Por Alexandra Schoolman

En tiempos de agitación política y social intensa, como la que aflige a Venezuela en la actualidad, los símbolos de importancia nacional y cultural pueden verse bajo una nueva luz. Las técnicas de propaganda nacionalista tienden a basarse en imágenes históricas de la grandeza pasada para retener el apoyo, mientras que los movimientos de oposición desafían el status quo y cuestionan las narrativas que han llevado a la sociedad a su estado actual mientras miran hacia el futuro. En un nivel de sufrimiento generalizado y represión casi nunca visto para un país que no está en guerra, Venezuela ha llegado a una encrucijada, y la necesidad de cambio es extrema.

La exposición Reconstrucción, presentada por Henrique Faria, Nueva York, y META Miami, muestra una selección de obras de artistas de los últimos setenta años, con el objetivo de hacer énfasis en uno de los legados más importantes de Venezuela, su producción artística y creativa, como un medio para dar comienzo a la reconstrucción de lo perdido u obscurecido durante este sombrío período y como la manera de forjar un nuevo camino hacia un futuro más libre y próspero.

Alfredo Cortina, Chichiriviche, 1960/2016, impresión gelatina de plata. Reproducción hecha por Ricardo Armas, 38.6 x 27.9 cm. Edición 5 de 8. Cortesía: Archivo Fotografía Urbana, Caracas,y Henrique Faria, New York
Leo Matiz, Aula Magna, la Universidad Central de Venezuela, 1957. Cortesía: Henrique Faria, New York
Arriba: Iván Castillo, de la serie Los Manachos, 2018. Al fondo: fotografías de Alfredo Cortina Vista de la exposición "Reconstrucción" en META Miami, 2019

La exposición comienza con una exploración del paisaje venezolano, tanto urbano como natural, no solo como se muestra en las fotografías de Leo Matiz y Alfredo Cortina de los años 50 y 60, sino como se recuerda en la imaginación de las personas que experimentaron estos lugares de primera mano. Estas fotografías, que incluyen las Torres del Centro Simón Bolívar (1954) y Aula Magna, la Universidad Central de Venezuela (1957), así como Pariata (1955) y Guarenas (1956) de Cortina, están impregnadas de la energía y la emoción del desarrollo económico de la época, en las representaciones abstractas de Matiz de la arquitectura modernista de Caracas y en los retratos de la esposa de Cortina, Elizabeth, enfrentados a las playas vírgenes de Venezuela y al exuberante paisaje rural, y también a un anhelo nostálgico por lo que hoy en día parece una época más simple.

Estas fotografías se muestran en comparación con la instalación escultórica de Iván Castillo de la serie Los Manachos (2018), que trae consigo la estructura fría e insensible impuesta por el modernismo y la geometría abstracta al nivel de la experiencia humana, el pensamiento y la conexión, y utiliza la fenomenología del espacio como su plantilla creativa más que las matemáticas o la teoría. El patrimonio de diseño de Venezuela también se evoca a través de Nenias de Gerd Leufert (1969), una serie de formas biomórficas que se basan en la simbología indígena y las tendencias estéticas del momento que se exhibió en una gran instalación del Museo de Bellas Artes de Caracas en 1985. Como la mayoría de los diseñadores de renombre, Leufert también se encargó de diseñar los logotipos para las instituciones culturales independientes del país, desde su biblioteca principal hasta sus numerosos museos. Sin embargo, en 2006, el entonces presidente Chávez condensó las instituciones y sus logotipos en uno solo, y reunió a estas diversas instituciones, alineando la producción creativa y museológica con la propaganda del gobierno.

De izq. a der.: Alessandro Balteo-Yazbeck, 2006 (2008); Carlos Castillo,Bandera, 1983; Gerd Leufert, Nenias, 1969. Vista de la exposición "Reconstrucción" en META Miami, 2019
Alessandro Balteo-Yazbeck, 2006 (2008). Vista de la exposición "Reconstrucción" en META Miami, 2019

La instalación de Alessandro Balteo-Yazbeck 2006 (2008) reimprime estos logos originales en yuxtaposición con el logo que se usa hoy en día, con el objetivo de revelar los motivos del autoritarismo que modifican la historia al mostrar cómo la estética está envuelta en esfuerzos propagandísticos. La obra Sin Título (2016) de Emilia Azcárate, la bandera de Carlos Castillo (Bandera, 1983) y la bandera de Juan José Olavarría (Bandera, 2018) cuestionan aún más el poder político del diseño a través de sus investigaciones sobre el logotipo y la presentación y diseño de la bandera de la nación.

Como lo demuestra esta exposición, por más importante que pueda ser el pasado de una nación, no puede restringir cómo viven sus ciudadanos en el presente. El diálogo presente entre las obras de arte históricas y las contemporáneas puede verse como una metáfora más amplia de la importancia de comprender la historia y de cómo sirve a la memoria colectiva del presente, pero más aún, de cómo deben hacerse compromisos e innovaciones para poder garantizar que los errores del pasado no se repitan, que la gloria futura de cualquier país solo se mida por la libertad y el florecimiento de su gente.

Emilia Azcárate, Sin título, 2016. Vista de la exposición "Reconstrucción" en META Miami, 2019

*Reconstrucción estará abierta hasta el 4 de septiembre en META, 2751 North Miami Ave, Suite 1, Miami, Florida

**Imagen destacada: Juan José Olavarría, Bandera, 2018, tela de algodón e hilo bordado, 88.9 x 120.7 cm. Cortesía del artista y Henrique Faria, New York.