoraciones heráldicas de la dictadura y esta serie de collages realizados con billetes, el artista quiere poner énfasis en las dinámicas opacas que conectan el ejercicio de la violencia y el rédito económico, el autoritarismo gubernamental y el sistema capitalista. Lo hace, sin embargo, con un trabajo que se centra en la biografía del objeto y, sobre todo, en su desnudez, en el residuo, que Correa entiende como un documento representativo de la microhistoria humana.

Claudio Correa, Cuarto de Maravillas, 2019, metacrilato, máscaras de plástico, imanes y metal, 182 x 133 x 83 cms. Cortesía del artista
Claudio Correa, Cuarto de Maravillas, 2019, metacrilato, máscaras de plástico, imanes y metal, 182 x 133 x 83 cms. Cortesía del artista

Finalmente, la obra Cuarto de maravillas (2019) da continuidad a las investigaciones formales y conceptuales que el artista ha realizado últimamente en torno a dispositivos visuales, óptica y percepción. Se trata de un conjunto de esculturas lumínicas formadas por metacrilatos traslúcidos que, de manera desenfocada, dejan entrever las siluetas de objetos diversos. Con la voluntad expresa de subvertir los parámetros de nitidez y precisión con que la tecnología contemporánea representa lo que entendemos como «realidad», Correa, por el contrario, experimenta con mecanismos fotográficos analógicos y con su representación imprecisa de las cosas, en un intento de cuestionar y desestabilizar la imagen hegemónica del mundo.

 


Bling-Bling, de Claudio Correa, podrá verse en la Galería Addaya Palma, en Palma de Mallorca (España) hasta el 30 de noviembre de 2019