A mediados de julio inauguró en el Centro Cultural Kirchner (CCK) una retrospectiva del argentino Julio Le Parc (Mendoza, 1928) en la que no sólo se hace énfasis en su prolífera carrera sino también en su rol como artista-héroe, mito viviente y orgullo nacional.

Un visionario es el nombre de esta mega exhibición que ocupa varias salas en distintos pisos y hace un recorrido que atraviesa toda la producción del mendocino. Es que para los organizadores y productores de esta muestra – la curaduría es de Gabriela Urtiaga, historiadora del arte y curadora general de Artes Visuales del CCK, mientras que la dirección artística estuvo a cargo de Yamil Le Parc, hijo del artista y director artístico del Atelier Le Parc (París, Francia)- menos no pareciera ser más, sino lo contrario.

Más de 160 obras son exhibidas en las distintas salas, desde piezas lumínicas a esculturas interactivas, e incluso un ejercicio de realidad virtual. El público debe subir y bajar escaleras, siguiendo paredes con ploteos multicolores, con lo que el desarrollo espacial de esta exhibición se instaura casi como una búsqueda del tesoro. Este extensivo corpus, signado por una pluralidad de soportes, recursos y lenguajes, incluye no sólo producciones icónicas como obras cinéticas, grandes instalaciones lumínicas y juegos participativos, sino también dibujos, gouaches y bocetos desconocidos para el público argentino, con el objetivo de mostrar una perspectiva integral sobre el proceso de creación del artista, desde finales de los cincuenta hasta la actualidad.

Vista de la retrospectiva de Julio Le Parc en el Centro Cultural Kirchner (CCK), Buenos Aires, 2019. Foto: Laura Szenkierman. Cortesía: CCK
Vista de la retrospectiva de Julio Le Parc en el Centro Cultural Kirchner (CCK), Buenos Aires, 2019. Foto: Laura Szenkierman. Cortesía: CCK

Le Parc es reconocido mundialmente por ser un pionero del arte cinético y realizar grandes innovaciones en los campos de la luz, el movimiento y la percepción.  Sus obras funcionan como un soporte para la investigación sobre la pintura y sus alcances, la escultura y las experiencias participativas. La amplia selección de obras que dan cuenta de esta multifacética búsqueda se divide en diez núcleos temáticos y formales, como Superficies, en cuya sala se agrupan las primeras experiencias pictóricas del artista a fines de 1958. El núcleo Luz, por otro lado, presenta obras frente a las cuales el espectador cobra un rol activo, siendo expuesto a instalaciones interactivas, así como también a piezas con movimiento propio y en constante transformación. Otros de estos grupos son Relieves, Desplazamientos, Móviles, Alquimias, Torsiones, e incluso un salón de juegos.

Esta retrospectiva en el CCK se enmarca en el contexto de un homenaje nacional que se lleva a cabo en Argentina con motivo de la celebración de los 90 años del artista. Conjuntamente, en el Museo Nacional de Bellas Artes se inaugurará la muestra Transición Buenos Aires – París 1954/1959, en la que se reúnen obras realizadas en su primera década de trabajo, previo al viaje a París, donde luego estableció su residencia hasta la actualidad. A su vez, se realizarán otros eventos en Buenos Aires, como una instalación móvil en el Centro de Experimentación del Teatro Colón desde el 20 de agosto, una conversación pública con el pianista y director de orquesta Daniel Barenboim sobre la creación artística, una nueva intervención lumínica en el Obelisco con fecha a confirmar, y un libro monográfico de más de 400 páginas que distribuirá la editorial El Ateneo el mes próximo.

Vista de la retrospectiva de Julio Le Parc en el Centro Cultural Kirchner (CCK), Buenos Aires, 2019. Foto: Laura Szenkierman. Cortesía: CCK
Vista de la retrospectiva de Julio Le Parc en el Centro Cultural Kirchner (CCK), Buenos Aires, 2019. Foto: Laura Szenkierman. Cortesía: CCK

Este tributo fue concebido como una retribución y reconocimiento a un artista que realizó un aporte invaluable al arte argentino, así como al vínculo cultural que nos une con el resto del mundo, ya que socializó producciones latinoamericanas. Pero Le Parc no es un artista ignorado y mucho menos olvidado, sino que, al contrario, es uno de los mayores orgullos nacionales. El CCK, de hecho, exhibe una de sus obras en la entrada desde su inauguración, la cual es cuidadosamente alumbrada por focos azules que hacen que resalte aún más.

Tras haber sido expuestas en París, Londres, Miami, Brasil y Nueva York, arriba a Buenos Aires un conjunto de obras que fueron imaginadas y realizadas en París. Esta retrospectiva se presenta, entonces, como una oportunidad – o voluntad – de devolver a suelo argentino obras que de alguna manera ya no nos pertenecen. Con la misma mezcla de recelo y orgullo de madre, nuestra patria recibe a un artista argentino que hace seis décadas vive en Francia. Nos emocionamos igual que cuando un futbolista del interior gana un sueldo en euros pero canta nuestro himno en un partido.

Vista de la retrospectiva de Julio Le Parc en el Centro Cultural Kirchner (CCK), Buenos Aires, 2019. Foto: Laura Szenkierman. Cortesía: CCK

Por otro lado, uno de los rasgos más difundidos de la producción de Le Parc es su interés por las experiencias interactivas, mediante las cuales busca generar una relación activa entre el espectador y la obra. A través del movimiento y la luz, utiliza elementos que transforman a las obras y las convierten, literalmente, en experiencias físicas. El público atraviesa reflejos, camina entre piezas colgantes y sonríe al ver su imagen deformada. Pero, ¿realmente esto acerca la obra al espectador, o más bien son las risas una manera de digerir más fácil algo que no entendemos? Es decir, las obras cinéticas implican un trabajo que – complicado o no – desconocemos: motores, cables y tuercas hacen que funcionen. Entonces, ¿dónde se manifiestan los estudios sobre la percepción que dieron como resultado estas piezas? ¿Será en el asombro, en las risas o en los posteos en redes sociales?

Es innegable que esta retrospectiva presenta a la obra de Le Parc como un conjunto cuyo denominador común es el estudio minucioso del objeto artístico, la multiplicidad infinita de resultados, la reflexión sobre el color, la luz y el movimiento; todos ellos, temas que confluyen en su preocupación sobre la percepción como un estado de convergencia entre lo sensorial y lo intelectual. Quizás, para su debida comprensión, sería mejor atenuar un poco las luces y los espejos de colores para no encandilarnos con las visiones de este mítico artista argentino.

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Laura Guindlin

Curadora y crítica de arte argentina. Estudiante de Historia del Arte en la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Trabaja en teoría e investigación sobre arte contemporáneo.