A través de su trabajo, Lilly Lulay examina la fotografía como una técnica que forma parte integral de la vida cotidiana e investiga la influencia que los medios fotográficos tienen (o han tenido) sobre el comportamiento social y los mecanismos de percepción individual y colectiva. En el marco de su exposición Cut Out Worlds. Una investigación sobre infraestructuras de fotografía, en galería Die Ecke Arte Contemporáneo, la teórica del arte y ensayista Nathalie Goffard sostuvo un diálogo virtual con la artista alemana.

“Como punto de partida, Lilly me envió un video que forma parte de una serie que denomina moving collage”, relata Goffard. “Se trata, tal como lo indica el título, de registros audiovisuales de collages realizados a modo de work-in-progress. Estos moving collages se articulan a partir de secuencias aditivas (Estambul) o sustractivas (Santiago) de diferentes capas hechas de fragmentos de fotografías de las ciudades. En el caso de Santiago, vemos cómo las capas acumuladas se van quitando sucesivamente de forma manual, desde el marco que contiene todas las impresiones superpuestas hasta la capa número cero. Sería algo así como un photoshop artesanal y en movimiento».

Vista de la exposición "Cut Out Worlds. Una investigación sobre infraestructuras de fotografía", de Lilly Lulay, en Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago de Chile, 2019. Foto: Álvaro Mardones

Nathalie Goffard: ¿De dónde sacas el material fotográfico?

Lilly Lulay: Las imágenes son fruto de una colaboración, ya que las fotografías son entregadas por habitantes o visitantes de una determinada ciudad, combinadas con las fotografías que yo misma saco porque me interesa justamente tener otras visiones.

N.G: Te pregunto esto, no tanto porque me interesa el problema de la autoría, sino porque siento que la toma de distancia con respecto a las imágenes que uno crea versus las que uno se apropia, no es exactamente igual. Cortar lo propio siempre es un ejercicio más problemático.

L.L: Sí, cuando recién empecé a trabajar con el collage lo hacía esencialmente con imágenes apropiadas, tanto digitales como compradas en ferias persas. Las imágenes del ámbito privado me interesan porque funcionan como una suerte de llave que “abre la puerta” a los recuerdos de una persona. Sin embargo, existe una tensión entre las cosas mostradas en la imagen y los recuerdos ocultos que no aparecen en ella. Cuando se toma una fotografía es para mostrar algo, pero siempre hay una discrepancia entre lo que se quiere mostrar y lo que la fotografía efectivamente muestra. Hay una especie de “inconsciente de la fotografía” en el campo de la fotografía privada y vernácula. En el video, combino fotos apropiadas y sacadas por mí, porque me interesa mostrar la ciudad desde múltiples puntos de vista. Entiendo este proyecto como un trabajo colaborativo, en el cual los demás me entregan sus propias visiones de la ciudad.

N.G.: ¿Es posible aún tener múltiples puntos de vista? Pareciera que ya todo ha sido fotografiado mil veces. Pienso, por ejemplo, en la colección de puestas de sol bajadas de Flickr de Peneloppe Umbrico o las superposiciones de fotografías de monumentos de Corinne Viannet. Al final, por alguna razón, todos sacamos las mismas fotos, y aunque hayamos visto mil veces imágenes de la Torre Eiffel, una vez ahí, la sacamos de nuevo. Parece entonces que no importa tanto la imagen, sino la experiencia misma que complementa la experiencia.

L.L: Claro, eso pasa con la fotografía turística, pero aquí yo busco más bien lugares cotidianos. Uno nunca visita los monumentos cuando habita la ciudad. Pero claro, la experiencia fotográfica parece haber colmado todos los ámbitos de la experiencia.

Vista de la exposición "Cut Out Worlds. Una investigación sobre infraestructuras de fotografía", de Lilly Lulay, en Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago de Chile, 2019. Foto: Álvaro Mardones
Vista de la exposición "Cut Out Worlds. Una investigación sobre infraestructuras de fotografía", de Lilly Lulay, en Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago de Chile, 2019. Foto: Álvaro Mardones

N.G.: Pienso en las selfies en los museos… ya ni siquiera se fotografía la obra sino “yo delante de ella”. Ya no se vive sin fotografiar y postear. “Fotografío luego existo”; todos parecemos tener una doble vida, en real y en foto.

L.L: Sí, Sherrie Tucker habla de ello, de que solo importa la huella, la certificación de que “estuve ahí”. Hoy en día vivimos en un mundo donde si algo no ha sido fotografiado y compartido, parece no existir. Lo necesitamos para confirmar nuestra presencia y lugar. Esto se vincula con el pensamiento constructivista: la realidad en sí misma no existe, somos nosotros quienes la creamos a través de nuestras experiencias e interacciones con el mundo que nos rodea. Cuanto más las personas comparten una misma información o visión sobre un determinado tema, más impacto e importancia va a tener. En las redes sociales, el impacto se traduce en la cantidad de likes o corazones.

N.G.: Es lo que André Gunther llama la fotografía conversacional, hecha para ser compartida y exhibida. A propósito de esto, tu naciste en 1985, es decir, que has vivido la mayor parte de tu vida con la fotografía digital. ¿Cuál es tu recuerdo y relación con la fotografía análoga?

L.L: La fotografía familiar de vacaciones cuando era pequeña. Pienso también en una fotografía en blanco y negro de mi abuela y su hermana que estaba exhibida en el living de su casa. Esa fotografía era probablemente la única fotografía que existía de la infancia de mi abuela. Las fotografías antes eran escasas en la vida de una persona y no se necesitaba registrar cada uno de los momentos de la vida. Estaban hechas para durar, incluso para sobrevivir al retratado.

Vista de la exposición "Cut Out Worlds. Una investigación sobre infraestructuras de fotografía", de Lilly Lulay, en Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago de Chile, 2019. Foto: Álvaro Mardones

N.G.: Te pregunto esto, porque he podido notar, en la generación de artistas a la que perteneces, una suerte de revival de las técnicas decimonónicas de la fotografía (fotograma, cámara estenopeica, etc.) junto con un alto grado de apropiación de fotografías “vintage” de la era análoga. Tengo la impresión que ese diálogo entre fotografía y objeto, ese cruce con lo escultórico, se debe a la actual sobreproducción de imágenes. Es algo así como un síntoma o una obsesión colectiva por recuperar una materialidad perdida, por darle un espesor al velo luminoso e intangible de la pantalla. Pienso en las capas de tu video, y cómo la sustracción manual va develando fragmentos de imagen. Es casi irónico, en la era de photoshop, la modelación 3D y la realidad virtual, que muchos artistas, como tú, estén optando por una economía de medios, por lo precario.

L.L: Me inserto totalmente en esa dinámica entre fotografía y escultura, en querer darle una sustancia a ese flujo de imágenes, pero también, busco materializar algo que la fotografía siempre ha sido: un corte en la realidad. Me interesa hacer realidad esa idea; la suma de cortes son uniones de puntos de vista. Por otro lado, me parece lógico trabajar con las representaciones que ya existen, en vez de agregar aún más imágenes. Al mismo tiempo, también creo que es una reacción de mi generación, sobresaturada de información, que sabe “todo de todos” a través de los medios, y que puede contactarse con cualquier lugar y persona del mundo vía las pantallas táctiles que recortan y fragmentan nuestra experiencia limitándola a superficies rectangulares. En mi trabajo busco romper los bordes de esas superficies y darles una dimensión física (a veces hay elementos en mi obra que solo se pueden ver muy de cerca o detrás de las superficies fotográficas).

Vista de la exposición "Cut Out Worlds. Una investigación sobre infraestructuras de fotografía", de Lilly Lulay, en Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago de Chile, 2019. Foto: Álvaro Mardones
Vista de la exposición "Cut Out Worlds. Una investigación sobre infraestructuras de fotografía", de Lilly Lulay, en Die Ecke Arte Contemporáneo, Santiago de Chile, 2019. Foto: Álvaro Mardones

N.G: De hecho, se ve en tu trabajo una reiteración de cortes limpios y formas geométricas.

L.L: Claro, tanto en mis esculturas como en mis collages, utilizo formas simples para llevar las imágenes a la abstracción, para redoblar el gesto de recorte. Mis recortes siempre siguen el contenido, las líneas y formas presentes en la imagen. Recorto las partes que me parecen menos importantes para focalizar la mirada, es algo así como re-fotografiar. Por otro lado, también me interesa la sombra, cómo se puede ver en las pequeñas esculturas que complementan la exposición. Quiero hablar de lo que no se ve, de las huellas que vamos dejando. Me pregunto qué es lo que pasa con todas las cuentas que creamos, en las redes sociales, nuestros e-mails, etc. ¿Qué pasa con todo eso cuando uno se muere? Planteo esta idea de residuos en el lienzo Digital Dust, es decir, polvo de imágenes. Es lo que vamos dejando tras nosotros debido a la cantidad de imágenes que vamos produciendo y que, por cierto, en la actualidad parecen ser más visionadas por algoritmos que por personas. Los algoritmos de Google Photos o Icloud ordenan nuestras fotos de acuerdo a lugares, personas. Incluso, las versiones más actualizadas clasifican por sujeto u objeto fotografiado.

Inicié Digital Dust cuando tuve que cambiar de celular y no sabía muy bien qué hacer con mis imágenes. Supe, por un amigo, de la existencia de Google Photos, una nube gratuita y anónima. Ahí fue cuando me di cuenta de cómo mis imágenes eran analizadas y ordenadas por algoritmos muy sofisticados, no solo por metadata (lugar, fecha, tipo de cámara, etc.), sino que eran capaces de reconocer los contenidos de mis imágenes. Surgió la pregunta sobre la factibilidad de ese anonimato, ya que la aplicación podía saber todo de mí. ¿Qué es realmente lo que permanece anónimo? Los algoritmos nos transforman en patrones, nos ordenan y clasifican, cuando antes, éramos nosotros mismos los que nos dábamos el trabajo de ordenar y archivas nuestras imágenes. Decidí entonces ser yo misma un algoritmo y observar mis propios patrones fotográficos. Decidí qué partes dejaba -o no- de las imágenes. Digital Dust es una serie de 12 trabajos, cada uno corresponde a un mes de mi vida (lo exhibido en Die Ecke corresponde a noviembre 2017). En estas franjas el espectador puede ver y al mismo tiempo no ver, imágenes de ese período de mi vida; son algo así como un autorretrato que muestra mis intereses y comportamientos en vez de poner mi retrato literalmente. En la exhibición también hay una instalación de retratos fotográficos en blanco y negro comprados en una feria. Los retratados están ocultos tras una capa de pintura negra, transformándolos a su vez en composiciones abstractas y geométricas. Estas imágenes de desconocidos que terminaron vendiéndose en una feria de antigüedades devienen una segunda vez seres anónimos e individuos sin historia personal a través de las formas geométricas y abstractas de mi trabajo.

N.G.: Bueno, hablábamos al inicio que es más fácil intervenir imágenes cuando hay distancia. Boltanski dice: “Uno muere dos veces, cuando se muere y cuando ya nadie te reconoce en la foto”. ¿Te gustaría, para finalizar, mencionarme algo que te parezca característico de tu forma de trabajar?

L.L: El recorte, el collage y el trompe l’oeil son técnicas recurrentes en mi trabajo. Me parecen medios adecuados para hablar de nuestra realidad globalizada y las percepciones fragmentadas que provoca, mediadas por las pantallas de nuestros smartphones. Concebí la exhibición de Die Ecke como una exposición pop-up (con trabajos que caben en mi maleta), haciendo también referencia a la experiencia del “mundo en tu bolsillo” que propone el teléfono celular.