La obra de Matilde Pérez (Santiago de Chile, 1916 – 2014), una de las principales exponentes del arte cinético chileno, se vincula siempre a experiencias que vienen de la ciencia y de una rigurosa investigación. Se trata de una obra que se genera y se concibe dentro de un pensamiento cercano al estudio de los principios de la física cuántica, los fenómenos lumínicos y de la percepción.

Dentro de su extenso cuerpo de obra la incorporación de la luz fue una de sus facetas menos conocidas. Es por ello que la exposición Matilde Pérez: Lumínica viene a ponerla en valor a través de catorce esculturas lumínicas -algunas de edición única-, que podrán verse hasta el 10 de noviembre en el Centro Cultural El Tranque de la Municipalidad de Lo Barnechea, en Santiago.

Los curadores de la muestra, Morgana Rodríguez y Manuel Basoalto, explican que, en las obras expuestas en esta muestra, la artista se enfrenta a la comprensión de los efectos de la vibración del color, a la reacción de los materiales y a la generación de secuencias que descubre mientras avanza en su trabajo. Estos principios son los que guiaron al Movimiento Cinético desde su inicio, con Víctor Vasarely, Jesús Rafael Soto, Julio Le Parc, Carlos Cruz Diez, entre otros. Matilde Pérez formó parte de este grupo en París durante los años 60.

Matilde Pérez, Cruz del Sur, 1975, escultura cinética en acrílico y melamina con iluminación electrónica secuenciada (obra única), 155.3 x 155 x 16 cm. Colección Familia Matilde Pérez. Foto: Jorge Brantmayer
Matilde Pérez, S/T, 1985, escultura cinética en acrílico blanco con iluminación electrónica secuenciada y marco de acero inoxidable (obra única), 152 x 151 x 11 cm. Colección Familia Matilde Pérez. Foto: Jorge Brantmayer
Matilde Pérez, S/T, 1985, escultura cinética en acrílico negro con iluminación electrónica secuenciada y marco de acero inoxidable (obra única), 157 x 156 x 11.5 cm. Colección Familia Matilde Pérez. Foto: Jorge Brantmayer

“Nada es casual en la obra cinética de Matilde Pérez, como su concepto de la luz y su particular uso del color en cuanto vibración pura que se debe controlar para abrir nuevas puertas a otras experiencias que el ojo humano puede descubrir”, señalan los curadores. “Las obras de Matilde Pérez reclaman ser vistas desde muchas perspectivas simultaneas o individualesas perspectivas simultel reflejo y el color.áneas y también individuales: desde la profundidad, el movimiento o del cambio permanente de la luz, el reflejo y el color. En sus secuencias lumínicas operan otros desafíos: estas responden a una base ordenada desde las matemáticas que establecen formas geométricas. Es allí donde la obra se completa en el ojo del espectador. Otra característica de la artista es que no titula sus obras, prefería que frente a sus creaciones nadie fuera inducido ni sesgado, que cada uno tuviera una percepción libre. Le gustaba que sus obras tuvieran siempre nuevas posibilidades y dimensiones de interpretación”.

El hijo de Matilde Pérez, Gustavo Carrasco, destacó la restauración que se hizo de los circuitos eléctricos de las obras lumínicas, los que datan de los años 60 y 70, para que éstas se pudieran prender. “Eso sí”, aclara, “siempre respetando el movimiento que mi madre creó, pero esta vez con un sistema nuevo”.

 


Imagen destacada: Matilde Pérez, S/T, 1964 (con una reedición c. 1999), escultura cinética motorizada con retro iluminación, disco cóncavo, aplicaciones en acrílico y caja de acero inoxidable, 100 x 100 x 31.5 cm. Colección Familia Matilde Pérez. Foto: Jorge Brantmayer