El proyecto Museopaco de los artistas Enrique Flores y Nicolás Grum es una escultura, una escultura de acontecimiento. Transforma una casa en un ente arquitectónico con identidad confusa. Creo que este es uno de los pocos proyectos que no ha pensado Local como un espacio arquitectónico con un interior en el que se pueden instalar unas piezas de arte. Este proyecto piensa en la casa como un volumen que existe en la ciudad, como una arquitectura cuyos rasgos participan del barrio y la ciudad.

Museopaco transforma la identidad de la casa. Museopaco transforma la identidad de la galería hacia la personificación de un espacio curioso, familiar, con sentido del humor. Local –ocupado por Museopaco- remeda a nuestros vecinos del otro lado de la calle. De esta manera, este proyecto articula una silenciosa situación: dos arquitecturas enfrentadas se parecen (ya que una imita a la otra). La intervención a la fachada de Local (pintada emulando a la comisaría de enfrente, que a su vez emula a las comisarías chilenas), instala un momento del que son protagonistas dos casas. Dos casas que habían ocupado veredas opuestas de la misma calle por décadas, pero que recién ahora se hacen un guiño amistoso de reconocimiento.

Vista de la exposición "Museopaco", de Enrique Flores y Nicolás Grum, en Local Arte Contemporáneo, Santiago de Chile, 2019. Cortesía: Local
Vista de la exposición "Museopaco", de Enrique Flores y Nicolás Grum, en Local Arte Contemporáneo, Santiago de Chile, 2019. Cortesía: Local
Vista de la exposición "Museopaco", de Enrique Flores y Nicolás Grum, en Local Arte Contemporáneo, Santiago de Chile, 2019. Cortesía: Local

Por lo general son las casas domésticas, las fábricas, los establecimientos comerciales o los edificios institucionales los que se hacen estos gestos de familiaridad que terminan por dar identidad a ciertas zonas urbanas. Las comisarías permanecen irremediablemente solitarias, apersonando una cierta actitud justiciera y de rigor, pero también de un aislamiento poco festivo, poco cálido (el vecino serio y riguroso). Este gesto entonces tiene algo de emotivo. Podríamos decir que nos permite ver (en apariencia) el encuentro (casi inaudito) entre dos solitarios, dos casas que nunca debiesen hacer escena en el espacio de la ciudad. Pero lo que vemos (en realidad) es a dos viejos vecinos: la 35 comisaría de delitos sexuales de Providencia y un espacio de arte llamado Local Arte Contemporáneo. Me parece de una complicidad emotiva y silenciosa este gesto como estado de similaridad, sobretodo considerando las particularidades de Barrio Italia como un sector de sofisticación arribista en la identidad de los espacios arquitectónicos. Casas de familia que reciclan su identidad como salones de té, sofisticadas panaderías hipsters, elegantes restaurantes o tiendas de diseño independiente.

El guiño de Local como comisaría (un espacio para la reflexión desde lenguajes afines al arte y completamente marginado de cualquier tipo de éxito en términos económicos) es de reconocimiento entre inadaptados en un barrio con identidad cambiante, snob y aspiracional infiltrada en la anatomía arquitectónica de una zona residencial. Creo que el origen del humor que contiene la situación es precisamente el de la desesperanza que significa la gentrificación para la sobrevivencia de actividades raras y la inminente transformación de las ciudades y las formas de vida que estas alojan. El aplanamiento de las poéticas y sutilezas de la vida y sus posibilidades en el barrio como contexto, hacia un modelo de mercado para el encuentro, la transacción y la convivencia entre personas-consumidores (sin duda que el humor es negro y de resignación).

Vista de la exposición "Museopaco", de Enrique Flores y Nicolás Grum, en Local Arte Contemporáneo, Santiago de Chile, 2019. Cortesía: Local
Vista de la exposición "Museopaco", de Enrique Flores y Nicolás Grum, en Local Arte Contemporáneo, Santiago de Chile, 2019. Cortesía: Local
Vista de la exposición "Museopaco", de Enrique Flores y Nicolás Grum, en Local Arte Contemporáneo, Santiago de Chile, 2019. Cortesía: Local

Por otra parte, la imitación es un gesto que siempre nos ha parecido cómico a los humanos, mientras que para muchas especies animales y vegetales imitar es una disciplina de sobrevivencia, reconocimiento y vida en comunidad. Pareciera ser que reconocemos en la imitación un gesto de ridiculización, pero además nos causa una incomodidad agradable (cómica) reconocer la torpeza en los gestos del que imita en relación al original imitado.  La torpeza del imitador vuelve frágil y nos presenta a la autenticidad de lo original como relativamente absurda. Pero yo creo que esta réplica tiene algo de reconocimiento animal, un gesto de asimilación más que uno de antagonismo. El deseo de parecerse no comparte vocación con el deseo de burlarse. El gesto no es arrogante en el sentido de visibilizar una jerarquía por medio de la dirección única de una burla posible (demostrar que el arte se podría reír de los carabineros, pero no al revés). Demostrar esto sería soberbio y falto de moderación, ya que no necesitamos un “caso” para la constatación de esta suposición.

Los métodos del arte y los de la ley cuentan con mecánicas y rendimientos posiblemente opuestos. El arte en su multiplicidad gestual sabe reírse, sabe ser paródico, sabe ridiculizar. Por su parte, las instituciones encargadas del control se apegan a procedimientos de operación con rígidas estructuras, que poco espacio deja a la posibilidad de ser irónico o gracioso. Cierto es también que las instituciones de control están operadas por seres humanos que dotan a estos organismos de una orgánica imperfecta. Constatación de esto es que la figura del carabinero (a nivel local) sea una que –más allá de una cierta solemnidad y respeto- tenga rasgos caricaturescos. Es de esperar que esta exhibición no los haga encontrarse en la forma de la confrontación y que tenga la capacidad de establecer puentes que nos hagan ver cómo es que se podrían comunicar con tolerancia y procurando un espacio dentro de ambos lenguajes para su encuentro dialogante.

Pero Museopaco no es solo una situación en el barrio, es más que el encuentro formal de símbolos en el espacio público; tiene además un interior (que me sigue pareciendo una extensión de la situación). Dentro de la casa se despliega una serie de objetos y elementos que remiten a la citada institución (las imitaciones continúan). Una mezcla entre objetos existentes con memoria institucional y otros creados por los artistas que articulan un espacio para la exhibición de material relacionado con Carabineros. Algunos objetos recogen situaciones históricas, otros revisan la contingencia. La suma de todos estos artículos compone una atmósfera, generando un “lugar”. La casa en donde hacemos nuestras actividades, independientemente de que muchas veces la he visto transformada, repleta de objetos y cosas curiosas y hasta incendiada, nunca se me había presentado tan drásticamente como un lugar diferente al que reconozco y en el que trabajo hace tantos años.

Vista de la exposición "Museopaco", de Enrique Flores y Nicolás Grum, en Local Arte Contemporáneo, Santiago de Chile, 2019. Cortesía: Local
Vista de la exposición "Museopaco", de Enrique Flores y Nicolás Grum, en Local Arte Contemporáneo, Santiago de Chile, 2019. Cortesía: Local

Museopaco es un lugar, Museopaco es una situación, Museopaco es un comentario crítico y nostálgico. Museopaco condensa una multitud de elementos generados por los artistas a modo de una ambientación para un homenaje paródico. Se cruzan los lenguajes del museo conmemorativo y la recreación escenográfica para la configuración de una situación crítica y formal en donde el imaginario visual y cultural de Carabineros es materia prima. Este espacio interior (la exposición) también nos lleva a pensar en la obra como un díptico, ya que invoca las operaciones de nuestros vecinos del otro lado de la calle como ese original que en Local está siendo exhibido en un estado paródico. En este sentido, desde el 26 de julio en Local empezó a operar un doble imperfecto: hasta el 11 de septiembre, al interior de las dos casas similares a ambos lados de la calle, habrá actividades privadas, afines pero distintas, como en uno de esos espejos de la Casa de la Risa.

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Javier González Pesce

Artista visual. Es licenciado por la Universidad ARCIS (Chile, 2008) y Máster en Arte en la Esfera Pública por ECAV (Suiza, 2017). Ha participado en exposiciones colectivas en Chile, Uruguay, Argentina, Colombia, Estados Unidos, Canadá, España, Suiza, Grecia y China. Entre sus exposiciones individuales destacan "Esta Tierra es tal, que para vivir en ella y perpetuarse no hay mejor", en la Galería Gabriela Mistral (Chile, 2017), "Ciels", en el Musée de Art de Sion (Suiza, 2017), y "El ser tan bella no te da derecho a destruir", en el Museo de Artes Visuales (Chile, 2014). Ha ganado el premio de arte joven del MAVI (Chile, 2012), el premio para curadores del Consejo de la Cultura (Chile, 2013), y la Residencia de las Américas del Consejo de las Artes de Montreal (Canadá, 2014). Desde 2011 co-dirige el espacio de arte Local Arte Contemporáneo (Santiago, Chile), en el que han exhibido artistas como Gonzalo Díaz o Tris Vonna-Michell, y ha generado proyectos curatoriales, organizado exposiciones y escrito numerosos textos. Local ha participado de ferias de arte internacional en Chile, Estados Unidos y España.

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