La muestra Avance rápido, en la Galería Nora Fisch, pone en diálogo dos gestos de recuperación. Por un lado, el de Biyina Klappenbach (1904-1994), olvidada pionera de la danza moderna en Argentina, a través del hallazgo de un portfolio de fotografías que Anatole Saderman le tomó a fines de la década de los treinta. Por el otro, haciendo avance rápido (fast forward), la obra Dinámica de encaje de Osías Yanov realizada en 2012 y nunca vuelta a exhibir, un hito en la producción del artista argentino, ya que fue su primera obra performática personal —concebida fuera del colectivo Rosa Chancho con quienes había trabajado durante la década previa— y puntapié inicial de una serie de obras cuya característica es la relación entre performance y objetos escultóricos. No sólo inauguró una nueva y fértil etapa para Yanov, sino que fue una de las primeras señales del posterior auge del performance que se estableció en Argentina en años recientes, con la creación de la Bienal de Performance y la multiplicación de experiencias performáticas en museos y galerías.

Anatole Saderman, Biyina Klappenbach. Cortesía: Galería Nora Fisch, Buenos Aires
Osías Yanov, Dinámica de encaje, 2011, fotografía. Cortesía: Galería Nora Fisch, Buenos Aires

¿Qué sabemos de Biyina? Bastante poco, tomando en cuenta su condición de artista de vanguardia. Hilvanando los retazos de información que quedan sabemos que Biyina Klappenbach era una mujer de la alta sociedad porteña, biznieta de Bartolomé Mitre, refinada y con estilo, que estudió danza clásica y pintura. Que no cumplió con el mandato de su tiempo de ser esposa y madre joven, sino que viajó a París y se empapó de los preceptos de las vanguardias modernistas, tomó clases con el pintor André Lothe y la exploradora de técnicas corporales Marie Kummer.

En una revista Caras y Caretas de julio de 1937, Biyina aparece en un té y desfile de modas en Le Tourbillon de Buenos Aires. Mientras otras invitadas comparten con sus maridos mesas de mantel blanco y teteras plateadas, Biyina —labios oscuros, cejas muy depiladas, cuello de piel de zorro— y una amiga son fotografiadas en la barra del bar “saboreando un copetín”.  El epígrafe no hace referencia a su actividad profesional, sólo remarca que su sombrero es de última moda. Sin embargo, ya en 1934, el Teatro Lírico Argentino había presentado Ritmos y colores, tres caprichos escénicos: Le village maudit, Les femmes à la mode y La foire folie con actuación, coreografía, escenografía y vestuario de Biyina, y en 1936 había realizado un recital de danza unipersonal donde todas las decisiones formales también habían estado a su cargo. Para un evento de beneficencia en el Hotel Alvear en 1939, Biyina creó y dirigió una coreografía con un grupo de jovencitas siendo presentadas en sociedad, donde se destacó la performance de Amalia Lacroze Reyes. ¿Podríamos inferir que este contacto con Biyina fue determinante en la pasión que Amalita luego tendría hacia el arte?

Biyina también fue pintora; no tenemos imágenes de sus obras, pero el historiador del arte José Luis Pagano, la incluye en el tomo III de su compendio El arte de los argentinos, publicado en 1937, en una sección titulada La contribución femenina. Pagano describe a Biyina en términos de admiración que hoy suenan ingenuamente patriarcales. Tras alabarla como “figura de excepción en nuestro medio” por “la calidad de su inteligencia y su espíritu organizador”, y describirla como “un ejemplo vivo de la unidad de las artes” (refiriéndose a la danza, la música, lo visual, la poesía), Pagano continua: “Sorprende tanto dinamismo en una criatura tan suave y tan femenina. Es la ideadora y la ejecutora de empresas cuya realización haría retroceder a muchas voluntades viriles. Porque esta mujer toda gracia, echa sobre sí misma el peso de iniciativas ingentes, de orden a la vez técnico y estético… Nada expresaríamos si dijéramos: efectúa espectáculos de danza. No concretaríamos lo significativo del aserto. Porque Biyina Klappenbach –ella sola– es todo el espectáculo. Desde la selección de la música a la ideación de las maquetas escenográficas, al dibujo de figurines, a la distribución de tonos, todo es obra suya; y luego su intervención, como centro único del espectáculo mismo. Es ella y sólo ella. Tiene un estilo: el suyo. A él se debe la cohesión de sus muchas expresiones de arte. Su obra la sitúa, como pintora, en el grupo de avanzada”.  Por su abordaje integral de la obra, haciendo puente entre el arte del movimiento y el visual, Biyina podría considerarse la primera artista de performance en Argentina.

A partir de fines de los años 40 Biyina se aleja de la danza y desarrolla una carrera como escenógrafa y diseñadora de vestuario. Durante los años 50 y 60 trabaja en varias producciones teatrales junto a destacados protagonistas del teatro argentino, como Ulyses Petit de Murat y Marcelo Lavalle, quien dirige una versión de Hamlet adaptada por ambos. Desde 1959 es la escenógrafa de Moda en TV, en Canal 7 y luego Canal 9, primer programa argentino dedicado a la moda y primera oportunidad para la clase media de ver desfiles en movimiento, un éxito de audiencia que continuaría en pantalla por una década. Biyina también tuvo una columna en La Nación dedicada al arte de recibir, la cual Xul Solar leía con devoción.

No sabemos mucho más acerca de esta pionera: quién la influenció, si conoció a Martha Graham, a Ruth Saint Dennis o a los hermanos Sakharoff, ni quién fue influenciado por ella. No sabemos qué pensaba acerca de su obra ni qué era lo peculiar de su estilo, si la teatralidad, el aspecto visual/formal, la abstracción, los movimientos, las pausas y transiciones o todo junto. Por su energía, capacidad gestora e independencia, podemos suponer que Biyina fue una mujer moderna además de una artista con una mirada multidisciplinaria, pero no sobrevive ninguna reflexión suya acerca de su trabajo ni de su condición de artista mujer. Lo que sí sabemos con certeza es que aparte de estos fragmentos de información que ahora hilvanamos entre sí, no quedan casi menciones a Biyina en nuestro imaginario colectivo. Una pionera borrada.

Anatole Saderman, Biyina Klappenbach. Cortesía: Galería Nora Fisch, Buenos Aires

De Anatole Saderman sabemos bastante más. Tal vez porque la fotografía, como técnica y medio ya era considerada un asunto serio a mediados del siglo XX, mucho más que los movimientos efímeros del cuerpo de una mujer. Nacido en Rusia en 1904, escapó del hambre y la persecución, emigró con su familia a Berlín, luego huyó del nazismo a Uruguay y Paraguay, donde abrió su primer estudio fotográfico. Se asentó en Argentina en la década del 30. Vivió una larga y productiva vida durante la cual retrató a numerosos artistas: Borges, Pier Paolo Pasolini, Pablo Neruda, María Elena Walsh, entre otros. Expuso su obra internacionalmente —tanto en vida como de manera póstuma, MALBA le dedicó una muestra este año—, fundó el Foto Club Argentino y el Foto Club Buenos Aires, obtuvo premios y reconocimiento, su obra está hoy en importantes colecciones, siendo considerado uno de los fotógrafos icónicos del modernismo en Argentina.

Las fotos de Biyina en esta exhibición fueron tomadas por Anatole pero es pertinente preguntarse por su autoría. Biyina es más que un sujeto pasivo a ser fotografiado. Las poses, los gestos, el vestuario, el maquillaje, la composición de la foto tienen el aporte de las decisiones estéticas de Biyina. ¿Colaboración o delicado equilibrio de autorías?

Fast forward, Alfredo Srur. Nacido en 1977, tuvo una carrera exitosa en fotoperiodismo que incluyó retratar a trabajadores rurales de Honduras para el Banco Mundial y un relevamiento fotográfico en la selva amazónica para la Federación de la Cruz Roja. Frente al advenimiento de la fotografía digital, Srur desarrolla un proyecto pasional: enamorado del negativo analógico, se propone el rescate y conservación de antiguos archivos fotográficos argentinos que si no cayeran en sus manos estarían desintegrándose en un basural o escondidos en un anticuario sin conciencia de su valor simbólico. Alfredo se ha convertido en un arqueólogo vehemente y a pulmón de la fotografía local y ha fundado CIFHA (Centro de Investigación Fotográfico Histórico Argentino). En sus procesos de su investigación, Srur encontró estas fotografías de Anatole/Biyina, 51 contactos y algunas copias, y decidió ponerlos en circulación. Acá su rescate excede el material fotográfico: recupera para nuestra historia del arte una artista mujer vanguardista e ignorada.

Osías Yanov, Dinámica de Encaje, registro de performance en Nora Fisch, Buenos Aires, 2019. Foto cortesía de la galería
Osías Yanov, Dinámica de Encaje, registro de performance en Nora Fisch, Buenos Aires, 2019. Foto cortesía de la galería
Vista de la exposición "Avance Rápido: Osías Yanov, Anatole Saderman & Biyina Klappenbach", en Nora Fisch, Buenos Aires, 2019. Foto cortesía de la galería
Vista de la exposición "Avance Rápido: Osías Yanov, Anatole Saderman & Biyina Klappenbach", en Nora Fisch, Buenos Aires, 2019. Foto cortesía de la galería

Fast forward, Osías Yanov. Nacido en 1980, Osías se inició como fotógrafo. Se formó también en danza y teatro experimental. Hace poco menos de una década comenzó a desarrollar su obra personal, en la que el performance y el cuerpo y sus deseos —como tema y material— son centrales. En 2015 presentó en MALBA una importante obra performática que incluyó la articulación de movimiento alrededor de una gran escultura, activando el espacio arquitectónico de la sala. Recibió la beca Urra-Gasworks por lo cual viajó a Londres. Exhibió en Argentina, México, España, Inglaterra, Estado Unidos, Ecuador y en pocos días será el primer artista argentino en ocupar la sala Molinos del Faena Art Center. Sus obras se hallan en las colecciones del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires; FRAC Pays de la Loire, Francia; Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid (a través de una donación de Patricia Phelps de Cisneros); Los Angeles County Museum of Art, entre otras. Osías es hoy el referente del performance en Argentina, conectando movimiento y arte visual.

La obra de Osías respira contemporaneidad, emerge de investigar experiencias fluidas de la sexualidad, fertilizada por teorías queer que presentan lecturas del mundo donde las categorías borronean sus límites y la vida es exaltada en su diversidad y sus deslizamientos. Repensar categorías es repensar la historia y su construcción futura.

Dinámica de encaje, realizada siete años atrás, es un hito tanto en el desarrollo de Yanov, como para el nuevo impulso que el performance toma en Argentina en años recientes. Es su primer performance estructurado en donde los movimientos se generan y realizan en relación a objetos escultóricos (formato que regresaría en la obra que Yanov presentó en el Parque de la Memoria en 2013 con curaduría de Inés Katzenstein y Javier Villa, en VI Sesión en el Parlamento en Malba en 2015, y en la obra que pasó a formar parte de la colección del Museo Reina Sofía en Madrid, entre otras). Dinámica de Encaje transcurre en un clima onírico con reverberaciones de prácticas sadomasoquistas. Yanov en ese momento exploraba la noción del umbral de resistencia corporal como compuerta a experiencias liberadoras. La obra se exhibió en Inmigrante, una galería alternativa gestionada por artistas, y quedó desde entonces desarmada y fuera de circulación.

Con alrededor de 80 años de diferencia entre una producción artística y la otra, Biyina y Osías comparten ciertas características: ser artistas al mismo tiempo visuales y del movimiento; generar de manera unipersonal una visión integral de la obra, que incluye objetos y vestuario; empujar los lenguajes artísticos del momento en un avance rápido hacia adelante. Siendo un artista impregnado de la sensibilidad contemporánea, para Yanov el tema del género, de sus definiciones fluidas y cambiantes es central ¿Podremos conjeturar que, de una manera empírica por lo menos, Biyina también cuestionó los patrones rígidos de lo que se esperaba de lo femenino en su época?

 


Avance Rápido: Osías Yanov, Anatole Saderman & Biyina Klappenbach podrá verse hasta el 28 de septiembre de 2019 en la Galería Nora Fisch, Avenida Córdoba 5222 (1414), Buenos Aires.