El conocimiento artístico y científico, así como diversas investigaciones interdisciplinarias, han sido parte de SACO Festival de Arte Contemporáneo desde sus inicios, en el 2012. Este encuentro internacional nace en el Desierto de Atacama, el lugar más seco del planeta, y desde ahí levanta puentes desde el arte hacia un territorio que funciona como observatorio astronómico, centro de estudios arqueológicos o foco de escrutinios geológicos, y que inevitablemente se transforma en un laboratorio de creaciones que no pueden ignorar este contexto.

En SACO 1 el eje fue Arte + Política + Medio Ambiente. En la exposición que estuvo aquella vez en el Centro Cultural Estación de Antofagasta (CCEA) se incorporaba desde lo científico el tema del derretimiento de los hielos a partir de la obra de la artista Andrea Juan (Argentina), con visiones del fitoplancton de la Antártida. Esa edición estuvo bajo la curaduría de la argentina Marisa Caichiolo, quien planteaba que el objetivo era “capacitar y concientizar al espectador a convertirse en agente activo del desarrollo sostenible, la educación y comprensión de las comunidades y, de esa forma, implementar soluciones interculturales e interdisciplinarias”.

El diálogo interdisciplinar, entre ciencia y arte, ha trascendido todos los años de SACO, consolidándose en el 2018 con el apoyo del Museo Arqueológico Reverendo Padre Gustavo Le Paige y, en el 2019, con la acogida del Centro de Astronomía de la Universidad de Antofagasta, entidades que han asesorado a algunos de los artistas que han reflexionado con sus obras sobre la conducta del ser humano en el desierto, fundamentados en el conocimiento científico.

Este año, en SACO 8, cuatro latinoamericanos han trabajado en el Desierto de Atacama investigando las posibilidades o resultados que tiene la exploración científica de la zona: Aldair Indra (Bolivia), Joaquín Fargas (Argentina), Natalia Pilo-Pais (Perú) y Guillermo Anselmo Vezzosi (Argentina).

"Rabdomante, la utopía del agua", de Joaquín Fargas, 2019. Vista de la exposición en el Centro Cultural Estación de Antofagasta (CCEA). Foto cortesía de SACO
"Rabdomante, la utopía del agua", de Joaquín Fargas, 2019. Vista de la exposición en el Centro Cultural Estación de Antofagasta (CCEA). Foto cortesía de SACO

Rabdomante, la utopía del agua

Un robot recorre los áridos paisajes de la segunda región de Chile, intentando captar la humedad del entorno para generar un nuevo ciclo vital y obtener el recurso hídrico, cuya explotación ha generado importantes controversias entre el sector industrial y los pueblos originarios. “El Rabdomante es un personaje que habita entre la fantasía y la realidad con una propuesta utópica que tal vez podría llevarse a cabo”, asegura el experto en bioarte Joaquín Fargas, creador del robot junto a Elia Gasparolo, quien colaboró en su diseño y realización.

Basado en la radiestesia, facultad de percibir las radiaciones electromagnéticas utilizada para descubrir manantiales y yacimientos subterráneos, “este ser tecnológico busca comprender las propiedades de la naturaleza para almacenar la energía del sol en baterías que luego alimentarán unos dispositivos denominados Celdas Peltier. Al estar en contacto con la atmósfera, en la cara fría de la celda se producirá la condensación de agua”, agrega Joaquín. La exposición Rabdomante, la utopía del agua, que es parte de SACO 8, incluye videos e instalaciones en el CCEA.

"Espectro de Marte", de Aldair Indra, 2019. Vista de la exposición en el Museo Regional de Antofagasta. Foto cortesía de SACO

Espectro de Marte

En la aridez del mismo desierto, Aldair Indra trabajó sobre la viabilidad de ocupar Marte, basada en cuantiosos estudios astronómicos en la región de Antofagasta, por su similitud con el planeta rojo. Así, enfrenta esta obsesión humana por expandir sus dominios con una mirada lúdica pero crítica en Espectro de Marte, muestra en el Museo Regional de Antofagasta que nació como resultado de su residencia en el Centro de Astronomía de la Universidad de Antofagasta.

“El proyecto se puede leer en varias capas y ángulos: lo técnico-científico, lo filosófico en cuanto a la relación del ser humano con el cosmos, las mediciones y la datación; y, por otro lado, la conquista de espacios que se da de un territorio a otro. La NASA es la que hace estas investigaciones, pues la idea es colonizar otro destino, pero ellos llegan hasta acá, no dan cuenta de sus descubrimientos a los científicos chilenos”, manifiesta Aldair.

Eduardo Unda, director del Centro de Astronomía, agrega: “Nos dimos cuenta de que el trabajo artístico revaloriza muchos de los conocimientos que para nosotros están normalizados, por eso queremos entregar mucha más materia prima, para que los artistas resignifiquen los conceptos y lleguemos a la comunidad desde ángulos que habitualmente no llegamos, como el arte, permitiendo que la astronomía se acerque a todos los públicos”.

"Diario de una búsqueda hacia lo suprasensible", de Natalia Pilo-Pais, 2019. Vista de la exposición en Sala de Arte de Fundación Minera Escondida de San Pedro de Atacama. Foto cortesía de SACO
"Diario de una búsqueda hacia lo suprasensible", de Natalia Pilo-Pais, 2019. Vista de la exposición en Sala de Arte de Fundación Minera Escondida de San Pedro de Atacama. Foto cortesía de SACO

Diario de una búsqueda hacia lo suprasensible 

Un viaje escultórico, fotográfico y conceptual es el que ofrece la exposición Diario de una búsqueda hacia lo suprasensible, de Natalia Pilo-Pais, en la Sala de Arte de Fundación Minera Escondida de San Pedro de Atacama, quien, con el apoyo de investigaciones interdisciplinarias, vuelca miradas hacia la cosmovisión indígena y el pasado común entre latinoamericanos, resultado de su residencia arte + arqueología que contó con la colaboración de los científicos del Museo Arqueológico R. P. Gustavo Le Paige.

“A la relación entre arte y arqueología que experimenté en este proceso de investigación se incluyó la filosofía, la antropología e incluso la geología”, explica la artista. “Esta última ciencia se incluye en el trabajo sobre territorio, y dio como resultado piezas escultóricas de un estudio de suelo. El apoyo en estos conocimientos aportó al desarrollo y a la comprensión de los resultados visuales, que reflejan un diálogo entre la ciencia y el arte en las culturas pasadas y presentes”.

Elena Horta, arqueóloga del museo, asegura que “el diálogo entre el artista y el científico genera unas dinámicas insospechadas de comunicación, y otorga nuevos descubrimientos que en el entorno de San Pedro de Atacama se vuelven propicios. Mi posición es muy positiva y me parece que es necesario continuar estas diásporas de arte y ciencia, en base a la experiencia que vivimos el año pasado junto a la artista uruguaya Jacqueline Lacasa (autora de De cómo las almas viajan a las estrellas, en SACO 7) y este año con Natalia”.

"Topografía de un futuro incierto", de Guillermo Anselmo Vezzosi, 2019. Vista de la exposición en el Muelle Histórico Melbourne Clark de Antofagasta. Foto cortesía de SACO
"Topografía de un futuro incierto", de Guillermo Anselmo Vezzosi, 2019. Vista de la exposición en el Muelle Histórico Melbourne Clark de Antofagasta. Foto cortesía de SACO

Topografía de un futuro incierto 

En la exposición principal de SACO 8, una estela azul se dibuja sobre el cielo del Muelle Histórico Melbourne Clark de Antofagasta. Es la obra del artista y arquitecto argentino Guillermo Anselmo Vezzosi, quien se fundamentó en un programa de la NASA (VESL) para determinar cuánto subirá el nivel del agua en miles de años más por efectos del cambio climático. El resultado es una instalación con mirada apocalíptica que nos devuelve a la ciencia y a la reflexión sobre el futuro.

“Trabajo con un hardware de la NASA, el cual me permite estimar el incremento del nivel del mar alrededor del mundo en milímetros por año una vez que se derritan los polos, y busco hacer un anclaje específico con respecto al mar y una localidad como esta, que se ve muy afectada en el programa”, explica.

En el cruce entre arte y ciencia, estas obras –que se podrán ver hasta el 23 de agosto- ponen en la palestra problemáticas socioambientales del desierto, del extractivismo, el olvido de las tradiciones ancestrales y la obsesión por el dominio territorial del ser humano. En estos procesos de investigación, artistas y científicos parecen coincidir en que el diálogo entre ambas áreas es un aporte al desarrollo del conocimiento, que fortalece el progreso de cada disciplina con sus particularidades. Mientras, el Desierto de Atacama se despliega como un libro abierto para que nuevos trabajos transdisciplinarios esbocen interrogantes sobre la existencia y el futuro de este territorio único en el mundo.