CarrerasMugica, en Bilbao, presenta hasta el 30 de julio El nudo, primera exposición curada por Manuela Moscoso (Ecuador) para la galería española. En ella participan Lorena Ancona, Mariana Castillo Deball, Rodrigo Hernández, Ana Navas, Fernando Palma y Jorge Satorre, junto a Erick Beltrán, quien realizó un performance el día de la inauguración. Compartimos aquí el texto curatorial.

Vista de la exposición "El nudo", en CarrerasMugica, Bilbao, España, 2019. Foto cortesía de la galería

Por Manuela Moscoso, curadora

Un nudo, una estructura cerrada que sirve para sujetar, obstruir o amarrar. Una unidad de medida, un cruce de varios caminos o la zona del tallo en donde nacen las hojas. Un nudo es también un punto de encuentro intangible entre personas y cosas; una complicación intencional que impide el flujo de un sistema regulado, pero que al mismo tiempo articula y mantiene unidas a aquellas partes de ese sistema que de otra manera estarían dispersas. Como en todo nudo, sus hilos constitutivos no están unidos de extremo a extremo, sino por el medio; por eso, encontrar un comienzo o un fin claros a menudo se convierte en una tarea interesante.

Esta exposición es precisamente un nudo que, durante un tiempo limitado, permitirá conectar en Bilbao diversos objetos de arte que a su vez remiten a un conjunto de trayectorias afectivas y profesionales. En este caso, uno de los hilos centrales es que los artistas que reúne esta muestra, Lorena Ancona, Erick Beltrán, Mariana Castillo Deball, Rodrigo Hernández, Ana Navas, Fernando Palma y Jorge Satorre, nacieron en México, viven en México o los he conocido en la Ciudad de México. Asimismo, recorre trayectorias temporales y de vida: su ruta inició en 2005, cuando conocí a Jorge Satorre en Madrid, y llega hasta finales de 2018, cuando visité la exposición de Lorena Ancona en su galería en México. Así, El Nudo convoca distintas prácticas artísticas: siete obras vinculadas a un espacio específico con el que yo también he tenido una relación.

Rodrigo Hernández, Trayecto, Nudo, 2019, pintura vinílica sobre muro, medidas variables; O passageiro 2, 2018, latón trabajado a mano, 95 x 70 x 2 cm; O passageiro 8, 2018, latón trabajado a mano, 60 x 40 x 2,5 cm. Foto cortesía de la galería
Rodrigo Hernández, O passageiro 2, 2018, latón trabajado a mano, 95 x 70 x 2 cm. Foto cortesía de la galería

Atender este amarre como una manifestación representativa de lo que se produce en México sería un acto absurdo. Ninguno de los artistas presentes comparte un rasgo identitario coherente, mucho menos fijo o legible. Sin embargo, aunque son de diferentes generaciones, sus trabajos encuentran otros puntos de contacto en esta complicación intencional: problematizan discursos en torno al origen o lo original, cuestionan narrativas oficiales de la historia, se insertan en el estudio de la microhistoria, y responden a procesos de investigación sobre cómo los objetos adoptan narraciones ideológicas que limitan las posibilidades de generar o activar (otros) conocimientos.

Asimismo, El nudo aborda las particularidades de este momento, al tiempo que actúa ya sea como una mirada afectiva o como una mirada informada. Una vez concluida la exposición, los hilos que la conforman se cruzarán potencialmente para formular otros obstáculos, otros nudos, otras historias. Al final, los nudos se forman para ser desatados.


Imagen destacada: Jorge Satorre, Sin título, 2019, haya tallada y siete elementos de acero forjado. Foto cortesía de CarrerasMugica, Bilbao