Ubicado en medio de un bosque de cipreses endémico de japón (Cryptomeria japónica), donde es posible encontrar plantas nativas como hortensias (Hydrangea macrophylla), azaleas (Rhododendron sp.), cerezos silvestres (Wild Cherry Blossom), entre otras especies propias de un ecosistema de abundante agua, el Aomori Contemporary Art Centre (ACAC), diseñado por Tadao Ando, es el escenario ideal para la práctica de artistas que, como Gianfranco Foschino, buscan espacios para la contemplación.

Como parte del programa de residencias AIR de ACAC, la exposición colectiva Courage in Transience, curada por Aya Murakami, reúne a los artistas que durante esta temporada 2019 han sido invitados a reflexionar en torno a la palabra “hakani”, un concepto del japonés que significa «fugaz» o «frágil», y cuyos signos de escritura implican una actitud de poder-hacer negada. La transitoriedad de nuestro tiempo en este planeta se enfrenta por primera vez en la conciencia humana, con su trascendencia como especie. Estamos en vías de desaparición, y uno de los signos más evidentes de esto es el agotamiento de uno de los recursos fundamentales para la vida: el agua.

Durante varios meses Foschino realizó diferentes paseos en los alrededores, produciendo una serie de videos, los cuales muestran escenas en las cuales la dificultad de identificar un lugar en específico favorece la posibilidad de interpretar ese entorno natural como un lugar universal. La naturaleza como un todo interconectado a través de una extensa red de relaciones colaborativas. Ojos de Agua es una serie de video esculturas de cristal y concreto, con imágenes de superficies de ríos de distintos lugares del mundo. Mizu No Me (水の目) es su versión filmada en el río Oirase en Japón. En su nombre está implícita una comunicación entre el artista y el agua, reconociendo en ella su agencia, invitándonos como espectadores a cambiar nuestra percepción de la división occidental y kantiana de lo humano como algo separado del mundo natural. Foschino nos acerca al terreno de la no dualidad, un precepto alineado con muchas cosmologías indígenas, que hoy en día, en manos de sus representantes,  están tomando el liderazgo en la defensa del agua y la biodiversidad.

Gianfranco Foschino, AME GA HURUMAE(雨が降る前), 2019, proyección HD sobre muro, 28 min., color, silente, loop. Cortesía del artista

La contemplación es uno de los conceptos centrales de la arquitectura de Tadao Ando, entendido, más que como un estado ascético, un acelerador de un cambio radical en nuestras formas de ser/estar en el mundo. Sus espacios incorporan la naturaleza y la luz, al mismo nivel que el concreto y la madera u otros elementos constructivos, creando una arquitectura que se percibe como parte de un todo. Teniendo estas ideas en mente, Foschino trabaja cada detalle de la captura de sus imágenes, así como del montaje de su obra, de tal forma en que elementos como la pantalla o la superficie de proyección se fundan con su contenido. En Mitsu(密) Luz densa, el soporte parece absorbido por el muro. El video centra la mirada en un detalle de esta inmensidad, las hojas de una especie de hiedra de suelo parecen respirar sincronizadas con el viento.

Instalada en el mismo formato, Mori (森) Bosque, nos sitúa en el centro de un lugar donde los árboles actúan como un filtro de luz, creando una atmósfera donde es posible percibir lo que ocurre en el interior, incluso en los detalles más pequeños. En un formato más inmersivo, proyectado sobre el muro, Ame ga hurumae(雨が降る前)Antes de la lluvia, muestra, a lo largo de los casi veintinueve minutos de grabación, cómo lentamente la niebla va penetrando en el bosque tupido.

En una suerte de sinestesia, pareciera que podemos escuchar los sonidos del lugar que estamos viendo, sin embargo, las piezas no tienen audio. Ocurre como cuando nos acercamos una caracola al oído y creemos escuchar el mar.

Gianfranco Foschino, MIZU NO ME (水の目), 2019, video-escultura, proyección trasera HD sobre vidrio, concreto, acero,18 min, color, silente, loop, 190 x 280 x 140 cm. Cortesía del artista
Gianfranco Foschino, MITSU(密), 2019, video-instalación, pantalla LED de 60" con marco de madera blanco montado a la pared, video HD, 28 min., color, silente, loop. Cortesía del artista
Gianfranco Foschino, MORI (森), 2019, video-instalación, pantalla LED de 50" con marco de madera blanco montado a la pared, video HD, 16 min., color, silente, loop. Cortesía del artista

A lo largo de la trayectoria de Foschino, sus videos silenciosos nos dejan la sensación de que la naturaleza quiere ser escuchada, movilizando nuestras creencias sobre la fugacidad de la vida, activando un sentimiento de responsabilidad ante los cambios radicales que estamos viviendo como parte de un ecosistema en riesgo. Por un lado, es posible pensar que no solo nuestras acciones alteran el mundo, sino que hay ciertos movimientos que ocurren de forma espontánea y como parte de un ciclo mayor al de nuestra historia; por otro, sabemos que nuestras acciones son únicas, y que está en nuestras manos la posibilidad de generar un cambio que sea capaz de despertar aquello que nos hace humanos. Es aquí donde radica la fuerza de la obra de Foschino, la actitud radical de su mirada. No estamos frente a una obra silenciosa, lánguida, que busca ralentizar el tiempo de una manera romántica: en sus videos somos testigos de un tiempo real, de un acontecimiento que dibuja las perspectivas futuras de la naturaleza, insinuando así un mundo en el cual el universo natural podría tener sus propios derechos como agente indispensable para la trascendencia humana.

Pocas veces somos capaces de poner atención en algo tan sutil como el reflejo del agua o la brisa del viento; nuestros pensamientos nos abruman haciendo difícil dejar un espacio para la percepción de cosas simples. Sin embargo, cuando logramos despojarnos de todo aquello, surge con fuerza una conciencia de lugar estremecedora. Se abren los sentidos, aparecen los detalles y una nueva realidad se hace presente, allí donde solo veíamos un paisaje.

 


Courage in Transience estará abierta hasta el 8 de septiembre de 2019 en Aomori Contemporary Art Centre (ACAC), Aomori, Japón.

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Carolina Castro Jorquera

Nace en Chile, en 1982. Es curadora, y Doctora en Historia del Arte por la UAM, Madrid. Sus intereses están enmarcados por las relaciones que es capaz de establecer el arte con otras disciplinas como la ciencia y la filosofía, así como también con las diferentes dimensiones de la conciencia humana y su rol en la construcción de la historia y del presente.

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