Para la primera exposición individual de José Vera Matos (Lima, 1981) en Nordenhake México, el artista ha creado diez dibujos de gran escala, transcripciones minuciosas en estilógrafo sobre papel de bambú. Ocho dibujos que son intrincadas y fascinantes composiciones formales contienen el capítulo Objeto Marginal: Objeto Antiguo de El sistema de los objetos de Jean Baudrillard, mientras que dos grandes obras horizontales muestran, también en absorbentes composiciones hechas de minúsculas letras a mano, el capítulo titulado Lo Exótico, en el libro La conquista de América, la cuestión del otro, de Tzvetlan Todorov. Un video y una escultura nuevos también están en exhibición.

El trabajo de Vera Matos expone una investigación histórica compleja que se enfoca en la tensión que surge como consecuencia del colonialismo. Su trabajo se preocupa por y reflexiona sobre las maneras en que las sociedades contemporáneas tienen una fascinación por objetos de un pasado precolombino enaltecido, particularmente de Perú y México, en el cual buscan encontrar significados y valores simbólicos, mientras que en realidad son parte de un proceso de domesticación en el que los objetos de convierten en mercancía folklórica.

Vista de la exposición "Pellizcar un vidrio", de José Vera Matos, en Nordenhake, Ciudad de México, 2019. Foto cortesía de la galería
Vista de la exposición "Pellizcar un vidrio", de José Vera Matos, en Nordenhake, Ciudad de México, 2019. Foto cortesía de la galería

FOLKLORE EN LA ERA DE LA ACTUALIZACIÓN. NOTAS

Por Armando Andrade Tudela

 

Como en un trance, la fatiga extrema produce lagunas físicas y mentales. La proximidad con el estado paranormal, fruto del cansancio y la extenuación, transforma la realidad en un espacio sin orden, en donde las fuerzas físicas y mentales que nos sostienen como máquinas productivas se funden. Nos volvemos operadores sin vigilancia, desatados, actuando bajo consignas ajenas a las de la hiperproducción y el consumo. Estamos al borde de la erosión formal, con nuestro lenguaje flotando al límite de la vigilia.

Si no somos ni cazadores ni recolectores, si no participamos dentro de los ciclos de producción, circulación y consumo, ¿entonces qué somos? En principio somos un estado, una condición existencial que nos sujeta a la vida y nos permite actuar. Pero también está la idea de ser canales o médiums, es decir, cuerpos intermediarios entre nociones fundamentalmente binarias –lo material y lo inmaterial, la forma y el espíritu, lo estable y lo inestable–; en ese caso seríamos como una cuña que se inserta entre dos superficies, llenando el espacio con algo que no es ni de uno ni de lo otro: el silbatazo de un tombo1 a un choro2, el sonido de una flauta tocada al ver un cóndor volar, o el primer hijo, que es el que rompe la simetría de la pareja y que tiene su símbolo en la figura trágica de Edipo.

La fatiga nos va vaciando y estar exhausto es estar en proceso de desactivación. Una de las tantas perversiones del capitalismo tardío es habernos vuelto testigos de cómo las herramientas que nos permiten la autonomía del cuerpo –el cuerpo como agente independiente– se van descargando frente a nosotros. Los porcentajes de energía, el cargar y recargar aparatos, están escribiendo una nueva métrica somática, mientras que entendemos que la autonomía del cuerpo es, finalmente, una ilusión. Estamos donde el cuerpo estuvo durante la revolución industrial en tanto partícula de un gran engranaje mecánico omnipresente. La fábrica la llevamos con nosotros en forma de extensiones, vapor y electricidad comprimidos hoy en la perfección de un cigarro electrónico recargable. En esta hiperactualidad los objetos funcionales dependen de sistemas de apoyo en permanente estado de extinción. Es esta una vuelta de tuerca extraña y perversa de lo que Baudrillard definió como ‘objeto antiguo’, objetos utilitarios que tienen una relación de codependencia entre su función original y la carga simbólico-mitológica que adquieren cuando se desplazan en el tiempo y pierden su utilidad. ¿O es simplemente otra forma de entender el objeto como signo de su medio ambiente?

Sabemos que el ánima se mueve en el tiempo y sabemos que la transmisión oral y manual son los recipientes naturales de este espectro (o conciencia) flotante. El ejercicio simultáneo de transmitir y reanimar –una melodía, una narración, una forma en barro– es lo que nos permite romper con los horizontes temporales y rasgar la estructura del presente. Y es que no hay transmisión sin interpretación, del mismo modo que no hay reorganización sin un agente que desequilibre la disposición de los elementos. Interpretar es la cuña que divide el pasado del futuro, una manera de reactualizar lo que, siguiendo con Baudrillard, podríamos llamar la dimensión mitológica del objeto.

Y así llegamos a la habitación rústica donde Adolfo Palacios canta Respuesta Funeraria3. El mundo Andino manifiesta toda su gravedad a través de este cantante ciego que declama coplas religiosas en quechua y español mientras lo graban diligentes musicólogos, los mismos que procederán a transcribir y traducir sus versos. Pero hay distorsiones en el proceso de doblaje; por momentos, Palacios mezcla e hibrida las dos lenguas generando zonas de espeluznante confusión (en el folleto que acompaña el disco se denominan undistinguished lyrics). Se desestabiliza el andamiaje etnográfico y entramos dentro de lo que podríamos llamar el canon de lo irregular, el lugar de lo que habita de manera excéntrica o no-sistematizada. La carga emotiva de Palacios es una nube de humo moviéndose al interior de las cabinas opacas del lenguaje. Es también, como su título lo indica, una respuesta. Podríamos decir que es una respuesta a los sistemas de mediación ligados a la trasformación de experiencia en data (¿una manera de civilizar la experiencia?) o un ejemplo de aquello que se manifiesta en la opacidad profunda del sincretismo.

Un flautista interpreta por más de tres horas ‘El Cóndor Pasa’. A medida que la interpretación avanza, se va desmantelado el fuselaje de normalidad (o lo que también podríamos llamar de lo reconocible) y la fatiga pega. La melodía, un standard del folklore peruano, se va desfigurando. El artista José Vera Matos ha decidido filmar solo los últimos minutos de esta performance de resistencia. Donde antes podíamos reconocer una melodía tradicional ahora vemos grietas y, dentro de ellas, lo discontinuo. Interpretar deja de ser una herramienta de mediación para volverse un portal a lo que habita sin tiempo ni materia fija.

 


[1] Policía

[2] Ladrón

[3] Pista número 5 de Traditional Music of Perú, Vol 2: The Mantaro Valley (Smithsonian Folkways Recording).

José Vera Matos, Objeto antiguo, objeto marginal, 2019, estilógrafo sobre papel de bambú, 42 x 59,4 cm, enmarcado en plexiglas por el artista. Foto cortesía de Nordenhake, México
José Vera Matos, Objeto antiguo, objeto marginal, 2019, estilógrafo sobre papel de bambú, 42 x 59,4 cm, enmarcado en plexiglas por el artista. Foto cortesía de Nordenhake, México
José Vera Matos, Objeto antiguo, objeto marginal, 2019, estilógrafo sobre papel de bambú, 42 x 59,4 cm, enmarcado en plexiglas por el artista. Foto cortesía de Nordenhake, México
José Vera Matos, Objeto antiguo, objeto marginal, 2019, estilógrafo sobre papel de bambú, 42 x 59,4 cm, enmarcado en plexiglas por el artista. Foto cortesía de Nordenhake, México
José Vera Matos, Pellizcar un vidrio, 2019, acrílico y bambú, 200 x 15 x 15 cm. Foto cortesía de Nordenhake, México
José Vera Matos, Civilizado nostálgico, 2019, still de video, video HD, 8'45"

JOSÉ VERA MATOS: PELLIZCAR UN VIDRIO

Nordenhake, Praga 33, Juárez, Ciudad de México

Hasta el 28 de julio de 2019