La Fundación Cartier, en París, presenta hasta el 10 de noviembre la exposición Nosotros los Árboles (Nous les Arbres), en la que una comunidad de científicos, filósofos y artistas que han desarrollado un vínculo fuerte e íntimo con los árboles es convocada a investigar sobre su riqueza biológica, así como a revelar la belleza intrínseca de estos grandes protagonistas de la Tierra, hoy amenazados por incendios y deforestaciones a gran escala.

La exposición se plantea devolver al árbol el lugar del que ha sido despojado por el antropocentrismo. Reúne testimonios de quienes son capaces de mirar el mundo vegetal con asombro y nos muestran, para citar al filósofo Emanuele Coccia, que «no hay nada puramente humano: lo vegetal existe en todo lo que es humano, y el árbol está en el origen de toda experiencia».

Curado por el antropólogo uruguayo Bruce Albert, que ha acompañado la inquisitiva exploración de la Fundación Cartier sobre estos temas desde la exposición Yanomami, Spirit of the Forest (2003), el proyecto gira en torno a una serie de individuos que ha desarrollado una relación única con los árboles, sea intelectual, científica o estética. Por ejemplo, el botánico Stefano Mancuso, pionero de la neurobiología de las plantas y defensor del concepto de inteligencia de las plantas, ha colaborado con Thijs Biersteker para crear una instalación que «da voz» a los árboles y, a través de una serie de sensores, revelar su reacción al medio ambiente y la contaminación, así como el fenómeno de la fotosíntesis, la comunicación de las raíces, o la idea de la memoria de la plantas, haciendo así visible lo invisible.

Otra de las grandes figuras que ha desempeñado un papel central en la construcción de la exposición es el botánico Francis Hallé, cuyos cuadernos muestran tanto la maravilla del artista ante los árboles como la precisión de un profundo conocimiento de las plantas. Su trabajo es un testimonio del encuentro entre ciencia y sensibilidad. «Me pregunto si nuestra relación inicial con los árboles es estética más que científica. Cuando nos encontramos con un hermoso árbol, es algo extraordinario», dice. En el corazón de la exposición se encuentra su reflexión sobre la relación entre humanos y árboles, que es también el tema de la película que presenta Raymond Depardon.

Francis Hallé, Moabi, Baillonella toxisperma, Langoue, Gabón, 2012, lápiz y tinta sobre papel, 42 × 30 cm. Colección del artista © Francis Hallé

Con dibujos, pinturas, fotografías, películas e instalaciones de artistas de América Latina, Europa, Estados Unidos, Irán y de comunidades indígenas como los Nivaclé y Guaraní del Gran Chaco (Paraguay), así como de los Yanomami, tribu que vive en el corazón de la selva Amazónica, la exposición está marcada por varios conjuntos repartidos en diferentes salas para explorar tres hilos narrativos. El primero, nuestro conocimiento de los árboles, desde la botánica hasta la nueva biología vegetal; en segundo lugar, la estética, desde la contemplación naturalista hasta la transposición onírica; y, por último, la devastación actual de los árboles, contada a través de observaciones documentales y testimonios pictóricos.

Según datos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), Latinoamérica alberga el 84 por ciento de los bosques naturales del mundo, una cifra que resuena hoy con fuerza en las noticias tras el número récord de incendios que afectan a Brasil y que también arrasan otras zonas de Sudamérica. Fuente de vida y hogar ancestral de cientos de comunidades indígenas, la selva Amazónica es mucho más que el “pulmón del planeta”. Cuenta con una extensión de seis millones de kilómetros cuadrados, y constituye la mayor selva tropical del mundo, abarcando los territorios de nueve países. No cabe duda de la importancia de incluir en la narrativa de esta exposición a artistas de Latinoamérica, quienes con un conocimiento claro y sensible de la selva y sus árboles hacen que sus trabajos dialoguen y cuenten historias en estos momentos de urgencia.

Dibujos de Esteban Klassen, 2019. Tinta sobre papel, 21 × 29 cm. Colección de Verena Regehr, Chaco, Paraguay. © Esteban Klassen

Con una profunda delicadeza han sabido observar, entender y estudiar la figura de los árboles. Luiz Zerbini (Brasil) expone sus enormes lienzos de colores intensos que compone usando una cuadrícula geométrica rigurosa que revela la riqueza gráfica del mundo vegetal y proporciona al espectador la impresión de estar frente a la imagen misma del bosque. Zerbini contrasta el largo proceso creativo de la pintura, similar al crecimiento de un árbol, con lo espontáneo o el proceso accidental que está en el origen de sus monotipos, impresiones directas de las hojas, flores y ramas. En el medio del espacio principal se encuentra una de las instalaciones más ambiciosas de la exhibición: una mesa, un gran herbario, plataforma concebida por el artista como una especie de pintura viva. Incluye muestras de plantas seleccionadas cuidadosamente acorde a sus cualidades estéticas que reflejan la modernidad brasileña, así como la relación entre los habitantes próximos a la selva.

Kalepi, Joseca y Ehuana Yaira, tres artistas Yanomami («habitantes del bosque») del norte de Brasil, exponen sus dibujos y dan vida a sus árboles cuyas frutas, hojas y corteza usan como alimento, medicina y rituales. Jorge Carema, Esteban Klassen, Efacio Álvarez, Marcos Ortiz y Clemente Juliuz, artistas que viven en la región del Gran Chaco (Paraguay), actualmente deforestándose a un ritmo sin precedentes, exhiben dibujos de jaguares, pecaríes y garzas que aparecen repetidamente como testimonios de que el bosque es fuente de subsistencia para las comunidades que allí viven.

Vista de la instalación de Luiz Zerbini (Brasil) en la exposición "Nosotros los árboles", Fundación Cartier, París, 2019. Foto: Luc Boegly

La instalacion de Afonso Tostes (Brasil) revela un lado oscuro: las diferentes herramientas expuestas en la pared blanca, como verdugo que exhibe su arsenal letal, dejan claro que la humanidad ha dominado la existencia de los árboles. Las herramientas están cuidadosamente categorizadas y estéticamente lucen desgastadas. Los mangos de madera crean una analogía entre vida y muerte, madera y carne.

Otro brasileño, Alex Cerveny, prolonga esta idea de la interdependencia o analogía entre humanos y árboles a través de sus pinturas que combinan referencias autobiográficas, bíblicas, etnográficas y geográficas.

Las esbeltas siluetas de grandes árboles de Johanna Calle (Colombia) forman un bosque de papel enigmático y majestuoso, trasmitiendo a la vez un mensaje político. Su delicada elegancia contrasta con la gravedad de los temas evocados por la tipografía que construye sus follajes: deforestación, ecosistemas frágiles, especies endémicas, y el despojo de tierras indígenas amerindias en Colombia. Para esta serie, Calle transcribe sobre el papel de documentos legales antiguos la Ley de Tierras que protege los derechos de los campesinos desplazados, permitiéndoles reclamar la propiedad de la tierra declarando los árboles que han plantado allí.

Vista de la instalación de Afonso Tostes (Brasil) en la exposición "Nosotros los árboles", Fundación Cartier, París, 2019. Foto: Thibaut Voisin
Vista de la instalación de Johanna Calle (Colombia) en la exposición "Nosotros los árboles", Fundación Cartier, París, 2019. Foto: Luc Boegly

La exhibicion nos va llevando a explorar diferentes perspectivas en la relación e interacción que tenemos no solo con el bosque o la selva, sino también con la historia de los árboles en tiempos coloniales, o su participación en nuestra vida cotidiana en sitios urbanos, a través de los trabajos de los brasileños Santidio Pereira, Cássio Vasconcellos, Claudia Andujar, Miguel Rio Branco y Nilson Pimenta, o del artista Sebastián Mejía (Perú/Chile), con sus series Quasi Oasis, una investigacion tipológica sobre la palmera en el paisaje urbano, y Expediciones, en la que registra distintas especies durante sus recorridos peatonales por la ciudad, como la Araucaria Araucana, autóctona del territorio chileno.

Las impecables imágenes de Mejía –tomadas en Santiago de Chile- inducen a la contemplación. Empapadas de detalles, líneas y contrastes de textura, evocan recortes de noticias viejas, memorias de esta extraña y paradójica relación que en la ciudades tenemos con los árboles. «Nosotros, como habitantes de la ciudad, mantenemos la naturaleza a raya, mientras tratamos de reintegrarla en nuestras casas, jardines y espacios públicos», dice el artista.

Fotografías de Sebastián Mejía (Perú/Chile) en la exposición "Nosotros los árboles", Fundación Cartier, París, 2019. Foto: Luc Boegly

NOSOTROS LOS ÁRBOLES

Artistas y colaboradores:  Efacio Álvarez, Herman Álvarez, Fernando Allen, Fredi Casco, Claudia Andujar, Eurides Asque Gómez, Thijs Biersteker, Jake Bryant, José Cabral, Johanna Calle, Jorge Carema, Alex Cerveny, Raymond Depardon, Claudine Nougaret, Diller Scofidio + Renfro, Mark Hansen, Laura Kurgan, Ben Rubin, Robert Gerard Pietrusko, Ehuana Yaira, Paz Encina, Charles Gaines, Francis Hallé, Fabrice Hyber, Joseca, Clemente Juliuz, Kalepi, Salim Karami, Mahmoud Khan, Angélica Klassen, Esteban Klassen, George Leary Love, Cesare Leonardi, Franca Stagi, Stefano Mancuso, Sebastián Mejía, Ógwa, Marcos Ortiz, Tony Oursler, Giuseppe Penone, Santídio Pereira, Nilson Pimenta, Osvaldo Pitoe, Miguel Rio Branco, Afonso Tostes, Agnès Varda, Adriana Varejão, Cássio Vasconcellos, Luiz Zerbini.

Fundación Cartier, 261 Boulevard Raspail, París.

Del 12 de julio al 10 de noviembre de 2019

Imagen destacada: Diller Scofidio + Renfro, EXIT, 2008-2015, video, 15 min. Colección Fondation Cartier pour l’art contemporain, Paris. © Diller Scofidio + Renfro

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Noelia Portela

Nació en Montevideo. Es una curadora independiente de arte contemporáneo. Estudió diseño conceptual e historia del arte en la Facultad de Arquitectura y Diseño de Wellington, Nueva Zelandia. Fundadora y directora de Persona/Curada. Reside y trabaja en Venecia, Italia.

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