Por Grace Sparapani

Para su primera exposición en Revolver Galería, Cosima zu Knyphausen (1988) toma prestado un motivo bien conocido en la historia del arte: la mujer leyendo. Particularmente popular en la pintura del Renacimiento holandés y del Impresionismo francés, fue representado comúnmente por artistas hombres1 y utilizado como una oportunidad para mirar un momento privado, la figura leyendo aislada dentro de un espacio interior.

Sin embargo, las lectoras de Cosima son diferentes; pueblan otro tipo de espacio al de esas solitarias mujeres pintadas por Monet o Vermeer. Su lectura es un acto comunitario que las sitúa, no en la línea del canon artístico masculino, sino de la erudición y la excelencia marginalizada.

Cosima se inspira en Christine de Pizan (1364 – circa 1430), escritora de comienzos del Renacimiento francés, reconocida por su temprano pensamiento feminista y por ser la primera mujer europea en ganarse la vida escribiendo2. La más famosa de sus obras es La Ciudad de las Damas, un texto alegórico que describe la construcción de una ciudad con el fin de recibir a las mujeres extraordinarias de la historia. La narradora, Christine, la erige bajo el mandato de las damas Razón, Rectitud y Justicia, quienes se le aparecen en su estudio después de que ésta expresara vergüenza por su condición de mujer, tras leer varios tratados en contra de su género –escritos, por supuesto, por hombres. Es necesario destacar que Christine no utiliza el término “damas” para referirse a mujeres nobles o de riqueza, sino a quienes dispongan de gran virtud –una cualidad alcanzable para todas y necesaria para enfrentar a los hombres que las difaman3.

La “ciudad” que crea no es física sino literaria. Por medio de la escritura, Christine es capaz de atravesar las fronteras del tiempo y del espacio, uniendo a mujeres realizadas y virtuosas a lo largo de la historia. Esta utopía imaginada se convierte en el escenario donde se sitúan las “damas” de Cosima; amigas y colaboradoras mujeres* que se sientan en su estudio a leer4. Inspirada en la tradición de la tapisserie5, Cosima interpreta las iluminaciones de un manuscrito creado por el taller de Christine, en gran parte femenino, en telones escenográficos con colores pastel y líneas rápidas, que aparecen pintados de nuevo en su serie de pinturas6. Las damas de Christine cuidan a las damas de Cosima; si bien la figura retratada está sola en el estudio (aparte, por supuesto, de quien pinta), se vuelve parte de una comunidad fundida en un mismo plano.

Cosima Zu Knyphausen, Dikotomier, 2019, pintura vinílica y óleo sobre algodón. Cortesía: Revolver, Lima
Cosima Zu Knyphausen, Doireanne reading lesbian pulp fiction before Founding Mothers, 2019, pintura vinílica y óleo sobre lino, 30 x 22 cm. Cortesía: Revolver, Lima
Cosima Zu Knyphausen, Ruhm, 2019, óleo sobre lino, 30 x 22 cm. Cortesía: Revolver, Lima

Desde de la pintura, Cosima trabaja también mediante la cita. “Itálicas de la autora” es una frase que se encuentra a menudo en notas al pie de página para denotar la potestad del autor de alterar lo citado, entendiendo el texto como un compañero de diálogo mutable más que como un artefacto didáctico estable, y reconociéndolo así como algo que está más bien vivo que muerto. En Living a Feminist Life (Duke University Press, 2017), Sara Ahmed escribe: “Citar es memoria feminista. Citar es cómo reconocemos nuestra deuda con quienes estuvieron antes; quienes nos ayudaron a encontrar nuestro camino cuando éste se tornó oscuro porque nos desviamos de los trayectos que nos dijeron que debíamos tomar7”. De esta manera, el medio de Christine es también la cita: construye su ciudad ladrillo a ladrillo (un proceso que se repite en la galería a través de las pinturas tamaño ladrillo de Cosima), y así como Ahmed escribe “las citas pueden ser ladrillos feministas: son los materiales a través y a partir de los cuales creamos nuestras moradas8.” El proyecto de Christine en La Ciudad de las Damas –al construir sus muros con “ladrillos feministas”– era el de escribir una “historia universal de las mujeres9” con el fin de poner en un solo lugar sus logros y, de esta manera, “reconocer su deuda” con ellas –logros de otro modo mantenidos dispersos a voluntad de un canon de escritores hombres “cuyas voces la abruman, y cuya combinada ‘autoridad’ socava lo que ella conoce como cierto sobre las mujeres10”.

Con el fin de escapar de las “abrumadoras voces”, Christine imagina un espacio extrínseco de una sociedad y cultura misógina. Cosima, como muchas antes que ella, sigue su ejemplo11 . Donde antes las representaciones masculinas de la mujer leyendo evocaban una sensación voyeurística de una suspendida interrupción –intrusión, incluso– del momento íntimo, el taller de Cosima (y el imaginario de Christine alrededor) les otorga a las modelos privacidad incluso cuando se encuentran en compañía12. Muchos de los sujetos retratados se encuentran frente a la pintora –y por extensión, al espectador– reconociendo su presencia e invitando no sólo a estar ahí sino que también a compartir el momento.

La mirada cambia en un lugar sin hombres; el acto de ver se subsume al acto de colaboración –al igual que el erotismo que viene con ello. Así como Adrienne Rich escribe en su ensayo histórico Compulsory Heterosexuality and Lesbian Existence, un “lesbian continuum13” permite el descubrimiento de lo “erótico en términos femeninos: como lo que no está confinado a una parte específica del cuerpo ni al cuerpo mismo únicamente, una energía no sólo difusa sino también, como Audre Lorde lo ha descrito, omnipresente en ‘el compartir la alegría, ya sea física, emocional, psíquica’, y en el compartir el trabajo14 .”

Cosima Zu Knyphausen, They were not alone, but there are many others and I will tell you about a few of them, 2019, acrílico, pintura vinílica, óleo sobre tela, vidrio, 18 x 16 cm. Cortesía: Revolver, Lima
Cosima Zu Knyphausen, Panel, 2019, pastel, acrílico, pintura vinílica y carboncilla sobre algodón, 23 x 16 cm. Cortesía: Revolver, Lima
Vista de la exposición “Itálicas de la autora”, de Cosima Zu Knyphausen, en Galería Revolver, Lima, 2019. Cortesía de la galería

COSIMA ZU KNYPHAUSEN: ITÁLICAS DE LA AUTORA

Revolver Galería, Av. El Bosque 291, San Isidro, Lima, Perú

Hasta el 11 de agosto de 2019

1 Una famosa excepción es, por supuesto, Mary Cassatt.

2 Christine fue conocida en su tiempo, sin embargo, se encuentra ausente en la historia hasta finales del s. XX: La Ciudad de las Damas fue traducido al inglés en 1521 y no recibió una traducción moderna hasta 1982.

3 “En resumen, todas las mujeres –ya sean nobles, burguesas o de clase baja– ¡Procuren estar bien informadas sobre todas las cosas y cautas al defender su honor y castidad frente a sus enemigos! Mis damas, vean cómo estos hombres las acusan de tantos vicios en todo. Conviertan en mentirosos a todos ellos al mostrar su virtud”. Christine no sólo transcendió las fronteras de la clase entre mujeres, sino también afirmó, en su posición frente a los hombres, que las mujeres eran en sí mismas una clase. Ver Christine de Piza, The Book of the City of Ladies, trad. Earl Jeffery Richards (New York: Persea Books, 1982), 256.

4Yo misma incluida.

5 Existió una serie de tapices del siglo XVI, hoy desaparecidos, que describían escenas de La Ciudad de las Damas y que fueron propiedad de la reina Isabel I y otros miembros de la realeza. Ver Susan Groag Bell, The Lost Tapestries of the City of Ladies: Christine de Pizan’s Renaissance Legacy (Berkely: University of California Press, 2004).

6 Este manuscrito es mantenido por la British Library y se puede ver en su totalidad en http://www.bl.uk/catalogues/illuminatedmanuscripts/record.asp?MSID=8361.

7 Sara Ahmed, Living a Feminist Life (Durham, NC: Duke University Press, 2017), 15.

8 Ibid., 16.

9 Earl Jeffery Richards, introduction to de Pizan, City of Ladies, xxx.

10 Sharon L. Jansen, “I Have a Dream: Chistine de Pizan’s The Book of the City of Ladies and Virginia Woolf’s A room of One’s Own, “Reading Women’s Worlds from Christine de Pizan to Doris Lessing: A Guide to Six Centuries of Women Writers Imagining Rooms of Their Own (New York: Palgrave MacMillan, 2011), 27.

 11Entre algunos ejemplos literarios se encuentran, para citar aquellos dados por Jansen, A Room One’s Own de Virginia Woolf, The Convent of Pleasure de Margaret Cavendish, SCUM Manifesto de Valerie Solanas, entre otros. Ejemplos de espacios exclusivos de mujeres ejecutados en la realidad incluyen, para citar aquéllos dados por Adrienne Rich en Compulsory Heterosexuality and Lesbian Existence, “brujas, femmes seules, opositoras al matrimonio, solteronas, viudas autónomas y/o lesbianas”, así como las beguinas “que ganaron sus salarios como hilanderas, panaderas, enfermeras o dirigiendo colegios para chicas jóvenes y que lograron –hasta que la iglesia las forzó a dispersarse– vivir independientes tanto del matrimonio como a la restricción conventual”, y “el secreto de las hermandades y redes económicas reportadas entre mujeres africanas; […] hermandades chinas de resistencia al matrimonio –comunidades de mujeres que rechazaron el matrimonio o que, en caso de ser casadas, a menudo se niegan a consumir sus matrimonios y poco después dejan a sus maridos.” Ver Adrienne Rich, Compulsory Heterosexuality and Lesbian Existence, Signs 5, no. 4 (Summer 1980): 635, 651.

12 Uno de los más importantes cumplidos que he dado fue a mi mejor amiga, aunque a un oído ajeno pudo haber sonado como un lamento: que a veces, cuando estaba con ella, me sentía a solas.

13Rich define un continuum lésbico como un continuo de “experiencias identificadas como femeninas […] de intensidad primaria entre mujeres, incluyendo el compartir un rico mundo interior, la unión de fuerzas en contra de la tiranía masculina, el dar y recibir apoyo práctico y político”. Ver Rich Compulsory Heterosexuality, 648-9.

 14Ibid., 650. Ver Audre Lorde, Uses of the Erotic: The Erotic as Power, Out & Out Books Pamphlet no. 3 (New York: Out & Out Books, 1979).