Por Johan Mijail

Pulsiones que buscan armonía.

Quisiéramos hablar de un orden, pero Santo Domingo no lo tiene. Podríamos decir, incluso, que como la gran mayoría de ciudades latinoamericanas, arrasadas por los procesos coloniales, dictaduras y democracias que todavía no terminan de llegar, tenemos modernización sin modernidad. Hay ahí, entonces, una falta, una falla constitutiva en aquello que entendemos como lo social dentro de nuestras realidades, y es quizás por esto que incluso tenemos que inventarnos desde los espacios creativos formatos que nos proyecten maneras de supervivencia. Exploraciones y manifestaciones artísticas que nos ayuden a «parar el sufrimiento» que genera el descontrol acumulado en el devenir histórico. Inventar maneras de hablar críticamente sobre lo que hemos aprendido a olvidar por la poca estimulación de la memoria, por los propios procesos de adoctrinamiento que en la comprensión de los cuerpos que tenemos, por ejemplo, perpetúan un desordenado modelo de producción de sentidos. Sufrimiento con lo que nuestras identidades rotas significan y de cómo hemos sido cómplices de su depósito en un flujo amnésico muchas veces generalizado en un ensimismamiento como efecto de las circunstancias que atraviesan interseccionalmente lo que podríamos llamar, ahora, como presente.

La apuesta de Patricia Castillo (Patutus) reconoce este desconcierto que habitamos para regalarnos mantras que nos hagan despertar al grito de una ciudad y sociedad que nos refleja en una idea de isla caribeña confundida en sí misma por su vaivén constante y violento: en el grito de los cobradores de las guaguas, en el grito de los olvidados por la macropolítica, en los gritos del bochinche del barrio de donde hemos venido y sobrevivido ante una exclusión naturalizada en lo que entendemos como comunidad.

Esta exposición podríamos entenderla, desde mi manera de ver, como el recorrido de un pensamiento visual dominicano que en medio de un desbarajuste nos exige una pausa crítica al caos que nos funda por lo desordenados que somos.  La artista va trazando líneas que destellan luces individuales para desde esa geometría ofrecer un horizonte que nos permita vernos, de frente, y no ignorarnos más entre nosotros mismos. Pero para ello necesitaríamos un frenón en la aceleración de lo cotidiano, en cómo nos relacionamos con los demás, con nosotros mismos y con el ambiente. Aquí Patutus va dibujando, diseñando e instalando composiciones que configuran nuevas funciones para los puntos que nos alteran los planos. Destella con destreza y expresión minuciosa la dinámica de su manera de comprensión poética, donde la materialidad está distribuida potenciando transformaciones a los mismos límites de las formas artísticas que dispone en esta exhibición.

Vista de la exposición "Pare de sufrir", de Patricia Castillo (Patatus), en Lucy García Galería, Santo Domingo, República Dominicana, 2019. Foto cortesía de la galería
Vista de la exposición "Pare de sufrir", de Patricia Castillo (Patatus), en Lucy García Galería, Santo Domingo, República Dominicana, 2019. Foto cortesía de la galería

Desde una estrategia dialoga y propone una comunicación entre el color en su presencia y ausencia, promoviendo más allá de lo binario circunstancias que ven en lo espiritual una opción para decir desde la instalación aquello que habitamos y es intangible. La artista tiene una experiencia donde puede lograr disponer las piezas en el espacio para logra construir una experiencia particular en relación a su manera de mirar, zigzagueando por recuerdos y memorias personales que con atención podríamos encontrar en tanto nos ubicamos en la emoción universal de lo humano y sus opacidades.

La artista compone melodías que en relación al color niegan la misma historia de verticalidad de las líneas porque es un cuerpo femenino racializado el que imaginará estos mapas-tejidos que pierden su origen para inventar otros que promuevan el flujo visual y hasta energético de la experiencia estética. Los hilos operan en algunas piezas como narrativas de historias y emociones. Algunas aprendidas por vía humana o mediante la máquina -la televisión- promoviendo una identificación de las mismas y la ubicación de estas en su valor positivo o negativo. Estas narraciones aparecen de manera circular porque en su materialidad insisten en repetirse como ciclos de la vida misma.  Asimismo, van apareciendo nuevas formas geométricas que triangulan las fuerzas contenidas en lo que nos dirá eso que somos en realidad, más allá de la percepción del otro sobre nosotros o el entorno social donde nos desarrollamos.

Es el desplazamiento del color, también, un motor importante a reconocer en la medida que nos dice de las fluctuaciones de pieza en pieza mostrando su posibilidad de representatividad de las oscuridades que nos habitan para interrogarnos directamente intentando saber qué estamos haciendo al respecto como individualidades, pero también como colectividad en relación a ese desconcierto que habitamos. Así, Patutus nos motiva a vivir una experiencia con las formas desde una serie de instalaciones que le permiten desarrollar este trabajo, logrando una armonía que se resiste a perpetuar la falta de orden en la que nos desenvolvemos, pero que también resistimos.

Vista de la exposición "Pare de sufrir", de Patricia Castillo (Patatus), en Lucy García Galería, Santo Domingo, República Dominicana, 2019. Foto cortesía de la galería

PATRICIA CASTILLO (PATUTUS): PARE DE SUFRIR

Lucy García Arte Contemporáneo, Calle Federico Geraldino #83, Plaza Mezzaluna, local 18, Piantini, Santo Domingo, Rep. Dominicana

Hasta el 30 de agosto de 2019